domingo, febrero 26, 2012

Al amparo de las flores

por Carlos Esteban Cana



En el primer expediente del Legado 3313, de la Sección Ultramar del Archivo Histórico Nacional de España, se dice que el 23 de febrero de 1824, durante la gobernación de don Miguel de la Torre, siete esclavos y una esclava fueron capturados en aguas de San Juan. Tripulaban una lancha robada con la que pretendían convertirse en hombres y mujeres libres. Fueron apresados por el capitán de un buque de guerra inglés que fondeaba en la bahía. Lo que no está documentado en el mencionado expediente, porque todos los esclavos mantuvieron el más hermético silencio, era que Esteban, esclavo de la Hacienda Tomás, había logrado escapar de la manera mas extraña.

Todo ocurrió cuando la pequeña embarcación, a duras penas, pasaba cerca de las famosas tierras heredadas por un médico español, terrenos que no eran otra cosa que un inmenso y desproporcionado mangle. Puritos kilómetros de mangle en los que se perdió el grito de indignación del doctor Hernando cuando supo que aquello era lo que le habían prometido. Pero eso había sucedido dos siglos atrás. Y este pasaje guardado en la solidaria confidencialidad coloca al esclavo Esteban, mientras remaba, mirando con curiosidad el tupido follaje que servía como cortina adecuada y necesaria en su paso clandestino por la bahía.

Los esclavos en la embarcación no habían dudado de arrojarse a la empresa; iban arriesgar todo con el propósito de librarse del abusivo yugo continuo del látigo del capataz, de las jornadas prolongadas bajo el candente sol de un trópico inclemente en los cañaverales, de las paupérrimas viandas que les permitían como perpetua alimentación, del suelo duro en el cual dormían apretujados unos a otros. ¿Qué más se podía perder?, era el sentir general de los nueve que permanecían silenciosos mientras el chapoteo del mar sacudía la escuálida  embarcación.

En esos instantes Esteban sentía en su interior la rítmica melodía del baile de bomba. Fluía en sus latidos el mismo coraje, la indignación que expresaban metáforas entonadas por esclavos bozales que habían disfrutado en el pasado del sabor de una libertad entre carabalíes o mandingas, arrebatada por la trata.

Aconteció que Esteban tocaba el cuero de una conga cuando se enteró de los actos de valentía del país de los negros libres, Haití. Y fue precisamente en una de las pocas celebraciones de bomba que se les permitía a los esclavos que tomo la decisión de unirse a la fuga de la cual le habló una mujer de la nación de Ulloa, en la que ella y siete esclavos más tendrían participación. Esa noche Esteban observó las constelaciones como una señal. Miraba con asombro la brillantez estelar y recordó momentos efímeros y difíciles como cuando su madre se interpuso que lo marcaran con el carimbo. La memoria del gesto le humedeció los ojos. Esteban secó y sacó su dolor, cantando en alta voz el estribillo que decía: “Al amparo de las flores, encontrarás la atalaya”, y repetía cada vez con mayor volumen, “al amparo de las flores, encontrarás la atalaya” hasta que emergió de sí el grito sonoro más grave cuando se entregó por al baile que provocaba el tambor.

Y en pleno discurrir, entre ramas endebles que exhibían raíces sumergidas en un azul diáfano, Esteban murmuraba la letra de aquella canción cuando la embarcación comenzó a despegarse de la costera vegetación para tomar rumbo hacia el norte. Las olas, cada vez de mayor tamaño, salpicaban el interior del bote. En aquel punto del trayecto había sido relevado de los remos, y dirigió su mirada nuevamente hacia los matorrales que quedaban atrás.

Tuvo que colocar su mano sobre su frente para ubicar, ya a lo lejos, un pequeño detalle que le resultó curioso. Entre los espesos mangles del sur el esclavo pudo distinguir pequeñas flores rosadas que cubrían un pequeño sector de la superficie del mar. Sin darse cuenta, casi de manera automática, todavía susurraba en sus labios las palabras de aquella canción, cuando la silueta enorme de un buque se dibujó en el horizonte.

En aquel instante miró el rostro de sus compañeros y al buque que se aproximaba. De inmediato, como si de una revelación se tratara, les gritó: “¡Al amparo de las flores, encontraras la atalaya! ¡Es hacia el sur compañeros, hacia la alfombra de flores rosadas!”, repetía señalando hacia el sur.

-No hermano, hacia allá- le dijo Ramón, el carabalí, que indicaba con su índice la desembocadura de la bahía.

— ¿Alguien me acompaña? —  preguntó Esteban mientras se levantaba sin recibir respuesta. Y ante el silencio imperante, no espero más, se lanzó de la pequeña embarcación.

Cuando el capitán de aquel buque salió a cubierta para cerciorarse con sus propios ojos de lo informado por un marino, la mujer de la nación de Ullo observó un pequeño punto que se movía entre las rosadas flores que bordeaba los mangles del sur, y sonrió.

Una vez al año, en verano, se efectúa un cruce a nado en la región. Quizás con la gesta del negro Esteban, se comenzó una tradición.

***


Carlos Esteban Cana es comunicador y escritor. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario, un espacio de democratización en las letras puertorriqueñas. Se ha desempeñado como coordinador editorial, periodista cultural independiente, y ha laborado además en la industria televisiva. Su obra creativa se ha publicado en revistas y periódicos nacionales como El Sótano 00931, Ciudad Seva, Narrativa Puertorriqueña, Letras Salvajes, CulturA, Diálogo y El Nuevo Día, entre otros. En lo que se refiere al ámbito internacional su narrativa y poesía ha sido publicada por Escaner Cultural, Zona de Carga, Palavreiros, Abrace y el Boletín de Nueva York, entre otros. Recientemente algunos de sus cuentos han sido traducidos al italiano. Ha participado, además, en diversos medios de comunicación reflexionando acerca del panorama cultural en el País.

sábado, febrero 18, 2012

En las letras, desde Puerto Rico: Artesanía y dolor en la poética de Alfredo Villanueva

por Carlos Esteban Cana


La noche que conversé y conocí a Alfredo Villanueva fue memorable. A pocos escritores les he podido sacar tanto en una breve entrevista. Aunque esa visita lo instalaba nuevamente, de forma cercana, en el circuito literario del patio, Villanueva venía realizando su obra poética y cultural de forma consistente, desde mediados de la década del 80 en Nueva York. A la hora de acercarme a su hoja de ruta, encuentro que son referentes importantes títulos como El imperio de la papa frita, Pan errante o Mala Leche, por mencionar sólo algunos.


Pulse sobre la imagen para apreciar mejor.
Esa noche, entre copas de vinos y un grupo selecto de amigos, la poeta Etnairis Rivera se refirió a Alfredo Villanueva como un escritor que luchaba con el tiempo con una especie de nostalgia; un creador que levantaba su voz, con cierto anarquismo, contra fundamentalismos de cualquier tipo. Y así es. Es evidente la irreverencia visceral en la poesía erótica de un artista que disfruta coleccionar cristales de diferentes lugares.
Pero no hablemos más, dejemos que el propio poeta nos hable de aquellas lecturas que le apasionan, del significado que le da a la poesía, de lo que implica ser escritor. Alfredo Villanueva es el invitado en esta edición de En las letras, desde Puerto Rico.

Alfredo Villanueva: Yo he querido escribir una poesía que yo llamo somática. Esto es que se escribe, como yo digo, con cuatro tintas. Siempre he dicho que yo escribo con sangre, semen, sudor y lágrimas. Digo que no es con el corazón que se siente, sino con el estómago. Porque cada vez que yo siento una emoción muy fuerte a mí lo que se me encoge es el estómago, no el corazón. Yo creo que para escribir hay que sufrir bastante, y si no se tiene una vivencia muy fuerte uno termina ensartando palabras que pueden ser muy buenas pero que no comunican. Porque el acto de la comunicación se da cuando la persona que lee siente que la persona que escribe le presta su garganta, le presta su voz para poder decir algo. El cumplido más grande que le hace un lector a un poeta es cuando le dice: “Me hubiera gustado escribir eso”, o “usted ha dicho algo que he sentido toda la vida”, “usted ha escrito algo por lo que yo he pasado”.

Yo digo que yo soy más Mallarmé. Para mí  es la flor que está ausente en todo el ramillete. La poesía tiene que ver mucho con las ausencias, con los vacíos, con los agujeros. Pero son ausencias que son presencias porque viajan con uno todo el tiempo. Uno no puede dejar de recordar, ¿no?  Para mí es muy importante. La poesía comienza en el cuerpo, no en la mente, no en el logos, en el soma. Una de mis líneas favoritas de aquella obra de Tenesse Williams es: No recuerdo el rostro pero las manos me son familiares. Nosotros somos un cargamento de trazas de otros que nos han impactado, y las cargamos. La ventaja del poeta es que puede recuperar esas trazas; y otros a través del poeta encuentran las trazas de ellos mismos.
Fotografia por: Claudia B
Siempre he dicho, nadie se acuerda de un poema completo pero se acuerda de un fragmento de poema. Y ese fragmento del poema le estalla una y otra vez. Tú puedes estar 20 años después de haber leído lo que llamo un poema cursi Este domingo triste pienso en ti y de repente llega un domingo que estás tristes, piensas dulcemente en alguien, y ese poema te vuelve a salir, y tú te quedas como ¡Auch! te duele. Porque la poesía que es buena duele, duele por que es como un cuchillazo que le dan a uno, porque la memoria hace que uno recupere. Yo vivo obsesionado por fragmentos de poemas. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. La noche está estrellada y ya no está conmigo. No tiene que ver con el idioma,  es cualquier poema que tú hayas podido leer en el original. Tú te quedas con una de esas líneas y la llevas toda la vida contigo. Cuando menos tú lo esperas salta de nuevo y vuelve a ser vigente.

