sábado, septiembre 03, 2011

En las letras, desde Puerto Rico: invitación a la nueva temporada

por Carlos Esteban Cana


Hay personas y medios que no le dan verdadero valor al periodismo que se ocupa del panorama creativo de un país. Sin embargo, estoy seguro que ejercer el oficio de periodista cultural, por mi parte, ha sido la mejor inversión que he realizado en mi vida. De una u otra forma el creador, el narrador, el poeta, el lector que intento ser ha sido fortalecido con las múltiples conversaciones que he tenido a lo largo de los años con cuentistas y novelistas, con poetas o ensayistas, humanistas o académicos, editores o libreros. Ya fuera desde las sencillas ediciones de Senderos en 1988 (¡Gracias por la oportunidad, Angelo!) en Cataño, en Taller Literario durante los 90’s, en la Oficina de Revistas del Instituto de Cultura Puertorriqueña después, como invitado a El Sótano 00931, en las páginas de Diálogo y otras publicaciones, impresas y cibernéticas, que esporádicamente reproducen mis colaboraciones, he sentido el placer de colaborar con la crónica cotidiana que ilustra el universo amplio y diverso de las letras en Puerto Rico.

Asalariado o no, agradecido de la remuneración cuando la hubo o desde esta vocación que no se mueve por el lucro. Incluso cuando fui parte del proyecto San Juan en Comunidad, precedente de lo que hoy es ese valioso medio que conocemos como Prensa Comunitaria. Tampoco puedo pasar por alto los años que pasé detrás de los controles de canales televisivos especializados en oferta cultural. Por lo antes mencionado puedo asegurar que nada era ripio, nada era pérdida de tiempo o conformismo ante las circunstancias imperantes. En algún lugar leí, creo que de Roger Chartier, que la inversión que hace un sujeto cuando se acerca e interesa en la cultura es difícil de ver y de palpar, pero está ahí, más allá de lo que a simple vista se observa.

El radio de acción del periodista cultural es amplio y vasto, por eso las entrevistas, por eso las reseñas, por eso el análisis, por eso el deseo de darle voz a los que aún teniendo una propuesta de valía se les excluye con pretextos cargados de prejuicios o por otros accidentes ajenos a la obra. Afortunadamente, desde la periferia y la distancia, incluso desde el margen, uno ve mejor. Por otro lado (y esto le ocurre a muchos y muchas colegas  de cuyos nombres no quiero acordarme) es difícil servir cuando uno se cree el centro permanente alrededor de cual giran todos los demás. Creo, eso sí, en la mesa redonda, amplia, en la polifonía de voces que devela el perfil macro con cada uno de sus matices. El periodismo cultural que intento hacer aspira a esos horizontes.

Puntializado lo anterior, les doy la bienvenida a un nuevo ciclo de En las letras, desde Puerto Rico. En esta nueva etapa desarrollaremos diferentes series, unas que abarcan acontecimientos importantes en la cultura puertorriqueña, otras que se ocupan de escritores y escritoras internacionales, o en la trayectoria de algún autor particular. Algunos escritores conversarán sobre sus libros, otros sobre su vida, unos lo harán con discreción, otros con un susurro cercano al silencio. Pero todos, de una forma u otra, dialogarán, ya sea mediante entrevista, a través de un fragmento de conferencia o desde una reseña lírica de lo que se transcribió de las ondas mediáticas. Aquí los invitados, los que invito a formar parte de nuestra crónica cultural no integran un club homogéneo. La diversidad creativa es la energía que mueve la aguja de la brújula.

A continuación una muestra de lo que viene. No están todos los que son, ni son todos los que están, pero este inventario puede darle idea a usted de la infinidad de personalidades que conversarán con nosotros desde este boletín. Póngase cómodo en su butaca que viajaremos por el amplio universo de la creación literaria.

****
En el 2011 se cumple una década del fallecimiento de la escritora Olga Nolla, y nosotros hemos querido rendirle homenaje recordándola en su propia voz, con su sonrisa a flor de piel, escuchándole hablar de su obra, en sus propias palabras.

Olga Nolla: Ramón Luis Acevedo ha dicho que utilizo la narrativa como recurso poético. Digo, ésa es mi intención. Mi intención es utilizar en poesía la narrativa como un recurso adicional, de la misma manera en que utilizo la historia en la narrativa como un recurso literario. Porque cuando yo me acerco al mito de la fuente de la juventud en El Castillo de la Memoria y tomo a Juan Ponce de León, con su propio nombre (no cambio nombres ni nada, es el mismo personaje histórico), pero asumo que encuentra la fuente de la juventud, estoy violando la historia porque sabemos que nunca la encontró. Se murió como se murieron todos, pero yo asumo que la encuentra. Mi propósito es asumir el mito y violarlo como una excusa para hacer un recorrido por la historia de Puerto Rico por 400 años. El lector me sigue con ese personaje que no muere y regresa a Puerto Rico donde vivió por 400 años. Así puedo entonces unir un poco, a manera de atar cabos sueltos, la historia e intrahistoria y nuestro proceso como pueblo, nuestra formación nacional. Estoy usando la historia literariamente para construir literatura.

Che Melendes, por su parte, ha conversado con este servidor en varias oportunidades. Recuerdo muy bien la primera ocasión cuando los humanistas Eugenio García Cuevas y Rubén Soto organizaron un magno homenaje a su obra. Este fragmento, sin embargo, fue fruto de una entrevista que le cursé en la Librería Isla. En la misma hacía comentarios acerca de su libro Senotafio.

Che Melendes: Senotafio es un sepulcro para la ausencia de algo, es algo, un homenaje a una ausencia, y estos poemas que se han acumulado son un canto a los poetas hacedores de eso que es la poesía, que para nosotros es impactante.

Néstor Barreto, quien acaba de inaugurar una nueva editorial que lleva el nombre de Colección Maravilla con un flamante catálogo de nuevas y veteranas voces como lo son Carlos López Dzur, Neysa Jordán y Bruno Soreno, hizo lo propio cuando nos habló de su libro :

Néstor Barreto: La metáfora dominante en es la espesura, el matorral. Yo le llamo la asimetría atrópica o también le digo anatropía, y su animal emblemático, totémico, es el ruiseñor.

