lunes, diciembre 25, 2006

Disfraces

Por Angelo Negrón



Toda la noche he estado despierto. Primero porque el insomnio me ataca. Lo hace gracias a un padecimiento neurológico que, según dice el doctor, se me quita con estas pastillas. Yo no las quiero. Me hacen alucinar. Por eso las escondo debajo de la lengua y las boto por la ventana sin que mami se de cuenta. Segundo, y más terrible aún, porque estoy reclamando en silencio a mis padres por mentirme. Busco la manera de exigirles que no lo hagan. Especialmente a ellos que llevan tiempo diciéndome que mentir no es bueno, es pecado y me meterá en problemas.

Sin embargo, me engañan. Después de tirar la pastilla por la ventana asegurándome que caiga lejos en el pasto, veo a mi mamá. Sé que se acerca por sus pasos que, aunque sigilosos, no son encubiertos por los otros ruidos de la noche que ya conozco muy bien. No la esperaba. Escondo el libro que me acompaña y cierro los ojos al mismo tiempo. Mi madre se asoma por la puerta y apaga la luz. Nos mira en la oscuridad. Esperando algún movimiento que nos delate. Mis ojos están acostumbrados a la oscuridad y a los sonidos nocturnos. Escucho sus pasos alejarse con prisa y extraño que no sea papi el que se presente. Él siempre lo hace; no importa la hora, se asoma a vernos dormir.

Me preocupa y quiero saber de que se trata. Mi error me lleva a descubrir a mis padres en la sala. Ellos no me ven. Ambos depositan cajas envueltas con papel de regalo en la falda blanca del árbol plástico de navidad. La sorpresa es mayúscula y el pensamiento de que la mentira existe en mi casa es colosal. Medito en la mentira de hacer pensar que me tomaba las pastillas y dormía. Comparado con esto; ningún diablito vendrá a castigarme ya. Tal alivio no se compara a la tristeza de que, contrario a lo que me han dicho ellos y todos; Papá Noel no existe.

Los espero despierto. Miro, por primera vez con tristeza, los juguetes envueltos en papel de colores raros. Consumo la galleta mordisqueada y el medio vaso de leche. Mis hermanos despiertan y la casa se llena de algarabía. Los turnos al baño esta vez son más cortos; se lavan la mitad de los dientes o aguantan las ganas de usar el inodoro. Todos empiezan a mirar las cajas envueltas y se preguntan entusiasmados que les habrá traído el mágico ser. Yo los observo parsimonioso, con estas únicas ganas de contarles lo que he visto para sacarlos de su error. Estoy a punto de hacerlo; decirles que la magia no existe. Me detiene el “buenos días” de mami y el “Dios los bendiga” de ambos. Mis padres llegan al pie del árbol y nos miran detenidamente a los cinco; buscan quien no se ha cepillado los dientes. Siempre saben, no sé como, de tan sólo mirar.

Hacemos una oración; eso siempre ha sido costumbre: en la mañana, antes de cada comida y en la noche. En especial el veinticinco de diciembre; llegada de nuestro niño Dios. En medio de la oración; justo cuando decimos “no nos dejes caer en tentación” me ataca otra pregunta. ¿Será mentira lo de Papá Dios también? Casi lloro, pero me aguanto.

Abrimos los regalos. G.I. Joe se yergue en mis manos, digno contrincante de Kent el de Barbie. Mi madre, inteligente más por madre que por vieja y conocedora de cada uno de nuestras formas de ser, se acerca a mí.

— Te noté distraído en la oración, ¿qué sucede?
Aunque el frío recorre toda mi espalda me armo de valor. Miro al suelo primero, luego a su cara. Allí sus ojos ya estudian mis ojeras y mi nerviosismo.

— Es que… ya sé quien es Santa Claus — le digo aún temeroso de sus reclamos y dispuesto a reprocharle por su mentira.

— ¡Ah siiii! — me dice arrastrando las i mientras yo asiento con la cabeza — entonces — prosigue — el año que viene no recibirás regalos.

— ¿Por qué? —
le inquiero yo

— Veras — me dice — la magia de Santa se acaba justo en el momento en que descubres a sus ayudantes.
Miro a mis hermanos, yo tengo siete años y soy el tercero. Mi hermano mayor me lleva cinco años y tiene en sus manos un guante nuevo de “baseball”. Le hecho un vistazo a la estrella de Belén que prende y apaga adornando la punta del árbol. Escucho las carcajadas de todos mientras estrenan todos esos juguetes. En segundos recuerdo las veces que me han dicho que existen miles de niños que no reciben nada porque a Santa no le da tiempo, le falta el dinero, se portaron mal o como me sucede ahora; descubrieron quien es papá Noel. Me tiemblan las piernas, logro sentir que me sudan las manos. Mientras, mi madre me come con la vista esperando respuesta. Vuelvo a observar a mis hermanos y los juguetes que carga cada uno y atino a balbucear decidido: Sé quien es Santa.

— ¿Aja? — comenta mi padre que esta detrás de mi.

— Sé quien es Santa Claus — vuelvo a explicar.

— ¿Quién es? — pregunta mi madre cruzándose de brazos.

— Es… es… — le digo sonriendo mientras agarro con fuerza al G.I. Joe — Es un señor barbudo, regordete y que se viste de rojo…




Pintura por Stephanie M. Negrón (9 Años)
Relato publicado inicialmente en Bocetos de una ciudad silente de Ana María Fuster Lavín.

domingo, diciembre 17, 2006

Piel Celeste

Por Angelo Negrón 




Ella habita este mundo y el otro, el terrenal y el astral. Su espalda está adornada por alas de terciopelo que logran que ambos nos elevemos.
En su desnudez puedo apreciar el brillo de siglos de experiencia. Su cabello danza ante el embestir de mi cuerpo y ella misma propicia que el placer logre magnitudes siderales. El brillo de sus ojos me ciega y un collar de flores despide el olor de sueños furtivos. Su verticalidad me atrapa. Mis ojos, lengua, dedos, sexo; todo yo, me transmuto en amanecer de pasiones, en alborada de jadeos y ansias renovadas…

Rodeo su cintura con mis brazos; busco aprisionarla en mí; convertirla en cómplice de mi lujuria; bautizarla enamorada de mí y no del destino. Música que acompaña lo que soy cuando penetro sus adentros y tropiezo con su mirada. El agua en su interior es fresca y bebo con admiración de su sabor. Me voy de fiesta a sus pezones que erectos se bañan en agua de rosas y los muerdo delicadamente queriendo dejar marcas de mi paso y presencia en ellos. Mordisqueo su intimidad con la misma intención; ser el dueño. Patentizando mi propiedad y eliminando cualquier duda que quede flotando en el edén de donde ella es oriunda.

En su ser tiene el mío bellos instantes y… eternos paradigmas. La pasión con la que nos amamos se demuestra en besos para nada furtivos. Caricias subidas de tono y muy bien diseñadas en el fragor de la espontaneidad. La miro morderse los labios mientras sus ojos se cierran y sus manos se acarician a si misma en la justificación de nuestra existencia. La veo llena de placer mientras sus dedos se pierden en el abuso y consumo de esa única droga que nos gusta: el placer.

Seguimos sanando pasados y redescubriendo presente. Cada caricia se convierte en comienzo y el amor se amplifica a magnitudes que tal vez sólo ella comprende, pues yo me pierdo en gemidos y en desesperación. Deseo estallar en cuanto la descubro desnuda: ser precoz en su interior no hago más que tocarla y el deleite de esta sensación es tal que me descubro viviendo placeres que no tienen comparación con el mundo terrenal. Ella es un ser celeste, me lo dijo y le creí, me lo demuestra por instantes eternos. Hecho un vistazo de nuevo a su espalda; descubro que si no fuera por la forma de sus alas la describiría como un hada y no como un ángel. Sus alas; convertidas en su mirada: me rodean, me levitan. Espasmos en su piel. Soy el eterno humano y ella el ángel: ambos inmortalizados por el amor; ambos enamorados de nuestros placeres y del aire que respiramos juntos. Somos cada uno la parte faltante del otro y en mi devoción busco cosechar flores que sigan adornando su cuello y embestidas que acaricien su interior demostrando que la carnalidad puede acompañarse de amor…

Levitamos juntos…es tan delicioso que apenas puedo abrir los ojos…sonrío…Lo hago mientras reconozco que a nosotros los mortales nos toca padecer por siempre si un espíritu celeste nos hace el amor…

jueves, diciembre 07, 2006

Divagando...

Por Angelo Negrón

— El amor nos enternece a tal grado de no necesitar nada más que no sea el beso o las caricias de ese ser que nos envuelve en la pasión más pura. Nos conmueve en el éxtasis increíblemente hermoso de la ternura sin igual de dos cuerpos entregándose a la tarea de ser uno. Cuando eso sucede debo gritar sin miramientos los sentimientos que guardados en el corazón sólo desean estar siempre pensando de igual manera. Es que los recuerdos guardados en mi memoria me traicionan a cada momento. Veo tu cuerpo sobre el mío en la danza sin igual de las olas y la desesperación de no verte me contrae el pecho. El hormigueo me envuelve en sensaciones desprovistas de tus labios. Por eso, en esta noche fría, luego de haber vivido en las fronteras tridimensionales de tu cuerpo, te extraño más que nunca. Te deseo como jamás pensé desear algo o alguien. Si al menos escuchara tu voz. ¿Sabes? Tan sólo sentir tu cabello rozar mi rostro me enloquece. Ver tus ojos me apasiona llevándome al punto mayor de excitación. Transportándome a rendirme sin derecho a replicar y a decir otra cosa que no sea tu nombre una y otra vez. Así que: ven, regresa a mí, abrázame como si fuera la vez primera, como si fuera la última vez. Reconozco que Dios en su misericordia no me dejara morir de amor. Él está en estos momentos bendiciendo con alegría este sentimiento tan puro y tan humano. ¿Acaso no sabe él en su divina grandeza que eres mi otra parte? ¿Acaso olvidó que eres un ángel de alas grandes destinada a convertirme en lo que soy realmente? No. Él está de acuerdo, sino ¿por qué permitir todo este descubrirnos constante? ¿Te admiro? Sí. Definitivamente sí. Has hecho que entienda. También soy un ángel. De tus enseñanzas se desprende. He aprendido lo suficiente como para alcanzar algunos escalones que estén más cerca a la entrada de nuestra próxima vida. Sin temor me atrevo a decirte que estaremos juntos siempre, tú y yo, juntos en el futuro que nos depara nuestro mundo inconcluso, nuestro cielo inmediato. ¿Cómo lo sé? Es fácil reconocerlo. Sé que sabes la respuesta. Sólo me preguntas para probarme. Aún así, te contestaré ahora mismo.

