miércoles, diciembre 12, 2007

Reflexiones sobre mi experiencia como periodista cultural en el Internet

(Breve ponencia en el 1er Congreso Internacional de Literatura Virtual)*

por Carlos Esteban Cana

… hay que defender a toda costa la formación del ser humano en aquello que le es constitutivo y esencial: en su humanidad, integrada por su racionalidad y por el don precioso e inalienable del libre albedrío: de eso tratan las Humanidades. Más, por otro lado, hoy no podemos reducirnos a métodos tradicionales de formación humanística –los que tampoco se han de descuidar- y hay que incorporarle la nueva tecnología.

Vicente Reynal
Las humanidades en la era digital


Siempre se ha mirado de manera mítica el París de principios del siglo XX. Todo el que aspiraba ser artista bona fide aspiraba caminar sus calles, frecuentar sus cafés, habitar sus barrios. De igual manera, pienso que hoy, una parte sustancial de ese accidente que es, para los escritores, exponerse ante un público no debería ir divorciado de la presencia mediática en el Internet.

En mi rol como periodista cultural, que he contribuido en medios impresos tradicionales, y que también he circulado mi trabajo, particularmente estos últimos años, por bitácoras y boletines en el Internet no me queda duda del valor que tiene este medio para dar a conocer el quehacer humanístico y literario.

Para un país como Puerto Rico, con su compleja realidad política, que carece de embajadas, el internet representa un canal idóneo para difundir el quehacer cultural que se desarrolla día a día en esta latitud caribeña. Pongo como ejemplo un proyecto en el que me encuentro trabajando en estos momentos con la escritora Iris Mónica Vargas. El mismo se titula "El viaje del poeta" y entre otras secciones incluirá poesías de Vargas, piezas de mi autoría, y poemas que hemos realizado en conjunto. En adición incluiremos nuestro archivo periodístico. Ella en su especialidad ciéntifica y yo en lo humanístico, incluyendo entrevistas, reseñas, noticias, en su mayor parte relacionado al acontecer literario puertorriqueño. En la construcción de esta hemeroteca virtual, la llamaré así por ahora, me he topado con más de 200 nombres de escritores, a los que he cubierto o mencionado de algún modo, en un trabajo cultural que inicia en 1989, por la oportunidad que me brindó el creador de este blog, Angelo Negrón, en la revista Senderos. Y es de esa forma que escritores de diversas partes del mundo como Italia, México y Cánada se han interesado por una literatura a la que desconocían. La sorpresa es mayor cuando me encuentro con escritores internacionales que echan de menos este tipo de periodismo cultural en sus países, aún cuando disfrutan de un efervescente ambiente literario como el nuestro. Dicho lo anterior no me sorprende que medios en el internet hayan reproducido nuestro trabajo.

Yo no tengo bitácora propia, pero escritores del patio han estado más que interesados y dispuestos a recibir mis colaboraciones. Alguno de esos espacios son Boreales de la escritora Yolanda Arroyo, Bocetos de una ciudad silente de la poeta y editora Ana María Fuster, Confesiones del narrador Angelo Negrón, Panaceas y placebos de Miguel Ayala, Narrativa Puertorriqueña de Mario Cancel y Maribel Ortiz, Ciudad Seva, página del escritor Luis López Nieves, entre otros. También mi propia obra literaria, en cuento y poesía, goza de presencia en el internet ya que publicaciones internacionales como la italiana Burán, la peruana Remolinos, la chilena Escáner Cultural, también en Palavreiros en Brasil, se han interesado en publicarla. Y doy estos datos acerca de mi propia obra no para alimentar al narciso personal, sino para puntualizar que para un escritor como yo, que aún no desea publicar su obra en formato de libro (por motivos de rigurosidad estética principalmente), tener una cantidad considerable de puntos de referencia bibliográfica en los buscadores cibernéticos bajo mi nombre no es poca cosa.

El medio es poderoso para dar a conocer y también para convocar. Quiero compartir con ustedes unas reflexiones de Eugenio García Cuevas, que ejemplifican las posibilidades del Internet ante los medios tradicionales, en un fragmento de una de mis entregas, que algunos de ustedes conocerán bajo el título “En las letras, desde Puerto Rico”. En el mismo Cuevas destaca la importancia de los correos electrónicos como herramienta efectiva en el proceso de difusión:

Y si de homenajes se trata, debemos reconocer que los profesores Eugenio García Cuevas y Rubén Soto, votaron la casa por la ventana con el “Colegtilogo”, un simposio sobre la literatura del poeta y prosista Joserramón Melendes celebrado los días 28 y 29 de marzo en la Universidad de Puerto Rico. Nuestra entrevista-conversación con los gestores del evento se dio entre los espacios del pasillo y una atestada librería. También el espacio cibernético sirvió de puente. Hasta logramos, tremenda suerte la nuestra, unas palabras del propio poeta homenajeado.

Abordamos en primer lugar a Cuevas, que recientemente presentó Lengua en tiempo, un libro que es tarea obligatoria para los que aman la excelencia en el periodismo cultural. Sobre los resultados del simposio nos comentó: “Ha sido extraordinario desde cualquier ángulo que tu lo mires. Primero porque se recupera una figura como Che Melendes que ha sido determinante en la poesía, en la creación, en la difusión, en la formación, y en la compilación de lo que es la poesía puertorriqueña de los años 70 en adelante. Se hizo este simposio para hacer una primera valoración; hubo 14 ponencias, divididas entre trabajos gráficos y exposiciones leídas, pero curiosamente el evento ha sido tan emotivo. El testimonio de Rafa (Acevedo), por ejemplo, fue acerca de la deuda que tiene esa generación con el trabajo de Che Melendes; Liliana Ramos, por su parte, dio un testimonio del trabajo en la generación del 70. De Estados Unidos vinieron dos estudiosos de la décima, y reflexionaron sobre cómo fue leído Desimos désima, cuál fue la recepción que tuvo ese poemario, que luego fue musicalizado por Andrés Jiménez, e ilustraron su ponencia con películas y fotos. Yo creo que todo esto emociona, aquí se ve cómo la poesía se convierte en historia hoy en día”.

Debemos, en este punto de la crónica, destacer unos comentarios de Cuevas sobre la difusión mediática de este evento: “Lo que funcionó para la asistencia al simposio fue la lista de correos electrónicos. Aquí se demostró que si la prensa de papel no quiere auspiciar, no se necesita. La prensa se perdió este evento. Lo que demuestra que las cosas se pueden hacer aunque no estén disponibles grandes recursos. Lo que hay es que tener voluntad, voluntad, y voluntad. Y creer en el trabajo de todos, porque esto es un trabajo colectivo”.

Cierro cita. En estos momentos en que: "My Space" y "Face book" adquieren enorme popularidad sería adecuado ver qué tan efectivos son como espacios de difusión de eventos literarios.

Quiero concluir citando al mismo humanista con el que inicié esta breve ponencia. Vicente Reynal, en su libro Las humanidades en la era digital añade un corolario que dice:

“Si bien las Humanidades en lo fundamental no han variado, sí lo ha experimentado el enfoque con que se nos presentan o han de ser planteadas y estudiadas, en particular, en el mundo que nos ha correspondido vivir, dominado por la tecnología y presidido en su expansión ilimitada por la informática, dentro de una globalización cada vez más absorbente y dominante, de la que no podemos prescindir sino, todo lo contrario, utilizar para el mejoramiento de la humanidad y, por tanto, para el perfeccionamiento y actualización de las Humanidades”.

La lectura de esta ponencia ocurrió el 29 de noviembre de 2007 en el Anfiteatro Figueroa Chapel del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. El autor formó parte de un panel que exploraba el periodismo digital. La escritora y periodista española Luciana Garcés tituló la suya “Periodismo virtual ya no es anatema”, y el Libro de memorias del congreso incluyó la ponencia de la venezolana María Luisa Lázzaro “Foros literarios de internet ¿crecer o enemistarse?”.
Carlos Esteban Cana es comunicador y escritor. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario, un espacio de democratización en las letras puertorriqueñas. Se ha desempeñado como coordinador editorial, periodista cultural independiente, y ha laborado además en la industria televisiva. Su obra creativa se ha publicado en revistas y periódicos nacionales como El Sótano 00931, Ciudad Seva, Narrativa Puertorriqueña, Letras Salvajes, CulturA, Diálogo y El Nuevo Día, entre otros. En lo que se refiere al ámbito internacional su narrativa y poesía ha sido publicada por Escaner Cultural, Zona de Carga, Palavreiros, Abrace y el Boletín de Nueva York, entre otros. Recientemente algunos de sus cuentos han sido traducidos al italiano. Ha participado, además, en diversos medios de comunicación reflexionando acerca del panorama cultural en el País.

viernes, noviembre 09, 2007

taTÚaje

Por Angelo Negrón
Grabarás vivencias en mi piel. Tu experiencia será la culpable de mi esclavitud y tu amor no será menos inocente de lo que le sucede a mis ciegos pasos. Tus promesas serán puntadas que florecerán en toda mi epidermis gracias a besos candentes y muy bien planeados. Colores y más colores conseguirán que tu sonrisa se grabe indeleblemente en mi alma. Al abrir mi pecho descubrirás un corazón fragmentado, pero con tu nombre escrito en letras sólidas y derramando lagrimas de fuego y alegría. Tu cariño me atravesará y por verte se esfumará cualquier indicio de tristeza.

Decoraré la palma de mi mano con un corazón. Lo dibujaré a bolígrafo y en el centro estará tu nombre. Esto será sólo un símbolo visible de lo que no puede y no quiere ser negado y que a toda luz, vive en mi interior. Mente, cuerpo y alma existirán dedicados a tu belleza: La física, la interna; ambas tan entrelazadas que se me hará difícil discernir quien me desnudará esta vez; no sé si tus ojos o tu alma. Meditaré al respecto por poco rato y veré que son ambas; una y otra se aprovecharan de conocer mi debilidad por tus cabellos que rozarán mi rostro, tus manos tocarán mi virilidad, tu voz me contará fantasías y tus ojos mostrarán tu sapiencia...

¿Desearás que mi nombre este tatuado junto al tuyo? Eso será muy sencillo; solo lo dirás: me invitarás a vivir tu presencia por siempre; tal como una vez lo hicimos frente al mar: las flores será adornadas por tu piel y mi ser será ataviado por tu compañía. Firmaré orgulloso el si esperado y dibujaré cada minuto tatuajes de amor en tu espíritu…

¡Vamos! Permítelo ya, serán pinceladas que completen el boceto hasta ahora logrado de dos tatuajes que se perfilan como uno sólo…

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sábado, octubre 06, 2007

La gran verdad *


Divisó a su mejor amigo entrar al bar donde habían quedado en encontrarse. Con ojos sollozos y hedor a alcohol abrazó al recién llegado. Le dio la bienvenida y su voz turbada exigió al cantinero que le sirviera un trago a su hermano del alma. Mismo que le comentó, en ese instante, su asombro al verlo tan borracho. Él respondió que se encontraba triste y deseoso de olvidar. Dándole una palmada en la espalda le invitó a jugar billar. Después de varios juegos; el borracho prometió que la bola roja entraría en la buchaca de la esquina derecha y perdió el quinto juego al ver entrar la bola negra en la de la izquierda. Su amigo no podía dar crédito a lo que veía pues nunca le había ganado tantos juegos seguidos a quien conocía como un campeón en tal menester. Lo vio tambalearse y buscar asirse a la pared cercana.