Magaly Quiñones es una de las principales poetas del País. Cuarenta y dos años han pasado desde la publicación de su primer poemario Entre mi voz y el tiempo. Con una producción activa y consistente, creyendo cabalmente en su oficio, Quiñones se ha colocado como un referente obligatorio cuando de la poesía contemporánea se trata. En este fragmento seleccionado nos habla de sus inicios.

Magaly Quiñones: Yo empecé a escribir desde bien pequeña. Ya a los ocho años  tenía mi libretita de poemas escondidita en las gavetas. Cuando estaba ya en escuela superior conocí a una poeta arecibeña que se llamó Carmen Alicia Cadilla. Carmen Alicia me dio la confianza de que lo que había escrito tenía valor.

A través de los años, infinidad de escritores internacionales han visitado las costas boricuas por diferentes motivos, unos para promocionar sus libros, otros para ofrecer seminarios y talleres. A continuación adelantamos algunos comentarios de varias de esas personalidades.

Nunca se me olvida una frase lapidaria de Laura Restrepo acerca de que no hace a la tarea del escritor acercarse al poder. Decía la autora colombiana: “Hay que mantenerse lo más alejado posible”. Cuando promocionaba su novela La isla de la pasión, reflexionaba sobre el arte de escribir y apuntó lo siguiente:

Laura Restrepo: Tú escribes para las tripas, con toda la pasión y le dedicas horas. Yo me tardo tres años de investigación, de cuántas horas de trabajo que da hasta pena confesar. Yo escribo y escribo. Yo no le quiero poner adjetivo a su propia cosa. La literatura es escribir.

La española Rosa Montero visitó la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico (de donde soy egresado) y conversó sobre el arte de la novela.

Rosa Montero: Las novelas son como los sueños de la humanidad y la relación del escritor con la novela es como la del durmiente con el sueño. Tú cuando sueñas por la noche, de repente puedes soñar que te salen unas alas rojas en la espalda y que vuelas por encima de Pekín. ¿No? Bueno, eso no tiene nada que ver con tu vida. Ahora bien, durante ese sueño, tú sientes unas emociones poderosísimas. Puedes tener ese sueño y estar llorando a lágrima viva con una angustia enorme o puedes estar felicísimo, muerto de risa o puedes estar con miedo. ¿Por qué son esas emociones tan fuertes? Porque verdaderamente ese sueño significa algo muy profundo tuyo. Es una parte de tu psiquis más profunda que está saliendo a la luz bajo esa forma metafórica. Pues con las novelas pasa igual. O sea, que lo que yo cuento tú lo lees, y, desde luego, harás muy mal si adjudicas eso que cuento a mi vida, en la superficie, en el detalle, en la anécdota. Ahora en el significado profundo metafórico, simbólico, nos desnudamos todos, muchísimo. Escribir una novela para todo escritor es como sacarte un pedazo de hígado. Absolutamente. Es algo que viene de la parte más profunda tuya.

La mexicana Elena Poniatowska es una de esas escritoras que siempre son necesarias para todo un pueblo, para toda una nación. En varias ocasiones, en la última década, a visitado el país, y en todos esos eventos ha dejado una huella inolvidable entre quienes la escucharon. Aquí, cuando resumía parte del asunto de su novela La piel del cielo y reflexionaba acerca de la situación de la mujer.  

Elena Poniatowska: Las mujeres se completan a sí mismas ¿no? No necesitan a nadie más para ser, y eso yo creo que es una de las grandes victorias, no del feminismo, pero sí de la grandes victorias de la evolución de las mujeres, ¿no?, que la mujer vale por sí sola, se completa sola y le da un sentido a su vida que no es de dependencia, es de libertad. Y eso es importante, porque un ser libre, realmente, es un ser que merece el respeto de todos.

Pero volvamos a los escritores nacionales, aquellos que nutren las arterias de este boletín. Sin lugar a dudas Marta Aponte Alsina va construyendo una obra que sobrevivirá el paso del tiempo (aseguro que no necesita de agentes literarios). Sexto Sueño es una prueba de lo anterior. Una novela en la que los personajes se apoderan de los espacios y hablan por sí mismos. Sexto Sueño, su penúltima entrega editorial, es la historia de un criminal que trata de domesticar la violencia que le habita. Fue precisamente en una sesión del Taller de Apreciación Literaria que ofreció la poeta y narradora Marithelma Costa, donde Aponte Alsina conversó sobre esta novela. En este pequeño fragmento escuchamos a la autora referirse al proceso de documentación:     

Marta Aponte Alsina: En la documentación todo sirve, la experiencia de una compañera de trabajo, algo que se ve en la calle. Todo de alguna manera sirve, es como algo aleatorio. Tú encuentras objetos y lo vas integrando ahí, después que tengas como el río, como la trama, como algo que está encaminado en la narración. Y son etapas que pueden ser o sucesivas o simultáneas porque uno realmente nunca termina de investigar hasta que dice: ‘¡Ya! ¡Ya tengo esto y ya no me importa lo que haya pasado! No me importa que sea cierto o falso. Yo voy a escribir las cosas como las ve el narrador o la narradora que inventé.’

Durante ese mismo evento, auspiciado por el Proyecto para el Fomento del Quehacer Literario, los talleristas escucharon además a la escritora de literatura infantil Rocío Costa, quien habló de las particularidades del género.

Rocío Costa: Lo que pasa por lo regular es que a los niños se les ve como menores, toda esa cuestión de la palabra pueril. Mucha literatura trata a los niños como que no saben. Y, sin embargo, son maravillosas las cosas que nos dicen. A veces hay gente que plantea que a los niños se les debe tener como protegidos de los problemas, pero los niños se dan cuenta de todo, absolutamente de todo. Y una de las cosas que yo creo que debía hacer la literatura es hablar de los problemas que tienen los niños.

Lo refrescante y curioso de muchas de estas conversaciones es que no pierden vigencia. Las complejidades inherentes a nuestro ambiente editorial provocan que los escritores intenten trascender lo inmediato en sus propuestas porque, en ocasiones, se puede morir en el intento de publicar el libro de turno. Sucede entonces que algunos autores desarrollan una capacidad inmensa para esperar, esperar y esperar a que el editor le atienda. Hace varios años cuando Ángel Matos, poeta y gestor cultural, concertaba el junte de los amurallados en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular en el Viejo San Juan, conversó conmigo acerca de lo que con el tiempo sería Barcos de papel, libro que actualmente circula en las librerías del patio. Con su forma característica de comunicarse, apuntó cuando le preguntamos qué le ocupaba en esos momentos:

Ángel Matos: Me ocupa el mar, me ocupan mis crisis existenciales que están a flor de piel. Todo para mí es una excusa para crear. Así que ahora yo estoy gozando con mis crisis existenciales.