Cuando yo comencé a escribir aquí en Puerto Rico hubo una poeta muy famosa en su época del grupo Guajana, no era del grupo Guajana como tal sino que era la musa de los guajanos que me dijo que yo tenía que quemar toda mi poesía porque no estaba escribiendo poesía política. Yo no tenía la madurez para escribir poesía política. En ese momento Mercedes López Baralt me había regalado para mi cumpleaños un libro llamado Cuatro poetas españoles que tenía a Gabriel Celaya, a Blas de Otero, creo que a Alberti y a José Hierro. Y a ese yo le tengo que añadir un quinto que es Emilio Prado. Yo, de repente, encontré que eso me salvó… Me salvó de Darío y me salvó de Lorca, que yo creo que son las influencias más terribles que hay sobre todos los poetas. No porque sean malos sino porque uno los llega a imitar como esclavos. ¿No? Yo empecé por la poesía intimista. Después con mis estudios de literatura, Wallace Stevens. Sobretodo Wallace Stevens, más que nadie. Whitman, Elliot, el Dante que lo leí a muerte con un profesor de la Universidad de Puerto Rico. No se hablé de los simbolistas, Mallarmé, Verlaine. Pier Paolo Pasolini que mucha gente no lo ha leído como poeta. Yo tuve la suerte de que me obligaron a leer, casi a punta de pistola, a los herméticos italianos. Y para mí fue una revelación, Salvatore Cuasimodo, lo que yo llamo poesía seca, no poesía mojada. Poetas en los que triunfaba la imagen sobre la palabra. No eran sentimentales pero dolían muchísimo más. Unas cosas tan labradas, tan bien hechas, y no digo yo que eran cerebrales, es la imagen. Lo más importante es que uno tiene que decir algo. Escribir por escribir a mí me deja frío. Yo quiero comunicar, y yo creo que eso es lo que define mi poesía, la comunicación. Lo más importante en mi vida es que venga alguien que no conoce de poesía y me diga: “Yo sentí eso que usted escribió.”

A mí me han criticado mucho mi poesía homoerótica, por ejemplo, y sin embargo cuando yo leí sobre la muerte de mi compañero hubo gente que se atacó a llorar en el auditorio. Yo me quedé como ¡wow! ¿qué es esto? Y vino una señora y me dijo: “Gracias por compartir tu dolor con nosotros.” Porque la muerte no tiene sexo y es una experiencia universal. Y yo que he visto morir a tanta gente. El amor no tiene que ver con sexo. Cuando yo le escribo un poema a un cuerpo que tengo al lado, con el que he vivido por un montón de años y que todavía no conozco, pero ha quien ya le he jurado fidelidad o hecho un compromiso. Y lo digo así, aquí hay un extraño. Yo creo que todo el mundo, en los matrimonios, llega una noche en que se despierta y mira el cuerpo de al lado y dice: “¿éste quién es o ésta quién es? pero aquí me quedo. Ya no me queda más remedio. Aquí estamos. Ese conocimiento de que son dos extraños que van a estar juntos para siempre.
Cada libro es un libro muy especial. Un libro llamado Glimorio, que es un libro de magia y una gramática, ese es muy especial porque yo intenté universalizar mi experiencia. Es muy importante En el imperio de la papa frita, que es mi primer poemario político sobre la situación colonial de Puerto Rico. Pero, en realidad, cada libro es importante, y yo no dejo a mis libros atrás. Hay poetas que escriben y se olvidan del libro, y sin embargo, en mi caso, mis libros forman una secuencia. Cada uno añade a lo que han dicho los demás. En los recitales, por ejemplo, no puedo leer nada más que lo último, sino que tengo que leer un poquito de todo.
A Ana María le agradezco infinitamente que no importa lo escabroso que yo escribiese me ha publicado en Borinquen Literario. Yo creo mucho en el Internet. De hecho, tengo dos libros que no están publicados en papel. Se pueden bajar gratis del Internet, y mi intención, mi ‘mala leche’, como yo llamo a uno de los poemarios, es regalar la poesía. Porque ya me cansé de cargar con libros en la maleta. No hay nada más subversivo que decir: lo mío se reparte pero no es comercial. Ahí los editores se mueren. A mí me cuesta treinta dólares poner un libro en internet, lo puede bajar todo el mundo y en estos tiempos la gente puede entrar a las bibliotecas digitales. Como puertorriqueño, y yo lo proclamo a todo tren, es fascinante que me estén leyendo en diferentes partes del mundo. A veces me da gracia porque yo llego a Puerto Rico y se me conoce ahora. Pero hace tiempo se me lee afuera. Tengo contacto en todos lados y eso es muy importante

Primero que todo no creo en la vaina de las generaciones. No hay poetas viejos y poetas jóvenes. Hay poetas. Y yo creo que todos nosotros jamás dejamos de aprender unos de los otros. Yo todavía, cuando escribo y se me queman las pilas, agarro mis poetas y aprendo de nuevo. De manera que no veo el por qué de esta división artificial. A mí me encanta trabajar los nuevos o los que comienzan a formarse porque yo he cometido toda clase de errores en la poesía y sé dónde están en los peligros. El diamante hay que pulirlo para que brille. Tú escribes con inspiración después de estar tres días trabajando en ese poema… ¡Perdón! ¡Nada de tres días, toda la vida! Yo tengo poemas que escribí hace treinta años atrás que cuando los leo nuevamente los cambio. Y yo creo que es lo más importante. La artesanía es el alma del arte.
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Biobibliografía

Alfredo Villanueva Collado (Santurce, Puerto Rico, 1944). Residente en Nueva York. Poeta y cuentista de la diáspora puertorriqueña. B.A, M.A. Universidad de Puerto Rico. Ph.D. Literatura Comparada, SUNY Binghamton, 1974. Catedrático Emérito, Eugenio María de Hostos Community College (CUNY, NY). Miembro de la junta directiva de Latino Artists Round Table (NY). Premio Casa Tomada (NY) de Cuento y Poesía, 2006; mención de cuento, Ateneo Puertorriqueño, 2006. Poemarios: Las transformaciones del vidrio. (Editorial Oasis, 1985); Antología, Pliego de Murmurios (Sabadell, VII-91, 1987); Grimorio. (Coleccion Murmurios 1988); En el imperio de la papa frita. ( Editorial Colmena, l989); La guerrilla fantasma. (Editorial Moria, l989); La voz de la mujer que llevo dentro. (Arcas, l990); Pato salvaje (Arcas, 1991); Entre la inocencia y la manzana. (UPR 1996); La voz de su dueño ( Latino Press, 1999); De antiguo amor. (Taller del Poeta, 2004. PDF Format); Pan errante. Pontevedra. Taller del Poeta, 2005); Mala leche (Taller del Poeta, 2006, Formato PDF). Antologías poéticas: Poesía puertorriqueña, 1984-85 (Mairena, 1986); Poesía Actual, 1988. (Pliegos, 1988); Papiros de Babel: Antología de la poesía puertorriqueña en Nueva York (UPR, 1991); Antología infinita No.1 (1992); Centro Español, 1992); Poesida: An Anthology of AIDS Poetry from the United States, Latin America and Spain (Ollantay 1995); Como ángeles en llamas/Algunas voces Latinoamericanas del siglo XX/Selección (Maribelina, 2004); Poesía puertorriqueña del siglo X: Antología (UPR, 2004); El verbo descerrajado: antología de poemas en solidaridad con los presos políticos de Chile. (Apostrophe, 2005); Cauteloso engaño del sentido (Libros de la luna, 2007) Contacto en: alfavil@aol.com