—Ya no puedes más. Vamos, te llevo a tu casa— comentó sonriente.

El borracho negó con la cabeza repetidamente. Soltó algunos sollozos a pesar de que trató de no mostrar sentimientos ajenos a los que le causaba el licor. Casi recostado de la pared caminó hacia una puerta cercana y entró al lavabo. Permaneció un rato dentro. Al salir tenia la bragueta abierta y la camisa abotonada de forma impar. Con los ojos perdidos en las fotos de hermosas mujeres semidesnudas que promovían la cerveza o los cigarrillos del momento decidió confesarle a su amigo la razón por la que había bebido esa noche.

—Te acuerdas cuando te conté la historia de la rubia que conocí en el restaurante cerca de mi trabajo.
—¡Claro que sí! ¿Cómo olvidar tal aventura? Si me la has repetido por los últimos tres meses con lujo de detalles. Sobre todo la formidable e instruida manera en que te...
—Sucede hermano mío— interrumpió el borracho— que no te he dicho toda la verdad...
—No jodas. ¿Es mentira?
—Lo de tener sexo con ella es verdad. Fue en muchas ocasiones. No he de negar que fueron los mejores días de mi vida. Era tremenda, tanto que, me olvidé de mi esposa y hasta por poco la pierdo al no prestarle atención. De hecho estamos juntos por nuestros hijos, por que si no, ya me hubiese mandado al infierno, Durante y después de esa rubia dejé de hacerle el amor.

—A ver. Pues dime ¿qué verdad te falta de contar?

—Verás. Desde esos meses no le hago el amor a mi mujer...

—Aha; eso ya me lo dijiste...


El borracho miró hacia todos lados y, a pesar de que no existía nadie cerca, le hizo señas de que se aproximara para poder decirle un secreto.

—Perdona. Es que estoy medio tuerca. Esa rubia me confesó que padecía el virus del SIDA y corrí al doctor. Después de varios estudios me dio la buena noticia, según él, de que no sufría SIDA. Sólo era portador del HIV, o sea, soy trasmisor...

—Pero, ¿Cómo? ¿Cuándo?— tartamudeó su amigo.

Observó al hombre palidecer y tal sufrimiento lo impaciento, pero siguió adelante en su explicación. Le repitió que desde ese entonces no tocaba a su mujer bajo el temor de contagiarla. Veía su matrimonio perdiéndose en el remolino que eso significaba. Los hijos de ambos no serian la excusa para siempre y él lo sabía. Tenían muchos problemas pues su esposa, según dijo, era muy fogosa y lo deseaba ciertas noches. Reconocía que ella se estaba cansando de su desprecio y, además, la amaba con todo su ser.

El individuo sudaba a raudales. La confesión de su amigo lo dejó con la boca abierta y no pudo disimular su nerviosismo cuando le respondió que contara con él; que para eso eran amigos. Se alejó del borracho. Pidió dos tragos que consumieron abrazados y llorando su pena.

—Maldita rubia, hermano; maldita aventura— mencionó el borracho tambaleándose cada vez más.

—¡Así es! Que porquería es esta vida— respondió mientras sacaba un cigarrillo de la cajetilla y lo encendía para fumarlo en tres bocanadas.

—Durante estos meses he padecido este secreto solo. Debí compartirlo antes contigo, pero no me atrevía por miedo a tu desprecio. ¿Recuerdas aquella depresión por la que estuve recluido? Nadie, siquiera tú, supo que fue lo que me afectó. Sucedió cuando me enteré de todo y guardármelo me causó más daño aún.

—En las buenas y en las malas. Para eso somos compadres— contestó afligido.

—Sí. Lo peor de todo es que la razón para emborracharme hoy es que, después de tanto soportar y no caer ante los avances de mi mujer, anoche le hice el amor.

—¿Cómo?—
preguntó incrédulo.

Ambos rostros se convirtieron en tristeza pura. Entre pequeñas pausas y grandes maldiciones le explicó que no pudo contra la tentación. Su mujer había aparecido desnuda en la habitación y comenzó a provocarlo. Él se negó al principio, pero las promesas de placer y los recuerdos de noches compartiendo la almohada lograron que ella ganara.

—Ahora es tarde amigo mío. Estoy aquí llorando por lo que le hice a la mujer que más he amado en mi vida. Mira si soy un desalmado que no estoy del todo arrepentido. Anoche mientras le hacia el amor supe que quiero volver a hacerla sentir y gozar del tiempo que nos quede juntos. Sólo le pido a Dios que sean varios años más. Te ruego no cuentes esta verdad. Necesitaba compartirlo. No quiero estar en el hospital de nuevo por aguantar tanta tristeza dentro de mí.

Volvieron a abrazarse. Después de un apretón de manos, varias palabras de aliento y de repartirse la cuenta que pagaron al cantinero, se despidieron con la promesa de echar la revancha en varias mesas de billar y continuar compartiendo penas y alegrías futuras. Lo vio alejarse aún apesadumbrado. Cuando estuvo seguro de que había cruzado, no sólo la puerta de entrada del bar, sino también la carretera; entro de nuevo al sanitario. Mirando al espejo se acomodó bien los botones de la camisa, cerró su cremallera y peinó con los dedos su alborotado cabello.

—Creo que dio resultado— dijo sonriendo— este pendejo no volverá a tirarse a mi mujer. Apuesto que mañana a primera hora visita la clínica y se hace varias pruebas...
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*Nota del autor: Este relato lo escribí basándome en un chiste escuchado por ahí. Angelo Negrón

sábado, septiembre 15, 2007

OJOS de LUNA

Por Angelo Negrón


Anoche me fui a la cama con Yolanda Arroyo. Diez segundos después del comienzo recordé la conversación que sostuve con Awilda Caez apenas unas horas antes, luego de la presentación del libro de Yolanda: OJOS de LUNA.

Charlábamos sobre ese hecho misterioso que nos hace devorar un libro en muy poco tiempo. Algunos, recuerdo que me dijo Awilda, tienen la particularidad de absorber párrafo por párrafo con tal parsimonia que tardan mucho tiempo en disfrutarse un libro; otros en cambio, si el libro es bueno, no podemos dejar de disfrutarlo hasta que nos encontramos con la ultima hoja. Eso me sucedió anoche. No pude, y no quise, dejar de leer este libro que esta repleto de imágenes, historias, estampas que dieron base al insomnio que disfruté, por un buen rato, después de su nueva entrega.

Esta mañana desperté abrazando a Yolanda y al recordar la noche de anoche no pude menos que besarla. Lo confieso: besé su portada primero y luego su foto en la solapa. Abrí su libro y me enfoque en el índice; quería determinar cual de esos cuentos disfrute más. En conclusión; Saeta y Alborotadores quedaron empates llevándose el primer lugar. Los demás cuentos disfrutaron de un segundo lugar con el 99.9 por ciento de… mis votos. Y eso solo por que quise darle un primer lugar a alguno de los cuentos.

Por esto y aunque no puede considerárseme para nada como un crítico literario, cosa que tampoco pretendo, estoy en desacuerdo con Mayra Santos- Febres cuando dice que Yolanda Arroyo va en camino de convertirse en una de las mejores voces literarias en Puerto Rico. Para mi opinión y dicho desde este escalón de aprendiz de cuentero me atrevo a decir que, no sólo es una de las mejores voces de Puerto Rico sino de toda Latinoamérica.


Háganme caso, lean este libro…
Bolígrafo: $3.29
Libro: $15.00
Leerlo: No tiene precio.

miércoles, septiembre 05, 2007

Tres blogs celebran a Luis López Nieves


Por: Carlos Esteban Cana*

"El corazón de Voltaire", circula estos momentos las librerías europeas. La más reciente entrega de Luis López Nieves ha rebasado todas las expectativas. Para celebrar tal acontecimiento en las letras puertorriqueñas publicamos fragmentos de una entrevista que le cursamos al autor de La verdadera muerte de Juan Ponce de León.

Hace unos años conversamos con López Nieves acerca de su formación como escritor y su obra. Ahora tres escritores de la nueva generación se han unido para publicar, de manera simultánea, diferentes fragmentos de la misma en sus respectivos espacios en la blogósfera: Yolanda Arroyo Pizarro en Boreales, Angelo Negrón en Confesiones, y Ana María Fuster Lavín en Bocetos de una ciudad silente. La entrevista será publicada en su totalidad próximamente en Ciudad Seva.

En la serie "En sus propias palabras" es la voz del escritor la que se instala en primer plano. Anteriormente rendimos homenaje a Ana María Fuster y a Julio César López, próximamente circularán las ediciones dedicadas a los poetas Luis Antonio de Villena, Francisco Brines, Magaly Quiñones, y Manuel de la Puebla.

Por ahora, gracias por acompañarnos y disfruten de este adelanto,

Carlos Esteban Cana

Para disfrutar de la primera parte de esta serie pulse Aquí

II.

Tuve ese honor de tomar un taller de cuentos con René Marqués** y también tomar otro con Pedro Juan Soto***. Las experiencias fueron muy diferentes. René Marqués me dio confianza en mí mismo. Era bien fuerte pero le encantaba lo que yo hacía, alababa mi trabajo. Luego, cuando fui con Pedro Juan Soto él me enseñó a ser más crítico porque fue bien duro. Tomar talleres con ellos fue un buen balance: René me dio confianza y Pedro Juan me enseñó a ser muy crítico con mi obra.

René no daba ejercicios, básicamente uno llegaba con los cuentos, se leían en el grupo y él reaccionaba desde el punto de vista de la historia, de la fabulación. Recuerdo que una vez leyó una obra suya de teatro del absurdo y nadie la entendió; es que quizás no era una obra para leerla, y creo que eso lo decepcionó. Con Pedro Juan el taller seguía el mismo modelo: leer el cuento en voz alta y recibir las críticas de él y los compañeros, aunque después se le entregaba y hacía comentarios. Pedro Juan siempre le decía a uno: “Ponte a escribir. ¿Cuándo vas a aprender?”, era extremadamente crítico, nunca alababa. Me acuerdo que me encontré con él cuando salió Seva y me dijo: “Estás mejorando un poco”, eso era como decirte lo máximo.

Para disfrutar de la tercera parte de esta serie pulse aquí

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* Carlos Esteban Cana ( Bayamón, Puerto Rico 1971) Escritor, comunicador y coordinador editorial. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario. Sus cuentos y poesías han sido publicados en revistas como El Sótano 00931, Borinquen Literario, Cultura y Cundiamor, entre otras. Algunos de sus ensayos y reflexiones sobre la cultura editorial puertorriqueña han llegado al lector a través de periódicos como El Nuevo Día y el mensuario Diálogo. Tiene varios libros inéditos: Novo vía crucis (poesía), Versos apócrifos para la innombrable (poesía) y Fragmentos del mosaico humano vol. 1, vol. 2 y vol. 3 (cuentos).
 
**René Marqués: (1919-1979) Dramaturgo, novelista, cuentista, ensayista, crítico y educador. Fue el escritor más galardonado en su época. Entre sus libros más destacados se encuentran: En una ciudad llamada San Juan (cuento), Purificación en la Calle del Cristo (cuento), La carreta (teatro), Los soles truncos (teatro), La víspera del hombre (novela).