Me une una estrecha amistad con la escritora Iris Mónica Vargas. Ella me dio el privilegio de formar parte de la publicación cibernética El viaje del poeta. Una complicidad creativa que, sin duda, me ha permitido crecer en el oficio. El fragmento de entrevista que comparto a continuación me trae su nombre a la memoria. Quien hablará no será ella, sino el escritor Juan Carlos Rodríguez, autor del excelente poemario Rehén de otro reino, de la Editorial Tiempo Nuevo. En esa ocasión él ofrecía un recital junto a Noel Luna y Javier Ávila en la librería Cronopios. En ese evento, con grabadora en mano, fue que conocí a la poeta. Aquí un extracto de lo que me comentó Juan Carlos en aquel recital.   

Juan Carlos Rodríguez: Hay poetas en el pasado de los que nos hemos estado nutriendo, algo evidente en las conversaciones con los compañeros Noel (Luna) y Javier (Ávila); estamos hablando quizás de Aurea María (Sotomayor) que había llegado a esa síntesis, a poetas como Hjalmar Flax, ciertamente.

Por su parte, Noel Luna, autor de poemarios como Teoría del olvido y Música de cámara se ha ganado el respeto de la crítica especializada por el cuidadoso cultivo de las formas clásicas. En esa misma velada, que fue auspiciada por los organizadores del Certamen de Poesía del periódico El Nuevo Día, Luna nos comentó:

Noel Luna: Por lo regular se piensa en las formas clásicas justamente como formas agotadas, en la medida en que han sido trabajadas largamente. Sin embargo, las formas, más allá de ser límites estrechos, aunque lo son, son más que nada máquinas de hacer literatura.

El catálogo editorial de Isla Negra Editores representa parte de lo más granado de las últimas dos décadas de cultura literaria en Puerto Rico. El editor y también poeta Carlos Roberto Gómez ha realizado en sus páginas una especie de confederación donde convergen escritores de las tres Antillas Mayores. Dentro de ese catalogo resalta Cada vez te despides mejor, de José Pepe Liboy, como uno de los libros más importantes de la pasada década, título que demandó lo mejor de la capacidad de Gómez como editor.

Carlos Roberto Gómez: Un comentario que voy a hacer sobre lo que es la edición de una obra dispersa. Recolectar a duras penas la obra dispersa de Pepe Liboy nos tomó dos años. Y todavía hay cosas por ahí que me imagino que él ni sabe donde las puso.

Al igual que Liboy, otro autor que goza de un prestigio destilado a través de los años es Antonio Aguado Charneco. Sin prisa pero sin pausa este escritor arecibeño es creador de la primera trilogía tainista del Caribe. La triada Bajarí Baracutey, Anacahuita, y Guarocuya ha sido premiada en diversos certámenes por su excelencia. A partir de este mes de agosto, y comenzando con LuzAzul, novela que tiene como telón de fondo una huelga universitaria, varios títulos de Aguado Charneco circularán en las librerías. En una de nuestras múltiples conversaciones, a las que por tácito acuerdo nunca ponemos punto final (una especia de conjura contra el destino), Tony, como se le conoce, nos habló de la confección de los personajes.

Antonio Aguado Charneco: Cuando uno construye un personaje, como escritor uno aspira y procura que de las páginas salga esa mano que agarre el corazón del lector.

Antes de Casquillos existió un libro más discreto titulado Comunión antropoética. Poesías como Panes y peces, Pequeños bodigos, Corbatas y Si te digo niña, entre otras, se han desprendido con facilidad de sus páginas y han quedado impregnadas en la memoria del lector. Este libro fue la excusa que nos permitió conversar con David Capiello Ortiz acerca del proceso que define a un escritor. Con una muestra basta.

David Capiello Ortiz: No hay escritores si primero no son lectores, y los espacios se leen, las personas se leen, las situaciones se leen. Como parte de mi trabajo como lector yo tengo que ir a esos espacios y leer esos espacios. Algo tan sencillo como vivirlo, leerlo, es parte de mi proceso y mi responsabilidad como escritor.

Si existe un poeta capaz de hacer belleza del ejercicio de la lectura lo es Mario Antonio Rosa. Hace tiempo que este autor nos debe una recopilación de las reseñas y prólogos que ha realizado a lo largo de los años. Ya sea en la prensa escrita, en el internet, o en las páginas de un libro, la reflexión sagaz de este escritor ha focalizado su mirada en la obra de los escritores que emergen durante los últimos 20 años. Dejemos que el propio Mario nos hable del placer que le provoca la lectura.

Mario Antonio Rosa: Es como cuando tú lees el poema que le escribe Federico a Ignacio Sánchez Mejía, La sangre derramada. Tú cierras los ojos y lo puedes sentir, y puedes ver toda esa situación cuando el toro, prácticamente, masacra a Ignacio, lo mata en la cornada. Entonces tú ves todas esas imágenes como en una película. Siempre se da una situación de que tocas el libro y sientes lo que te puede decir. Si no te dice nada no lo abandonas, lo pospones hasta que llega el momento que ese autor, ese libro, te puede decir algo.

Otro escritor que destiló con entusiasmo su pasión por la lectura lo fue Alfredo Villanueva. Radicado en Nueva York este poeta boricua ha impactado la Gran Manzana desde 1985 con títulos de contundencia como lo son El imperio de la papa frita, Pato salvaje o Mala leche.

Alfredo Villanueva: Siempre he dicho, nadie se acuerda de un poema completo pero se acuerda de un fragmento de un poema. Y ese fragmento del poema le estalla una y otra vez. Tú puedes estar 20 años después de haber leído lo que llamo un poema cursi Este domingo triste pienso en ti y de repente llega un domingo que estás triste, piensas dulcemente en alguien, y ese poema te vuelve a salir, y tú te quedas como ¡Auch! te duele. Porque la poesía que es buena duele, duele por que es como un cuchillazo que le dan a uno, porque la memoria hace que uno recupere. Yo vivo obsesionado por fragmentos de poemas. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. La noche está estrellada y ya no está conmigo. No tiene que ver con el idioma, es cualquier poema que tú hayas podido leer en el original. Tú te quedas con una de esas líneas y la llevas toda la vida contigo. Cuando menos tú lo esperas salta de nuevo y vuelve a ser vigente.