Cuando me llevas al cielo, que es a cada momento en el que estoy a tu lado, identifico el árbol en medio de tu mente paraíso. Me voy encaramando en él. Pruebo el néctar de tu sabor. Sé que puedo regresar sin sentirme pecador a pesar de haber saboreado más de una manzana, a pesar de no querer regresar al mundo terrenal del que me has salvado. Luego en plenitud de soledad recuerdo cuánto he vivido a lo largo de mi vida. Redescubro a cada instante lo amargo de no haberte tenido desde los comienzos de mi pasado lejano. Cuando, en la búsqueda de tus besos y en la necesidad de descubrir tu cuerpo, creí equivocadamente amar a alguien más. Dejando grabado en cada piel poseída la firma o la huella de una colonización inconclusa.

...Y me encontraste. ¡Enhorabuena! Alma gemela de ojos hermosos que un día me descubriste en la soledad de un cuarto lleno de gente que hablaban temas triviales. Me salvaste para demostrarme cuanto puede amarse a través de las palabras, de la distancia, de un beso y de la entrega de la pasión. Me hiciste descubrir también como dos cuerpos pueden al unísono perderse en el luminoso mundo del placer. Ven e ilumíname nuevamente. Deseo saciar mi vida de ti. Seducirte al grado de que puedas ver, en este simple mortal al que ayudaste a ser un ángel, alguien que fue creado para ti...

Sonríe. Siempre sonríe. Con lo que has logrado no hay espacio en este momento en tu rostro para una sonrisa al revés. Mira que la felicidad que acompaña mi ser es tanta, gracias a ti, que podría con ella salvar a más de un planeta si se me escogiera para tal misión. Si bastasen mis plegarias para que tu felicidad fuera eterna; creo firmemente que serias feliz por siempre. Así que en esta oración que ahora elevo le pido al divino creador que te bendiga siempre y que vuelva a bendecir nuestro amor.

Refúgiate en mí. Concentra tu mirada en mi ser. Sigue con el maravilloso hechizo que has logrado para mi vida. Es un encanto poderoso el de tu pasión. Recuerda que necesito seguir siendo un naufrago que descubre tus pechos y los confunde con las islas por colonizar. Desde allí reconoce que puede llegar a la humedad que lo salvara cada vez que llegue al rincón de tu placer. Una vez más; gracias por entrar en mi vida.


Al terminar de leer estas palabras en voz alta sus ojos estaban bañados en lágrimas. Miró hacia todos lados como buscando pensamientos nuevos en otros lugares lejanos y fuera de su mente. Los encontró en donde se supone buscara primero: en su alma y en el recuerdo. Prosiguió hablándole a su amada:

—“Escondí estas palabras. Jamás te las leí antes. Estoy arrepentido de ello. Debí decírtelas desde que comencé a escribirlas. Además de este escrito, tengo otros. Los suficientes como para haber salvado lo nuestro. Ahora me parece una estupidez no habértelos entregado o leído. Ahora es tarde. Has dejado de amarme y yo no he dejado de amarte ni un sólo instante. Es tan sólo que nunca me atreví hablarte de esta manera. Si me lo permites volveré cada vez a leértelos. Esta necesidad de que me escuches es genuina. Posiblemente pierdo mi tiempo. Tal vez te apiades de mí y logres de alguna manera perdonarme por todo lo que te hice pasar. Sí. Reconozco que debí hacerlo mucho antes. Cuando lo necesitaste. Existieron tantas veces. Como aquella en que fuimos a aquel retiro para salvar lo nuestro y yo sólo atine a maldecir cada instante de tu compañía. A criticar cada charla como si no fueran dirigidas a salvarme de perderte. Tú, aún así, seguiste luchando por que tuviera sentido nuestra relación. O en aquel momento en que estábamos de vacaciones y me dediqué a beber licor en vez de compartir contigo el romanticismo que te embargaba por aquellos hermosos atardeceres. ¿Y qué me dices de cuando estabas embarazada de nuestro primer bebe? ¡OH Dios! Sé que te fallé vida mía. Tantas veces que ahora recordarlas me causan gran dolor. No te pido que comprendas algo que yo mismo no entiendo. A ti te derrumbaban cada una de mis acciones y volvías como ave fénix a retomar el vuelo. No importó las veces que te ignoré. Las veces que, en lugar de ser un romántico contigo como en verdad soy, sólo atiné a llevar mis palabras a un papel y esconderlos donde no los encontraras. ¿Por qué? Ya sabes que no lo sé. Lo peor de todo es que nunca lo sabré. Si sé que en tu misericordia de enamorada me perdonaste en más de una ocasión pues: ¿Cómo explicar todo ese tiempo que estuviste conmigo a pesar de mi actitud? No pienses que estoy recriminándote el que te hayas ido. Lo entiendo completamente. Fui precisamente yo quien te empujó a hacerlo. Más bien, me recrimino a mí mismo. Debí darme por completo y no lo hice. Si pudieras regresar conmigo. Te daría todo lo que soy en este instante. Es tarde, lo sé, ¿Por qué te esmeras en recordármelo? ¡OH! Perdóname ya estoy gritándote de nuevo. Jamás debí gritarte y menos sin razón. Como todas aquellas veces en que no estaba de acuerdo o simplemente no quería estarlo con tu manera de pensar y terminaba gritándote mi incomprensión. Incluso tantas palabras malsonantes que no debiste escuchar de mí nunca. Siempre has sido inteligente para estas cosas. Comprenderás de qué te hablo cuando sólo me resta decirte que te amo. Esperaré lo necesario para que me perdones y pueda demostrarte que cambié, que en verdad, cambié. Espero que tú puedas amarme aún. A pesar de todos los momentos amargos que te hice pasar. Fueron suficientes como para que te fueras de mi lado y a los brazos de otro hombre. ¡Que ignorante fui! Pensé que eras exclusiva para mí. Que no habría alguien que pudiese enamorarte llenándote de palabras que yo no utilicé cuando era debido. Dándote verdadero amor. En ese momento fue cuando más me necesitabas. Si al menos hubiese utilizado las miles de palabras que lo que sentía por ti me hicieron escribir en lugar de dejarlas guardadas en el baúl de mi auto y engavetadas en mi corazón. Debieron salir de mi garganta y no de la boca de un intruso. No... No creas que te guardo rencor. Ni siquiera le guardo rencor a quien te llevó consigo. ¿Qué culpa tuvo de ver en ti lo que yo no reconocí en tantos años? Si debo ser sincero: La verdad es que ninguna...

Debo irme. Aquí te dejaré este escrito. Perdona si la tinta está algo corrida. Fueron mis lágrimas. Hace tanto tiempo que no los leía que hoy, mientras lo hacía, no pude evitar llorar. No sé si me escuchaste. Imagino que es lo menos que quieres hacer. Los dejo aquí para que los leas. Volveré cada vez a leerte con la esperanza de que me perdones y podamos volver a compartir. Porque de algo estoy seguro. Yo soy tu alma gemela. Y vuelvo a mencionarte que reconozco que es algo tarde. Ya abandonaste el mundo terrenal. Sé que las hojas son tu techo y el cielo tu hogar. Y ante esta lápida de mármol gris, con la que nuestros hijos decidieron adornar el recinto de tu cuerpo, oraré por que me perdones de nuevo. Espero me permitas ser lo que nunca fui y debí haber sido...

Tomando su bastón el anciano se levantó de la banqueta frente a la tumba gris de su amada. Se colocó el sombrero al salir del campo santo. Se perdió entre miles de transeúntes que, como pensó, en ese instante estaban perdiendo la oportunidad de pedir perdón, abrazar al ser que aman o simplemente dejar escapar de sus almas los sentimientos que procuramos esconder innecesariamente.

Ella le escuchó en todo momento. No sabía que en el lugar dónde se encontraba se podía llorar hasta ese instante en el que sintió lágrimas rodando por sus mejillas.

—“Amado mío” — dijo mientras acariciaba los papeles sobre su tumba y el viejo tomaba su bastón —“Tienes razón, ya es tarde, si al menos hubiese sabido que esas palabras iban dirigidas a mí y no a otra mujer. Sin que lo supieras, yo las leí: Miles de palabras que jamás brotaron de tu boca. Pensé que se las escribiste a alguien más. Cometí el error de callar y no preguntarte al asumir que era así. Por eso cuando llegó alguien que me valorizó me sentí atraída por su amor. Nunca dejé de amarte. Yo también sé que eres mi alma gemela. No sólo te esperaré por siempre sino que te acompañaré, cariño mío”.

Diciendo esto se transformó en viento y fue al encuentro del viejo para acariciarle el rostro y el alma como pudiese...

viernes, diciembre 01, 2006

Palabras Ocultas

Por Angelo Negrón




Que el mundo es un sinnúmero de actividades mal olientes distribuidas de forma certera y
Un caos total a la misma vez no es novedad para mi. Más bien me he dedicado a ser
Imitación perfecta de todos aquellos que me rodean en una sociedad donde no se ha
Erradicado aún la creencia en dioses paganos o en el verdadero Dios. Por lo menos, una
Rosa sigue siendo el regalo de amor perfecto para un amor nuevo, o viejo, no importa si el
Olvido ha sido la fuente de la dejadez o el anonimato de un gran secreto.

Ir de aquí hasta allá en esta vida que supone nacimiento y muerte al mismo tiempo; con
Resúmenes de acontecimientos convertidos en recuerdos activos o escondidos.

A veces recuerdo. Ahora lo hago. Como siempre. Como antes. Con igual intensidad.

Lentamente iré buscando en el subconsciente de esta mente mía. Sé que la encontraré y
Amarte de nuevo será la forma de no seguir siendo una copia de esta odiosa sociedad.

Buscaré también en la espalda de mi corazón. Lo sé, allí todavía viven latidos que, aunque
Languidecidos, siguen siendo destinados a tu persona. Te amé tanto alguna vez, pero el
Orgullo ganó la partida. El “que dirán” le ganó a nuestro amor, a tus besos, tu cuerpo, tus
Gemidos y a toda aquella admiración mía por tu mente paraíso. No debió ser así, fuiste la

Única que logró hacerme sentir de verdad la pasión del amor verdadero y de los placeres
Extremos de la carne. Nadie como tú, pero tuve que hacerlo; me obligué a olvidarte.
Me doy cuenta de que no debió importarme la maldita gangrenada sociedad. Si pudiese
Inventar la forma de que nos acepten. Sobre todo mis hijos. Sería difícil hacerlos entender.
Amo a otra mujer les diría. Serían infelices al saber mi secreto. El secreto de… su madre.

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Así es. Quiero ir a la bloguemia. De hecho el próximo diez de diciembre estaré en Punto Fijo en el centro de Bellas Artes de Santurce compartiendo con otros blogueros. Podremos escuchar lo que tienen que decir:
Yolanda Arroyo, Yiara Sofía , Isabel Baterria entre otros talentos del patio. Para mas información pulsa aquí




jueves, noviembre 23, 2006

Angelo Negrón se Confiesa

deus? juglando una página hermana nos ha hecho el honor de una entrevista. La publico aquí, junto a los comentarios dejados allá, para darle de comer a mi ego.