***Pedro Juan Soto: (1928-2004) Nació en Cataño, Puerto Rico.
Junto a René Marqués, José Luis González, y Emilio Díaz Valcárcel, formó parte de la denominada Generación del Cincuenta, que dio un aire renovador a la narrativa puertorriqueña. Algunos de los títulos más importantes de Soto son Spiks (cuentos) Usmail (novela) El francotirador (novela) Un decir (cuentos) y Un oscuro pueblo sonriente (novela).

sábado, septiembre 01, 2007

Pasatiempo

Por Angelo Negrón

— El asesino de las fichas dejará de matar —
dijo el detective.

— ¿Cómo lo sabes? — preguntó su compañero.

— Veras — dijo en tono pedagógico — se le conoce como el asesino de las fichas porque encontramos en el estomago de sus victimas una pieza de ajedrez y esta — mencionó mientras señalaba al rey — es la ficha numero treinta y dos.

— ¿Y si comienza a jugar de nuevo?— inquirió el interlocutor.

— Poco probable; se acabó el juego, se terminaron las fichas y ganó al dar Jaque mate. Los Estudios de su perfil psicológico indican que ya logró su cometido; saciando así sus intenciones de…

Mientras el detective explicaba su teoría; el psicópata asesino salía de una tienda con lo que sería su nuevo pasatiempo: Un rompecabezas de quinientas piezas...

sábado, agosto 18, 2007

Mis ocho

Por Angelo Negrón

Mi querida y admirada Yolanda Arroyo me incluyó entre sus ocho escogidos para jugar el juego de, como ella le llama; cosas, asuntos, sucesos, estampas, confesiones, indiscreciones, actualizaciones, latest news, chismes y que se yo…

Creo que ocho son muy pocas, pero trataré de resumir:

1) Llevo trece años saliendo con una mujer casada.
2) Amo cuando llega el cheque, pero odio al que lo firma.
3) Me gusta la pornografía.
4) Sueño con ser rico, famoso y poderoso.
5) Comenzaré una dieta estricta pronto.
6) Soy mentiroso compulsivo.
7) Acabo de pegarme en la lotto con los siete millones y medio.
8) A veces pienso en voz alta.

— ¿Dije todo eso o lo pensé?

Aquí van mis ocho; estas si son casi verdades:

1) Me encantan las pizzerías, en especial un buen calzone combinación. Gracias a eso jamás volveré a ser flaco.
2) La mujer casada con la que salgo es mi esposa.
3) Me hipnotizan los cuentos morbosos.
4) Adoro las películas de suspenso, Ciencia ficción o muñequitos.
5) Casi viví en la iglesia Católica, pero ahora se me hace insoportable visitar una o disfrutar de alguna religión.
6) A mis verdaderos amigos los podría contar con los dedos de una de mis manos, aunque me faltaran dos dedos.
7) Adoro estar con mi familia; mis hijas me llenan de alegrías el corazón.
8) Creo que la verdadera fuente de la juventud es el buen sexo.


Instrucciones del juego:

Cada jugador comienza con 8 cosas, cualesquiera, sobre sí mismo. Luego selecciona ocho victimas adicionales. Los seleccionados tienen que escribir en sus blogs o en este mismo espacio (sección de Comentarios) 8 cosas.

Mis ocho escogidos para que cuenten ocho indiscreciones más serían:

  • Bocetos de una ciudad silente

  • El blog de Borges

  • Dos y algún camino de Griselle

  • La no apta para la humanidad

  • Letras de Trapo de A.T.V.

  • Mares y La Ley del Amor

  • Sal Pa' Fuera de Ana

  • Sinapsis de Yiara Sofí­a


  • Visiten sus blogs y verán que, la mayoría, ya contaron sus ocho.

    Gracias Yolanda; me divertí mucho.

    jueves, agosto 09, 2007

    Era ella

    Por Angelo Negrón

    El otro día la vi, como tantas veces, envuelta en harapos y sudor. Con un vaso en una de sus manos, el cual agitaba sin cesar, logrando sacarle sonido al poco menudo que había logrado recolectar. Hacia mucho tiempo que la observaba. Todas las mañanas aquel semáforo me obligaba a detenerme. Sentía la necesidad de depositar por conciencia alguna moneda. A pesar de que siempre he estado en desacuerdo, pues aunque uno escucha que es para comer, sé que la droga no se come y sólo alimenta a un alma perdida; llevándola más al infierno que a otro lugar. Un grito llamó mi atención. Era un voceador tratando de vender sus periódicos. Mencionaba un suceso que me dejó boquiabierto: “Mata a concubina, dijo que fue por amor”. Busqué en mi bolsillo. Saqué un dólar y pagué el periódico. Colocándolo a un lado deposité el cambio en el vaso de la tecata. La miré de nuevo y pensé en la razón que podría tener ella para estar en semejante vicio. Había sido hermosa, eso ni dudarlo, llevaba una larga cabellera y debajo de aquellos harapos denotaba una linda silueta que conservaba algo de majestuosidad al caminar. El bocinazo de una Explorer blanca me sacó de mis cavilaciones. El semáforo había dado la señal verde y no me había dado cuenta. Al arrancar no pude evitar asomarme al retrovisor y ver a la mendiga perderse entre los demás autos con su caminar inmutable.

    Más adelante choqué contra la congestión de transito que me hizo determinar que Julio Cortazar debió estar algún día allí y por eso escribió “La Autopista del Sur”. Me entretuve mirando hacia ambos lados de mi vehículo. Era chistoso ver como unas se maquillaban con una habilidad única y llena de acrobacias. Otros bailaban y cantaban cual si fueran mimos pues no alcanzaba a oír su música. Como quien me tocara bocina tiempo atrás. La hermosa chica de la Explorer blanca bailaba al ritmo de no sé qué y cantaba desesperadamente como si todos en el tapón fuéramos su público. Me vi obligado a aplaudirle al recordar que yo era igual de artista que ella cuando encendía la radio. La congestión fue tal que pude leer en el periódico hasta mi horóscopo. Me burlé ante lo que decía, ¿cómo creer en él? Si cada vez que leía que tendría un nuevo amor debía preocuparme pues mi esposa es del mismo signo que yo. Olvidé que no llevaba cambio. Los había depositado, cuarenta minutos antes, en el vaso que llevaba la tecata. Tener que maniobrar para tomar el carril del cambio en el peaje me costó suficientes insultos para desgarrarme la mañana en improperios. Tener que pagar peaje por haber estado tanto tiempo en la carretera era otro disgusto, de hecho, el de todas las mañanas.

    — ¿Acaso la autopista no es para avanzar?— pregunté a la persona encargada de dar el cambio. Con las muelas de atrás me dijo: “Que tenga buen día.”

    “¿Por qué no tenerlo?” pensé. Arranqué con la certeza de que a los pocos segundos estaría de vuelta en el tapón. Podría leer las esquelas y, ¿por qué no? Llenar el crucigrama.

    Debía sacar de mi mente la terrible visión de una mujer echada a la perdición de la aguja y todo lo que me esperaba aquel día. Aún era sensible a los acontecimientos que, obligado, veía en mi trabajo como fiscal. Le di gracias a Dios de que no me llamaron a mí para el levantamiento del cadáver de la mujer que murió a manos de su esposo. Esa muerte que reseñaba la primera plana me dio escalofrío. Por ser un recién egresado de la universidad aún me causaban vértigo y náuseas las escenas sangrientas.

    II


    Jessenia terminaba por recolectar lo que seria su primera inyección del día. Caminaba aceleradamente hacia el punto de drogas. Siempre mirando no ser perseguida y soñando con que a los del punto les diera con hacer “delivery” de la mercancía para no tener que llegar hasta allá caminando. En el trayecto al punto existía una tienda que le obligaba a detenerse sin importar cuanto necesitase el puyazo o cuan “arrebatá” estuviese. Tenía que ver todos los artículos que vendían demostrados en el escaparate, ropa, artefactos, cosas lindas para bebé, niños, niñas... Siempre llegaba al comentario obligado: ”¿Qué estará haciendo mi niña?” . Veía su silueta reflejada en los cristales de la tienda. El perfil de su rostro disimulaba una paz pasada. Disimulaba una tranquilidad que sólo el acostumbrarse a mendigar, el haberse lavado la cara con lechuga como dicta el argot y el tener que hacerlo por un poco de “manteca” lo había transformado. Cuanto daría por acabarlo todo. Conseguir el suficiente dinero y comprar demás. Como lo consiguió la legendaria Marilyn Monroe; Olvidarse del mundo al derredor. Alcanzar una escapada tal que no pudiese regresar jamás a la inmundicia. Pero, esos momentos de depresión pre-inyectarse nada podían contra los que venían después. Valían la pena, según pensó. Cuando se infectaba de la maravillosa sustancia lograba sentirse en las estrellas. En palabras de la serie de televisión de ciencia-ficción Star Trek: “Llegar donde nadie a llegado jamás”. Daría todo por haber sido la amante de “El Capitán Kirk”, personaje principal de la serie “Viaje a las estrellas, y no de aquel muchacho a quien le entregó todo su ser. Le dio lo que era y lo que no era. Aquel “ojos universo”, quien con palabras amables la había llevado al amor por primera vez. Tenia apenas dieciséis. Lo conoció en la biblioteca, era nueve años mayor, pero tan guapo. En el lugar todas voltearon a verlo cuando él llegó y cuchichearon secretos entre sí.

    —“Revolcó el gallinero el muy cabrón” — dijo en voz alta mientras se llevaba la mano a su brazo izquierdo; victima de la aguja. Acariciaba con furia el cayo de su antebrazo cuando volvió a remontarse a aquel día en el que fue escogida por Javier.

    — Se acercó a mi mesa con el pretexto de que estudiaría para aquella asignación universitaria, y empezó a hablarme tan chévere. Tanto que sólo se compara a cuando estoy embollá — dijo casi gritando, pero sin llorar. Hacía tanto que no lloraba. La última vez que lo hizo fue cuando se enteró que estaba esperando retoño. Fue al encuentro de Javier a decirle que había llegado el momento de casarse y “ser felices para siempre” y lo descubrió abrazando a otra. Quedó estupefacta y más aún cuando le formó aquella garata a él y muy tranquilo le contestó que era su esposa. Llevaban cinco años casados y tenían una hermosa niña.

    — El muy maricón me quiso enseñar fotos de la niña y hasta de su esposa. ¡Cómo me engañó! ¡Destrozó mi corazón y mi vida! Sólo espero que se esté pudriendo en el infierno de la impotencia viril. ¡Sí, que no se le pare es el justo castigo!