domingo, febrero 12, 2012

Renuncia

Por: Angelo Negrón ©

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Sirva la presente para informarle que efectivo hoy, 14 de febrero de 1995, someto mi renuncia al cargo que se me impuso y en el cual me he desempeñado por los últimos años. Mi renuncia se debe a que ya estoy cansado de mi labor. Siempre he tenido que actuar en pro de nuestros devotos creyentes y compañeros. Nunca he logrado beneficio alguno para mi persona, además del dinero, tengo otras necesidades pues lo que ustedes llaman espiritualidad es algo que estoy muy lejos de comprender.
Adelantándome al hecho de que se opondrán a mi irrevocable renuncia me he permitido enumerarles algunas otras razones:
1. Debe estar claro que no se trata de mis honorarios. La verdad es que no necesito dinero. Como ustedes saben mi padre me dejó una cuantiosa herencia; gracias a ello puedo retirarme aún joven y pasar el resto de mi vida tranquilo.
2. No he de negar que he titubeado antes de renunciar porque siempre he mantenido buena relación con todos, y aunque no es la razón principal, el agotamiento físico y también el espiritual me tienen obsesionado con un largo descanso.
3. Debo mencionar que la prohibición de ustedes de enamorarme me tiene hasta el copete. Yo también tengo derecho a sentir amor. ¡Lo he sufrido tantas veces!
4. Nuestros fervorosos creyentes desaparecen de mi vista cada vez que les bendigo su relación. Tienden a amarse y yo permanezco aquí teniendo sueños mojados y eyaculaciones incompletas al no tener la carnalidad de una mujer en mi lecho. Me quedo a imaginarme la forma en que se divierten amándose y practicando todo lo que nosotros no podemos por culpa de un estúpido voto de castidad y obediencia.
5. Nunca creí en la castidad. Sólo soporté ante una filosofía platónica que lo que logró fue drenarme y derrumbó mis propias barreras inútiles.
6. No entiendo que les pasa, si el sexo se complementa con el amor y viceversa ¿por qué yo no puedo disfrutar de ambos? 
7. Me enamoré, ya le declaré mi amor y a pesar de que mi físico y mi estatura no son compatibles con ella y acepto que no son las más convenientes, dijo que si, que estaba dispuesta a compartir su vida conmigo.
8. No existe vuelta atrás. Ya la hice mía y saboreé cada centímetro de su piel. Fui suyo y me enseñó el camino a la lujuria. Deposité en su cuerpo toda mi esperanza de días felices y noches ardientes. La abracé contra mi pecho y los latidos de mi corazón fueron sincronizándose con los de ella. El ritmo en que nos amamos sólo es comparable al terremoto y a la calma, al huracán y al viento sutil o al golpe de las olas contra la costa y a la tranquilidad del mar cuando descansa.
9. ¡No entiendo la razón por la que ustedes pretenden que no tengamos experiencias así! ¡Es delicioso! Máxime cuando uno deja que la locura del amor guíe las caricias y no existan prohibiciones que impidan a dos cuerpos entremezclarse y saborearse de forma candente e ilimitada.
10. Ella sufría de soledad como yo, así que es valida nuestra relación. La encontré con las mismas necesidades; físicas y espirituales. ¡Si la vieran desnuda; es despampanante! Pero no la verán, pues ella es sólo mía y me encargaré de hacerla muy feliz.
11. Este día ha sido sensacional y aunque me condenen o muera hoy, no cambiaria mi vida entera por esta mañana en que la conocí en cuerpo y alma. Calmando mi sed, disfrutándomela hasta el rendimiento y renaciendo del cansancio para poseerla como ave fénix con el calor de mil infiernos y con la ternura de mil paraísos.
Por lo tanto si deciden continuar con la plaza no cuenten conmigo para adiestrar a alguien más. ¡Que haga lo que hice yo! Que aprenda solo. Y no se les ocurra pedirme más tiempo pues no lo tengo. Me iré para las Bahamas y luego a donde ella ordene. No mentiré diciendo que los extrañaré así que sin más que agregar, me despido.

Sinceramente:
Cupido
PS: Dejé las pequeñas alas, el arco, las flechas y la estúpida cinta roja con la secretaria de recepción. Deberían entregárselos a San Valentín, después de todo, siempre envidió mi puesto.

¡Ah! Y no se les ocurra insinuar que tuve amoríos en horas laborables o que esta no es la primera vez. Me enamoré apenas esta mañana. Ella fue la enfermera que atendió y curó la profunda herida que yo mismo me provoqué con una de las flechas.

sábado, febrero 11, 2012

En las letras, desde Puerto Rico (Serie En sus propias palabras) Marioantonio Rosa: el placer de la lectura o la poética esencial

por Carlos Esteban Cana


Este poeta regresó de México, lugar donde participó intensamente de la vida cultural, con un compromiso generacional hacia el País. Sentía, según él mismo lo revela, que en ciertos espacios en Puerto Rico la literatura se estaba convirtiendo en una tarde aburrida del viernes en un salón de fiesta. Por eso se dio a la tarea de salir de recintos académicos y de zonas metropolitanas y buscó, entre la diversidad, excelencia en voces creadoras que trascendían el compadrazgo y la norma.
Después ha viajado al escenario donde Lorca fundamentó el motivo de sus versos, y poco a poco, sin necesidad de padrino alguno, ha desarrollado una firme trayectoria como poeta. Libros como Misivas para los tiempos de paz, Tristezas de la erótica o Duelo a la transparencia deben figurar en la biblioteca de todo amante de la buena poesía. Paralelamente, este escritor ha desarrollado un estilo propio como crítico literario, que lo ha llevado a reseñar la obra de los principales creadores de los últimos 20 años. Oficio que le permite, además, comunicar con belleza y pasión lo que implica el ejercicio de la lectura. Mérito asombroso en una comunidad literaria donde muchos quieren ser leídos, pero en la que casi nadie, muy pocos, se dan al placer de leer y escuchar a los demás.
Su libro más amado le ha tomado 15 años para llevarlo a su punto final. El poeta se confiesa muy revisionista, por lo que no descansa hasta que la palabra exprese con exactitud lo que desea comunicar. Así, bajo esa exigencia autoimpuesta, comenzaron a surgir los poemas de este poemario en Kingston, Jamaica. Libro que desde su nacimiento, a mediados de la década del 90, no dejaba de retarlo una y otra vez. Tres lustros después, Kilometro sur llega a manos del lector. Por tal motivo, En las letras, desde Puerto Rico dedica esta edición al poeta, ensayista y crítico literario Mario Antonio Rosa.
Marioantonio Rosa en sus propias palabras