Juglando le pide a deus?
Que verse en cada entrevista
Esto a deus? Le causa enojo;
Tanto que se le nubla la vista,
Protesta,
Se molesta
Y ‘vizca’ sus tres ojos.

Mejor entrevisto a Angelo
Para que nos de sus opiniones
Sus puntos de vista; sus ‘Confesiones’…


Conozcamos a Angelo Negrón, de Confesiones y varias EsTAmPAS, escritor. Sus cuentos han sido publicados en la revista y colectivo Taller Literario y tiene varios libros inéditos: ‘Montaña Recuerdo’, ‘Entre el edén y la escoria’, ‘Sueños mojados’ y ‘Confesiones’.

Leer a Angelo es como hablar con un amigo. Sus escritos destilan la sensibilidad y ternura de un hombre enamorado. Musa del 29 de marzo, 05; Te amo de julio 27, 05; son sólo un par de ejemplos. Pero, Siete Días, publicado el 1 de enero de este año es una de nuestras favoritas. Esta hermosa narración hace alusión a la creación del Mundo con el amor. Sencillamente ‘genial’.

Conozcamos un poco más a Angelo:

¿Desde cuando escribes?
Escribo desde niño. A aquellas letras yo le llamaba poesía.

¿Recuerdas que fue lo primero que escribiste?
Si: un “poema” dedicado a la madre naturaleza. Eso fue en tercer grado. Luego competí en un certamen en quinto grado con ese poema y ¡lo gané! Me dejó marcado para siempre. No por haberlo ganado, sino porque la bibliotecaria de la escuela le pidió una foto a mi madre para colocarla al lado del poema en el boletín board y ¿que creen? Al otro día estaba junto al poema una foto mía que odiaba con todo mi ser pues en ella salía bien mellao. Fue una semana de sobrenombres bien “cool”.

¿Cual es tu recuerdo más lejano?
Estoy desnudo en el cuarto de mis padres. Estoy calzando los gigantescos zapatos de papi y camino de lado a lado del cuarto. Sé que es antes de mis cuatro años puesto que esa habitación corresponde a la casa donde vivíamos para ese entonces.

¿Como se te ocurrió el nombre de tu blog?Confesiones es el titulo de uno de mis libros inéditos de cuentos. Decidí utilizar el titulo en el blog por aquello de confesarme un poco.

¿En que te inspiras para escribir?
En aquello y en lo otro. Es que cada cosa, situación, persona o espíritu tiene el lado de una historia y trato de describirlo. Sean sueños realidades o sarcasmos busco en ellos desahogarme y dejar de ser yo, siéndolo al mismo tiempo.

¿Cuales son tus escritores favoritos?

Yolanda Arroyo
Ana Maria Fuster Lavin
Carlos Esteban Cana
Antonio Aguado Charneco

Tienes dos blogs, uno de ellos dedicado a la fotografía:varias EsTAmPAS, ¿que significa la fotografía para ti?
La fotografía me lleva a lugares similares a los que me llevan las letras. Cuando pulso el botón de la cámara, tal como cuando escribo o leo, se paraliza un instante de mi vida, pero se nacen escenas interminables.

¿Cual de los dos te gusta más?
Los dos me fascinan. Si bien es cierto que escribir es una de mis pasiones; la fotografía también se lleva mis fogosidades. Cuando esa cámara fotográfica está en mis manos, al igual que cuando me coloco frente al teclado; soy dueño, rey y señor del momento de miles de personajes o hechos. Eso alimenta mi ego y, más importante, le da paz a mi alma.


Si pudieras resolver un solo problema para siempre, ¿cual seria?
Las enfermedades.

¿Cuales son tus blogs favoritos?
Tengo como asunto clerical, pues me encantan, leer el blog de los que están en mis link. Cada vez que entro al mundo cibernético es lo primero que hago. Estos son:





























  • ¿A que bloguero te gustaría conocer y por que?
    Fernando Angel, EL NAVEGANTE
    la Bitacora de cristal del Navegante
    Location:Buenos Aires, Argentina

    Me parece alguien con quien puedes mantener una plática constante sin aburrirte.

    ¿Eres morning person o night person?
    Padezco imsomnio.

    ¿Como te defines a ti mismo?Yo soy yo.

    ¿Como te definen tus amigos?No sé. Nunca les he preguntado y ellos no se han atrevido a decirme.

    ¿Que recuerdo o impresión quieres que las personas tengan de ti?
    El que capten. Ellos deben decidir tal cosa.

    ¿Cuando te conozcamos, que seria lo primero que notaríamos?
    Unas cincuenta y seis libras de más.

    ¿Que es lo que más te apasiona en la vida?El amor, debilidad y fortaleza de los seres humanos.

    ¿Que te ves haciendo de aquí a 5 años?
    Quiero disfrutar cada momento. En cinco años deseo estar en un parque jugando con mis hijas en el área de los columpios.

    La pregunta ‘Miss Universo’: ¿a que persona o personaje de la historia, vivo o muerto e gustaría conocer y por que?
    Al escritor Antonhy de Mello. Mi visión de la vida cambió cuando lo leí a mis 18 años.

    ¿Con que persona de tu pasado te gustaría reencontrarte y por que?Con mis abuelos. Los extraño mucho.

    ¿Como te gustaría que la gente te recordara?
    Con sinceras ganas de verme.

    ¿De todo lo que ha escrito que es lo más que te llena de satisfacción y por que?
    Cada escrito es mi preferido; en ellos expreso la totalidad del ser humano que soy, (o el que no soy), el que fui y el que seré.

    ¿Cuál consideras es el requisito primordial para llamar a alguien ‘autor’?
    Autor: aquel que crea, con sus manos y su imaginación.

    Escribe lo primero que se te ocurra con estas palabras:
    Inclina, ternura, rabia, encuentro, sabor, premura, tibieza, primero, sentir, poemas.



    Sexta vez

    Ella pone su mano sobre mi cabello y me agradece que le haya traído los pasteles de yuca que le envió mi madre. David me mira con algo de rabia. Su sonrisa de envidia se detiene al escuchar a nuestra maestra de noveno grado.

    — Quita esa sonrisita — le dice con ironía — en el pasado examen reprobaste, si te pasa igual en este veremos a tus padres por aquí, ¿sería cual? la sexta vez.

    La maestra da la espalda y David no pierde el tiempo. Me enseña el dedo del medio. Yo le sonrío y clavo la vista en el papel donde escribo mi nombre. Observo a todos. Están envueltos, hasta David, en el encuentro con su imaginación y las reglas de poesía. La profesora ha solicitado dos poemas. Uno con rima asonante, otro con rima consonante y ambos que sean en verso de arte menor. Pasan los minutos y soy el primero en ponerse de pie. David me mira aún enojado. Él no lo sabe, pero quiero ser su amigo y si supiera que hoy por la tarde abogaré por él no me miraría así. Le entrego la hoja a la maestra y ella no puede dejar de ser amable conmigo. Me dice con ternura que mis versos tienen sabor y tibieza; elementos dignos de un buen escritor. Regreso a mi pupitre a mirar como uno a uno se van levantando a entregar su examen.

    David, sonríe maquiavélico mientras regresa sin perder de vista mis ojos que confundidos están estudiando el rostro perplejo de la maestra. Su mirada se escapa del papel que David le ha entregado hacia él y una lágrima se desbanda por su mejilla. Logro sentir una gran curiosidad. Deseo leer la poesía de David. Me parece que es bueno en eso de escribir. De hecho ha logrado que la profesora no pueda impedir trastocar su siempre bien maquillado semblante. Espero alguna alabanza hacia su escrito y en lugar de eso; “Misis” Matos se levanta y nos dice que el que haya terminado se puede ir.

    Se llena todo de algarabía y del sonido de las patas de los pupitres al levantarse mis compañeros. No salgo, doy tiempo a que el penúltimo estudiante entregue y salga. Ahora si, soy el último. Me acerco a la maestra y me informa que debo decirle a mami que esta tarde no me brindará tutorías de español. Mi entusiasmo se escapa y le preguntó porque. Ella me extiende un papel. Es el examen de David. Lo leo sin poder entender. La miro; sus ojos tristes hablan, Inclina la cabeza y se pierde con premura en un libro de texto. La sonrisita de David retumba en mi cerebro. Vuelvo a leer angustiado el corto y preciso escrito: Mis padres no volverán a este salón por sexta vez y yo sacaré buenas calificaciones en su clase. ¿Sabe porqué? Porque si no; les contare a todos que hace dos tardes la seguí hasta su casa. Así es, y al asomarme por la ventana la vi desnuda y gozando de todo el sabor y la tibieza de su “futuro escritor”, de su “poetita preferido”.



    Por ultimo, háblanos de lo que quieras, expresa cualquier cosa que desees dejar dicho aquí.

    Tener el interés de que tu imaginación se convierta en letras que manchen algún papel en blanco es la clave para desarrollarte en el mundo de la palabra. ¡Que viva la fantasía!