    III


    Parecía sonámbula. Necesitaba la cura para su desgracia y la desgracia para su vida. Ya estaba mutilado su cuerpo desde que la separaron de su niña. Ella la tuvo en sus brazos, la acarició, pero se la arrebataron el mismo día del parto. Ya la droga había comenzado a causar estragos en su vida, pero al ver a su niña esos segundos había determinado sinceramente que todo cambiaría. Seria una nueva mujer dedicada a criar a su hija contra viento y marea. La corte no lo pensó así y se quedó sola con una promesa que no le sirvió de nada. Por más que trató su niña no le fue devuelta. Le costaba trabajo separarse de aquella vitrina. El vacío que le apretaba el pecho le recordó que ya había completado la cuota para el puyazo. Llegar al punto era la solución. Cuando se acercaba al tan deseado paraíso escuchó varios disparos. El rechinar de gomas dejaban como testigo al proveedor de sueños tridimensionales tendido en baño de sangre y a todos los vecinos en ciegos, sordos y mudos parapléjicos incapaces de haber visto o escuchado algo al respecto. Al llegar frente al condenado a muerte le escuchó pedir ayuda. Aún vivía. A pesar del inmenso orificio que tenía en su cara irreconocible. Tanteó en sus bolsillos. Sacó una paca de billetes y suficiente droga como para darse un buen festín. Como hipnotizada soltó los billetes. El viento hizo remolino a los que no se quedaron pegados en la sangre. Sujetó la droga con tanta firmeza que por un momento sintió que la había dejado caer. Le arrebató la pistola al moribundo y salió corriendo de allí sin mirar atrás. Nadie le podría quitar la oportunidad de despedirse por fin del mundo terrenal para siempre. Sabía que de una forma u otra moriría. O se moría de un cantazo descomunal o la mataban por haberse robado “el muerto de droga”. Las sirenas se escuchaban a lo lejos. El clásico “agua” que avisaba que venían los guardias la motivó a darle velocidad a sus pies. Ella sólo quería llegar a un lugar donde estar a solas. Al hospitalillo no podía ir. Los demás tecatos la despojarían inmediatamente de la alternativa de visitar la isla de la fantasía. “Esos pendejos son capaces de robarse el avión con to’ y tatú adentro”— pensó mientras se dirigía a la estatua de Barbosa. Ese era un lugar tranquilo para morir. Las vías del tren urbano le servirían de techo y las columnas de pared.


    Al llegar a la estatua comenzó a reírse demencialmente mientras comentaba en voz alta: “A los próceres también los inunda la mierda”. Al ver la cara de la estatua llena de excremento de paloma sintió lastima de sí misma y deseó acabar lo antes posible con su vida. Buscó en sus bolsillos. Al no encontrar fósforos se molestó. No perdió el tiempo. Sacó menudo y fue a comprar la herramienta que necesitaba. “A cinco chavos de salir de esta porquería”— se repitió hasta que llegó a la tiendita al lado del registro demográfico. El dependiente, ajorado por que se fuera de allí y no le espantara algún buen cliente, la atendió de mala gana. Casi lo maldice, pero: “¿Para qué perder tan valioso tiempo?” Ya deberían estar buscándola y mejor morir estando de viaje en otra dimensión a morir victima del plomo de una AK-47 como lo hizo la victima de su robo. Cuando salió de la tiendita no pudo evitar quedarse perpleja al ver al individuo que salía del registro demográfico y caminaba despreocupado hacia ella. La rabia le invadió la sangre. Sacó una hipodérmica usada de su escondite y rápidamente se la colocó en la garganta a él mientras le decía:

    — “Esta aguja está infectada de SIDA, si no haces nada estúpido estarás vivo por más tiempo”.

    No le hizo caso a los ruegos, ni a las promesas de dinero, simplemente lo llevó consigo ante la mirada atónita de algunos presentes. Por uno de los callejones desaparecieron para llegar ante la estatua de Barbosa. Lo arrinconó con la advertencia de dispararle con la automática ante el menor movimiento. “Esto será rápido” —le dijo mientras le apuntaba. Comenzó a calentar la manteca ante los ojos llorosos de su rehén que no acababa de comprender de qué se trataba todo aquello que sucedía. Cuando llenó la hipodérmica con la manteca lo miró fijamente y le dijo: ¿Te measte del miedo ah? Ahora te cagarás por fin… mira a Barbosa… míralo, así he estado yo en los últimos años desde que te salió de los cojones joderme la existencia, ahora te toca a ti...

    Apretó el gatillo. La bala no salió del arma. El mozalbete la había disparado y vaciado antes de caer herido de muerte. Ella la recogió en vano. Siguió tratando de que alguna bala saliera del cañón, pero nada ocurría. El individuo estaba tan asustado que no se percato de que si hubiese salido corriendo en ese instante ya estuviese lo suficientemente lejos de la tecata. Escuchó el urgente ulular de las sirenas de la policía que se acercaban cada vez más. En el desesperó por saberse capturada y que Javier no pagara el atroz pecado, de haberse atrevido a enamorarla, le hundió la sustancia en el cuerpo hasta que le vio los ojos escapándose de la vida, hasta que lo vio zambullir la cara en su propia orina. Cuando se percató de que aquel acto no le devolvía la felicidad y si le había ahuyentado la forma correcta de escaparse al infinito mismo no pudo más que llorar. Buscó entre sus cosas. Comenzó a preparar lo que quedaba de droga. Mientras se la inyectaba escuchó la voz ronca de un oficial exigiéndole que levantara las manos. Ella lo miró con indiferencia. Siguió inyectándose la droga como si estuviera en el hospitalillo y quien la detenía fuera alguna visión fantasmal del miedo. Total, lo que quedaba de droga era muy poca como para llegar al más allá sin regresar, pero al menos ese había sido su día.


    El oficial se acercó. Le dio con el pie al arma alejándola de la tecata y la esposó fácilmente. Ella ni se percató. Estaba metida en su alucinación preferida. En ella acurrucaba a su niña en el pecho mientras le cantaba alguna canción, le enseñaba a contar, a reconocer los colores o simplemente le leía algún cuento de hadas. Apareció otro policía que trató de socorrer al cuerpo tendido en el suelo, verificó los signos vitales y se percató de que ya era tarde; el individuo estaba muerto. El policía tomó el radio transmisor y se le escuchó hablar en la típica jerga policial.

    — Adelante comandancia. Tenemos un posible asesinato. Cuya arma parece ser un narcótico. Persona se encuentra diez siete. Se detuvo sospechoso. Procederemos a arrestarlo para someter los cargos. Solicitamos refuerzos para acordonar el área. Diez cuatro. Estamos en la plaza a Barbosa en el secuestro que fue reportado hace unos minutos.

    IV
    Llegué y la escena me congeló. El cadáver mantenía sus ojos abiertos y el rostro encrespado de miedo. La jeringa aún estaba incrustada en su cuello. Después de hacer todos los procedimientos habituales ordené el levantamiento del cadáver. Los periodistas comenzaron a llegar. Los imaginé visitando familiares y preguntándoles cómo se sentían. Acaricie la idea de largarme inmediatamente de allí. La curiosidad más que el deber me llevaron inmediatamente al cuartel donde estaba la asesina. Al verla quedé estupefacto. Era ella. La misma mujer que había logrado de un tiempo para acá que soltara monedas y a veces dólares a una usuaria de drogas. Comenzamos a investigar el caso. Ella lloraba. Habían pasado los efectos de su viaje y se rascaba la piel como tratando de rascarse las venas. Miraba desafiante. Pidiendo no la dejaran seguir rompiendo en frió con su vicio y diciendo que el occiso se merecía lo que le sucedió.


    El detalle me estuvo raro. De la investigación lograda hasta el momento se desprendía que ellos dos no se conocían. Ella de pronto, y sin saber por qué, lo tuvo secuestrado por varias calles hasta que llegó a la estatua de Barbosa. Las huellas digitales en el arma y en la jeringa demostraban que ella era la asesina. Existían testigos que la vieron secuestrarlo, pero no parecía tener lógica la razón por lo que lo mató. El muchacho salía del registro demográfico donde fue a buscar su certificado de nacimiento para enrolarse al ejercito. Por más que le preguntábamos a ella; cuál era la causal de su homicidio ella sólo atinaba a mencionar que se lo merecía y que era un éxito que “sus ojos universo” no siguieran haciendo daño. Me fui a la morgue. Aquello terminó por desgarrarme el alma. La madre y el padre salían de reconocer el cadáver. Gritaban al unísono su llanto abrazando a familiares. Me acerqué lentamente. Busqué quien de ellos era el más tranquilo para tratar de conseguir algunas respuestas y por un momento me percaté de que ya estaba actuando como un insensible periodista o detective al que sólo le interesa conseguir la información caiga quien caiga y sin miramientos al dolor ajeno. Me retiré de allí. Habría tiempo para investigar; el muchacho estaba muerto y la tecata no podría ir a ningún lugar que no tuviera barrotes. El hecho era que sin lugar a dudas ella había asesinado cruelmente a un muchacho. El porqué, a la hora de la verdad, no importaría. Me fui a casa. Necesitaba largarme de aquel lugar donde veía entrar rostros preocupados y salir caras llorosas o llenas de dolor. Encendí la televisión. Al escuchar las noticias me burlé de mí mismo ante la necesidad de no verlas como de costumbre. En cambio me dediqué a ver caricaturas hasta que el sueño me venció.

    Desperté azorado. Varias pesadillas no me dejaron dormir. Se me hizo algo tarde. Llamé a la comandancia a excusarme. Mientras construía el nudo de mi corbata trataba de compaginar los acontecimientos que rodearon el asesinato que cometió la tecata. Pensé tanto en ello que ni desayuné. Al parar frente al semáforo la extrañé. Acostumbrado a verla últimamente y a dejarle algunos pesos no pude más que suspirar con algo de dolor. Deseé ya ser un insensible como los demás fiscales o como cualquier abogado, juez, enfermera, doctor y reportero a los que los años de experiencias han dejado de sorprenderles. Recordé a mi hermano el paramédico y sus historias de embalsamadores capaces de almorzar en medio de su labor y se me revolcó el estómago carente de desayuno. Se acercó un deambúlate a limpiar el parabrisas. No le importó todas las señas de negativa que le di, logro ensuciarlo en vez de lo que pretendía. No le di un centavo y dijo gracias no sin antes decir despectivamente: “Dios me lo pagara”. Al llegar a la autopista me quedé observando el edificio del cuartel general, testigo mudo de tantas desgracias, en sus entrañas se encerraban los archivos de los crímenes sangrientos que algún día llamaron mi atención y mi vocación detectivesca. Tanto como para decidir estudiar esta profesión que ahora no me parecía tan excitante. Sabía que el día de cobro se me pasaría el dolor, que los beneficios eran muchos y me dolía más aún.



    Decidí entrar. Buscar respuestas a los acontecimientos del día anterior antes de que otra desgracia ocupara las primeras planas. Ante este pensamiento me percaté de que actué tan sonámbula y mecánicamente que no compré el periódico. Pasé el dichoso tapón concentrado en vanas filosofías de vida y muerte que no me hizo falta entretenerme en otra cosa. Lo compré entonces y en la primera plana aparecía la foto del cadáver en el suelo y a los pies de la estatua de Barbosa. La noticia no reseñaba casi nada de la prisionera. Excepto que era una usuaria crónica de drogas a la que no habían logrado sacarle información. Tampoco hablaba mucho del infortunado muchacho al que ella le había arrebatado la vida. A lo que le dieron mucho reportaje fue a la indignación que tuvieron algunos senadores cuando vieron la estatua de Barbosa en tan precaria situación y la forma en que asignarían presupuesto para renovar la plaza dedicada a tan querido prócer. Lamenté todo aquello y estrujé el periódico antes de echarlo a la basura.

    En la vista para juicio el abogado mencionó su convicción de alegar locura momentánea. Le añadiria violación de derechos al no llevarla a desintoxicar y en cambio que la dejaran en la cárcel del cuartelillo rompiendo en frío. Ella estaba perdida en alguna otra dimensión. Llevaba una mueca de sonrisa y dolor a la vez. Imaginé que le hacia falta la droga más que nunca y me compadecí. Miré sin querer el reloj Rolex que llevaba el abogado de asistencia legal. Me burlé del mundo en que vivimos donde es importante llevar un reloj de cinco mil dólares a defender a una tecata en un casi juicio por asesinato. Contemplé a la muchacha y traté de hacerle preguntas que nos llevaran al esclarecimiento del caso. Por cada pregunta el abogado alegaba que su clienta estaba amparada ante la quinta enmienda. Llegamos al acuerdo de que habría juicio y seria en varios meses. Aunque entendía que ella no tendría el dinero, solicité negación de fianza con la esperanza de que no saliera otra vez a puyarse. Al explicar que la familia del muchacho podría correr peligro si ella salía a la libre comunidad ella comenzó a hablar fuertemente y ni su abogado la logró detener en su intento por lo que parecía ser el desahogo de toda la rabia que le consumía.