Comienzos
Mi padre siempre me estimuló desde muy niño a leer. Mi papá era ingeniero pero antes fue maestro normal. La práctica de ingeniería la hizo en Cataño en una fábrica de motores aviones. Sin embargo él era un lector, disfrutaba muchísimo la lectura. Muchas de las asignaciones que me daban en el Colegio Nuestra Señora de Lourdes, las hacíamos juntos, especialmente las de historia y estudios sociales. Recuerdo que un día, que me asignaron buscar información sobre Gabriela Mistral, la gran poeta Premio Nobel, papi me ayudó con la enciclopedia y con unas referencias. Gabriela Mistral fue la primera poeta que me llamó la atención. Papi me dijo: “Sería bueno que transcribieras unos de los poemas”. Mi padre, que siempre me estimuló a que tuviera contacto con la lectura y la vida cultural, consiguió el libro que se titula Desolación, y yo transcribí unos cuantos poemas de ese libro. Y puedo decir que desde ese momento comencé a sentir un apego, una cosa instantánea hacia la poesía y la literatura en general.
Papi, que siempre me traía libros, llegó un día con un libro que se titula Romancero gitano de García Lorca. Y ese primer contacto con el Romancero me llevó a escribir poemas. Era poesía que utilizaba todo el tiempo la estructura del romance. Y ya a los 12 ó 13 años estaba haciendo poemas para mí. Siempre fui algo tímido para exponer mi poesía ante lo demás. A lo único que me atreví fue a escribir el poema de la clase graduanda 1984 en la Escuela Superior Rafael Roca de Naguabo. Si no me equivoco a la pieza le titulé Exodo y encomienda. Durante el transcurso, antes de que pasara eso, llegaron muchos autores a mi mesa de lectura. Llegó Neruda, llegó Rilke, llegó Heaney. Comenzó en mí una particular identificación con la poesía europea, la poesía de vanguardia francesa, la moderna, la poesía simbolista. Esos libros los compraba o papi me los traía, y con otros simplemente aprovechaba la hora de almuerzo y los leía en la biblioteca escolar. Esa biblioteca estaba al día gracias a la Profesora Peña y la misma estaba dotada de una buena colección de poesía. Después llegó también Vallejo, el creacionismo de Huidobro y Leopoldo Lugones.
Los que están inmersos en el placer de la poesía tienen una comunicación muy íntima con los libros. No se lee por leer. Hay mucha gente por ahí que lee por leer. Lo ideal es leer y sentir a la vez. Leer y visualizar lo que estás leyendo. Leer y sentir que no eres tú, sino sentirte el propio poeta y ver qué estaba contemplando, por dónde estaba caminando -lo digo en el plano espiritual y lo digo también en el plano terrenal-. ¿Qué estaba viviendo? ¿Cómo sería eso? Es como cuando tú lees el poema que le escribe Federico a Ignacio Sánchez Mejía, La sangre derramada. Tú cierras los ojos y lo puedes sentir. Puedes ver toda esa situación cuando el toro, prácticamente, masacra a Ignacio, lo mata en la cornada. Entonces tú ves todas esas imágenes como en una película. Siempre se da una situación de que tocas el libro y sientes lo que te puede decir. Si no te dice nada no lo debes abandonar, lo pospones hasta que llega el momento que ese autor, ese libro, te pueda decir algo. Yo digo que yo conozco a los autores, por ejemplo, cuando me encontré con el libro La estación violenta, ya yo conocía a Octavio Paz pero lo conocí mejor a través de ese libro. Es como un diálogo, como si nos sentáramos aquí, el autor y yo, y empezáramos hablar me dijera: “Mira, esto es lo que te quiero decir.” Entonces tú lo sientes, te estremeces, y en algunas ocasiones reflexionas sobre varios momentos de tu propia vida.
Yo crecí, como todo adolescente, con unos conflictos muy profundos, pero papi siempre me alentaba y añadía una cosa muy curiosa. Decía que no siguiera a la mayoría. “Tú nunca sigas la mayoría”, me decía. “Tú siempre lucha por ser de los pocos, porque ahí es que vas a encontrar verdaderamente el conocimiento. Hay muchas cosas que la vida misma te va a enseñar, pero si toda una muchedumbre va por un pasillo corriendo, tú no sigas también corriendo por ese lugar. Vete al pasillo donde menos gente halla y verás que siempre te vas a llevar muchas sorpresas.” Y echo de menos eso, echo de menos a ese hombre que era un sabio, y que en alguna época no supe valorarlo. A mami yo la adoro, de ella aprendí la verdadera filosofía del trabajo. Antes de casarse mami trabajó en el restaurante Bonaire que estaba ubicado, si no me equivoco, en la parada 22 en Santurce. Ella supervisaba a los mozos en el turno de noche, que era hasta la madrugada. A ese restaurante, que estuvo muy de moda, iban artistas como Silvia Rexach. Y ahí fue que ella conoció a Papi y después dejó de trabajar. En cuanto a que yo escribiera poesía mami no quería saber nada. Me decía que dejara esas loqueras, que eso era una porquería, por eso cuando papi y yo hablábamos de poesía lo hacíamos en el patio pero no delante de ella. Él me decía: “Si escribes poemas me los enseñas a mí, no se lo enseñes a tu madre.” Incluso una vez papi me dijo: “Haz una cosa, no tires a la basura esos poemas. Guárdalos y un día de estos, más adelante, siéntate y léelos de nuevo, reevalúalos, y entonces trabájalos. Pero nunca renuncies a eso.”
Mi proceso de seguir caminando en la poesía no fue fácil, se hizo muy difícil porque con la primera persona que tuve que luchar, en una época de mi vida, fue conmigo mismo porque no creía en mi trabajo. Quizás por la dinámica que tuve con mami. No sé. Ya yo me estaba identificando con una primera forma de trabajo que era el poema largo, me gustaban los poemas épicos. Trastocaba a Homero, pero te confieso que aún al principio no lo entendía. Aunque lo veía como una cosa tan maravillosa no lo entendía. Coqueteaba un poco con Paraíso perdido de John Milton, que es una de las propuestas más poderosa que se ha hecho en la historia de la poesía universal; del hombre frente a su yo interno, frente a su alma, y el acercamiento al universo en todos los planos. Entonces empecé a entrar en esos mundos de la observación interior, con una rebeldía que buscaba una liberación. Buscaba una identificación con la plenitud de la vida, con la plenitud del amor, con la plenitud de la libertad. Aquí hablamos de democracia y no somos libres. Vete un día y transita las principales avenidas por la tarde, para que veas que la gente está prisionera de su vida. A veces ni la propia familia proporciona un espacio de libertad y de realización. Y tú ves todo eso y notas que el ser humano no es libre. Por eso pienso que el poeta tiene que ser un ser humano completamente libre y los que estén compartiendo su vida tienen que comprender ese modo de vida, saber que esa libertad no se puede tocar. No es la libertad que conocemos de derechos, sino que es la libertad de acá dentro, de la esencia. Tiene que ser así para que uno, como poeta, pueda alcanzar o pueda aspirar a la cercanía de la excelencia.
La continuación del proceso: lo demoledor de la poesía
En el transcurso de mi liberación poética fueron capitales dos personas. Mi hermano Juan Antonio Rodríguez Pagán fue el primero, aparte de papi, que me dijo: “Esto vale.” Tuvimos mucho pulseo, muchos debates intelectuales, porque yo me resistía a publicar y él insistió, insistió hasta que llegó el momento en que me atreví. Por eso le dedico a él y a unos amigos inolvidables Misivas para los tiempos de paz. Pero fue Juan y Francisco Matos Paoli las dos personas que me enseñaron que yo tenía una labor que hacer y que esa labor conllevaba unos principios. No sólo se trataba de escribir sino que asumir la poesía era en su sentido esencial un acto de compartición y no un acto egoísta. Para asumir la poesía había que hacerlo con humildad. Y es así. No se puede ver la poesía como si fuera un juego de baloncesto, a ver quién mete más canastos de tres puntos, quién defiende mejor y quién es el mejor anotador. No. La poesía no es eso. En la poesía no se compite. La poesía es un proceso de compartición y un proceso de discernimiento continuo. Y cuando tú estás en un País como este, con la situación que estamos viviendo, la poesía tiene que ser un testimonio de verdad y un testimonio que permita despertar conciencias. La poesía no es pretender que me rindan pleitesía y que me hagan una estatua. No. La creación se da mediante un proceso colectivo, un proceso que se da entre todos. Por eso no debe existir esa actitud de egos en la que uno piense que el otro le puede opacar, que es un complejo que tienen muchos escritores aquí. Los egos hay que dejarlos a un lado.
En mi proceso creativo he explorado el ensayo y la dramaturgia pero el primer andamio se da con la poesía. Aunque trabaje en otros géneros siempre permanecen los elementos que nutren al poema. Siendo cartesiano por naturaleza, dudo, pienso y existo. Siempre tengo la duda presente en mis creaciones, esa duda de si el poema  cumple realmente con lo que yo quiero comunicar. Si no es muy hermético o soy demasiado denso. Cosas así. Por eso digo que mi proceso siempre es un proceso de observación. Cada día vivo no mirando, sino observando todo lo que me rodea. Las observaciones se hacen desde el corazón y no desde el intelecto, y esas observaciones te empujan a un título, te dicen un título, te nombran un título: yo quiero llamarme esto. Desde ese título, que es lo mismo que decir toda esa observación diaria, van surgiendo temas que adquieren cuerpo y forma. Temas que piden que hagas luz, que le des forma adecuada para comunicar. Incluso ocurre en el momento de escribir la columna en Claridad, en la que siempre trato de tener la frialdad propia y característica de los periodistas, pero como siempre parto de la poesía es inevitable que esa luz que da el verso y la metáfora no sea parte de la historia. No puedo excluir la poesía del reportaje de turno que esté realizando. El proceso poético esta inherentemente relacionado a la capacidad de observación y se logra cuando a la misma vez se vive lo que estás observando. Siempre lo resumo así. Incluso aunque el poema sea negativo, aunque sea de crítica, siempre hay una aceptación y una exposición de espiritualidad. El poeta es un ser espiritual lo quiera o no. Lo niegue o no lo niegue. En el mismo Nerval, en Rubén Darío, en Vallejo, Huidobro o en Nicanor Parra con toda su antipoesía, está el complemento de cierta unidad espiritual. Tengo una definición muy personal sobre lo que es espiritualidad y para mí es, sencillamente, acercarse a una expresión transparente. No necesariamente tiene que ser pura pero sí transparente, una expresión que permita libertad al propio ser y al ser con respecto a lo que le rodea. No hablo de la libertad que predican los proselitistas, ni la espiritualidad que se conoce de las iglesias. Sino de esa libertad que la misma expresión te permite y te hace capaz de hacerte un humano espiritual. Y esa espiritualidad personal de cada poeta no es algo en la que uno esté como flotando ajeno a todo, sino que también se traduce en la búsqueda de la verdad, por eso la denuncia. Y cuando esa expresión se logra de una manera exacta y perfecta, es demoledora. Por eso ciertos sectores rechazan tajantemente, temen y abominan esa verdad. Por eso para ellos la poesía es inaceptable.
Primeros libros