    7 comentarios

    Yiara Sofía dijo...
    No sé qué me gustó más, si la entrevista de este gran hombre o el escrito creado con las palabras predestinadas. Puede ser un empate?! Al igual que sus fotos, Angelo Negrón nos deja siempre pensando, qué hay detrás del lente de sus palabras??? Bravo!! Espero saludarlo en persona el 10 de diciembre!
    7/11/06 1:40 PM

    Yolanda Arroyo Pizarro dijo...
    Talento de sobra y alma noble en este hombre. Me quito el sombrero.
    7/11/06 7:37 PM

    Anónimo dijo...
    NO TE DEJES COJER DE PENDEJO
    8/11/06 4:13 AM

    Estela dijo...
    Angelo es un narrador extraordinario. Además su sentido del humor le da un toque especial a sus escritos. :)
    8/11/06 6:17 PM

    Isabel Batteria dijo...
    Gracias portener mi blog ahí, en esa lista de artículos de primera necesidad. Agradezco mucho todo el apoyo que me has dado.
    13/11/06 8:15 PM

    Ana María Fuster dijo...
    Eres un gran escritor y amigo, también soy tu lectora asidua
    14/11/06 11:50 AM

    Angelo Negrón dijo...
    Yiara: Si el universo se confabula conmigo; allí estaré.
    Yolanda: ¡Gracias! Me inclino ante ti.
    Anónimo: Seguiré tu consejo. Siempre es valioso escuchar alguien con experiencia.
    Estela: Muchas gracias por tus palabras.
    Isabel Batteria: Gracias a ti. Simplemente admiro tu trabajo.
    Ana María: Lo que haces día a día por las letras en este país, acompañada de una prosa y musa saludablemente envidiables, es lo que me ha convertido en tu admirador.
    Deus: Sigue uniéndonos como colectivo. Le hace falta a este país más de esto. ¡Muchas gracias!¡Un abrazo a todos! ¡Que vivan las letras!
    14/11/06 5:28 PM



    jueves, noviembre 16, 2006

    Amanecer en ti

    Por Angelo Negrón

    Abrí los ojos. En la oscuridad del cuarto sentí frío. Aún soñoliento traté de encontrar la sabana que supuse había tirado al suelo. Sólo logré caerme. Aturdido aún, busqué el interruptor y al hacerse la luz estrujé mi rostro. Un buen vaso de leche tibia me ayudaría a dormir, pero en la nevera sólo quedaba agua y un poco de soda. Recogí la sabana y apagué la luz. Traté de dormir. Mas la sombra del recuerdo invadió los lugares más recónditos de mi mente y de manera extraña apareciste. Vestías de rojo. Yo invoqué a tu amistad. Te sentaste a mi lado y comenzó todo. Las escenas pasaban frente a nosotros. La forma en que nos conocimos, la playa y las fiestas. Te convertiste en amiga real; en mi confidente. Te hablé de mis amores pasados, tú me hablaste de los tuyos. No había problemas a los que juntos no encontrásemos solución. Muchos vieron en nuestro afecto algo más que una amistad y nosotros no llegamos a percibir el amor o tal vez no nos atrevimos a cruzar tan inmensa frontera. Te apartaste de mí. Desapareciste justo cuando deseé traspasar el límite de la realidad. Sentí soledad y en loco desvarío grité tu nombre. Sudando frió descubrí que todo había sido un sueño. Fui a la nevera y bebí agua. Calmado me dispuse a dormir.

    Volviste a aparecer más radiante que nunca. Descubrí, esta vez, que a tu belleza interior le acompaña la hermosura física. Nuevamente te sentaste a mi lado. Pude ver de cerca tus ojos, tu nariz, tus labios y quedé perplejo. Sonreíste. Permanecí inmóvil. No sabía qué hacer ni qué decir. Deseé acariciar tu cabello y besarte. No me atreví. Varios minutos estuve observándote. Permanecías callada y sonriente. Mirándome como nunca antes. Esperando de mí el dilema que no parecía resolverse. Tu mirada endulzaba mi vida y pensé: “Si es sólo un sueño, ¿por qué no intentarlo?”

    Y sucedió. Me acerqué a tus labios. Los besé sutilmente. Tu respuesta fue cálida. Mi cuerpo tembló de ternura y el tuyo respondió a mis intenciones. Nos abrazamos. Beso tras beso dejamos de ser amigos para convertirnos en amantes. Fui desvistiéndote. Cuando cayó tu traje al suelo logró teñir de rojo toda la habitación. Tu piel era como un manto tejido de flores suaves y tersas. Acariciar tu cuerpo desnudo despertó en mí sensaciones olvidadas en la tempestad del recuerdo. Noté mis manos húmedas y mi pecho agitado. Mi erección seguía palpitante. Tu rostro continuaba excitándome aún cuando la corriente máxima del placer ya había pasado, aún cuando fuimos dos aves que volando hacia la eternidad quedaron levitando en el cielo. El amor te aprisionó en mi corazón y te deseé mucho más.

    Concluí que sería capaz de desnudarte miles de veces, aunque no pudiera acariciarte, con la sola excusa de recorrer tu cuerpo con la mirada. Reconocí que admirarte sería parte de mi futuro inmediato y de mi vida entera. Supuse que estos encuentros volverían a suceder aunque estuvieras lejos de mi cuerpo y no me diera cuenta que mis manos apretadas contra mi sexo eran las domadoras de tanta pasión. Un hilillo de luz a través de la ventana me hizo comprender que amanecía. Miré a mi lado. Tú ya no estabas. Te fuiste con la noche, te marchaste con mis sueños mojados. Fue divina esta aventura nocturna. Si, fue espectacular, sobre todo amiga mía, porque al soñarla yo estaba despierto.

    domingo, noviembre 12, 2006

    Cuatro Ventanas

     Fotos por Angelo Negrón


    Ana María Fuster Lavin, Carlos Esteban Cana.

    Amílcar Cintrón Aguilú y Mairym Cruz Bernall.

    Poetas que nos deleitaron con su "Nada en el amor, desde otra voz".

    Asomarse en el alma de estos cuatro poetas es como abrir de par en par las ventanas y descubrir el paisaje más allá de lo que nuestra vista lo permite.

    jueves, noviembre 09, 2006

    NADA EN EL AMOR, DESDE OTRA VOZ

    Al final de la vida yo me he dado cuenta
    de que todo lo que no se convierte en felicidad
    es inútil y negligente.... Borges


    Los escritores puertorriqueños Mairym Cruz Bernall, Ana María Fuster, Amilcar Cintrón y Carlos Esteban Cana en junte poético…

    Recital: NADA EN EL AMOR, DESDE OTRA VOZ con Mairym Cruz Bernal, Amílcar Cintrón Aguilú, Ana María Fuster y Carlos Esteban Cana


    Evento: Sábado 11 de noviembre de 2006
    Lugar: Biblioteca Carnegie, 7PM

    Separen la fecha, disfrutarán de un Banquete poético.
    Habrá MESA para VENTA DE LIBROS

    Datos de los autores

    Amílcar Cintrón Aguilú, escritor puertorriqueño, ofrece talleres de cuento. Ha publicado sus cuentos en diversas revistas y antologías como En el vientre de una isla (narrativa 2006) publicado en Uruguay. Posee recibieron el grado de Maestría en Artes con especialidad en Estudios Puertorriqueños.

    Mairym Cruz Bernall, reconocida poeta puertorriqueña, ha viajado países tan distantes como Rumanía, tan cercanos como Colombia, Argentina, Nicaragua, El Salvador, y tantos otros, llevando la poesía de la mano. Es autora de más de 10 poemarios, entre ellos: Encajes negros, Poemas para no morir, Soy dos mujeres en silencio que te miran, Querida Amiga Querido Amigo , con la co-autoría del cantante Danny Rivera, entre otros.

    Carlos Esteban Cana, escritor y editor puertorriqueño, se ha destacado por su inmensa labor como periodista cultural independiente y es el fundador y editor de la revista Taller Literario. Sus cuentos, ensayos y poemas han sido publicados en diversas revistas y periódicos del país, así como internacionalmente.

    Ana María Fuster Lavín, escritora y editora puertorriqueña, autora de los libros de cuentos Verdades Caprichosas (First Book Pub., 2002) premiado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña, Réquiem (Isla Negra editores, 2005) va por su 2da edición, y el inédito Bocetos de una ciudad silente. Acaba de publicar su poemario El libro de las sombras (Isla Negra editores 2006). Dirige las revistas electrónicas Borinquen Literario y
    http://bocetosdeselene.blogspot.com/

    miércoles, noviembre 01, 2006

    Nos visita Carlos Esteban Cana con dos entregas:


    En movimiento

    Ante la imposibilidad de que me puedas amar
    quedo en profundo silencio
    las rocas se desprenden
    y el acantilado se acerca
    esta vez no resisto
    y me dejo llevar
    hacia el destino
    por la ingrávida ilusión de liviandad

    queda espacio en los efímeros y prolongados segundos
    para degustar la sobria contestación
    que latente permanece

    y aún no alcanzo tocar las piedras que acaricia la espuma
    cuando la mirada se eleva hacia un crepusculario azul
    con anaranjados rosados que emite mi propia estela
    en la impermanencia de tu océano celestial.

    diálogo con saberes propios y ajenos

    el dolor que parte de la emoción
    desbordada la represa
    las puertas permanecen sin abrir
    y el cruce vuelve temerario lo que era osado

    al delta se arrastra todo un mosaico de fragmentadas piezas del
    /universo humano
    de lo accesorio a lo valioso
    y el crepúsculo
    da perfil de sombras
    a lo que lleva impetuosa la corriente
    que no cede al impulso del instante impermanente
    de lo que no se puede contener

    y el niño trata de meter en el hoyito
    a q u e l e n o r m e r í o
    el proceso lógico cede al gesto creativo de la semejanza
    la energía trasciende tus miopes límites físicos
    y no la sientes separada

    es pleno el Kairós: el intelecto se desplaza pasivo al vacío

    y por primera ocasión
    sientes la verdad del propio axioma
    como sentencia definitiva y sagrada del oráculo
    entonces, con tu misión en los hombros,
    te alejas del centro para acercarte,
    cual orbita elíptica de cometa errante,
    a ese mismo punto medio.

    Carlos Esteban Cana ( Bayamón, Puerto Rico 1971) Escritor, comunicador y coordinador editorial. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario. Sus cuentos y poesías han sido publicados en revistas como El Sótano 00931, Borinquen Literario, Cultura y Cundiamor, entre otras. Algunos de sus ensayos y reflexiones sobre la cultura editorial puertorriqueña han llegado al lector a través de periódicos como El Nuevo Día y el mensuario Diálogo. Tiene varios libros inéditos: Novo vía crucis (poesía), Versos apócrifos para la innombrable (poesía) y Fragmentos del mosaico humano vol. 1, vol. 2 y vol. 3 (cuentos).

    No se pierdan:

    NADA EN EL AMOR, DESDE OTRA VOZ

    Recital a cuatro voces con:

    Mairym Cruz Bernal

    Amí­lcar Cintrón Aguilú,

    Ana María Fuster

    y Carlos Esteban Cana.