    —Espera, espera, espera — comenzó —¿qué estas diciendo?— prosiguió — yo seria incapaz de hacerle daño a alguien que no se lo merezca. Él merecía su muerte. Me engañó. Sé que por mi culpa soy una drogadicta, pero la ayudita que me dio ese hijo de la gran puta tuvo mucho peso.Y me quitaron a mi hija, ella estaría conmigo ahora. Nada de esto hubiese pasado. Él es doblemente culpable. Diciendo esto dejó escapar varias lágrimas. El abogado llamó la atención del juez cuando advirtió que traté de preguntarle más acerca de sus motivos. El juez me ordenó silencio. Ella estuvo mirándome por largo rato. Cuando se fue me brindó una sonrisa que no entendí.

    V
    Dos horas más tarde sonó mi teléfono móvil. Un guardia penal me explicó el pedido de ella para que fuera a visitarla sin la presencia del abogado. Hice los ajustes necesarios para que el abogado jamás se enterara y utilizara mi visita como excusa para liberar, por un tecnisismo, a la asesina confesa. Al entrar me brindó otra vez su rostro sonriente. Comenzó por explicar su pasado con Javier. Dándome todos los detalles del idilio con el hombre casado que la engañó. La promesa rota cuando le arrebataron a su chiquilla. El crimen al hampón y cómo se robó la droga. Su intención de suicidarse. Lo que sintió cuando se encontró a Javier en su camino al más allá y de cómo la rabia le ordenó matarlo. Yo estaba absorto en toda su historia. No comprendía por qué después de tanto silencio había decidido contarme aquello a mí y pareció leerme el pensamiento porque me dijo:

    —Me acuerdo de ti. En las mañanas te esperaba porque sabía que me ayudarías. Siempre notaba que tu mirada no era de asco y sí de pena. No es que me guste que sientan pena por mí, pero comparado a toda la repulsión que veía en tantos rostros era más reconfortante pensar que alguien se apiadaba de uno. Máxime con esta enfermedad. ¿Sabes por qué soy usuaria? — Yo negué con la cabeza — Cuando lo de Javier — prosiguió — me dio una terrible depresión. Mi madre me llevó a cuanto doctor le recomendaron. Lo que me recetaban era cada vez más fuerte. Fue así como cada vez necesitaba una dosis superior. Mi pobre madre murió de sufrimiento en el intento por salvarme. Cuando le dio aquel fulminante ataque que le arrebató la vida también me culpé. Lo celebré con el primer viaje al mundo sin paredes- mis ojos estaban inundados y mi boca abierta, ella no se detenía— A Javier no lo veía desde entonces. Ese cabrón me jugó sucio. Me prometió muchas cosas, pero lo más importante es que me juró amor eterno. Y ahora su amor será eterno. Lo dejé en la eternidad con esa dosis. Liberé a este mundo del daño que le restaba por hacer a ese desgraciado. Si pudiera; mataría a todos los, que como él, engañan a las niñas con promesas vacías. ¿Sabes por qué? Tengo una niña. Ella no se merece pasar por lo que yo pasé. Lo peor de todo es que no me sentí mejor con su muerte. Estaba tan rabiosa que lo hice con la dosis que me pertenecía a mí. La que me haría lograr salir de esta inmundicia. Desde que no estoy drogada me siento desquiciada. He podido pensar en lo que he hecho buscando algún puto gramo de remordimiento. Sólo llego a la conclusión de que debí vaciarle la jeringuilla llena de aire. Javier hubiese muerto de todos modos y yo estuviera ahora al otro lado de la raya burlándome de él por siempre. Sonrió y levantó la mirada hacia el techo. Yo estaba inmóvil. Había tanto odio en sus palabras y, sin embargo, logré comprender un poco su rencor. Me pregunté que podía decir para consolarla. Quería explicarle que el nombre del occiso no era Javier. Cuando balbuceé, algunas palabras sin sentido, ella se puso de pie diciéndome:

    —Agradezco que hayas venido. En verdad lo agradezco, pero nada de lo que puedas decir me hará cambiar de opinión. Lo maté. Ante la ley de los hombres soy culpable. El abogado dice que puedo alegar locura. Reconozco que he estado loca desde hace tiempo, pero puedo asegurarte que en el momento en que lo hice estaba más cuerda que nunca. Lo volvería hacer mil veces con la misma rabia, con el mismo disfrute. Por eso en cuanto tenga la oportunidad me iré al infierno donde me burlaré de la cara que puso ese cabrón antes de morir.

    El destello que vi en sus ojos me hizo notar que decía la verdad. Me dio escalofríos. Su amenaza de muerte seguía viva. Buscaría suicidarse y yo nada podía hacer. Se levantó de la silla y dijo adiós. Yo sólo atiné a decir hasta luego. El guardia penal le puso las esposas de nuevo y desaparecieron ambos por la puerta. Levanté mi maletín del suelo. Abandoné aquel salón con la tristeza de una historia cuyo final me parecía tétrico y sobretodo el comienzo más sincero de insensibilizar mi alma para futuras ocasiones en que tomar los acontecimientos de manera tan personal podría costarme el trabajo y mi tranquilidad. Di un golpe seco en el volante de mi auto y sequé algunas lágrimas que sin saber había dejado brotar. Me arreglé la corbata ante el espejo retrovisor como si con eso pudiese sentirme mejor. Me fui para la oficina. Tenia varias tragedias que cubrir. La verdad es que no estaba para ver más crímenes. Pero tuve que salir tantas veces que me pregunté si todo era un truco del gobierno para evitar la sobrepoblación. La mueca en mi rostro me hizo entender que había hecho un chiste nada gracioso. Me desesperé por descubrir la forma de salvarme de todos los sentimientos encontrados que se debatían en mi interior. Mi esposa estaba esperando nuestro primer bebé y el sólo saber que vendría a vivir a Sodoma y Gomorra me partía el alma.



    VI



    Entrevisté a los familiares del muchacho al que la tecata había matado. A cada respuesta que me daban le añadían un pedido de pena de muerte para la mujer que les había arrebatado su tranquila vida. A pesar de que les expliqué en cada ocasión que en este país no es legal dicho castigo, ellos seguían insistiendo. Al parecer el sentimiento de venganza brota en todos nosotros en el momento justo en que se meten con lo más querido. Es ese instinto animal que te lleva a defender con uñas y dientes lo que, mientras no te afectó directamente, te importaba un comino. En mi libro de anotaciones escribí todos los detalles buscando relacionar al recién ingresado al cielo, o como me dijo Yessenia: al infierno, con la asesina que ya vivía en las tinieblas desde hacia tiempo. Ver llorar a los padres y a los hermanos del infortunado me dislocó el alma. Mientras más los escuchaba hablar de los atributos de su hijo más me preguntaba si la historia de la tecata era verdad o solo había sido pura labia de drogadicta. Además, él había hecho lo que muchos a los que conocía. Buscar placer en las costillas de una muchacha a la que el tiempo le enseñaría que las palabras hermosas no siempre vienen acompañadas de amor. Los cuentos de hadas fueron escritos por seres humanos que tal vez igualmente sufrieron y que deseando dejar plasmados en papel sueños que tuvieron de felicidad absoluta inexistente pudieron escribirlos a pesar de tener nublados los ojos por las lágrimas. Pero no a todos nos ataca una decepción de igual manera. Por lo regular somos marionetas de nuestros propios actos. Yo no estaba allí para juzgar a nadie y cuando lo recordaba me mortificaba. Salí de las entrevistas sin explicarles la versión de la tecata y lo suficientemente estropeado como para saber que estaba necesitado de un buen abrazo. Decidí irme a casa.

    Descubrir a mi mujer con la figura representativa de los ocho meses y medio me recordó el día entero en una fracción de segundo. Necesité más de un buen abrazo para olvidar mis reflexiones pesimistas y pensar que el bebé por nacer tendría un futuro prometedor. Lo educaríamos con todo lo necesario para que fuera un ser de bien. Al cenar me percaté de que no había almorzado ese día y luego de darle lectura obligada a las leyes nuevas que habían sido aprobadas por el senado en las últimas semanas trate de dormir. Obligándome no lo logré. Tuve que rezar repetidamente. A pesar de varios sueños hermosos en los que compartía con una hermosa mujer en un jardín lleno de fresas me desperté varias veces sobresaltado. Cuando abría los ojos a la realidad mi pensamiento se detenía en una escena: La tecata enterrándome una jeringa llena de droga y su mirada de felicidad. La claridad de la mañana entrando por la ventana me exigió levantarme de la cama. Luego de una afeitada de mala gana y un desayuno a toda prisa me encontré nuevamente con el tapón y tuve que jugar nuevamente a ser el mejor “surfeador” en el mar de acero y hojalata, entre olas de bocinazos e improperios. "Pocas cosas pasan en este país”— dije para mis adentros.

    Fui a mi oficina donde vacié el maletín. Comencé por guardar de nuevo todo lo que no tuviese que ver con el caso de la muerte por sobredosis. Combinando circunstancias y eliminando todo lo que no guardaba relación entre ambos, asesina y victima, reafirmé el hecho de que nada tenían que ver el uno con el otro. La historia que me contó Yessenia definitivamente había salido de una mente criminal enferma.



    VII


    Decidí visitar a los familiares. Buscar por fin algunas respuestas que me llevaran a esclarecer el caso o a darme por vencido. Olvidar el tormento de no entender completamente los acontecimientos. Cuando llegué la madre sufría un mareo y el padre un ataque de risa. Los hermanos se acercaron a escuchar lo que yo tenía que decir y entonces fue que lo conocí. Él vivía en Alemania en una de las bases que Estados Unidos mantiene allá. Militar de oficio después de haberse graduado de Biología, era el hermano preferido y el ejemplo que siempre siguió quién ahora estaba muerto sólo por haber estado en el momento equivocado a la hora equivocada en la furia viajera de una loca drogadicta. ¡Cierto!— pensé yo al escucharlo decir esto y es que recordé que antes de morir el infortunado se encontraba en el registro demográfico buscando el certificado de nacimiento para enrolarse en el ejercito. Lo miré detenidamente. Estaba de pie frente a mí hablándome como a uno de sus soldados. El rango de teniente acompañaba a la perfección el rostro duro y al parecer sin pizca de sentimientos. Sólo en sus ojos podía notarse que había perdido a su hermano. Su inquebrantable voz seguía cuestionándome si sabía ya cual fue el motivo para que muriera un inocente. Ante mi negativa me miró con desprecio. Dio media vuelta sin decir una palabra. Estoy seguro que si yo fuese soldado me hubiese obligado a hacer lagartijas hasta morir. Lo vi caminar hasta quienes debían ser sus hijos y sentarse entre ellos. La mueca en mi rostro no la disimulé. “¿Qué se cree el pendejo este?”–pensé— “¿Soy Sherlock Holmes?”