Mi primer libro se titula La soledad despierta, poemario que apenas menciono pero que marca el principio del proceso, cuando salía del caparazón hacia afuera. En ese libro se materializaba la conciencia de que tenía que aceptar mi relación con la escritura. Lo escribí a los 19 ó 20 años y señaló ese destino que teníamos la poesía y yo. Se compuso sin ninguna intención de unidad temática, pero son principalmente poemas de amor, poemas nerudianos completamente. Habita y cohabita el Neruda de Residencia en la tierra, el Neruda de Los sonetos de amor. Bajo el crisol de mi crítica actual, que es como un toro desbocao, yo diría que el poema que cierra y que da título al poemario, sería el único poema que sobreviviría. Incluso he pensado re-escribirlo, pero soy muy cauteloso a la hora de retomar un libro. Sería un proceso hermoso pero, a la vez, es delicado porque si uno le sigue puliendo, puliendo, como dice Miguel Hernández: “¡Dale, dale, ay, hasta la perfección!” podría convertir el libro en algo muy seco, muy estructurado. Por eso estoy alerta para cuando el mismo libro te dice: “¡Déjame!” Y ahí tú tienes que ejercer tu libertad, y decir: “Bueno, está bien, te dejo” Hay que dejarlo ir. Eso es parte del proceso.
Para el primer libro estudiaba humanidades en el Recinto de Humacao, de la Universidad de Puerto Rico. Y también para la época colaboré con Juan en un documental titulado Francisco Matos Paoli: la entrevista esencial. Yo estaba en calidad de libretista y fuimos un sábado a casa de don Paco. Estuvimos desde las diez de la mañana hasta las siete u ocho de la noche, y el impacto fue demasiado, podría nombrarlo como un verdadero acontecimiento en mi vida. A Juan Antonio y a Francisco Matos Paoli les debo mucho.
La amanecida, fue un segundo libro ya de carácter artesanal. Se divide en dos partes, la empírica y la que experimenta con el ars poética. La amanecida es un solo poema en 50 páginas. Versos chiquitos que son como cuenta gotas.  Lo hice bajo Ediciones Cundiamor.
Para esos años había comenzado a leer poemas en público, pero para nada había pensado en publicar de manera formal. Sí me había traslado a finales de los 80’s al Recinto de Rio Piedras y allí me encuentro con poetas como Eric Landrón, el primer Elidio La Torre, jovencito, con sus poemas de Embudo, Angelamaría Dávila. Y, sin embargo, el estar en ese recinto tan enorme, me hacía ser más reservado, aun cuando en Humacao yo había fundado una pequeña revista literaria llamada Aurora. Por eso Juan y don Paco fueron tan importantes en esa época de mi vida. También me inspiraron a seguir adelante los poetas de Guajana, específicamente Vicente Rodríguez Nietzche y Andrés Castro Ríos.
Acuérdate que yo estudié en una época, entre los 80’s y los 90’s, que la poesía era una práctica exclusiva de académicos. Era difícil acercarse a los poetas que ya tenían nombre, y recibir algún estimulo de ellos era casi imposible. Por eso es que muchos de los egresados de la generación del ochenta todavía tienen esa actitud. Y fue esa actitud la que nuestra generación, los que hemos venido después, fuimos rompiendo poco a poco, a marronazos. Esa pared era una pared enorme, y poquito a poco fuimos cambiando la cosa. En aquella época, que alguien que estaba comenzando se les acercara a esos escritores era como decirles malas palabras. Ellos creían, y algunos todavía lo creen, que para ser poeta hay que hacer estudios graduados y conseguir un doctorado. Y algunos de los poetas jóvenes que emergieron después y han logrado un poco de fama también cayeron en esa misma práctica. Por eso siempre tengo presente las palabras de Rosa Montero cuando dice que la fama es la manera más barata del éxito, y yo creo totalmente en eso. También hay otros poetas de los 70’s que son recalcitrantemente indeseables, en el sentido de que uno no se les puedes acercar si antes no te identifican; de no saber quién tú eres te rechazan. Es una mala práctica. El ego no puede nublar una conciencia literaria. O sea, si doy un taller de poesía no es para que me adulen, doy el taller para compartir y brindar el concepto de la poesía, el principio de la poesía. La mejor manera que un poeta tiene para sentirse fiel a sí mismo, sentirse más libre, más pleno, es brindando el conocimiento de libertad que la poesía otorga. Cuando hago un taller literario no lo hago queriendo hacer un club de modelos para pasarelas, y es ahí, en esas “pasarelas” que se adquieren malas actitudes y malas practicas; eso de que quítate tú pa’ ponerme yo, no tiene nada que ver con ser poeta. La competencia no es con nadie sino contigo mismo, con nadie más. Tú haces poesía, yo hago poesía y podemos caminar juntos ese amplio pasillo creativo. Y tú tienes tu estilo y yo tengo mi estilo. Pero pretender que el foco de atención esté todo el tiempo en uno, es algo absurdo. Completamente absurdo.
El poeta en pleno curso: Misivas para los tiempos de paz, Tristezas de la erótica y Duelo a la transparencia
Misivas para los tiempos de paz es integrado por poemas que recorren el estado de soledad del poeta, que es un estado necesario. La soledad como un planteamiento existencial del ser es un tema que yo trabajo desde diferentes aspectos. Hablo de la necesidad que tiene el ser de alcanzar esa verdad necesaria que permite al sujeto complementar muchas cosas que rodean su propia vida. Misivas para los tiempos de paz se ocupa del planteamiento político de 1950, en sus páginas también el lector encuentra la fascinación con los mitos bíblicos como el de Jonás y la ballena. Está el planteamiento del héroe en la Epístola para el Ché Guevara. Está el dilema del amor y está el dilema de enamorarse en la línea de piquete en una huelga obrera. Los poemas de este libro son tipo carta. Originalmente las piezas iban a ser todas contra la guerra, pero otros temas fueron ocupando la piel del libro. Vivencias acerca de lecturas y un re-encuentro con ese embrión cristiano, que estaba antes de la bohemia, antes de todo.
Tristezas de la erótica empieza a escribirse en el 2001, aunque se publica en el 2004. Y cuando la gente me pregunta por la razón del título les digo que la erótica aunque la relacionamos generalmente con el placer, con lo que llaman en inglés el glee, también esta asociada a la consumación de todos los sentidos. Son tristezas porque llega la ruptura con la persona amada, se rompe el cauce, se rompe todo y en esa tristeza se recuerdan esos momentos hermosos. Un libro estructurado, escrito con toda la intención de hacer una unidad temática que se da con naturalidad. Yo me propongo esa unidad temática pero después me olvido de que me la había propuesto. Ese libro recrea esos momentos de felicidad del cuerpo y del espíritu pero ya en un plano de completa soledad. Y en ese plano se recuerdan así, con tristeza. Irremediablemente esa es la emoción que te otorga la soledad para observar esos momentos. Tristezas de la erótica se ocupa de la relación que tuve con la que fue mi esposa.
Duelo a la transparencia es una búsqueda de una autenticidad de la palabra. Lo comencé a escribir en Guadalajara en 1997 y lo termino en Puerto Rico. Hasta cierto punto dialoga con el libro anterior. Es una continuación de lo que pasa después. En ese poemario intento retomar unos símbolos que había abandonado. Quería acercarme, a como diera lugar, a una expresión pura. Y tengo que reconocer que aunque en ocasiones esa ambición extrema pueda ser mala es también de deliciosa. Los temas del alma y el ser, el ser humano ante la vida, la soledad y la muerte, habitan las páginas.
Una anécdota curiosa con ese libro fue que tuvo dos portadas. La primera contenía una obra de una artista reconocida, que la editorial había asignado a mi libro sin problema alguno, pero hubo que retirarla porque la artista en cuestión protestó: era ella y no la editorial quien seleccionaba los autores que recibirían su obra. Finalmente se realizó una segunda portada con la obra del pintor dominicano Ezequiel Taveras.
El proceso creativo en el poeta o ese lugar fuera de la coordenada terrenal
La poesía en momentos se me da por las tardes. Hay otros momentos en que la plena luz del día me incita a escribir. Tanto Misivas como Tristezas de la erótica, son hijos del medio día y del crepúsculo. Misivas se daba siempre de medio día hasta por la tarde o la noche. Podía estar más de cinco o seis horas escribiendo, por segmentos o fragmentos. Sucede que un fragmento puede estar descansando una semana, dos semanas, o puede que lo siga al otro día. Me la paso haciendo observaciones durante el día y en otros momentos quedo en una especie de mutismo, callado, como si me fuera de la coordenada terrenal. Una cosa como que te hala hacia adentro, pero que cuando estás así vas viendo los versos escritos. Casi siempre hay silencio cuando trabajo la poesía, y también la trabajo con boleros o música clásica. Uno se transporta hacia un mundo interior, y me ocurre cuando estoy solo y también cuando estoy entre la gente. Así me pasa cuando escribo las columnas.
Estoy leyendo a Sylvia Plath. Me encanta. Murió muy joven, en el 1963. A veces estoy leyendo tres libros a la vez. Confieso que todo el tiempo leo poesía. Sí leo prosa, pero soy más selectivo. Por ejemplo, recientemente estaba leyendo un libro de Rosa Montero que se titula La loca de la casa que habla de la situación del escritor hoy. Habla de lo que es la literatura, de las traiciones que esta sociedad puede hacerle a un escritor.
El escritor, el verdadero escritor, volvemos, es un ser espiritual, aunque lo niegue. La moda en los tiempos que nos ha tocado vivir es de escribir y vender. Pero el verdadero escritor siempre tiene que buscar en cada obra que escribe, la navegación de su propia espiritualidad. No lo vacuo o pueril. Incluso es evidente hasta en los casos de aquellos escritores más renegados. La sensibilidad nutre la lectura, la lectura nutre la sensibilidad, la misma lectura incita al ser a la búsqueda. El escritor es una esponja y recibe del mundo exterior visiones que el hombre y la mujer cotidiana no pueden ver. El verdadero creador tiene el gran problema de que es doble y hasta triplemente más sensible que ese otro ser humano que es normal, que se dedica a comprar autos nuevos,  de llevar al detalle las cuentas bancarias, y que cada año termina en Disney con la familia. El escritor tiene el problema de que no puede limitarse a eso. Aunque tenga que sobrevivir haciendo todo tipo de trabajos, jamás podrá instalarse de forma completa. Incluso hasta en la rutina de dar clases se da la abstracción de lo cotidiano; se transporta uno y los estudiantes a otro mundo, a otro estadio, a otra dimensión tan terrenal y tan válida como la del hombre o la mujer que tiene otro oficio.
Siempre supe y me sentí identificado con la reseña crítica, pero no la reseña que enfatiza el elemento que solamente se ocupa de decir qué es feo y que es liviano en una propuesta literaria. Yo, sin embargo, busco una manera de develar al sujeto que está implicado en la propuesta creativa. Busco otras cosas a la hora de acercarme al género. La misión en las columnas es buscar lo que está detrás de esa obra y siempre hay algo que ese poeta, ese narrador o ese dramaturgo dice, comunica, revela con novedad, aunque estemos hablando de temas eternos y transitados en la literatura. No me voy por las vías tradicionales de la crítica. En cambio, trato de sintonizar con lo que expone el artista, y me doy a la tarea de hacer esa búsqueda del sujeto artístico en su propia obra.
Hacer crítica y análisis de una obra casi me susurra al oído cuál será el próximo paso que ese escritor dará en el futuro, y eso es algo maravilloso.