    Sábado 11 de noviembre de 2006

    Biblioteca Carnegie,

    En el Viejo San Juan

    7:00 PM

    El evento será gratuito y habrá sorteo de libros.



    viernes, octubre 27, 2006

    Atardecer


    Por Angelo Negrón

    Después de hacer el amor, bajo los rayos del sol y algunas gotas de llovizna, seguiremos hablándonos con caricias suaves y recurrentes. Ella descubrirá el atardecer y deducirá que la noche llegará pronto a regalarnos sueños compartidos. Y se adormecerá… Dormirán promesas y dormirá ella. Mi insomnio pernoctará a su lado. Caricias ya desaparecidas para no incomodar su sueño se reunirán en mis fantasías; listas para que a primera hora salgan de su escondite. Sueños recurrentes flotarán como siempre y recorrerán su cuerpo desnudo…

    El placer la ha hecho viajar lejos, sus ojos se cierran y está hipnotizada de amor. La hora me insinúa que es algo temprano para llamar a Morfeo pues la cena está servida en la mesa junto a las velas, las fresas y las rosas. Mi alma en este atardecer reconoce que debe dejarla dormir. Olvidaré los alimentos. De todos modos; ya hemos cenado. Nos nutrimos el uno al otro; saciando aventuras con besos salados y postre de piel. Como siempre, nos dará hambre de nuevo, ella es pasión que no se extingue…

    La sala, como hace un rato, será nuestra habitación. El sofá logra que estemos más unidos. Dejaré encendidas las velas. Su pulular hace que dancen las sombras. El anochecer ya esta con nosotros. El sol se ocultó y ella, lo sé, despertará a media noche. Pedirá que la envuelva con mis brazos y la proteja del frío, le cuente alguna historia o simplemente le haga sentir que sigo aquí; cuidando su vida y alejándola de la soledad…

    domingo, octubre 15, 2006

    Elementos

    Por Angelo Negrón


    Fuego:
    El que sentiré en mi alma y mi piel cuando te haga mía. El calor es tanto que quema en las entrañas y se eleva mi parte vulnerable de sólo mirarte. El ímpetu tiene tanta proporción que las venas quieren lograr ebullición y juntarse al coro de pensamientos lujuriosos que me acompañan. El deseo de tocar tus pechos envueltos en brasas de placer y mi intención de poseer las mil formas y sabores de tu sexo encendido logran que se derrita el hielo milenario de mis frías y solitarias noches. Mi boca perdiéndose en la tuya y las chispas que despedirá nuestra piel capaz de encender el gigantesco carbón del amor de un solo amague. Nosotros somos aves fénix, capaces de morir y renacer en vivo fuego, en candela de pasiones, ven ahora y quémame con tus gemidos; calcíname con tus besos, incinérame con la llama de tu amor...




    Tierra:
    Tú acostada, yo a tu lado, estudiando las dimensiones de tu cuerpo, buscando en cada promontorio, en cada isla el supuesto continente perdido que me dará sustento. En ti sembraré la simiente y cosecharé pasiones. Me deleitaré con cada uno de tus puntos cardinales. Me mudaré seguido. Por tiempos viviré en tu norte, por momentos en tu sur y siempre tendré mi vida en el meridiano de tu piel. Misma que no acabo de descubrir completa pues en mi ardua colonización termino por perderme en tu mirada apasionada, equivalente a la dueña de todo mi ser. Por ti se hace polémica la duda: ¿Quién, si no yo, debe ser el dueño del lugar donde nos amaremos sin medida? Sí, soy inmigrante en tu cuerpo, pero garantizo que llegué para quedarme. Excavaré hasta profundizar en las ansias que te llevan a desear ser poseída... Que te llevan a dictaminar que se busque entre tu piel las riquezas ocultas que guardas por experiencias pasadas y por codicia de amar... Cultivaré apetito en tu rasurada oquedad. Comeré de los frutos que me brindan tus adentros y como volcán que derrama su lava derretida crearé nuevas razones para que me ames más...




    Agua:Torrente que acompañará a tu verticalidad antes, durante y después de recibir la pasión que me envuelve. La saturación no es sólo tuya, también es mía. Confundida, nuestra lluvia placentera descenderá acoplada a las paredes de tu intimidad como catarata que es regalo de las entrañas de la mujer que más he amado. Hembra dispuesta a comportarse celestialmente y que juega con el hecho de saberse naturaleza dispuesta a socorrerme. Me lanzaras a la playa donde, al amarnos, dejaremos de ser plurales para convertirnos en singular. Con besos mojados y lengua poseedora aparecerá el sol a la hora del cíclico acontecer de dejar de ser agua para convertirse en nube. Luego se transformara, otra vez, en el liquido de vida que calma mi sed. Inúndame con tu sabia. Mi vida necesita dejar de ser árida ante la ilusión de que una mordedura tuya llegue a los poros de mi piel reseca y a mi porción erguida en espera persistente. Cual búsqueda constante del rocío que hábilmente ha permanecido sellado por la inquietante forma de labios vaginales y que conservas para mí, en un molde húmedo y caluroso. Estás a la espera del asalto de mi lengua o de la dilatación de mi extremidad que, llena de terminaciones nerviosas, sólo desea sumergirse en tu humedad. Seré barca o pez, no importa. Seré lo que tú quieras que sea sólo por bucear en tus siete mares. Sólo por aprender a bailar la danza de tus olas. Encallaré en tus arrecifes y coexistiré paciente ante la espera de tu marejada. Serás gotas de lluvia que bajando de la montaña llegarán al mar de mis placeres. Y en el océano de tus protuberancias, mismas que deseo acariciar sin mesura, sobreviviré a la soledad...



    Aire:
    Espacio en que amarse será fácil. El viento azotará nuestros cuerpos de manera sublime y la ley de gravedad nos ayudará en nuestro intento de amarnos. Y es que dicha ley exige que tu cuerpo aunque suba tenga que bajar. Conveniente será esta ordenanza. Buscaré que subas y bajes en movimiento constante para darte y darme placer libre y decisivo. Nuestra respiración a veces agitada, a veces pausada, sólo será el anuncio de los sentimientos antes ocultos y de fantasías logradas. Los suspiros serán elocuentes formas de atraer paz a la caída de un imperio que lograste erigir para luego derrumbarlo con las sacudidas persistentes de tu sexo encendido. Justo después de lograr derrocarlo volverás a constituirlo con la excusa de terminar verlo consumido en el movimiento zigzagueante de tu boca. Definitivamente Dios creó a Adán cuando depositó aire sobre el barro, pero a mí me has creado tú. Cuando anhelé por vez primera que el suspiro de tus ojos me envolviera y que tu lengua fuera mía en la esencia de besos huracanados, en las ventiscas, en los envoltorios de tus pechos... Es que también para mí guardaste una manzana. Me la ofreciste en el momento preciso, justo cuando tus vientos se encargaron de derrumbar el árbol, justo cuando olvidaste al hombre nacido del barro... Ser nuevo en tus ganas, creado a tu perfil y parecido, creado por ti, diosa que piensa que ha sido expulsada del paraíso donde yo mismo te llevaré cuando nuestros cuerpos estén en posición horizontal. Desalojada sólo por sustraer dos manzanas y por demoler el manzanero al que no se te permitió subir. De allí te transformarías en brisa, en aura o lo que es más, desde allí podrías haberme visto antes, en el principio de los tiempos, cuando se determinó que yo soy el alma que es gemela contigo...

    ...Juntos... Inhalaremos ansias. Exhalaremos pasiones hasta que en loco desvarío peleemos contra los molinos de la saciedad. Incluso cuando insaciables nos percatemos de que el amor es perpetuo y que se renueva, una y otra vez, más allá de nuestros cuerpos. En el cántico de nuestros ancestrales besos. En recurrentes caricias que añoran ser puestas de nuevo en uso y diseminadas entre el pelo y los dedos de los pies, entre derecha e izquierda y sobre todo en el clítoris hermoso de tu floral belleza añadiéndole el aguijón constante de esta abeja que soy y que sólo se alimenta del polen de tu pasión.



    Tú:
    Eres el quinto elemento. Ese que busqué en pieles ajenas, en almas equivocadas, en el sinnúmero de pasiones vanas y en la fornicación desvergonzada de mi cuerpo. Eres fuego que quema, tierra que entrega simiente, agua que calma mi sed de pasiones y aire que arruma con su caricia mis instintos más románticos.

    ... En ti reposan todos los elementos unidos. Eres un alma que tiene el privilegio de convertirse en piel y no sólo transgredir las leyes de la física, sino también derrocar los muros que puedan existir en mi vida vacía. Ven y lléname con tus ansias de combatir la soledad que te quebranta. Hazme el amor, una y otra vez. Conviérteme en tu quinto elemento, complementémonos en ese hermoso vaivén que es el amarse. Colmémonos de caricias, de besos y abrazos. Seamos uno, volvamos a empezar. Con las ansias que nos rodean podemos lograr que tenga sentido la extracción de la costilla de mi antepasado para que fueras habitante en el paraíso y que allí me esperases para asistir juntos frente a la fogata o al volcán, delante de la montaña o a las islas, frente al mar o a la cascada o dentro del huracán de nuestro apetito de lujurias donde podremos escuchar en sinnúmero de ocasiones el te amo que saldrá de nuestros labios y que obligados estamos predestinados a escuchar...

    Estruja en mi rostro la caricia de un beso. Defiéndeme del aislamiento y de la locura de saberme el soñador de sueños aplazados a la espera de tus caricias. Conviérteme a la devoción de admirarte cada vez más, de saberme perdido entre el fuego, tierra, agua y aire que representa tu alma...

    ¿Quinto elemento? Eres eso y más...

    viernes, octubre 06, 2006

    Túnel de luz

    Por Angelo Negrón

    Comenzó a observar el principio de su muerte; agitaba su cuerpo tratando de escapar, pero algo que no comprendía la empujaba al final del túnel. Hacia una luz extraña que parecía decir su nombre a gritos. El grado de confusión era tal que la lucha contra el hipnótico llamado no le sirvió de mucho.

    — ¡La luz al final del camino es cierta después de todo! — pensaba mientras combatía contra el llanto y la desorientación. Se percató de que conocía otro idioma y sus sollozos eran un dialecto hasta ahora ignorado para ella. Pensó en las miles de veces que había escuchado todo lo concerniente al poder del Espíritu Santo sobre las almas y de cómo ayudaba a hablar en lenguas; algo que nunca había practicado, pero que sabía existía y sonrió. Después de todo, si tal energía estaba con ella ¿qué más podía pedir?

    Nadaba en un liquido espeso que la asfixiaba por momentos y que la hizo comprender que el único camino prudente era hacia la luz. Estaba atontada. Imaginó a San Pedro y sus llaves, al Paraíso y lo hermoso del lugar. Al encontrarse ante lo desconocido sintió terror. Ese que siempre se padece ante el cambio. El que a veces nos hace tomar decisiones incorrectas. En un ademán de defensa trató de estirar sus manos, pero la prisión del túnel era tal que no pudo hacer nada, sólo volver a llorar en sus adentros. Escuchaba a lo lejos el latir apresurado de una especie de tambor y especuló que era su propio corazón que lo llamaba. En un último intento agitó sus piernas para tratar de volver a su pasada vida, pero estaba escrito que ese día moriría.

    Así fue; murió. No entendía aún porqué y menos para qué, pero ya no tenia el poder de decidir a donde quería ir. Sólo existía un camino; un túnel que terminaba en una gran luz y que no le parecía tan apacible como le habían contado. Sintió un jalón y, como si el túnel le ayudara a llegar a la luz, su cuerpo fue moviéndose en contra de su voluntad. No le quedaba mucho aire así que tuvo que rendirse al llamado. Exhausta se dejó atraer y cuando traspasó el fulgor, descubrió que sus ojos obligadamente se cerraban ante tanta luminosidad, sintió un dolor en el pecho que la obligó a hablar más fuerte aquella jeringonza que no entendía y que percibió tendría que aprender pronto para su bienestar.