Si de críticos académicos hablamos, Luis Felipe Díaz tiene un lugar destacado en nuestro panorama cultural. Sus libros Modernidad literaria puertorriqueña y La na(rra)ción en la literatura puertorriqueña , entre otros, son referencia obligada para quienes quieren profundizar en el conocimiento de la literatura puertorriqueña. Podríamos hablar largo y tendido sobre su obra, pero hagamos pausa para escucharle.

Luis Felipe Díaz: El texto crítico también es un texto poético. No deja de ser poético. Ahora, ¿hay más poesía y menos poesía? ¿hay más conciencia de metáfora y menos conciencia de metáfora? Mientras menos conciencia de metáfora hay en cuanto a contenido e ideología, más poético se es. La poética, creo yo, es bien subliminal.

Es inevitable no ser consecuente, insistir con las mismas preguntas, debido a que las respuestas que dan los escritores son diversas y múltiples, incluso sobre un mismo tópico. La poeta Mayda Colón publicó en el 2008 un texto ambicioso en lo que a propuesta estructural se refiere. Dosis es el título del libro que provocó nuestra conversación. Y en esa oportunidad le pregunté sobre aquello que le definía.

Mayda Colón: Tú me das a escribir un poema de amor y a mí se me cuelan las calles en él. Yo no tengo opción. Yo no tengo alternativa. Yo creo que si algo me puede definir a mí misma sería la escritura social.

No importa lo que el sujeto, ese que siente pasión por la creación apalabrada ejecute como oficio para sobrevivir, siempre esa vocación de escritor se rebela y revela como algo central y no subordinado en su propia vida. Acerca de eso comenta el poeta y fundador del Sótano 00931, Julio César Pol.

Julio César Pol: La vocación mía de escritor es igual de importante como la mía de economista. Una vez, en una entrevista de radio, me lo preguntaron y contesté que me parecen dos partes indispensables de lo que yo soy, de lo que me constituye.

En esa misma dirección escuchamos al novelista Antonio Skármeta reflexionar acerca de su rol como intelectual. Apreciado en Puerto Rico, este narrador chileno es recordado por su participación en diversos programas de la serie En la punta de la lengua, que producen de manera encomiable Caridad Sorondo y Gil Raldiris. En una de sus visitas, Skármeta presentó en la Universidad de Puerto Rico el libro Vía crucis y redención del calvo del poeta Eric Landrón, en otra ocasión fue el invitado especial en el relanzamiento de un disco compacto de Silvia Rexach, en el que la compositora interpretaba sus propias creaciones. En esa ocasión nos dijo:

Antonio Skármeta: Soy un intelectual que le gusta la gente, que le gusta acercarse a los lectores. Y mi tarea como intelectual, como hombre latinoamericano, como una persona chilena política, es justamente ampliar los horizontes. Ampliar los horizontes de imágenes que se le ofrecen a la gente para mantener alerta su sensibilidad, despierta su imaginación, y eso la literatura lo puede lograr de maravillas.

Y para quien piensa que hacer periodismo cultural no conlleva riesgos, comparto con ustedes parte de una amena conversación que sostuve con la conocida narradora argentina Angélica Gorosdicher.

Angélica Gorosdicher: Todos mis libros son distintos. Lo que pasa es que la marca de la ciencia ficción es muy fuerte. Yo no escribo literatura realista. No puedo. No me sale. Siempre pasa algo. Siempre empieza todo muy suavemente y, de repente, le doy con el fierro al lector en la cabeza. Y bueno, lo jodo. ¿Qué quieres que le haga? Porque hay algo que interviene allí que no tiene nada que ver. Y Dios me libre y me guarde, no me vayas a hablar de realismo mágico porque te pego.

Son muchas las experiencias que atesoro de esas y otras conversaciones. Y repito, no son todos los que son ni son todos los que están. En las próximas semanas los lectores del boletín En las letras, desde Puerto Rico, si lo permite el Universo, podrán disfrutar de forma íntegra lo que hemos presentado a modo de muestra, y escucharán, sorpresivamente, otras voces que por razón de espacio no hemos incluido. Nos vemos pronto y salud para todos.
*************************************************************


Carlos Esteban Cana es comunicador y escritor. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario, un espacio de democratización en las letras puertorriqueñas. Se ha desempeñado como coordinador editorial, periodista cultural independiente, y ha laborado además en la industria televisiva. Su obra creativa se ha publicado en revistas y periódicos nacionales como El Sótano 00931, Ciudad Seva, Narrativa Puertorriqueña, Letras Salvajes, CulturA, Diálogo y El Nuevo Día, entre otros. En lo que se refiere al ámbito internacional su narrativa y poesía ha sido publicada por Escaner Cultural, Zona de Carga, Palavreiros, Abrace y el Boletín de Nueva York, entre otros. Recientemente algunos de sus cuentos han sido traducidos al italiano. Ha participado, además, en diversos medios de comunicación reflexionando acerca del panorama cultural en el País.


viernes, agosto 26, 2011

En las letras, desde Puerto Rico


Enrique Laguerre: en sus propias palabras (tercera parte)

por Carlos Esteban Cana

Un adelantado a su tiempo. El compromiso del escritor con la ecología, que hoy se hace tan palpable en organizaciones como Escritores por la tierra, tuvo a Enrique Laguerre como el portavoz más incisivo y necesario en Puerto Rico, tan temprano como a mediados del siglo XX. Ya fuera desde sus novelas o desde su dinámico periodismo, las preocupaciones de Laguerre trascendían y estaban al servicio inmediato de su pueblo. El propio escritor fue en parte responsable, mediante su voz de alerta en sus columnas, de que se detuviera la extracción de arena de las playas. Don Enrique, contrario a muchos, no era un escritor encerrado en su propia torre de marfil. 