***
Visita Sur para caminantes de Marioantonio Rosa es una palabra en búsqueda, una propuesta poética que desea escucharse en la verdadera poesía, vive de la imagen, y como en una carretera al sur, espera siempre el milagro de la palabra...

Marioantonio Rosa nació en San Juan, Puerto Rico (1965) Ha publicado Misivas para los tiempos de Paz (1997), Editorial Isla Negra, Tristezas de la Erótica (Editorial Isla Negra 2004), Duelo a la Transparencia (Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña 2006). En preparación se encuentran Kilómetro Sur, La Tierra de Mañana, y el libro de cuentos Disparando al Perro Sideral. Ha sido publicado en diversas antologías de poesía siendo la más reciente Poetas del Mundo, Voces para la Educación, del Sindicato de Maestros del Estado de México junto a Ernesto Cardenal y Raúl Zurita (2007). Graduado de Pedagogía en la Universidad de Puerto Rico y maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guadalajara, Jalisco, México. Poeta, crítico literario, periodista cultural. Sus artículos y poemas han sido publicados en varias revistas en las que se destacan Luvina de la Universidad de Guadalajara, Tierra Baldía, Universidad Nacional Autónoma de México, Exégesis Universidad de Puerto Rico. Dirige el suplemento LIBROS, del semanario puertorriqueño Claridad en donde es columnista desde el 2002.

Concierto para Leah con la autora Maira Landa

Pulsa sobre la imagen para apreciar mejor

Revista Guajana y su Recital de Poesía

lunes, febrero 06, 2012

LA LLAMARADA


Estrena LA LLAMARADA

EL ATENEO LLEVA A ESCENA LA OBRA CUMBRE DEL

MAESTRO ENRIQUE LAGUERRE


El Ateneo Puertorriqueño y su Conservatorio de Arte Dramático inauguran el XXXV Festival de Teatro de la Casa de la Patria, con el estreno de la obra cumbre del Maestro Enrique Laguerre, La Llamarada, este próximo 10 de febrero de 2012 en el Teatro del Ateneo Puertorriqueño.

Como una necesaria aportación a la divulgación de la inmensa obra de los Maestros Escritores de nuestra identidad literaria, el Conservatorio de Arte Dramático y el Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño escenifican la adaptación de la novela La Llamarada, compuesta en los primeros años de la década del 30 del pasado siglo, en una versión teatral del dramaturgo puertorriqueño Roberto Ramos-Perea, autorizada y celebrada por el propio Laguerre y en este montaje, con la autorización exclusiva de la hija del Maestro, la Prof. Beatriz Laguerre.

La historia de Juan Antonio Borrás, -jefe de la Hacienda Santa Rosa que nutre de caña a la Central dominada por la Sugar Cane Co.-, se desenvuelve entre sus amores, sus miedos, sus furias, pero sobre todo en la intensa contradicción de valores y principios que le despierta el naciente socialismo puertorriqueño.

Borrás se enfrentará al joven socialista Segundo Marte, quien para conseguir la justicia para los obreros, confrontará dos complejas visiones del mundo: la igualdad que propone el socialismo, contra la explotación del capitalismo norteamericano.

El afogorante mundo del cañaveral puertorriqueño, con sus injusticias, su mal pago, su abuso de autoridad, se desenvuelve cruel y asesino entre personajes que representan las más nobles aspiraciones del puertorriqueño. El montaje de esta obra, que carece totalmente de elementos espectaculares, descansa sobre su maravillosa anécdota para reproducir dramáticamente –en un escenario totalmente vacío–, la vida de los cortadores de caña, sus costumbres, sus pasiones y sus anhelos. De esta forma, la obra cumbre de la novelística nacional, se convierte en el drama no solo de una historia pasada, sino de un presente de opresión vivo y latiendo.

Cuando aún en Puerto Rico existe crasa ignorancia sobre quién es el Maestro Enrique Laguerre para nuestra cultura, La Llamarada de la justicia social regresa para recordar que Laguerre, no fue “un productor de telenovelas”, sino la más alta manifestación de la excelencia de nuestra novelística en todo nuestro Siglo XX. Su obra representa como ninguna, el devenir trágico de un pueblo en el camino de su afirmación nacional, y en la perpetua lucha por la igualdad social.

Bajo la dirección de Roberto Ramos-Perea, la interpretación de estos atormentados personajes estará a cargo de los primeros actores de la Compañía Nacional de Teatro del Ateneo, Edgar Quiles Ferrer como Don Polo y Ricardo de Santiago como Juan Antonio Borrás; secundados por Jesús Aguad como Segundo Marte, y apoyados por el trabajo de Javier Rivera Pastrana, Andrés López Sierra, Evelyn Monzón, Ileana Conde, Israel Solla, Arelys Rosado, Karlamaría Torres, Keyla Jaret, Félix Castillo, Nicole Fernández, Heri Quiles, Alfonso Román, entre una docena de actores laborantes del Conservatorio de Arte Dramático.

La Dirección Técnica de la obra está a cargo del Arq. Ángel Casto Pérez y el vestuario de Gina Figueroa. Iluminación de Verónica Rubio y Sonido de Julián Ramos Trabal.

La obra estará en cartelera en nueve funciones para el público general, desde el viernes 10, hasta el domingo 26 de febrero de 2012, en funciones viernes y sábados a las 8:30 y los domingos a las 4:30 pm.

No se hacen reservaciones. Para mayor información puede llamar al Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño al 787-977-2307. O por facebook: Ateneo Puertorriqueño, Archivo Nacional de Teatro y Cine.


Prof. Roberto Ramos-Perea
Director General del Archivo
Nacional de Teatro y Cine
Rector del Conservatorio de Arte Dramático
Ateneo Puertorriqueño
POBOX 9021180
San Juan de Puerto Rico 00902-1180
ramosperea@gmail.com

sábado, febrero 04, 2012

En las letras, desde Puerto Rico: Un verso creando lo creado: La poesía necesaria de Magaly Quiñones (Segunda parte)

por Carlos Esteban Cana



De colores y versos
Ahora que el sol desgrana su alimento
y la tarde se escapa,
háblame en verde, amor,
desnúdate y florece en cada hoja,
cuéntale nuestro amor a la montaña. 
Ahora, que el sol desangra
por los acantilados de mi cuerpo,
por los jardines de mi entraña,
bésame en verde, amor, -verde espesura-,
recógeme en la umbela de tu pecho
y enlaza mi cintura con tus lianas. 
¡Suéñame verdiflor, sé tú mi verdiagua! .
Piénsame verdiamor,
borda renuevos y despierta al jilguero
que aprisiona tus sueños en mi almohada. 
¡Y, háblame en verde, amor,
háblame en verde!.
Los desiertos se esparcen,
los cielos se desgajan,
las aves se refugian en las ramas….
Sobre el lomo escamoso del lagarto,
bajo la luna trajeada de plata,
alárgate en mi flor,
¡que no haya invierno, amor,
que no haya invierno!
¡Enciéndeme de amor! 
Ahora que el sol desgrana,
y estoy aquí, a tu lado,
prendida, florecida, acurrucada,
¡trae colores y versos a mi alma!.

Desconozco si el poema que inicia esta segunda parte de En las letras, desde Puerto Rico, dedicada a la trayectoria de Magaly Quiñones, será incluido en su nuevo poemario titulado Cuerpo a Cuerpo. Según tengo entendido ese libro está conformado por poemas breves, algunos de los cuales se acercan a la forma del haiku. Y es que la poeta se sigue acercando, quizás con más intensidad, a la brevedad y a la concisión. Por eso sería bueno preguntarle si De colores y versos, que no va necesariamente en esa línea, será el primer peldaño para otro libro.
En esta segunda parte Magaly nos explica sin rodeos las columnas que estructuran su poética. En un periodo de 20 años, a partir de 1989, Quiñones ha publicado cuatro libros: Razón de lucha, razón de amor (1989), Sueños de papel (1996), Patio de fondo (2004) y Poemas de pasión y libertad (2008). Como la primera parte, antes de entrar en cada título hemos incluido una pieza del libro que nos ocupa en ese momento. También hacemos un espacio para dialogar con la poeta sobre la escritura para niños. Tres libros ha dedicado Magaly para los más pequeños: Mi mundo: palabras de niños (2004), Poemas para los pequeños (2006) y Quiero una noche azul (2007). Quiñones además adelanta algo de sus proyectos futuros.
Aún cuando su último libro, Poemas de pasión y libertad, ha tenido una circulación limitada,  refiriéndose al mismo, el crítico Ángel Aguirre ha expresado: “Cada nueva lectura de este rico poemario revela grandes aciertos y deslumbra con insólitas sorpresas en ese mundo sentimental. Magaly Quiñones, indudablemente, ha entrado plenamente en su mejor etapa creadora; madura y selectiva en el manejo de la palabra desnuda y definitiva.” Yo, que he tenido la oportunidad de leer cada uno de los libros de Quiñones, concurro con la opinión de Aguirre.
La poeta continúa incansable, sin que mine su constancia un ambiente que quita aliento a quienes, contra viento y marea, sacan sus libros. Ya sea porque los que tienen que pagar no pagan, por la vagancia de quienes no quieren y deberían trabajar de forma efectiva el mercado del libro. Y la poca iniciativa que genera la burrocracia institucional, que ciegos, ya sea para favorecer a unos o excluir a otros, no hacen su trabajo. Pero todo lo anterior no hace mella en la escritora. Magaly cocina lentamente seis nuevos libros (tres para niños y tres para adultos) con la certeza de que serán publicados antes de que concluya esta década, década en la que su primer libro, Entre mi voz y el tiempo, cumplirá 50 años de haberse publicado. Si yo fuera el director de alguna flamante editorial no demoraría en publicar una antología de su obra, que incluyera además un CD para escuchar las piezas en la propia voz de la poeta. Me atrevo asegurar que apenas he escuchado a dos o tres poetas del patio que logran comunicar sus creaciones como ella lo hace.
La trayectoria de Magaly Quiñones ha sido una de las más vigorosas en el panorama de las letras caribeñas. Ha ejercido con pasión y libertad la poesía, con todo lo que implica asumir la creación; no como algo para enaltecer egos, sino como un servicio, como un medio para comunicarse de forma horizontal y vertical con los demás, como un verdadero modo de vida. Hoy, en estas coordenadas espaciales y temporales, pocos escritores lo hacen.
Por lo pronto, no digo más. Sigamos escuchando a la poeta en Un verso creando lo creado: la poesía necesaria de Magaly Quiñones.
 Imagen, palabras, belleza y espíritu, el proceso creativo    
La imagen lo que trae es la belleza. Yo oí decir a alguien una vez que no entendía por qué los poetas se alejaban de lo feo, y yo creo que hay formas de decir y hay formas de decir; no es que el poeta se apegue a lo feo. La persona en cuestión abogaba por lo contrario: había que apegarse a lo feo, a lo desnudo y a lo grotesco si se quería sacudir a la gente para que despierte. Yo pienso que eso se puede hacer sin llegar a ser soez, ni llegar a hacer algo que disguste. Por mi ojo de artista sigo la belleza. Tanto lo veo en la literatura como lo veo en la pintura y lo veo en la naturaleza. Hablar de cómo aspirar a la belleza es una cosa maravillosa que se debe hacer, que es edificante para el espíritu. Hablar de la belleza y la imagen hace crecer al ser humano. El escritor no planifica atrapar la belleza de una forma concentrada. El escritor sigue escribiendo y ya, al final, cuando ha terminado, es que cae en cuenta de lo que dice. La mayor parte de las veces no estamos conscientes de lo que dijimos al principio. Claro, yo siempre vuelvo sobre mi obra, la escudriño y la vuelvo a editar.