    Cuando logró abrir sus ojos, ya estaba recostada y buscó entre tanta luz reconocer las imágenes algo confusas de personas que le hablaban en aquel extraño idioma que ella no comprendía. Se fueron aclarando las imágenes y descubrió que su corazón padecía de un amor gigantesco hacia aquellos seres. Observó hacia su espalda, ya las alas no estaban presentes y al voltear otra vez y mirar hacia arriba en busca de su aureola, sus ojitos descubrieron a una mujer que lloraba de alegría. Lo comprendió todo y sonrió: estaba viendo a la dueña del túnel,la verdadera luz que la había hecho mudarse del paraíso y morir a su investidura de ángel, únicamente para brindarle el amor de madre; comparable exclusivamente al de Dios...


    Isamar Negrón Al momento de "Morir-Nacer"

    sábado, septiembre 23, 2006

    Estaciones

    Por Angelo Negrón


    Levanté mi vista al cielo. Envié mi mente al pasado; a ese en que el recuerdo se hace presente y futuro. Sentí el viento que chocaba mi espalda mientras veía el sol esconderse en el oeste de mi vida. Palpé a lo lejos añoranza de pasiones. Nubes ocultas en la oscuridad de la noche recién nacida me hicieron notar una especie de aurora boreal que languidecía ante mis ojos. El frío vespertino logró enmudecer el suspiro que estaba por brotar de mi pecho al recordar el invierno en que te conocí y el tiempo transcurrido hasta el otoño de mi amor.

    En el Invierno el frío era pesado y lo llevaba a rastras gracias a la soledad que me acompañaba en las horas despiertas que convivían conmigo. De pronto la habitación de mi alma se iluminó con tu saludo. Sonreí. Fui reflejo de tus palabras. Naturalmente me involucré en la felicidad que te embargaba. Poco a poco fui necesitándote desde los primeros quince segundos de conversación. Te extrañé tanto después de aquella primera vez que el miedo a no tenerte me atormentó de inmediato y es que la autodefensa nos hace pensar en negativa. Anhelé poder invernar, quedarme dormido hasta que mi cuerpo volviera a acostumbrarse a un pasado en que no existías; mas no pudo ser. Tú ya estabas en mí, como hielo que se derrite ante el calor del amor sublime y platónico de la distancia...

    En la primavera reverdeció el campo de tu cuerpo. Florecieron las tersas rosas de tu pasión. Paseamos tomados de la mano y nos perdimos en la arboleda frondosa de la entrega de nuestros cuerpos. Mariposas revoloteaban por doquier, testigos silentes de la cesión amorosa que nos envolvió. Las aves hacían lo suyo en la danza majestuosa del macho para poseer y en la observación atenta de la hembra para dejarse conquistar. Mientras; nosotros nos tumbamos en el pasto verde. Miramos a través de las ramas de los árboles hacia el cielo. El sol se colaba en columnas de luz hacia todos lados cubriéndonos y cegándonos de vez en cuando; dependiendo como arreciara la brisa las abundantes hojas. Y en nuestras almas arreció el viento de la pasión infinita, la de amarnos sin temor a ser descubiertos. Nuestros cuerpos desnudos fueron uno en las raíces verticales de la lujuria.

    Al verano no le hizo falta el calor de sol. Nuestros cuerpos fueron llamas que alumbraron a la luna en las noches desnudas de nuestra conciencia. Tanto calor logró en los días evaporar mares y ríos de saciedad. La playa era sólo una excusa para abalanzarnos a la arena y evocar ímpetus. Bebimos juntos ante el cielo el testimonio de amor puro que nos impulsó a casarnos frente a todas las deidades y obligarlos a padecer envidia. Las flores que adornaban tu cabello tenían pétalos que se desprendían ante el irrumpir constante de mi sexo. El calor fue demencial y sólo comparable al volcán que en erupción de placeres nos catapultó a la galaxia de nuevos besos, briosos abrazos, acometedoras caricias. Nos bañamos en arena, sal y agua para descubrirnos empapados de la sabiduría de aceptarnos tal como somos y como dictan nuestras vidas. Fuiste oasis; grama en el desierto que cubrió el horizonte de mi boca mientras participaba vivamente de la verticalidad de tu ser, de la oquedad de tus impaciencias germínales.

    Cuando el otoño llegó comenzaron a caer las hojas de besos impregnados del natural sabor de tus labios. Tu cuerpo se hizo deseable al grado de querer poseerlo nuevamente. Entre lo sublime y pasional me convertí en fanático de tu hermosura. Tu piel lozana brilló en su propia aura hasta dejarme acariciarla por completo. De lunar en lunar paseé mis dedos y mi lengua escudriñadora se valió de su saliva para deslizarse de un pezón a otro o de tu cuello a la espalda. Tú seguías mi viaje y me ayudabas a moldear el camino con el movimiento exacto de tu cuerpo pretendiendo llevarme a donde tus ansias querían. Bajé hasta tus nalgas y el rastro de caricias adornaban aún tu espalda. Mis manos separaron los montes y buscaron la infinidad de tu ser. Lo distinguieron y lo saborearon como alabanza que acrecentó el goce. Se propagaron los gemidos y pediste que te poseyera como siempre; con el brillo en tus ojos que denotaba lujuria, con la sonrisa de labios deseosos de ser mimados, poseídos, mordidos y ultrajados.

    Y bajé la cabeza. El sol salía de nuevo a mis espaldas indicándome que había pasado toda la noche soñándote. Observé la medalla que sostenía en mis manos, esa que me regalaste, la que conserva intacta la presencia de la primera vez que recibiste el cuerpo de un hombre. Los celos volvieron a mis memorias como, si con ello pudiese olvidar que otro hombre te poseyó primero, que entró en tu vida y te hizo volar antes de que yo pudiese llegar y encontrarte comulgando con la ilusión que te caracterizaba en ese tiempo. Resolví arrojarla a las aguas como presagio de la muerte próxima a mis años de buscarte.

    Así estoy; queriendo enseñarte la luna tal como yo la he apreciado, desde el solsticio hasta el equinoccio. Condenándome a postergar el hecho de que sigues siendo la respuesta a tantas de mis preguntas, aún cuando sigo negándome a comprenderlo. Ya la medalla desapareció en la profundidad del océano y todavía siento igual mi pecho. Vacío ante la ausencia permanente de la antigua dueña del amuleto. Debí conseguir algún otro que suplantara a este que acabo de desechar. Te lo hubiese regalado y no seguiría renegando de Dios como hasta ahora he hecho. Mis celos no tendrían que ser infundados y los años de mi juventud lejana hubiesen sido felices. Nada se puede hacer contra el primer hombre que te poseyó por completo, y por el cual recibiste la medalla, porque fue al mismo Cristo el día de tu primera comunión.

    Ahora no cuento con tu presencia física y obsoleta es mi desdicha. Fulgurante mi resignación... De todos modos sigues siendo, Invierno, Primavera, Verano y Otoño en el continuo movimiento de la condición del planeta, del adjetivo de mi ser que como hojas de otoño, demuestra con su cabello que tiende a caer pesado sobre mis hombros, que está listo para pasar el invierno nuevamente e invernar mientras sueña en encontrarte otra vez en la primavera lejana de otro siglo; en el verano candente de otra vida...

    ...En donde te poseeré primero que ninguno y te mostraré las estaciones antes de lo que creías pensado... Mucho antes de enamorarte de alguien más...

    martes, septiembre 12, 2006

    Sentidos

    Por Angelo Negrón


    Te robaste todo mi ser. Lo llevaste contigo a un lugar que aún no reconozco y que me parece comparable al paraíso que se nos prometió en el principio de los tiempos. ¿Fue poco a poco o de inmediato? La verdad es que no estoy seguro. Sólo sé que te has adueñado de cada centímetro de mi vida. El cuándo sucedió es una pregunta para la que no tengo contestación pues todo esto no parece tener principio. Definitivamente, este hurto, no tiene precedentes.

    El cómo ocurrió tal vez pueda explicarse con algo de ciencia. Sabrás que cada célula de mi ser te pertenece y que una explosión de grandes magnitudes debe haber ocurrido en una de ellas. Imagino que en el núcleo, citoplasma, cromatina y ácido desoxirribonucleico de alguna se originó este amor y decidida a convertirse en tu rehén logró, en la multiplicación celular, que cada poro de mi existencia quedara prendado de ti y cada latido de mi corazón se destinara a pertenecerte.

    La forma en que me descubriste, y te encargaste de hacerme tuyo, nunca podré olvidarla. De hecho; siempre sentiré el mismo sobresalto al verte. Mi mirada se pierde en la tuya y tu sonrisa me lleva a desearte. Cuando mi vista tiende a explorarte toda descubro que mi cerebro ya esta envuelto en la belleza que te acompaña perennemente. Tu rostro me hace pensar en poseerte y te contemplo desnuda. Mis ojos no saben que hacer: si mirarte fijamente a los labios, a tus ojos y a tu cabello o quieren perderse entre tus pechos y buscar explorar esos lugares en que la ropa estorba. Territorios en los que quedaría perplejo por unos segundos ante el hecho de querer tocarte.

    Escucho tu voz demostrándome lo que piensa tu alma y la excitación de verte se duplica instantáneamente. Decido escucharte. Tus labios se mueven. Salen de ellos tonadas sutiles y el preámbulo de gemidos que tanto deseo. ¡Cuánto daría por besarlos en este mismo instante! El sonido en mis oídos no cesa. Me entero de que me amas. ¡Me deseas! Compartes algunas fantasías que escucho con atención. Prometo cumplirte al pie de la letra cada una de ellas. Sonríes. Verte y escucharte me vuelven más dócil aún de lo que ya soy gracias a ti. Descubro en tus mejillas cierto rubor. Al preguntarte el motivo sólo dices que se debe a la demanda que estas pronto a exigir. Te esmeras en agradarme sin saber que ya es tarde, que ya eres dueña de dos de mis sentidos y que sigues colonizando los que puedan faltar.

    Me acerco un poco a ti. Llega a mí el olor característico de tu presencia. Ese que acompañado de tu belleza se encarga de hacer voltear miradas. Los hoyuelos de mi nariz ansían olerte de cerca. Soy como sabueso que busca a su presa en el cuerpo de la mujer perfecta. Comenzaré por oler tu rostro. Me acurrucaré en tu cuello combinando respiraciones con fuertes abrazos. Pasearé mi nariz por tu piel en la búsqueda del rincón deseado, del néctar de tu cuerpo; de la rasurada oquedad que me tienta a respirarte sin ganas de exhalar tu olor. Conservaré el aroma mientras en mi mente saboreo el posible sabor de tu piel. Tu esencia, como bálsamo, calma mis necesidades y las amplifica a la vez. Ese olor único, divino y sobrenatural, que desprende tu pasión; me lleva a ensanchar mi pecho en la algarabía de poder degustarte en mi paladar. Estoy ansioso de ti.