No quiero concluir esta edición de En las letras, desde Puerto Rico sin dejar de agradecer al escritor Angelo Negrón, gestor de la bitácora Confesiones, la publicación exclusiva de esta serie. La misma ha estado integrada por fragmentos de una entrevista, ahora perdida, que le cursé a Enrique Laguerre en su hogar en Hato Rey, hace casi 20 años. De esta manera rendimos homenaje al maestro. 
 

Disfruta la segunda entrega: http://confesiones1.blogspot.com/2010/09/en-las-letras-desde-puerto-rico_28.html

Enrique Laguerre: en sus propias palabras (3ra parte)

(fragmentos de una entrevista realizada el 31 de octubre de 1992).

Enrique Laguerre: “Con mis novelas, yo empecé a hacer historia de Puerto Rico, por eso algunas personas me han asociado con los Episodios Nacionales de Galdós, porque aunque La llamarada es mi primer libro, es una novela sobre el momento que yo viví en los 30 y que luego, en el tiempo, se ha convertido en historia. Por ejemplo, cuando escribía eso había 35 centrales azucareras pero hoy día hay tres; han desaparecido 42, de modo que ahí está. En La llamarada está, posiblemente, la raíz para explicar por qué desaparecieron estas 42 centrales.”

“Hoy día si fuera a escribir una novela sobre la zona cafetalera, hay algo que me ha estado preocupando intensamente, y es que están tratando de sembrar café que no necesita sombra; eso plantea un problema porque el café salvó la floresta de Puerto Rico. El oeste de Puerto Rico es más montañoso que la parte desde Corozal a Fajardo, porque desde Corozal a Fajardo se sembró mucho más tabaco y mucha caña de azúcar. Ni el tabaco ni la caña de azúcar necesitan sombra, por el contrario, se cortan los árboles para poder sembrar caña, se cortan los árboles para poder sembrar tabaco. El tabaco además necesitaba eliminar el gusano que traía, y para eso usaban verde parís. El verde parís envenenaba a los gusanos y los gusanos envenenaban a su vez a los pájaros, de modo que desaparecieron los pájaros por el tabaco, desaparecieron los que comían gusanos envenenados. De modo que tanto el tabaco como el azúcar, en cierta medida, son responsables de que Puerto Rico esté despoblado de árboles, del desmonte horroroso y de la extinción de muchos pájaros en Puerto Rico (por ejemplo, de la paloma del ‘llano’ de Cidra quedan unos pocos ejemplares). Aquí había muchas cotorras y ya no las hay. Ahora el café, lo que hizo fue mantener los árboles y los pájaros se refugiaron en el oeste. Todavía el Turpial existe en la zona de los montes secos de ‘Guánica’ pero por acá (área metro) ya no hay Turpiales. La cotorra casi ha desaparecido; El Yunque es su último refugio. Tengo esa preocupación de que desaparezcan los montes del oeste, y da la casualidad que en los montes del oeste existe lo que puedo llamar el hontanal de los ríos, o sea, la fuente de donde nacen casi todos los ríos de Puerto Rico. El Río Grande de Arecibo, Río Manatí, Río Camuy, El Guajataca, El Añasco, El Culebrina, El Yagüez, El Guanajibo, El Tinajón, El Estero, El Yauco, El Guayanilla, El Portugués. En fin, casi todos los ríos de Puerto Rico nacen ahí, en ese sitio que se está desmontando.”

 “Ahora para leer Solar Montoya, que tiene acción en esa región, habría que leer Los gemelos. Los gemelos se desarrolla también en esa zona. Solar Montoya presenta un problema social, y era que estaban abandonando a los cafetaleros por motivo de los temporales. Un café que era conocido por el mundo entero. El temporal San Ciprián, a finales del siglo XIX, y San Felipe en 1928, vulneran el cafetal de una forma que casi no se podrá recuperar. El café de Puerto Rico, que fue conocido por el mundo entero y era el producto principal de exportación en el siglo XIX, sufrió una gran caída.”

 “Ahora están intentando levantar el cultivo del café, pero están utilizando un café que no necesita sombra, lo cual puede traer como consecuencia el desmonte del oeste, tal como ocurrió con el tabaco y la caña en el este. Y eso sería fatal porque entonces se secarían las fuentes de los ríos. Teníamos 52 ríos importantes hasta 1915 y 1916, pero con el desmonte han desaparecido las corrientes de los ríos y los manantiales.”

*************************************************************

Carlos Esteban Cana es comunicador y escritor. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario, un espacio de democratización en las letras puertorriqueñas. Se ha desempeñado como coordinador editorial, periodista cultural independiente, y ha laborado además en la industria televisiva. Su obra creativa se ha publicado en revistas y periódicos nacionales como El Sótano 00931, Ciudad Seva, Narrativa Puertorriqueña, Letras Salvajes, CulturA, Diálogo y El Nuevo Día, entre otros. En lo que se refiere al ámbito internacional su narrativa y poesía ha sido publicada por Escaner Cultural, Zona de Carga, Palavreiros, Abrace y el Boletín de Nueva York, entre otros. Recientemente algunos de sus cuentos han sido traducidos al italiano. Ha participado, además, en diversos medios de comunicación reflexionando acerca del panorama cultural en el País.