    Una pared llena de fotos familiares captó mi atención. Me olvidé por un momento de que debía regresar a la oficina. En las fotos pude ver escenas de la vida de cada uno de los componentes de aquella familia que ahora estaba sumida en el dolor de perder a un ser querido. Observé al soldado cuando al parecer no estaba adiestrado para ser una especie de maquina y aún conocía la forma de demostrar humanidad. Me asaltó la desdicha de que alguien pudiese estar afanándose en ser como él. De pronto noté en su rostro facciones conocidas y en su camisa verde, de soldado raso, su nombre. Al volver la mirada hacia él muchos acontecimientos inundaron mi mente hasta que sentí vértigo. Tuve que poner mi mano contra la pared de manera que pudiese sostenerme de pie. Todo estaba tan claro ahora. Los segundos que siguieron después me parecieron eternos y es que caminé como en una especie de cuerda floja con el temor de tener una teoría incorrecta de algo de lo que estaba bien seguro. Me paré frente al teniente. Le mencioné mi necesidad de hablar a solas con él. Ante sus palabras que sonaron a orden en vez de a pedido sus hijos se alejaron y me miró esperando lo que tuviese que mencionar.

    Comencé por narrarle lo que la tecata me contase con lujo de detalles y según le hablaba el rostro hasta ahora inmutable pareció resquebrajarse. Aunque trató el llanto fue algo que no pudo evitar y asustados los presentes empezaron a acercarse. Ante las preguntas insistentes de los familiares de que era lo que ocurría él comenzó a gritar y darse golpes en el pecho. La forma interrogativa en que me miraban la mayoría de los presentes me obligó a irme de allí. Tomé la foto enmarcada de la pared y prometí devolverla tan pronto le sacara una copia. En lo menos que pensaban en ese momento era en la posible ausencia de una foto así que al no recibir negativa me la llevé presuroso antes de que a alguien se le ocurriera detenerme para preguntar que le dije al ser de piedra que se estaba desbaratando en medio de su sala. Llegué a la determinación de que debía hablar con Jessenia.



    VIII



    Antes de sentarme frente al volante llamé a uno de mis contactos en el presidio con la idea de verla nuevamente sin el entremetimiento de su abogado. Se negó con la explicación de que Jessenia había logrado su cometido de no estar más en el mundo de los vivos y con el mismo colchón se había privado del aire hasta mudarse a nuevos barrotes de fuego en el infierno. Ante tal descripción no pude más que acongojarme. Elevé una oración por el alma rota de una tecata a la que posiblemente nadie lloraría y que seria cremada o enterrada en alguna fosa común sin nombre ni pasado. Sólo viviría en el odioso recuerdo de los familiares de quien ella asesinó. Contemplé la foto nuevamente y regresé con ella a devolverla a su lugar. Divisé al teniente Javier. Bañado en sudor y alcoholado seguía desmoronándose mientras repetía a viva voz a sus familiares interrogantes y acongojados ante su estado:

    —¡Fue mi culpa, fue por mi culpa, perdónenme, perdóname hermano!

    Jessenia se había marchado sin saber que mató a la persona equivocada. Mató a un ser muy parecido físicamente al ser que la enamoró. Era el hermano menor de Javier. Muy parecido, según pude notar en la foto, a “sus ojos universo”. El que ahora, en la sala de su casa, sufría lo que puede llamarse las consecuencias de haber jugado con los sentimientos de un sincero amor. Para un usuario de drogas también el tiempo es relativo. Mató al Javier que ella recordaba a pesar de que ya habían pasado años. Ruleta rusa es la vida, tan sólo no sabemos si el revólver explotará en nuestras manos, se disparará apuntándonos o apuntando a algún inocente...

    martes, julio 10, 2007

    Asombran los denuedos

     Por Angelo Negrón
    La vio por enésima vez en la parada de guaguas frente a la panadería. Arrojó media libra de pan mordisqueado al zafacón y se prometió rebajar las sesenta libras de más que le aquejan con el fin de conquistarla. Su sombra admiró la belleza de la mujer y maldijo por primera vez la determinación de su dueño. Salio huyendo. No se detuvo hasta percatarse de que no la encontrarían.
    Se recostó cansada de un árbol. Fatigada tardó en percatarse de que la sombra realenga de un perro le orinaba el pie derecho. La suerte seguía abandonándola y tuvo la sensación de que el sol no debió salir esa mañana. Volvió a maldecir a su amo, pero estimó lo que la soledad le haría a su vida.
    Amaba a su dueño. Decidida regresó a la panadería. Buscó en el bote de basura la media libra de pan. Le añadió queso, jamón y mayonesa. Sonriendo salió parsimoniosa a encontrar y convencer a su otra parte de no cambiar planes sedentarios por las provocativas curvas de una desconocida.

    ************************************************************************************
    Hace un año y unos días que Ana María Fuster (a quien admiro, respeto y agradezco) publicó esta historia que escribí para su iniciativa "Desde la ciudad de las sombras 2" . La publico acá junto con los comentarios dejados allá para… ustedes ya lo saben; alimentar mi ego.
    9 comentarios
    Madam dijo...

    ¡Genial Angelo! Eres un excelente narrador, tanto los relatos cortos como los largos. Me identifiqué con esta sombra. Malditas dietas grrrr. Hay que vivir y gozar. Gracias Anita por los [a]sombrados que publicas.
    6:08 PM

    El Navegante dijo...
    Angelo , una enorme creatividad e imaginación, tiñen tu relato. Felicitaciones, ya iré a navegar por tu puerto, será un placer. Un gusto compartir este hermoso evento contigo.
    6:31 PM

    Yiara Sofía dijo...
    Interesante juego de personajes...vida de perro y aún así con dietas! Un placer leer a Angelo...dan deseos de leer más!
    7:52 PM

    Xavier Valcárcel dijo...
    Genial!!!!!!!!!! me ha gustao mucho esto. Saludos desde acá.
    8:44 PM

    Miguel A. Ayala dijo...
    Angelo me gusto mucho el relato. Me gustó mucho más la idea de una sombra revelde. Que tengas buen día, gracias por compartir, Miguel.
    11:23 PM

    Ana María Fuster dijo...
    Madam, ay siempre me haces reír hasta en los días que me siento nublada... un abrazote. Angelo, gracias por tu colaboración. Les aviso que si entran al blog de Angelo pueden leer su apasionante narrativa. Un abrazo a todos, el debate es importante, Salud!!!!!!
    Es cierto Navengante, estoy muy ilusionada con este mundo de las sombras que ustedes me están brindando... Ni un exorcismo nos libera.... ¿para qué liberarnos? Yiara, ahora te toca... tu sensibilidad es inmensa. Xavier gracias por tu visita!!! Miguel, gracias por tus palabras para Angelo... Sí su narrativa es muy original.
    10:25 AM

    Anónimo dijo...
    Angelo Negrón es uno de los narradores más emblemáticosque se ha desarrollado fuera de la academia en Puerto Rico y que con el paso de los años ha ido desarrollando un corpus narrativo de calidad y gran valía parael País. En la primera serie de Taller literario, cuentos como Vendo una rosa, La niña en el columpio, e Interpretacióndistraída fueron de los más comentados. Para muestra, esta pieza que Ana María Fuster nos obsequia en Bocetos de una ciudad silente. Esperamos que cuando Negrón lo crea convenientepodamos disponer en elmercado de algunas de sus colecciones de cuentos, o en su lugar de una antología. Carlos Esteban Cana
    7:11 PM

    Angelo Negrón dijo...
    Madam: La sombra sigue persiguiéndome para convencerme de una rigurosa dieta. Como sabes no ha logrado ni mucho ni poco. Creo que debe rendirse, pero no se lo digo directamente para no crearle más complejos. Gracias por tus palabras.

    Navegante: Gracias por la visita. Y gracias por los boletos de abordaje a ese barco suyo lleno de sentimientos y buenas letras. Prometo ser un buen grumete.

    Yiara Sofía: Créeme: Toda dieta, si no se desea, es una vida de perros. En estos casos en donde se odia las dietas (Al punto en que como Madam digo Grrr ) media libra de pan con mayonesa, queso y jamón son el mejor amigo del hombre. Para mi también a sido un placer leerte, llevo tiempo visitando Sinapsis y alimentando mis neuronas.

    Xavier: Gracias por tu comentario. Saludos.

    Miguel: Si,esta sombra rebelde, hace caso cuando le conviene. Me alegra que te haya gustado y gracias a ti por compartir tu opinión.

    Carlos Esteban; ¡Un abrazo! Como siempre logras que este ego mío, para nada pequeño, se sienta en los cielos. ¡Muchas gracias!

    Ana Maria: ¡Muchas gracias a ti por permitir exponer mis letras en tu casa! Es un verdadero honor visitarte y sobre todo en este junte de letras.
    11:39 AM

    Yolanda Arroyo Pizarro dijo...
    Buenísimo, don Angelo. Gusto en leerle de nuevo.
    1:20 PM



    domingo, junio 10, 2007

    Asesina

    Por Angelo Negrón

    — ¿Porqué me miras de esa forma? — gritó malhumorada mientras la miraba con igual repudio.

    La sonrisa burlona no se hizo esperar. El sarcasmo las inundó a ambas. Empeñadas en ofenderse la sarta de palabras soeces inundó el cuarto. Primero prometió vengarse de las ofensas recibidas, luego la acusó de egoísta y desconsiderada.

    — ¡Te traje una sorpresa! — contestó a los insultos con más ímpetu y mientras empuñaba una cuchilla.

    —Ni a ti, ni a la madre que te parió le tengo miedo — señaló con voz retadora.

    Con el puñal en mano y harta de tantas palabras sin sentido lo hundió en la barriga de su rival. Al ver que aún permanecía viva; decidió hundírselo en el corazón. Una enfermera la encontró en plena discusión, pero no llegó a tiempo para quitarle el cuchillo y salvarla. La fuerza y rapidez con que enterró la navaja lograron lo que perseguía. La sangre salió a borbotones y trató de aferrarse a la pared. Únicamente consiguió manchar de rojo un espejo empotrado en la pared. Escuchó en las ultimas palabras de su enemiga la promesa de volver del infierno para odiarla más aún. La enfermera se acercó con cuidado de no mancharse los zapatos blancos con sangre y le tomó el pulso a la perjudicada.

    — ¡Esta muerta! — pensó mientras salía de la habitación. Buscó al medico de turno para darle aviso de lo ocurrido.

    — Doctor; la paciente del uno-siete-uno esta muerta. Acaba de enterrarse un puñal en el pecho.

    — ¿ Cómo? ¿Quién la soltó de la cama? Ordené que estuviese amarrada todo el tiempo ¿No le dieron la dosis que le prescribí esta mañana? — preguntó mientras buscaba entre los “records”. Encontró la minuta y caminó hacia la habitación seguido de varias enfermeras y del jefe de seguridad. Al abrir la puerta encontró el cadáver ensangrentado. La escena era impresionante. El cabo y parte de la navaja del cuchillo sobresalían a la altura del pecho.