    Ya te di un abrazo buscando olerte por completa. Ahora me dedico a acariciarte. Las yemas de mis dedos se divierten y danzan sobre tu piel. Deslizo mis dedos por tu cabello, tus mejillas y me detengo por un momento en tus labios. Demando que desees, tanto como yo, que mis labios sientan el tacto de los tuyos. Mi piel exige contacto completo. Por eso no busco tocarte sólo con mis dedos,sino que, toda mi piel se vuelve cómplice y escudriña la manera de palparte. Cada cabello de mi cuerpo se eriza. Encuentro pretextos para seguir manoseándote. Sigo hurgando en tus adentros. Ante el conocimiento de que uno de los caminos para llegar a tu alma es por la piel; me encapricho e insisto en tentarte a que seamos uno. Manipulamos juntos el universo. Te haré mía tal como yo soy tuyo.

    Tus pechos me tocan, tus muslos se abren en señal de aceptación y se hace agua mi boca cuando pienso en saborearte entera. Mis labios se unen a los tuyos y declaran que, en eso de tocar y besar, eres una experta. Podríamos estar horas acariciándonos o besándonos y, aún así, pretender ser cómplices cada vez más. Las pupilas gustativas de ambos se bañan de nuestro sabor. Confieso que nunca antes se me había revelado placer de tal magnitud. Mi lengua desea multiplicarse y brindarte caricias nuevas. Probando tu cuerpo entero; me entretengo en erectos pezones y en el clítoris hinchado. Me paseo por tu espalda, dedos, muslos y pies. Vagabundeo en tus caderas mientras agradezco a los dioses del sexo por haber permitido que la lengua no sólo fuera un instrumento para crear palabras y probar alimento proteínico, sino que, nos dieran la opción de alimentarnos el alma, la lujuria y el amor. Tú sabes esto pues tu lengua ya se encargó de llevarme al borde de la locura y a la cima del éxtasis. Ahora se divierte midiendo mi piel y jugando con los espasmos que me acompañan.

    Todos mis sentidos están siendo utilizados. Observo tu cuerpo desnudo. Escucho tus gemidos y tus palabras de amor. El dulce olor de tu ser me inunda por completo. Pruebo tu piel entera mientras el movimiento de cada uno se convierte en ritmo candente de pasión. Se pierden en la habitación los gemidos de ambos y en caricias constantes utilizo ambas manos deambulándolas por cada palmo de tu piel. Por momentos; una de ellas o ambas se pierden en tu cabello o por instantes se encargan de diferentes lugares del mapa de tu ser. El apretar tus pechos o separar tus nalgas mientras estas encima de mi se diluye en placeres gigantescos. Mis dedos hurgan secretos y de forma circular los destinan a sentir el goce de caricias. Tu disposición a recrear placer se propaga y me envuelve en la lujuria de tu humedad. Tu lubricación es excelente para mi apetito y para mis cinco sentidos corporales. La lluvia de tu vientre me envuelve mientras mi placer yace derramado en el monte de venus que previamente rasuraste y que me conferiste hoy en movimientos carnales.

    El orgasmo es el sentido por excelencia. Para conseguirlo de forma majestuosa necesitas los otros cinco. Cuando nos acorrala el éxtasis; alma y cuerpo se entrelazan. Son uno más que nunca. Al lograrlo en compañía del ser amado, más cuando es tu alma gemela, el universo se hace pequeño y la piel monumental; mezcla de cielo e infierno. Volver a recobrar los sentidos después de amar así es imposible. El enredo es tal que mi alma necesita tu cuerpo y mi cuerpo tu alma.

    Definitivamente te robaste mi vida. Incluyendo un pasado al que detesto por no haberte tenido a mi lado, un presente que adoro por que mis sentidos te pertenecen y un futuro en el que me sueño dentro de la prisión de tus labios; encarcelado en tu alma y siendo victima del vaivén de tu cuerpo. Explota mis sentidos. Ámame de esta forma idónea que sólo tu conoces. Como esclavo que te pertenece te ruego que me honres con tu visita. En esta galera que es nuestro mundo; desnudémonos. Seamos el uno para el otro. Tal como nuestras almas han dictado y tal como nuestros sentidos han evolucionado manifestemos día a día que en cada célula se regocija el amor verdadero...

    viernes, septiembre 01, 2006

    Centinela sideral

    Por Angelo Negrón


    El calor me atormentaba y decidí salir de la casa por un rato. Al pasar el umbral de la puerta me tropecé con algo en el suelo. Al caer expuse mis manos como mecanismo de defensa y evité con esto algún golpe extra en el rostro. No pude evitar maldecir. Mientras me levantaba, un dolor en el tobillo me hizo ceder y caer nuevamente al piso. Llevé mis manos a mi pierna derecha y solté un alarido de dolor. Busqué sentarme y distinguir con que me tropecé. Al acostumbrar mis ojos a la oscuridad divisé el tiesto de barro que en la mañana había dejado vació gracias a las flores que le arranqué con la excusa de llevártelas. Maldije mi recién caída y también el hecho de no encontrarte en la mañana para entregártelas. La brisa azotó mi cabello. La frialdad de la noche bañó mi sudor y me hizo sentir confortable. Volví a tocar mi tobillo. Me percaté de que ya no sentía dolor. Al posar la mano en el piso para impulsarme reparé en que el suelo estaba frío. Noté que me haría bien recostarme y regalarle algunos segundos a mi mente sedienta de olvido. Para sentirme a gusto decidí desnudarme. Me quité camisilla, pantalón y bóxer sin temor a que algún vecino entrometido y santurrón le fuese con el chisme a alguien, o me llamara la atención, pues la oscuridad sería el camuflaje perfecto.

    Pasé sentado algunos minutos. Perdido en el recuerdo de las últimas horas. Rememorando la forma en que salí de casa con la ilusión de verte y regalarte tus flores preferidas. Te diría la verdad; que llevaba meses cultivándolas con la intención de entregártelas con alguna palabra de amor que no hubiese sido pronunciada por mi mirada. Pero no te encontré. Precisamente hoy declararía la visión que llevo conmigo en cada sueño despierto. Justamente hoy te suplicaría cambiáramos nuestras vidas dispersas y fuésemos uno en el espejo de la vida.
    Mi espera fue acompañada por los árboles y los pájaros del parque y, aún así, la soledad me caló en los huesos. Según pasaron los segundos la esperanza fue alejándose de mi ser y como inevitable incongruencia el dolor, que habita en los seres enamorados, me recogió de aquella banqueta y me hizo salir del lugar; no sin antes propagar las flores. Las esparcí de pétalo en pétalo, mientras en clásico interrogatorio les cuestionaba sí me querías o no. Por esto; aunque la esperanza desapareció al no verte llegar, salí de allí sonriendo ante la respuesta de un sí y con la certeza de que paulatinamente ganaría esperanzas perdidas.

    Una carcajada se me escapó y recosté mi espalda en el suelo. Justo en ese momento divisé la luna que en cuarto menguante me sonreía. La observé por largo rato. En la oscuridad de la noche tardía decidí que esperaría el amanecer despierto. Busqué algunos cojines en la sala y los esparcí en el lugar. Me acompañé de vino tinto y música suave. Decidí dedicarme a esperar alguna estrella fugaz a la cual pedirle por deseo poseerte. Ante tal idea me levanté nuevamente, esta vez, para buscar el viejo telescopio que guardaba como reliquia desde niño. Acaricié las iniciales de mi nombre y apellidos que había tallado en su pintura para identificarlo como mío inmediatamente me lo obsequiaron. Miré a través de su orificio y me percaté de que ya no funcionaba. Los lentes estaban extrañamente manchados y lo arrojé a un lado. El frío atacaba mi desnudez sin compasión y, como siempre, me agradaba. Miré al cielo y comencé a construir figuras geométricas con las estrellas y alguno que otro dibujo mal ensamblado por mi dedo índice. Divisé varias constelaciones. Como un estudioso, que en realidad lo que busca es olvidar otros detalles, me envolví en la penumbra de la noche en pensamientos que me apartaran de ti y de este pensarte constante que sólo me hace dar vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. ¿Cómo le explico a mi cuerpo que abandone sueños despiertos tan maravillosos?

    ¡Cuánto daría por poder admirar las ochenta y ocho constelaciones al mismo tiempo! Es tan relajante mirar al cielo. La verdad es que estaba logrando poner mi mente en blanco hasta que descubrí a una hermosa constelación del cielo nórdico. Me enfoqué en la estrella polar escudriñando la forma de disimular el hecho de comparar a Casiopea con la primera letra de tu nombre y es que esta constelación guarda esa forma. Miré a derecha e izquierda. Las estrellas parecían ser tus aliadas en el recuerdo que emanaba en mí sin pedirlo. Perseo, Cefeo y Dragón parecían moverse a velocidad vertiginosa y me di cuenta, algo tarde, de que en realidad sufría un mareo.

    Abrí mis ojos. Acostumbrarme otra vez al lugar en que me encontraba tendido me dificultó, un tanto, enfocarme en Casiopea. En lugar de sus siete estrellas pude contar unas diez posicionadas de forma muy extraña. Observé a mí alrededor tratando de identificar si estaba en el mismo lugar o había viajado astralmente a otro lejano en el que no podía reconocer los grupos de estrellas que adornaban la noche. Pensé que estaba soñando o alucinando por el mareo sufrido. Al pasar varios minutos y notar que no surgía cambio alguno, ni en el cielo ni en mi estado de ánimo, concluí que estaba alucinando y debía buscar algún libro de astronomía que me explicase aquel evento. Tal vez se debía a alguna alineación de planetas o estaba tan enfocado en esas estrellas que no veía las demás, sólo sé que apenas levanté mi cuerpo desnudo del piso me percaté de lo que sucedía al mirar otra vez al cenit. ¡Era víctima de tu recuerdo! Apreté mis párpados y volví a recostarme en los cojines. Miré al cielo y allí estaban las diez estrellas, únicas y tan reales como yo. Rogué al cielo que fueran las diez lunas de Saturno, pero ni siquiera la deficiente ley de las distancias planetarias de Elert Bode me ayudaría en tal teoría. Construyendo especulaciones volví a la razón indiscutible; ¡Te estaba pensando!

    Las contemplé como un grupo de estrellas y la bauticé con tu nombre. Esa constelación no era tan hermosa como tú, pero al menos ya no me negaría a aceptar mi realidad. Mirándolas detenidamente, de norte a sur, comencé por las primeras dos, una al lado de la otra me hicieron descubrir tus ojos. En ellos me derramé y observé los míos. Mi mano se perdió en caricias, con ganas de una rápida erección, pues tus ojos excitan y regalan pasión de sólo verlos.