Truco

Por: Angelo Negrón ©   Mi abuelo fue el mejor mago de la comarca. Famoso por su habilidad de lograr la mayor de las sorpresas con su ilusionismo. El recuerdo de la primera vez que me llevó a una actividad de la sociedad de magos sigue muy vivo en mí. Contaba yo con siete años y esa fue la puerta que abrió mi curiosidad y las ganas de seguir sus pasos.
   Todos esos magos exhibían con orgullo sus asombrosas habilidades. Mi abuelo, estoy seguro, los dejaba a todos sorprendidos. Cada año, según me dijo mi padre, que ese día estaba a mi lado, lograba dejar a todos boquiabiertos. Era como si ellos se transformaran en simples espectadores a quienes mi abuelo hipnotizaba con su prestidigitación. Mis trucos preferidos, aunque no eran los más sorprendentes eran, uno en el que hacía desaparecer una paloma y la traía de vuelta convertida en una gallina con polluelos y otro, en el que parecía desvanecer a mi madre en un gabinete cercano a él para, casi al instante, hacerla reaparecer dentro de un baúl.
   Luego de la función me llevó consigo tras bastidores. Después de un abrazo que casi me rompe las costillas y hacer esperar a los reporteros pues, según le dijo a su representante, estaba en una reunión más importante en ese instante, me preguntó si había disfrutado del espectáculo. Esa fue una de las miles de veces en que me acomodaba a su lado para escuchar sus sabios consejos sobre la vida, el ilusionismo y la magia. Yo era, me dijo en más de una ocasión, lo que mi padre nunca quiso ser: un mago.
   A lo largo de muchos años me explicó todos sus secretos. Hice mis primeros intentos en la marquesina de mi casa, cuando apenas tenía mis ocho. Los vecinos, asombrados, no cesaban de aplaudir. ¡Yo estaba tan orgulloso de lograr imitar al abuelo! Con el tiempo agudicé mis sentidos y mis logros en la magia me hicieron ingresar de lleno al mundo del espectáculo. Invité a mi abuelo a la actividad en donde, por vez primera, yo sería la atracción principal. Llevé todos los trucos que él me enseñó y en adición varios nuevos que había desarrollado yo mismo para impresionar a mi abuelo.
   Esa noche estaba todo listo. Lograría por fin agradecerle sus enseñanzas en público. El local estaba repleto. Me asomé por una pequeña abertura del telón para buscar la mirada de mi abuelo. Su butaca estaba vacía. Atrasé lo más que pude el comienzo. Logré que el grupo de apertura del espectáculo, unos payasos muy cómicos, accediera a estar más tiempo deleitando al público. Pero, no pude esperar más; ofrecí mi espectáculo. Obvie los trucos destinados a mi abuelo para presentárselos en otra ocasión.
    Esa fecha nunca llegó. Mi abuelo murió esa noche. Desapareció y aún espero que haga el otro truco que tantas veces me enseñó; el truco de reaparecer.

Dedicado a mi abuelo Pablo Negrón quien murió el 26 de agosto de 1997. En realidad no era un mago, de hecho yo tampoco lo soy, pero la magia de su amor me acompañará hasta que yo desaparezca y reaparezca a su lado.

miércoles, julio 20, 2011

Tres recuerdos

 
Por Angelo Negrón
 
Acabo de escribir esto en honor a mi amiga Sandra Maldonado. Feliz cumpleaños y que sigas siendo siempre luz inspiradora, no sólo en algunas de mis letras, en los ojos de tu hijo, en las personas que te quieren y admiran, sino también en todas partes.


       
     En mi cuarto año de existencia tuve que ir a una cita al hospital con mi madre. Recuerdo tres cosas, debido a mi corta edad, la primera es que subimos por las escaleras pues el ascensor estaba defectuoso. Mi madre, que sabe más por madre que por vieja, estuvo pendiente a mí en todo momento y me cuenta que luego de escribir mi nombre en una lista interminable decidió salir de aquellas cuatro paredes llena de niños acatarrados y enfermeras malhumoradas. Estando al tanto de que faltaban muchos turnos por ser atendidos decidió curiosear por el hospital.

     En medio de la caminata nos detuvo un hombre de ojeras pronunciadas y voz ronca y lenta. Le indicó que yo era muy niño para estar allí. Que las reglas del hospital eran claras, dijo esto señalando un cartel escrito con marcador rojo, donde se leía que por el bienestar de los niños y alejarlos de cualquier contagio no se permitían en aquella área a menores de catorce años. Mi madre le preguntó que área podíamos visitar y el hombre la miró seriamente como diciéndole: Soy seguridad no guía turístico, pero al parecer se compadeció o tenía prisa por seguir durmiendo; porque al colocarse unas gafas oscuras murmulló que podíamos estar en el área de descanso del piso uno, donde estaban las maquinas expendedoras de papitas y refrescos o en el Nursery.
     Fuimos al área de descanso. Un televisor blanco y negro presentaba el noticiario y en el hablaban de que mientras en Colombia estaban conmemorando el Grito de Independencia y en Argentina y Uruguay celebraban el Día del Amigo, (inspirados por el descenso cuatro años antes del hombre en la Luna el 20 de julio de 1969), en India y Pakistán sucedían catastróficas inundaciones que provocaron la muerte de diecisiete mil personas y varios millones de damnificados.
    Ante las malas noticias mami salió huyendo del lugar. Fuimos a las maquinas a comprar una Royal Crown y unas papitas Lays. Mientras buscaba monedas en la cartera escuchamos a dos doctores que bebían café hablando sobre la inesperada y misteriosa muerte del artista marcial Bruce Lee.  
    Extrañada y en busca de buenas noticias mi madre decidió visitar el nursery. Llegamos justo a tiempo. Había gran algarabía en el lugar. Las enfermeras estaban abriendo las cortinas y todas las personas se acercaban para reconocer a los bebés que estaban detrás del cristal. Mami escuchó de todo: Los que reían a carcajadas, las voces chistosas de hombres tratando de hablarle como niños a los bebés o el pago de dinero a más de un compadre porque fue varón y no hembra.    
    Yo me escabullí entre apuestas y bendiciones, arrullos y promesas, lágrimas y comentarios y me asomé a través de los cristales. Lo primero que distinguí fue el cuerpo de una enfermera que no dejaba de zarandearse inquieta de cuna en cuna moviendo los bebés según los familiares le pedían verlos. Mi atención en la enfermera duró muy poco.
     Allí en una cuna divisé el segundo acontecimiento que recuerdo de cuando tenía yo cuatro años. Era una niña recién nacida, tostada porque de todos los bebés que allí estaban, era la que vivía más cerca de la luz de Dios. Sé esto porque lo que llamó mi atención no fue su hermoso color, ni su tierna mueca intentando una sonrisa. Lo que me dejó impresionado fueron las alas que nacían en su espalda. Aquel ángel había llegado a traer felicidad a una familia y a mí me dejo una huella que no he podido olvidar. Después de todo: ¿Cuántas veces en la vida reconoces a un ser divino? ¿Cuántas veces logras ver las alas de una criatura de gran pureza destinada a la protección de los seres humanos?
     Cuando llegué a la adultez la curiosidad se avivó. Busqué información sobre el bicentésimo primer día del año del calendario gregoriano y número doscientos dos en los años bisiestos. Hoy es uno de esos días. Quedan ciento sesenta y cuatro días para finalizar el año. He buscado encontrar ese ángel, pues sé que algún mensaje tiene para mí.  Mami dice que nadie mencionó sus alas, que ella misma no las vio, pero que recuerda que le mencioné insistentemente que mirara las alas de aquella niña. Si yo pude verlas es que algo tiene que decirme o yo debo mencionarle que vi esas alas. Tal vez ella no sabe que es un ángel especial.
     Además debo agradecerle, pues luego de tantas malas noticias en el salón de descanso o en las maquinas expendedoras de refrescos, mami encontró alivio en aquel lugar lleno de algarabía y mientras en Noruega nacía Haakon Magnus, el príncipe heredero, yo pude ver por primera vez a un espíritu celeste.
     ¿Cuál es la tercera cosa que recuerdo de mis cuatro años?
     Recuerdo el nombre que mami leyó con dulzura en la cuna de la niña y que debe ser la madre de aquel ángel. Leía aquel certificado: Carmen Luisa Báez.
     No pierdo las esperanzas de que algún día encuentre a esta señora y a su hija. Al verla de nuevo, estoy seguro, veré en su espalda dos inmensas alas...