Todo escritor responsable debe hacerlo porque a veces el sentimiento no sale como debe salir. En ocasiones, sale interrumpido e inconcluso. Los versos que deben estar al final salen al principio, y a eso hay que darle la vuelta para que caiga y cuadre, para que sea posible la comunicación. ¿Para qué vas a escribir una cosa que no se entienda y que cuando alguien lo lea se quede igual? No. Una de las funciones básicas de la literatura es comunicar y la otra es cantarle a la belleza, expresar la belleza y todos los valores altos del espíritu. Lo que edifica al ser humano. ¿Para qué voy a hablar de cosas que lo que hacen es fastidiarte la cabeza? Cosas que no te dan nada, que no te abren puertas ni ventanas, que no integran nada positivo. Dejar al lector en la oscuridad, en el disgusto o en el lamento, sin buscar otras alternativas, no es lo mío. Yo creo que la imagen en mi poesía ha sido bien importante, pero la imagen siempre va a la par con el mensaje. Yo no sacrifico el mensaje por ser purista ni con el idioma ni con la imagen.
Desde bien jovencita soy caculo de museo. Cada vez que viajo, voy a dos sitios sin fallar: al zoológico y al museo. Al zoológico porque me gustan los animales y la naturaleza. Me gusta ver la vida primigenia en su estado más puro, y la pintura porque me fascina. Yo no tengo mucho tiempo para pintar. He ilustrado dos de mis libros pero, en realidad, me considero escritora más que pintora. Empecé a pintar muy tarde y a instancias de una profesora. Aunque, eso sí, siempre he realizado mi dibujito cuando escribo. Yo tengo cuadernos, desde los diez años, en los que escribía cartas, poesías; mis impresiones del momento y de las clases, todo lo que me pasaba en el día, y en esas páginas hay dibujos. Muchos nacieron a la par con los poemas.
***
Para grabar tu nombre
Para que yo me cure
el indio que hay en mí baila su danza
quemando la memoria de tus días
frente a la gigantesca fogata. 
Y para que yo suba sin resbalar
sobre el despeñadero de mis ansias,
el negro que en mí vive
mezcla yerbas y savias en prietas calabazas
y me obliga a beber tu sudor y tu sangre
en feroz exorcismo.
 Y para que yo olvide
el dolor que tu piel dejó en mi piel,
la moral religiosa del colono español que vive en mí,
obedeciendo al dogma desata
la frialdad en mi mano, la firmeza en mis ojos,
mudez en mi palabra. 
La última vez que me atreví a salir a enfrentar a mi dolor
las tres razas me dieron de comer
pero no pude contener las lágrimas.
La última vez que quise anochecerte el alma,
vi al sol que se escondía tras mis versos
para grabar tu nombre. 
Razón de lucha, razón de amor (1989)
Con Razón de lucha, razón de amor recuerdo como hoy, el día que yo recibí una carta  de California, pidiéndome 375 copias de ese libro. ¡Me estaban leyendo en la escuela superior de allá! ¿Cómo llegó Razón de lucha, razón de amor a California? Para mí sigue siendo un misterio.
Ha sido un libro que me ha dado grandes satisfacciones. Cuando yo recito incluyo mucho de su poesía. Creo que fue a finales de los 90’s que tuve una lectura en la Biblioteca del Congreso, allá en Washington. Y el público era de siete Estados distintos, un público masivo que recibió la poesía de Razón de lucha… con un entusiasmo que me dejó maravillada. La experiencia me fascinó. 
Mairena-Julia-don Manuel

Mairena me ayudó en la distribución, pero yo era la responsable de los costos de los libros. Ese gran español-puertorriqueño que se llama Manuel de la Puebla hizo por la literatura puertorriqueña mucho más de lo que algunos de los nuestros han hecho. Don Manuel siempre ha estado muy pendiente a mi obra. Siempre me alentó y ayudó. Yo también fui parte de la Junta Editorial de su revista. Primero en Mairena y después en Julia. Le ayudé en la corrección de pruebas, le daba ideas y él me consultaba mucho. Él me ayudó en la distribución de algunos libros. Es un hombre con una infinita dedicación y amor a la literatura, así como a nuestra patria.
***
Me quedo lela