    — ¡ Ahora si que nos jodimos! ¿Cómo le explican a los familiares y a la corte que una paciente esquizofrénica que padecía de personalidades múltiples y desdoblamiento consiguió un puñal? — gritó mientras meditaba lo que representaba una demanda por impericia medica — ¿Cómo llegó esa navaja hasta aquí? ¡Alguien conteste!
    — ¡Puñeta! Está vez la jodí — pensó el guardia de seguridad cuando se llevó la mano a la baqueta en su cinto y no encontró su cuchilla — No me di cuenta que me robó la navaja. Esa cuchilla debe tener mis huellas dactilares. Además; Cuando le hagan la autopsia y le encuentren rastros de semen me cagué en mi madre...

    lunes, mayo 21, 2007

    Tentación

    Por Angelo Negrón

    Lo ajustado del pantalón femenino lo hacía sentirse subyugado. Se reconocía perdido en la excitación que le provocaba el sólo pensamiento de ser poseído. Media hora antes ella lo había observado de forma seductora y le dijo por lo bajo que se preparara para darle placer, así que, trataba por todos los medios de desenvolverse y tener el poder de arrimarse a la boca femenina. No hizo otra cosa que pensar en la promesa recibida y casi piensa en voz alta cuando comenzó a calentarse y fundirse en lujuria.

    — Te desvestiré. Luego de probarte, calmaré mi hambre de ti haciendo que desates todo tu interior en mí — la escuchó decir vibrando de emoción.

    Si me lo permitieras, yo mismo me desvestiría para ti — le dijo a ella que parecía ignorarlo al percibir que lo tenía en un bolsillo y que haría de él lo que quisiera — ¡Anda, pruébame ya! — prosiguió — Me muero porque tu lengua juegue conmigo y me lleve al éxtasis de derramarme en tus carnosos labios tal como te gusta.

    Subieron juntos las escaleras de la casa y entraron apresuradamente a la habitación donde ambos cumplieron sus deseos. Ella lo desnudó lentamente y lo miró con pasión. Él se dejó desnudar y la contempló con amor. Luego de varias miradas, interrumpidas por tomar la precaución de colocar el cerrojo a la puerta del dormitorio, observó como ella se recostó en la cama dispuesta a probarlo. Jamás había gozado de tanto placer y aquella boca, la primera que se atrevía a complacerlo, era genial. Emitió gemidos casi audibles y hasta contuvo las ganas de vaciarse antes de que se le pidiera. El incesante movimiento de la salivosa lengua lo había reducido a ser esclavo del frenesí y no pudo más. Explotó dentro de la boca desembocando cada gota del elixir mágico con la dicha sin igual de sentirse amado. Fue probado hasta el fin por aquella niña de once años que gustaba saborear, a escondidas de sus padres, un bombón relleno de licor antes de irse a la cama.

    jueves, mayo 03, 2007

    Sin reparo

    Por Angelo Negrón

    Se adentró en el bosque. Sabía que pronto la encontraría e inconscientemente llevó su mano a la pulsación de una rápida erección. No se veían desde varias semanas atrás y eso lograba que su excitación aumentara. El hambre voraz de sexo lo animó a programar una cita. Deseaba que fuese en un lugar especial y el mismo lo escogió de entre toda la gama disponible. El encuentro estaba próximo, de hecho, a menos de medio kilómetro en las cascadas hermosas de un apacible río. La vegetación era abundante, así que se vio obligado a caminar por las enormes rocas que bordeaban el río. El clima era divino, no sudó una gota a pesar de que el sol amenazaba constantemente en el cielo y ningún insecto le mortificó. El cántico de las aves era armonioso y el olor a fresas silvestres inundaba el viento. La descubrió desnudándose y no le hizo notar su presencia. Deseaba disfrutarse el deleite de observarla mientras eliminaba la tela que estorbaba a un cuerpo esculturalmente perfecto a sus ojos. Ella se fue desnudando. Lo hizo como si se encontrara en alguna danza lenta o como si recitara frente a espectadores que le solicitaron hacer un “strip tease” pausado pero constante. Sus ojos siguieron el compás de un tango convertido en desnudo y sospechó que la lujuria apenas comenzaba. Faltaba que ella se despojara de la diminuta pieza que cubría el rincón deseado cuando se precipitó al río uno de los fragmentos de tela roja que habían envuelto sus pechos. Este retraso sólo logró incitarlo más a la pasión pues ella se dobló a recogerlo dejándole ver sus contoneadas nalgas desde su perspectiva favorita.

    Notó la presencia de él y lo miró con ternura infinita; mezcla de apetitoso deseo y sumisión instantánea a complacer como le viniera en gana a aquel que catalogaba como el único amor de su vida. Se le acercó provocativamente. Se acaricio los senos en señal de escasez de caricias. Lo abrazó como a él siempre le gustaba: vigorosamente. Entonces posó sus manos en el ondulante cabello y lo fue acariciando suavemente con la yema de los dedos hasta llegar a su cuello, luego a la fuerte y ancha espalda hasta llegar a las nalgas y ahí empujarlo hacia sí misma con la intención de sentir en su intimidad la virilidad hinchada y deseosa de placer.

    La imaginó pistilo en celo y la describió en voz alta como superior a cualquier flor. Miró hacia abajo y acarició con la mirada los redondos pechos que luchaban por hundirse en su alma. Le besó el cuello y luego los labios con indescriptible frenesí. Con sus manos mimó las nalgas separadas por el hilillo de tela y decidió disponer de aquella prenda. La quitó suave y pausadamente mientras rozaba la tersa piel con sus dedos. Al llegar a los muslos que se retiraron ante el embestir cercano de su dedo índice, ella destrabó un gemido que ocultaba y que fue el inicio de muchos más. Escucharla lo motivó a repetir la circunstancia que la llevó a desear expresar a viva voz la pasión. Se dedicó al vaivén de jugar con el dedo en lo oculto del nido que cálido y mojado recibió con beneplácito el entremetimiento de las caricias esperadas desde su último encuentro. El néctar llegó antes de lo predicho. Los gritos de ella y la humedad extrema que percibió en su dedo se lo confirmaron. Se llevó los dedos a su boca y logró saborear no sólo el almizcle, sino el rostro relajado, pero sediento de ella.

    Ambiciosos por llegar a la cima del éxtasis, ella por segunda vez, él por vez primera, la levantó en vilo. La condujo hacia la cascada. Recostó el monumental cuerpo, que tanto ansiaba, de la caída de agua y allí mismo la moldeó a su ser de tal forma que fueron uno entre los gemidos de ambos. El placer se multiplicaba a raudales. El movimiento constante y avasallador de él volvió a cumplir con la misión de hacerla sentir en el verdadero paraíso. Entonces, decidió disfrutarla de muchas maneras. Cincelando en su memoria cada detalle del cuerpo femenino en las diferentes posturas del sexo. Cuando llegó al punto de no retorno, ese en que el placer que había sentido hasta ese momento era comparable a un grano de arena entre todo el océano, le pidió con dulzura a su amada que desistiese de cabalgarlo y que lo poseyera con sus labios. Ella demostró deleite ante tal idea y arremetió contra el miembro hinchado con magistral sabiduría hasta sentir en su boca la descarga lujuriosa del deleite sin igual que padeció aquel hombre que la amaba íntegra y apasionadamente.

    Juegos de caricias sutiles fueron llevándolos a un estado de sueño. Ambos permanecieron abrazados, con sus cuerpos hundidos en el agua hasta que escucharon la alarma que provenía de la pequeña pulsera rojiza que llevaba él en la muñeca y que les avisaba era el momento de separarse. Se despidieron como dos amantes que reconocen que lo importante no es lo que acaban de vivir, sino la posibilidad de vivirlo nuevamente. Él se alejó aún desnudo. Volteó a verla y descubrió una lágrima rodando por la mejilla de ella. Le sonrió para tranquilizarla y lo logró. Volverían a verse, le dijo. La próxima vez seria frente al océano; ante mil gaviotas volando o entre delfines juguetones en medio del mar.

    “Gracias a la tecnología existe la realidad virtual tangible porque si no, estar solo y tan lejos del planeta tierra en esta gigantesca nave seria catastrófico para mí...” —Pensó mientras reconocía un árbol gigantesco como el indicado para salir de allí. Moviendo una rama se abrieron las compuertas que lo despertaban a la triste realidad. Apretó algunos botones y el paisaje fue desapareciendo. Primero ella, luego todo lo demás hasta convertirse en un solitario salón oscuro.

    Al llegar al puente de mando le habló a la computadora central y le exigió poner motores propulsores en marcha con coordenadas al planeta que recibiría las provisiones que transportaban. Observando a través de una gigantesca escotilla el infinito universo lleno de estrellas distantes y mientras pulsaba botones aquí y allá le volvió a hablar a la computadora. Demandó que pusiera en agenda el próximo encuentro virtual tangible. Seria frente al océano y ante miles de gaviotas voladoras y delfines juguetones que deberían ser añadidos sin reparo...

    viernes, abril 06, 2007

    Truco

    Por Angelo Negrón

    Mi abuelo fue el mejor mago de la comarca. Famoso por su habilidad de lograr la mayor de las sorpresas con su ilusionismo. El recuerdo de la primera vez que me llevó a una actividad de la sociedad de magos sigue muy vivo en mí. Contaba yo con siete años y esa fue la puerta que abrió mi curiosidad, además de las ganas, de seguir sus pasos.

    Todos esos magos exhibían con orgullo sus asombrosas habilidades. Mi abuelo, estoy seguro, los dejaba a todos sorprendidos. Cada año, según me dijo mi padre, que ese día estaba a mi lado, lograba dejar a todos boquiabiertos. Era como si ellos se transformaran en simples espectadores a quienes mi abuelo hipnotizaba con su prestidigitación. Mis trucos preferidos, aunque no eran los más sorprendentes, eran uno en el que hacia desaparecer una paloma y la traía de vuelta convertida en una gallina con polluelos y otro en el que parecía desvanecer a mi madre para, casi al instante, hacerla reaparecer dentro de un baúl.

    Luego de la función me llevó consigo tras bastidores. Después de un abrazo que casi me rompe las costillas y hacer esperar a los reporteros, pues según le dijo a su representante estaba en una reunión más importante en ese instante, me preguntó si había disfrutado del espectáculo. Esa fue la primera de miles de veces en que me acomodaba a su lado para escuchar sus sabios consejos sobre la vida, el ilusionismo y la magia. Yo sería, me dijo en más de una ocasión, lo que mi padre nunca quiso ser: un mago.

    A lo largo de muchos años me explicó todos sus secretos. Hice mis primeros intentos en la marquesina de mi casa, cuando apenas tenía mis ocho, los vecinos no cesaban de aplaudir asombrados. Yo estaba tan orgulloso de lograr imitar al abuelo. Con el tiempo agudicé mis sentidos y mis logros en la magia me hicieron ingresar de lleno al mundo del espectáculo. Invité a mi abuelo a la actividad en donde, por vez primera, yo sería la atracción principal. Llevé todos los trucos que él me enseñó y en adición varios nuevos que había desarrollado yo mismo para impresionar a mi abuelo.

    Esa noche estaba todo listo. Lograría por fin agradecerle sus enseñanzas en público. El local estaba repleto. Me asomé por una pequeña abertura del telón para buscar la mirada de mi abuelo. Su butaca estaba vacía. Atrasé lo más que pude el comienzo. Logré que el grupo de apertura del espectáculo, unos payasos muy cómicos, accediera a estar más tiempo deleitando al público. Pero, no pude esperar más; ofrecí mi espectáculo. Obvie los trucos destinados a mi abuelo para presentárselos en otra ocasión.

    Esa fecha nunca llegó. Mi abuelo murió esa noche. Desapareció y aún espero que haga el otro truco que tantas veces me enseñó; el truco de reaparecer.

    sábado, marzo 31, 2007

    ¿Qué nos pasa Puerto Rico?