sábado, julio 02, 2011

Adiós versus Hola

Por Angelo Negrón     


 Escribí esto en mayo del 2005. Hoy lo retomo porque mi hija mayor viene de visita a Puerto Rico y esta vez: llega con mi nieto...Espero que también agite sus manitas...

    Desperté. Me gustaría hacerlo algo más tarde, pero mi compromiso con el trabajo me obliga. Desecharía tal compromiso si no fuera por las demás responsabilidades. Y es que esto de padecer insomnio ya no es igual de divertido que antes. Bueno… si lo es, mientras estás despierto, pero en cuanto logras dormir desearías seguir rendido en la comodidad de las nubes y el calientito de tu almohada. Cuando abrí los ojos lo primero que divisé fue la foto de mi hija mayor. Anoche la estuve pensando intensamente. Antes de irme a la cama tomé su foto de mi escritorio y la dejé sobre el libro de Paulo Coelho titulado “Maktub”. El estilo de este libro, bien lo afirma el autor, es el mismo que el de Anthony de mello. Son pequeñas historias que pueden, depende de nuestro ánimo, hacernos temblar o recapacitar.
     Anoche, antes de dormir, no lo leí. No le di lectura a nada, sólo me lancé a la cama, olvidando la costumbre de leer y observé a esa niña de catorce años que pronto tendrá sus quince. Recordé que cuando era bebé y tuvo que irse de mi lado la soñaba todo el tiempo. No hablo de soñarla despierto, eso era fácil. Hablo de soñarla dormido. Cada mañana cuando despertaba recordaba haberla soñado. En la mayoría de esos sueños agitaba sus manitas y yo pensaba que era diciéndome adiós. Anoche, doce años y medio después, descubrí que tales sueños no escenificaban una despedida, sino un hola. Lo supe porque recordé cada una de las veces en que la vi después que su madre decidiera mudarse a New Jersey.      
     La primera vez que la vi, después de esto, fue en un regreso que tuvo a Puerto Rico. Ese día agitó sus manitas queriéndome abrazar. Luego en cada uno de nuestros encuentros fue así, sus brazos se abrían y sus manos se agitaban a la espera de un abrazo. El apretón más significativo que recuerdo, (por aquello de darle valor a lo invaluable) fue frente a la Corte de Primera Instancia en New Jersey. Llevaba año y medio sin verla y tuve que solicitar a la corte que me permitieran traerla a Puerto Rico en las vacaciones, según fue estipulado en los estatutos del divorcio. Fue una pena tener que ir a un juez para poder cumplir con mis relaciones paterno filiares, pero fue una inmensa alegría verla correr hacia mí cuando me reconoció entre todos los presentes. Su carita, su sonrisa, sus ojitos, todos esos diminutivos que para un padre son gigantescos estuvieron acompañados de esas manos agitándose ante el Hola que siempre vi en mis sueños como un adiós.
     Ella vendrá pronto. Lo hará en verano. Como siempre me aseguraré de que la pase bien y cuando la vea caminar hacia el avión, sabré que sus manos diciendo adiós, no son otra cosa que un gratificante: ¡Hola! Mezclado con un: ¡Estaré de regreso pronto! Y reconoceré que nada ha cambiado; yo siempre he estado aquí: soñándola…

jueves, junio 23, 2011

Noche de San Juan

Por: Angelo Negrón ©

      — Es curioso. Se supone que esta noche es la más corta del año. Me burlo de eso; aún no tengo sueño y promete ser una de esas en las que miraré al este en la búsqueda de encontrar los sueños de alguien más, porque los míos están perdidos en la sarta de palabras que quiero decir o leer para estar entretenido. Y pensar que en la antigüedad se celebraban ritos vinculados a la fecundidad, a la purificación, a la solicitud de tranquilidades, y al alejamiento de males. Por lo que veo debería salir corriendo y esperar a las doce de la media noche para darme siete chapuzones de espalda, ya sea en la playa o en alguna piscina. He escuchado que esta costumbre trae la buena suerte, limpia las impurezas que rodean el alma y además, si pido algún deseo, de seguro se me concede. O tal vez debo hacer lo que en otros países: Prenderé una fogata donde arrojaré conjuros y deseos para desaparecer los malos espíritus. Aunque en realidad para desaparecer ciertos malos espíritus es mejor bañarse y untarse desodorante. Tal vez por eso es lo de los siete chapuzones…

 — Existen varias supersticiones en cuanto a la celebración de San Juan Bautista. Veámoslas:

• Según se cree, en el exacto momento en que el sol ilumina el amanecer del día 24, las aguas de fuentes y arroyos están dotadas de poderes especiales para curar y brindar protección a la gente.

— Sin embargo si tomas mucho sol puedes sufrir de insolación y hasta de cáncer, así que sigue las instrucciones, solo báñate en ese momento en que el sol ilumina el amanecer…

• Quien se baña en el rocío que cae esa noche quedará protegido durante todo el año.

— Con estos calores, no estaría nada mal; de hecho el rocío de la noche es genial siempre y no solo esta noche, lo recomiendo… Eso si: Cuídate de un resfriado…

• Meterse desnudo y de espaldas al mar, mirando la luna, permitirá a quien lo haga obrar ciertos prodigios.