    Busqué la próxima estrella. En ella encontré tu boca; sedienta de besos y dispuesta a besar. Carnosos labios que brillan rojos de ganas, aún ante la ausencia de lápiz labial. Mismos que sueño conquistar y hacerlos no tuyos, sino, sólo míos.

    Más abajo; dos estrellas fulgurantes rememoraron tus pezones. Alertas y a favor de alimentar mis ansias. Cerré los ojos como buscando acercarme a tus pechos; víctimas de un escote pronunciado. Sólo me dejaba ver la curvatura de tus senos y algunos lunares. Al quitarte el sostén y divisar las dos estrellas pude palpar tus círculos concéntricos. Demandé al cielo detener el tiempo para saborear a plenitud toda tu piel.

    Dos estrellas más; una al este, otra al oeste. Me dejaron saber que eran tus manos. Cultas en el arte de acariciar y proveer placer. Ambas se extendieron hacia mí y se ocuparon de abastecerme de arrumacos. Brindándome delicias aún no vividas. Catapultándome justo entre sus dimensiones y convirtiéndome en esclavo de su centellear.

    En mi camino hacia el sur vislumbré un lucero solitario. Su resplandor alumbraba piramidalmente invertido. Como revelación encontré que se trataba de tu intimidad. Mis manos hurgaron en el espacio buscando acariciar el astro que le representaba. Sonreí sin disimular mientras mi lengua bañaba mis labios en señal de apetencia. Mis sentidos se enfocaron todos al unísono en tu presencia etérea que sin esfuerzo se hacía viva y real como si, estando debajo de ti, recibiera el placer de poseerte.

    Mis ojos se escaparon a las dos estrellas restantes. Una justa al lado de la otra en el horizonte. Eran tus pies preparándose a caminar hacia mí. A escalar mi cuerpo como te diera en gana. Dejando huellas que me muestren las latitudes. No de las constelaciones septentrionales, más bien las de tu cuerpo. Mismo que ha logrado que decida excluir de mi vida cualquier telescopio que no enfoque tu cabello. Ninguna Vía Láctea en la que no vivan estas diez estrellas que ejemplifican tu belleza corpórea.

    El vertiginoso movimiento de las diez estrellas que fueron uniéndose me provocó algo de vértigo. Las diez se transformaron en una ante el asombro de mi cuerpo desnudo y fatigado de pasión. La soberana luz que todas juntas emanaban me envolvió. Descubrí que se trataba de tu alma; deslumbrante y solitaria en búsqueda de su alma gemela. Estallé y esparcí placeres en el imperturbable suelo. Descubrí que debía pasar toda la noche observando la constelación de tu ser...
    ...La oscuridad ya no era mi cómplice. El sol en el que se convirtieron las diez estrellas ya se había elevado un poco más en el horizonte. El cántico de las aves me recordó el parque en el que nos veríamos el día antes. Sonreí como agradeciendo no haberte encontrado. Gracias a esto acababa y comenzaba por disfrutar del maravilloso juego del amor puro y verdadero. Ese en el que no existe distancia. En el que no importa la curvatura del espacio, sino el arqueo de tu espalda desnuda y recibiendo caricias de mis manos que se antojan de retribuir el goce que reciben al tocarte.

    Palpé mi pecho. La medalla de plata que me regalaste, alegórica al calendario azteca, me recordó la máxima de que lo mejor que existe es un día tras otro. No debía dudarlo; nos encontraríamos nuevamente. Ya fuese en las diez estrellas que llevan tu alias o en el sol de tu alma. Si observo bien te hallare esta noche. El menguante de la luna no encubrirá ante mí su realidad simbólica; la sonrisa que me brindaste por primera vez o quizá debes ser tú, sonriéndome aún. Sólo sé que en mis días eres sol y en mis noches eres luna y que normalmente es a la inversa; te conviertes en sol de mis noches y en luna de mis días. Ciclos estupendos que me traen tu presencia. ¡Que real es sentirte a mi lado y descubrirme como un esclavo sideral de ti! Eres cielo y tierra, planeta y estrella, galaxia y universo, alfa y omega.

    La gravedad de este mundo no logra detenerme de pie cuando me haces volar. Mi piel se vuelve tan liviana. Mi alma pasea entre auroras boreales y meteoritos en la exploración de tu encuentro. Por eso mañana y siempre volveré al parque con la ilusión de encontrarte sentada en una banqueta mientras escribes alguna poesía o exiges que el universo sea cómplice de tus deseos más secretos. Sólo espero ser participe de alguna de tus fantasías. Esas que llevas contigo adornando tu vida cuando tu cabello se vuelve cometa y cómplice al transportar en su cola palabras de amor sustentado en historias galácticas. Las que acarreas en tus oídos; dignos recipientes de mis caricias soñadas. Llévame contigo de paseo. Pretendo visitar no sólo las diez estrellas que simbolizan tu cuerpo, también disfrutaré del viaje que me llevará de una estrella a otra. Ese que recorrido por mi ilusión comienza con mis ojos percibiéndote vestida de rojo y termina apreciándote desnuda. Te gocé tanto anoche...

    ...Habrás notado que hablo como si hubiésemos hecho el amor apenas anoche. La verdad, y tú lo sabes, así fue. Te lo expliqué hace unos momentos y perdona la redundancia al resumirlo nuevamente, pero me encanta recordarlo. Te estuve poseyendo toda la noche, el aire y el suelo — fríos por demás — no pudieron evitar las altas temperaturas en mi interior. Y es que mientras admiraba el cielo me convertí en Nova. Adquirí temporalmente brillo superior al normal y decrecí luego en fluctuaciones, en espasmos latentes y fuertes mientras te veía transformarte de constelación a sol para surgir justo al amanecer.

    La policía acaba de visitarme. Alguien le fue con el chisme. Aseguran que si vuelvo a desnudarme en el patio me multaran. No te preocupes; ya reflexioné sobre la forma en que evitaré ser descubierto desnudo. No, no es lo que piensas. No visitaré, (a menos que me invites) alguna playa nudista. Cuando te vea; te invitaré a mi cama, donde me convertiré nuevamente en Súper Nova y tú en constelación. Ambos daremos nuevo significado a la teoría del “Big Bang” creando un universo donde sólo estemos tú y yo. ¿Qué haré mientras tanto logro seducirte? Simplemente la próxima vez que apetezca encontrarme en el espacio sideral contigo: subiré al techo, donde sé que no llegan miradas indiscretas. Desde allí imploraré a tu constelación mientras me regodeo en placeres para nada solitarios pues tú estarás, justamente como ahora, conmigo...

    domingo, agosto 20, 2006

    El árbol

    Por Angelo Negrón

    Estacionó su auto y la observé caminar hacía mi. Su caminar danzarín y muy altivo enarboló mis sentidos. Parecía modelo de pasarela y mi admiración creció un poco más cuando me abrazó en uno de esos inmortales apretones. Me dio un beso que más bien fue un roce de labios y me tomó de la mano para que nos adentráramos al parque. Después de pasar el área de los columpios subimos varios escalones y allí estaba el verdadero entretenimiento del lugar; su bosque. En ese lugar se respiraba paz y sosiego. Transitamos por una vereda hasta que decidimos apostarnos a un lado de un viejo árbol. Nos sentamos en una banca y platicamos. Fue muy poco lo que teníamos que decirnos con palabras. Estábamos al tanto de a que veníamos. Deseábamos besarnos. Besarnos mucho. Que fuésemos uno en un lugar como ese; calmado, lleno de energía natural. Me besó y su beso no fue un tímido roce sino la tormenta que esperábamos. Nos levantamos de la banca y caminamos hacía el árbol. Saltamos algunas raíces hasta llegar al tronco. Allí la acorralé y me acorraló. Beso tras beso nuestros pensamientos fueron desertando este mundo y…

    …el árbol comenzó a moverse. Ahogamos el grito de miedo al ver que el árbol se abrió dejando ver su corazón y la corteza que indicaba cuantos años compartidos entre humanos y él existían. Muchas imágenes llegaron en el brillo de sus anillos; capa tras capa la corteza se movía dejándonos ver a otros amantes…

    …primero vimos a una mujer taina y a un mulato. Estaban llamándose por lo bajo con sus nombres. Ella lucía ropas de cacica y respondió al nombre de Yuisa. Él, Pedro Mejías, la rodeó con sus brazos y poco a poco la poseyó...

    …después de esa imagen el tronco abierto nos dejó ver a un anciano cavando un hueco donde sembrar las cenizas de su amada…

    …saltó a una pareja de recién casados tallando sus nombres a cuchillo en la corteza. Vimos sus nombres aún tallados allí a pesar de que las ropas que usaban denotaban que eso había sucedido hacía más de un siglo…

    …dos adolescentes buscando sus bocas en la timidez de un calido beso…

    Imagen tras imagen el árbol, nos ofreció una gama de episodios relacionados con visitantes a aquel lugar.

    Al cerrarse el tronco todo pareció volver a la normalidad. Y digo “pareció” porque notamos que las aves cantaron más fuerte, el viento fue más placentero, la paz que se respiraba nos decía que si nos desnudábamos allí, podríamos amarnos sin ninguna intromisión humana. De pronto el árbol movió sus ramas y dejó caer miles de hojas verdes. Boquiabiertos observamos al árbol y luego nos miramos. Nos invitaba a utilizarlo de confidente. Sus hojas serian nuestro lecho y sin darnos cuenta nos abrazamos. Envueltos en nuestros brazos y sedientos de amor nos lanzamos al suelo. Nos desnudamos por completo. Desnudamos carne y espíritu. Comenzó a llover a cantaros y nos percatamos de que la lluvia no mojaba, acariciaba. La tierra pareció abrirse y engullirnos. Nos convertimos en raíces del árbol. Entrelazados, ella y yo, lo escuchamos latir.

    — Un árbol con corazón — dije yo
    — Un corazón con raíces — mencionó ella.

    A pesar de estar enterrados y ser soportes del árbol nuestros cuerpos zigzagueaban amándose con vehemencia absoluta. Ella arqueó su espalda ante el desvestir cercano de la humedad sensible de su interior. Y se desnudó, no quedó gota que la vistiera…Yo por mi parte fui, literalmente, un volcán. Enterrados allí, en aquel paraíso, nuestros besos no cesaron, sino que se convirtieron en la caricia obligada y en el renacer de nuestras ansias…

    Rato después de la lluvia; la luz que se colaba por las ramas nos despertó. El prodigioso árbol aún danzaba. Las raíces despedían brillantes destellos dejando una estela de armonía. Ambos miramos agradecidos al árbol y concordamos en que nosotros estaríamos en el desfile de eventos que mostraría a alguien más. Al unísono nos pusimos de rodillas y rendimos pleitesía, cual si fuera un dios, al milenario árbol en cuyas raíces dos almas gemelas acababan de ser parte misma de la naturaleza…