Esta tarde sin sol me has preguntado
de qué lado se estrena el corazón
cuando amor nace y nos sentimos viejos.
Ahora que caminamos
por las calles obscenas de New York,
que recortamos sueños y poemas
desde Strawberry Fields hasta West Village,
apurando, a lo Lennon,
la música del alma sobre el cuerpo,
se te nubla la voz y aún me preguntas…
 Te podría decir que todo importa.
Que tú y yo, como todos, en la medida justa,
conformamos la inmensa postal de rascacielos.
Podría hasta jurar que amar, libar, besar
son ejercicios sin edad ni tiempo.
Pero, me quedo lela,
meditando en la hondura de tus ojos.
Me quedo lela ansiando, sopesando
lo que cuesta soltar nudos y velas
en medio de una historia de hundimientos.
Esta tarde sin sol en que preguntas,
rimando el fuego de tu corazón,
con qué mano se enciende el universo,
no hallo respuestas en mi corazón,
a lo sumo unos versos, estos versos…
 Sueños de papel (1996)
Para Sueños de papel yo andaba buscando dinero para publicar, y andaba buscando una editorial y no la encontraba. Finalmente, para esa misma época, de la Editorial de la Universidad se comunicaron y me preguntaron si tenía algún manuscrito, porque ellos consideraban que mi obra estaba afianzada; que tenía una obra fuerte en Puerto Rico. Ellos querían desarrollar esa serie que titularon Aquí y Ahora. Les dije: “¡Claro que sí! Aquí está durmiendo en la gaveta.”
Cuando llevé Sueños de papel lo encontraron demasiado largo porque ese libro tiene alrededor de 200 poemas. Entonces me dijeron: “Pero la serie va a ser bien pequeñita. ¿A usted no le molesta que sigan los poemas sucesivos en la misma página? ¿Que se termine uno y comience otro?” Con lo que me indicaron yo pensaba que el libro no se iba a ver tan bonito, pero la otra alternativa que me estaban dando era que lo cortara. Y les dije: “No. No lo corto. Publíquenlo así”.
Un libro no es un montón de poemas juntos. Un libro como Sueños de papel tiene unidad, tiene un hilo interno, una intención detrás. Todo está configurado. Y no cedí. “Póngalo corridito si quieren, –añadí- siempre y cuando, entre uno y otro poema, aparezcan los títulos.” Así lo hicieron y salió completo en esa cosa tan pequeñita en que lo metieron. Ese vestido tan pequeño. No sé cómo lo lograron pero ahí está.
Sueños de papel, dicen algunos críticos -y después que hablan uno se pone a pensar- que es un libro de afirmaciones. Y estoy de acuerdo con ellos. Sueños de papel es un libro que afirma. Me afirma a mí como puertorriqueña. Me afirma como poeta antillana, me afirma como caribeña. Es un libro que habla de la reivindicación de la mujer. Escrito en tono de mujer y tiene mucha fuerza. Afirma mi compromiso con la patria. Todo lo que yo he venido cocinando desde un principio, que se da en ese libro con afirmación, ya está solidificado. Ya estoy plantada. Los poemas hablan de que esto es así, así y así.
Y como te dije, es un libro enorme. Se hizo cinco años antes de que se publicara. Salió en el 1996 pero ya desde el 90 ó 91 ese libro empezó a crecer, a crecer y a crecer. Y creció tanto que yo andaba tocando puertas. Es uno de mis libros favoritos. De Sueños de papel se han hecho traducciones, y en Estados Unidos hubo personas que hicieron tesis ocupándose del libro.
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Sismo –en miniatura-
Hurtándole al jardín unas flores de maga
y una que otra canaria amarilla, he provocado,
con una sola, torpe, inocente pisada,
un terremoto inmenso que enloqueció,
dejándolas sin techo, ni miga ni sustento
a millones de hormigas.
 Patio de fondo (2004)
Son muchas las cosas que podría decir sobre Patio de fondo. Es un libro denso, toda vez que lo tomo en mis manos y lo releo me sorprende como si fuera nuevo o desconocido. Tiene infinidad de rincones donde me escondo, me desdoblo o me acomodo. Es fruto de un proceso de mirarme por dentro,-introspección y flujo de conciencia- de escudriñar las peculiaridades de mi yo poeta.
En este poemario me acerco a lo que significa la naturaleza de las palabras. Me ocupo de analizar cómo surge en mí el proceso de creación. Cuáles son las dificultades y peripecias de mi oficio. Es una vía fértil para ubicarme y reafirmarme en mi entorno caribeño. También abarca anécdotas que sustraigo al recuerdo y meditaciones sobre temas que me preocupan o me asombran. 
Hay un verso breve que se ha repetido una y otra vez en mis visitas a las escuelas, o en foros de intelectuales amantes de la poesía. Sismo -en miniatura-  da la voz de alerta sobre la indolencia del hombre moderno, pero que también deja entrever una cualidad que se ha ido adueñando de mi yo, a medida que he ido creciendo y madurando. Como Tomás de Aquino me conduelo, me conmisero de los seres pequeños, frágiles, débiles, o en desventaja en este mundo que se torna cada día más feroz e inhumano. Esa es una de las razones, entre muchas otras, por la cual escribo para los niños. 
En este poemario, como en casi todos los que he escrito, se mezclan una vez más la vía amorosa y la corriente social. Creo que el título es acertado porque describe, en parte, el cuerpo del libro -Ese patio de fondo que es mi vida...—  
Poesía para niños
Carlos Esteban, mi poesía para los niños comenzó no como un ejercicio en lo abstracto sino como una vivencia muy cercana. Fue mi sobrino Joshua quien, apenas teniendo 6 o 7 años, me pidió que le escribiera un poema sobre una experiencia que vivió junto a mí cuando lo llevé a la playa y le mostré lo que era una puesta de sol. Se impresionó con la belleza del fenómeno natural que sucede a diario, pero que sólo un niño o un artista, en ocasiones, puede verdaderamente apreciar. El niño era huérfano y tuvo una niñez muy difícil así que decidí ampararlo integrándolo a algunas de las actividades, para mí rutinarias: ir al teatro a ver una obra, escuchar un concierto, ir al museo o a una galería de arte a ver y apreciar las pinturas, ir a la playa, al parque, al Yunque a observar la naturaleza...  El poema solicitado se titula El Sol, el Niño y el Mar y dio pie al nacimiento de mi primer libro para niños: Mi mundo. Así, mirando en el espejo de Joshua, redescubrí el mundo desde otra perspectiva, la de la niñez. Me convertí no en su tía abuela sino en su amiga, compañera de juegos, de deportes, de aventuras, de asombros diarios.
Cuando escribo para los niños no lo hago desde mi adultez, miro como ellos, me cuestiono los misterios como sólo ellos se los cuestionan, y me acerco a mi adultez cuando surge una pregunta que les puedo contestar como lo haría una hermanita mayor. Eso sí, los temas que abordo son los temas que me interesan que ellos evalúen: la ecología; el deterioro del planeta por descuido del hombre; la deshumanización e insensibilidad ante la fauna; la flora; la niñez misma; la sobrevaloración de los bienes materiales. Y, por supuesto, el aprecio por la belleza, los valores anímicos que son los que verdaderamente perduran. Estoy consciente de que de los niños, futuros hombres y mujeres, depende la salud y el progreso de nuestro mundo. Y les hablo en su idioma para que me entiendan.
Al visitar las escuelas me percato de que no sólo me entienden sino que comparten conmigo mis inquietudes. Al publicar Mi mundo decidí hacerlo en forma bilingüe. Traduje los poemas al inglés porque ya intuía que, en algún momento, Joshua sería adoptado e iría a vivir a los Estados Unidos, y así fue. Ya tiene 16 años y reside en un hogar de adopción en el estado de Florida. El libro ayudó a levantar su auto-estima y eso me hace sentir enormemente satisfecha porque hay muchos Joshuas en el mundo abocados al desamparo.
Al presente tengo tres libros para niños inéditos, uno para pequeñines, otro para preadolescentes y uno que trae música (un CD) que será exclusivamente para niñas. Como sabes, es muy difícil publicar en Puerto Rico y aunque mi poesía infantil ha recibido una aceptación verdaderamente significativa, aún ando buscando quien los auspicie.      
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Tengo un mal

Tengo un mal incurable que crece y me devora,
se hace insaciable según pasa el día,
trae aguijón y luce como una araña boba;
es un mal en poesía. 
Porque no cese, por mantenerlo siempre
aquí, a mi lado,
voy a hacer un embrujo.
Pondré, con luz de luna,
en un coco, añejados,
tres onzas de ron blanco y ambrosía,
para curarte la melancolía,
para que no te duela tu pasado.
 Traeré un espejo en flor y en el tejado
que separa tu casa de la mía,
sembraré salvia, menta, lenguas de cundeamor,
algodón blanco y un manojo de sol
que aclare el día.
Y para resguardar tus alegrías,
para que no te asalte el mal del llanto,
en el caracol de tu mano
pondré frescura, ruda y yerbabuena
y al pie de tu ventana, en la mañana,
dos varas de olorosas azucenas.

Tengo un mal incurable
que me provoca espasmos y temblores,
que no respeta credos ni colores,
cargado de adjetivos, sinalefas y hemistiquios
traidores,
es un mal en poesía.

Para fortuna mía
hoy tengo mal de amores. 
Poemas de pasión y libertad (2008)
Y hablando de Poemas de pasión y libertad puedo decirte que aunque pasé mil trabajos para publicarlo no me arrepiento de haberlo hecho. Lo ofrecí a alguna que otra editorial, sin respuesta alguna, o insinuaciones de que -la poesía no se vende- y terminé por publicarlo por mi cuenta, utilizando mis ahorros. La tipografía se hizo en Florida y la encuadernación en P.R. Pero al tratar de ubicarlo en las librerías del patio pues o no me pagan mi por ciento o no me lo aceptan, como me pasó con Borders, porque diz que no tenía mi nombre en el lomo y no era “anaquelable”. Luego me enteré de que eso no es obstáculo para los Borders en los EE.UU. Pero, en fin, traté de venderlo vía internet y sí obtuve algunas respuestas. Pero era muy cuesta arriba enviarlo por correo, luego de recibir el pago y, a decir verdad, no recuperaba los gastos ni compensaba el esfuerzo de empacar y enviar.
En cuanto al contenido, muchos de los poemas me han traído grandes satisfacciones aún antes de ingresar al libro. El titulado Posibilidades lo leí frente a un público joven y muchos de los asistentes me lo pidieron para enviarlos a sus novios o parejas. Atada a los caprichos me lo pidió una colega en Canadá para traducirlo al francés e hizo un trabajo excelente. La apuesta me trae lindos recuerdos de un viaje que hice en tren a las cercanías en España, donde escuché a un niño hablando con su abuela en el tono de que -Abuela, a que no, abuela a que sí... Y de ahí nació la chispa que dio pie a su cuerpo. El de Boleros y tragos me trae gratos recuerdos de mi pre-adolescencia en Puerto Nuevo, ya que me crié en esa zona, muy cerca de donde vivían Felipe Rodríguez y Marta Romero. El titulado El primer día me fue solicitado en un pueblecito en Valencia, España, para publicarlo en un boletín literario que circulaba a mano por el pueblo.
Entiendo que el libro es altamente erótico en su sección amorosa y que la crítica social no se escapa como en el poema Exilio y Clases, entre otros. Yo te diría que Poemas de pasión y libertad es mi libro favorito.  
Nuevos libros
Y hablando de nuevos libros destinados al lector adulto, tengo en preparación tres. Uno es el de Recuentos de viajes (en prosa, por supuesto). El otro es un poemario bilingüe--(recopilación de todos los poemas que a lo largo del tiempo se han ido traduciendo al inglés). En cuanto a la antología tengo una idea bastante clara de lo que debe ser incluido, pero el problema de la publicación en el país me tiene desanimada. La EDUPR y la del ICP están casi inoperantes y mis ahorros no aguantan el empuje de seis libros nuevos. No sé qué pasará con estos proyectos en ciernes, pero, quién sabe, a lo mejor viene un golpe de suerte y logro que alguno de ellos vea la luz.
La palabra es el germen

Ya no soy
sino un tallo de energía
suspendido en un cráneo. 
Una casa en la sombra,
una vieja memoria que se inventa.
En el monte de Dios que habita el hombre
mi alma es piedra y grano que se crece
como espiga de sol entre mis manos.
La palabra es el germen
y en medio de la noche, en cuclillas,
va dando forma a la matriz del Templo.
Ya no soy
sino un verso
creando lo creado.