    Por: Ángel Parrilla
    En la campaña publicitaria, que lleva por lema la interrogante: ¿Qué nos pasa Puerto Rico?, se intentó colocar al pueblo en la silla de los acusados, sin abogados y listos para ser condenado y ejecutado. Demás está decir que la campaña logró al menos uno de sus objetivos, estar en la mente de toda la gente. Por donde quiera se escucha decir, sarcásticamente por supuesto, ¿Qué nos pasa Puerto Rico? Se convirtió en un sello para identificar los errores, idioteces, descuidos o actos ignorantes de toda persona. Hace unos días se me quedaron las llaves dentro de mi auto, obviamente no podía ni siquiera abrirlo, y la respuesta de muchas personas al comentarle yo lo sucedido era: ¿Qué nos pasa Puerto Rico?

    Esta campaña de publicidad se enfocó en acusar, juzgar y sentenciar al pueblo como el único responsable de las realidades sociales que vivimos hoy día, y como el único llamado a “recuperar los valores perdidos”. Todo esto sin considerar que nuestro país esta en la catástasis de su historia.

    Todos los procesos históricos, políticos y económicos han actuado, aunque parezca lo contrario, porque hay quien dice que estamos a la vanguardia de todos y de todas las republicas existentes en el área geográfica más cercana, en detrimento de nuestra sociedad.

    Dos invasiones, dos colonias, (española y americana), convertidos en bastión militar, laboratorio de pruebas con radiación, persecución y asesinatos políticos, mantenidos con transferencias por conveniencias, generaciones reprimidas con baja autoestima nacional, corrupción, desgobierno, explotación de la clase trabajadora, educación para la mediocridad, gobierno paternalista, creador de expertos en nada, capitalismo desenfrenado, endiosando el dinero, porque vale más el verde del billete que el verdor de la naturaleza, políticos profesionalmente ineptos, religiosos ciegos, sordos y mudos, grandes intereses, interesados en su propio bienestar, representantes de sí mismos. Recibimos influencias transatlánticas, copiamos comportamientos ultramarinos. Y aún así nos preguntan: ¿Qué nos pasa Puerto Rico?

    Esta campaña debió decir: ¿Por qué nos pasa Puerto Rico?, y así encaminar al pueblo que acusaron a crear conciencia de sus situación, porque los problemas se resuelven buscando la raíz de estos, y tomando acción, no se resuelven filosofando con una retórica sentimental.

    ¿Por qué nos pasa Puerto Rico? Por todo lo antes mencionado y por todos los eventos, acciones, violaciones y atropellos que se quedaron, pero que han ido socavando nuestra idiosincrasia, nuestra identidad y nuestra cultura. No debemos sentirnos culpables. Solo la culpa será nuestra si no hacemos que algo en realidad pase.

    ***
    Ángel Parrilla López: Especialista en Recursos Humanos. Graduado de la American University of Puerto Rico. Actualmente cursa estudios graduados en Administración de Empresas en la Universidad Central de Bayamón. Su filosofía de vida se traduce en un amor continuo al conocimiento. En sus propias palabras: "Entiendo que debo conocer la historia para entender el presente y construir para el futuro. Como dice el antiguo axioma: el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla".

    jueves, marzo 15, 2007

    El Cáliz de la nueva literatura Puertorriqueña (Parte II)



    Yolanda Arroyo tuvo la gentileza de regalarme este ratito en su espacio. Mismo que reproduzco junto a los comentarios que algunos de sus asiduos me obsequiaron en esa ocasión. A Yolanda, a ellos y a ustedes; ¡Muchas gracias!

    Serie de opiniones sobre el Arte de escribir
    Por Yolanda Arroyo Pizarro
    Publicado en Boreales el sábado 25 de noviembre de 2006 a las 6:08 PM


    Al Nóbel de Literatura, Orhan Pamuk, le han preguntado “¿Por qué escribes?”
    Contesta él, que más bien, la pregunta debe ir por aquello de “para quién se escribe”, y añade:

    “Los lectores de literatura de hoy esperan el nuevo libro de García Márquez, de J. M. Coetzee o de Paul Auster del mismo modo que sus predecesores esperaban la nueva novela de Dickens -como si fuesen las noticias de última hora. La lectoría mundial de novelistas literarios como éstos es mucho mayor que la lectoría que sus libros pueden alcanzar en sus países de origen. Los escritores escriben para su lector ideal, para sus seres queridos, para ellos mismos o para nadie. Todo esto es cierto. Pero es igualmente cierto que los escritores de literatura de hoy, también escriben para aquellos que los leen.”

    A mis colegas escribientes les he hecho preguntas similares. En el caso de hoy, el gran Angelo Negrón, escritor publicado en la revista y colectivo Taller Literario, y poseedor de varios libros ineditos, ha contestado para mi insistente curiosidad esas tres preguntas que llevo haciéndole a mi grupo de literatos favoritos.

    Las tres preguntas son:
    1. ¿Por qué escribes?
    2. ¿Qué papel juega la imaginación en la tarea y en la vida de un escritor?
    3. ¿Se le pueden agotar los temas a un escritor?

    Estas son las respuestas que muy amablemente don Angelo nos ha ofrecido:

    1. ¿Por qué escribes?

    Escribo porque si, porque me da la gana. Porque desde niño esa fue la manera que encontré de fugarme a un mundo mío donde no estaba el verdadero yo. Cuando voy juntando palabras con la única manía de llevarlas a un final, casi siempre predeterminado, los orgasmos de esta psicosis son tales que tengo que detenerme a disfrutar lo placentero que es leerme a mi mismo en la simbiótica forma de un desconocido. Que conste; no hablo desde mi forma ego centrista, (que si existe de forma sobresaliente y desarrollada en mí), esta vez platico desde la realidad que me acomete cada vez que al pasar los días leo algo que escribí y me pregunto quien era yo cuando junté tales palabras. Y es que escribir me aliviana el ser, me trastoca el alma enviándola a pasear con seres que desean ser tan protagonistas como yo de alguna hoja en blanco.

    Algunos dicen que escribo bien, otros que me falta academia; a todos les digo que en el momento en que estoy frente a frente con una idea me abalanzo sobre ella. A veces la tomo por el cuello y la estrujo hasta matarla, otras, las más, las acaricio y les hago el amor con dulzura. En ambas ocasiones simplemente nace lo que tengo que decir y decirme. Tal como he descrito más de una vez:“De seguro en el zafacón de los grandes escritores está la mitad de su obra más prodigiosa pues, aunque les salió del corazón, no era lo que dictaba el editor o lo que exigía, según ellos, su público lector. En mis líneas no existe nada estilizado. En realidad las palabras que tengo que decir salen del alma y las plasmo tal como son: sueños, pesadillas y desgracias. Que me perdonen pues los eruditos en las letras, los sabios en literatura; es que tal como me nombró alguna vez mi gran amigo y escritor Antonio Aguado Charneco; yo sólo soy un adicto de la palabra escrita...

    ”Si. Eso lo resume. Soy un tecato de la palabra escrita y ese es un vicio del que no quiero salir.

    2. ¿Qué papel juega la imaginación en la tarea y en la vida de un escritor?

    Algunos le llamamos musa, otros le decimos lado creativo, pero todos titulamos imaginación a la parte trascendental que en un sinnúmero de explosiones dieron vuelta al tornillo, o a la tuerca, para lograr de forma frenética crear el microcosmos que representa juntar palabras para contar o expresar algo. Siempre he dicho que todos tenemos la capacidad de escribir la diferencia esta en querer hacerlo. Un ejemplo de esto es el siguiente: dos personas ven caerse un vaso de cristal al suelo. Uno lo vera hacerse añicos y seguirá su camino sin inmutarse. Otro en cambio, tratara de describir las vueltas que dio el vaso antes de caer. El sonido al hacerse añicos y la historia detrás de la persona que lo dejó caer, de la persona que recogió los pedazos o de algún presente que contempló la escena. Algo así como cortarse un dedo y que la sangre le traiga recuerdos al protagonista de la historia de aquella puñalada que recibió, que dio en el pasado o (en términos más idílicos) la vez que lloró lágrimas de sangre por un desamor. En fin, miles de historias podría salir de un suceso fortuito; todo dependerá de nuestras ganas de escribir y de utilizar nuestra imaginación como nos plazca. La imaginación es infinita; no sólo para quien escribe sino también para quien lee.

    3. ¿Se le pueden agotar los temas a un escritor? ¿Por qué?

    Definitivamente NO se agotan los temas. Muchas veces podemos apasionarnos por alguno, es algo que me ha pasado y me seguirá pasando. Mi primer pensamiento cuando me sucede tal cosa es: No escribiré eso, ya he garabateado sobre el tema. Pero pasan minutos, horas o días y ese final que da vueltas en mi cerebro se siente incompleto. Quiere tener cuerpo, alma y lector.

    Si; algún leyente que descifre la maraña de ideas, que las sienta inconclusas para que les de su propio sabor al asunto. Y dejo de pensar en ellos, en los lectores, y pienso en mí porque pueden ser tantos leyentes, o tan pocos, que ese tema redundante en mí será para ellos, tal vez, uno singular. Con la fotografía me pasa exactamente igual; me lleva a lugares similares a los que me llevan las letras. Cuando pulso el botón de la cámara, tal como cuando escribo o leo, se paraliza un instante de mi vida, pero se nacen escenas interminables.

    Angelo Negrón ha sido lo suficientemente amable como para cederme parte de su trabajo. Aquí reproduzco el escrito Amanecer en ti, publicado originalmente en su blog Confesiones. Que lo disfruten.


    Ver la primera parte de esta serie aquí.


    3 comments

    Pienso que el que tiene vocacion para hacer algo...escribir...no le pesa hacerlo. Algunos tienen talento, pero no vocacion. Esto ocurre en todos las profesiones o actividades que como humanos hacemos. Escribir es una accion prominente de la imaginacion, de ideas. Algunos tenemos muchas ideas,pero no sabemos como ejecutar. Escribir le da ejecucion a las ideas, a la imaginacion. Admiro los seres que tienen talento y voluntad para compatir con los demas sentimientos, imaginacion, ideas, creatividad y suenos. Bendigo las manos que son duenas de la accion de escribir y la mente prodigiosa con la que se entrelazan y se juntan las pocas palabras que conocemos.Felicito a Yolanda por ser tan asertiva con el ejercicio de las tres preguntas.Felicito a Angelo por dejarnos conocer su corazon a traves de sus escritos. Por permitirnos saborear su imaginacion infinita y la dulzura que tienen sus palabras cuando las acomoda todas juntas. Un hombre que da desde lo mas profundo de su corazon/imaginacion, sin esperar nada a cambio...como en las santas escrituras. Seamos pilares, dejemos simientos fuertemente levantados para que nuestras futuras generaciones no se pierdan en el juego electronico de una vida sin literatura.Hasta pronto amigos.
    Posted by Anonymous noviembre 26, 2006 10:26 PM

    Yo tambien me uno a las felicitaciones. Es importante el fomento de estos asuntos.
    Posted by De Mexico noviembre 27, 2006 9:03 AM

    A veces me creo en un mundo paralelo donde sólo se lee publicidad, el precio en el súper. Pero oh tecatería de la palabra, cuántos destellos en tu nombre!Me encantaron las respuestas. Escriban, escriban, vivan y entreguen sus mundos! Cada cual en lo que ama y es reflejo genuino de sí. Es su petróleo, su oro y su agua, pero ante todo nuestra esperanza.Alegrías del alma!
    Posted by Ana noviembre 28, 2006 10:17 PM