viernes, mayo 27, 2016

Rehén de las musarañas

Por: Nancy Nelly Ortiz Méndez





Disfruta del relato Rehén de musarañas siendo leído

 por su autora Nancy Nelly Ortiz Méndez

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                                                             “Los placeres y dulzores de esta vida trabajada no son
sino corredores y la muerte es la celada en que caemos”.
Coplas a la muerte de su padre
Jorge Manrique


Allí frente a la escalera que conducía a ninguna parte, la arrestaron por falta de destino, delito contemplado en el código penal. Minutos antes, se extirpaba de un brazo, (apretándolo con todas sus fuerzas) una espinilla, de las que no parecen tener fin. Ahora solo le quedaban los deseos de apretar y apretar, en un obsesivo ritual. Fue entonces cuando la arrestaron, la esposaron. Ya no podría tocarse libremente. Recordaba aquel primer escalón en donde siempre se sentaba. Frente a la escalera, un escaparate de cristal portaba translúcidos vidrios rotos, que colgaban, cual estalactitas. Estos cristales rebotaban los reflejos de la luz del sol, que iban a dar justo sobre su rostro; casi cegándola. Era más hermoso el colorido que permanecía en sus ojos luego de la exposición a este reflejo, que los vestidos dentro de la vitrina, que ya no llamaban su atención. Podía tomarlos con tanta facilidad, que no excitaban su deseo, en ese momento. Además, no quedaba nadie vivo, para observarla.  Hubo un tiempo en que aquel cristal, era una insalvable barrera, que la separaba de los magníficos muñecos; ataviados con exuberantes vestidos de fiesta.  Época en que solo era una proscrita, sin hogar, sin familia. Pero la noche de la explosión, sintió demasiado frío para permanecer como siempre frente a la escalera, que la hacía soñar en lugares mejores. Decidió refugiarse bajo una alcantarilla en donde las ratas eran más tolerables que el frío. Cuando su cuerpo cansado de descansar, le obligó a salir de su escondrijo, se encontró con la desolación total. La hecatombe había ocurrido. Entonces decidió quedarse allí frente al escaparate y permanecer sentada en la escalera, sin destino, hasta que llegaran por ella. Seguramente, sin nadie vivo a quien acusar, se necesitaría un culpable.   

***

Nancy Nelly Ortiz Méndez. Escritora y 
fotógrafa. Nació en Rio Piedras, Puerto Rico.  Posee dos maestrías. Una en Educación  Secundaria con concentración en administración escolar y la segunda en bibliotecología. Además completó un bachillerato en educación secundaria con concentración en español, y un grado  en fotografía. Laboró como animadora radial para varias emisoras en Puerto Rico. Es fundadora del Colegio de Educación Avanzada Gaudí en Humacao, Puerto Rico. Cursa estudios actualmente conducentes al doctorado en educación. 

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