— Pero podría darse el caso de ser arrestado por exposiciones deshonestas, que me diera con alguna piedra en la cabeza al lanzarme hacia atrás y que sufriera de encogimiento de ciertas partes debido a la frialdad del agua…

• Quien se coloca debajo de una higuera con una guitarra en sus manos puede aprender a tocarla de forma inmediata.

— Esta me gustaría intentarla…Por si acaso…a veces puedo ser un iluso…

• Los solteros y solteras que al comenzar el 24 se asomen por la ventana de su casa verán pasar al amor de su vida.

— De que vale verlo pasar, deténganlo, háblele…si es el amor de su vida pues actúe de inmediato, no espere a esta noche…y si, ya sé que dirán que se refiere a que lo reconocerán, pero deben creerme el amor de su vida esta ahora mismo en cualquier parte y no esta esperando por usted: Está buscándolo que es diferente…

• Si se quema un papel donde se haya escrito aquello que se quiera olvidar, se puede lograr bienestar por todo el año.

— Ja, ja, ja. Creo que olvidé donde dejé los fósforos, el papel, el lápiz y lo que es peor, olvidé el nombre que debo escribir…Tal vez deba echar las facturas de mis deudas. ¿Creen que los cobradores olviden mi deuda? Si fuera por mi echaba completito al Banco Santander…

• Si una mujer se mira desnuda y de espaldas en un espejo, a media noche y con la luz de una vela, verá el momento de su muerte.

— Y si yo la veo veré el momento oportuno para besarla…poseerla y tener cuidado de no quemarme con la cera de la vela…Me encargaré de que muera en espasmos de piel y en… ¡Dios que estoy diciendo!

• Se le rinde tributo en cultos paganos al sol, al agua, a la tierra y a los vegetales.

Comenzemos por el sol:

• Con la hoguera que es nutridora del sol, es la práctica mas afincada, a su alrededor se salta y baila hasta que amanece. Quema lo antiguo y da paso al futuro.

— Cuidado con tropezarse y caer de lleno en la hoguera…

— Sigamos con el agua:

• Se considera que a partir de las doce de ésta noche, el agua está bendita, es milagrosa, cura enfermedades y proporciona la felicidad. En algunas localidades es costumbre el tirar el carro al río. Es símbolo de amor.

— Deben ser precavidos; en algunas localidades debido a la contaminación existen peces mutantes. En referencia a lo del carro, no creo que puedan usar de excusa lo de esta superstición con los del seguro, mejor tire su auto a la hoguera y diga que cogió fuego. Y en lo del amor, el verdadero símbolo del amor es usted mismo, ame con locura y tálvez sea amado con igual intensidad…

— Ahora a los vegetales:

• Se coge el trébol y los mozos ponen el "ramu" en la puerta de las casa de sus novias. Se enraman balcones. La tierra es símbolo de fertilidad.

— Pues… ¡denle anticonceptivos! No quiero tener tierritas y tierritos corriendo por ahí gritándome papá…

— Y el aire:

• Nos da la vida y se invoca al bailar la danza prima, que se baila en círculo.

— Bailar, eso si que nunca esta demás… ¡A ella le gusta la gasolina, dale más gasolina!

— ¡Vaya supersticiones! Lo paradójico del asunto es que el 24 de junio se celebra la fecha del nacimiento de San Juan Bautista, que en realidad no debería festejarse porque de los Santos siempre se recuerda el día de su muerte.

• San Agustín hace la observación de que la Iglesia celebra la fiesta de los santos en el día de su muerte, pero que en el caso de San Juan Bautista, hace una excepción y le conmemora el día de su nacimiento, porque fue santificado en el vientre de su madre y vino al mundo sin culpa.

— ¡Nacer sin culpa! ¿No que sólo Jesús y la Virgen Maria? Sólo le faltaría no tener deudas y haber sobrevivido al capricho de aquella mujer de que le cortasen la cabeza… entonces si sería envidiado…

—¡Ea! ¡Queda una superstición!

• Quien madrugue el día 24 no pasará sueño el resto del año

— Pues entonces… el día 24 quiero levantarme como a las seis…de la tarde… ¡Exijo dormir! Morfeo…¡Vete al K^>AJO!


•Fuente: Noche de San Juan - Festividad de San Juan, Historia, origen de la celebracion, festejo, costumbre

jueves, junio 02, 2011

Puntos Cardinales

Por Angelo Negrón    

Abrí el mapa de mi vida queriendo descubrir algún indicio de que tomé el camino adecuado y que mis próximos pasos no serian en vano. Tropecé con los puntos cardinales. Cada uno de ellos me habló de ti. Descubrí que no importa si durante años no tuve tu presencia física conmigo pues estuviste siempre a mi lado; en sueños que, como algarabías rondaban mi cerebro con el entusiasmo de encontrarte cuando menos me esperaba y que busqué en otros brazos cuando sólo debía hallarlos en ti.
     Perdí mi alma, te la entregué cuando te encontré frente al mar y lingotes de cariño macizos me hundieron en la profundidad de tus ojos, en el embeleso de ver mi esencia en tu mirada cuando fuimos uno. Estrujé mis ojos ante el atlas de mis días. Comencé a verme y a verte...
     Miré hacia el Este de mis vivencias. Te encontré justo al amanecer, cuando soñaba con la llegada de mi alma gemela. Aún era un muchacho, pero la soledad me había hecho soñar despierto y hasta imaginar como eras en realidad. Ahora me doy cuenta que cada canción que me apasionó me hablaba de ti. Cada poema inédito en mi cabeza seria escrito por tus labios sobre los míos.
     Ahora mismo descubro que no importa cuantos labios besé antes pues no los recuerdo; los tuyos han borrado todo vestigio de ellos. Sólo me queda el carmín de tus labios como huella indeleble en mi corazón. Tu lengua inquieta en mi boca construyó apasionamientos, destruyó cobardías, elevó ímpetus y multiplicó placeres. Como parte trascendental cambiaron mi vida entera...
     La cordillera central captó mi atención. Decidí dejar el Este y mudarme por un tiempo al meridiano de tu cuerpo. Poseí montañas y laderas. Convertí en vertientes tus deleites. Quedé asombrado cuando desde allí observé tu Sur...
     Me posé en el ombligo y disfruté las dudas de sí podría salir del encanto que suponía se encontraba en tu Sur; justo en tu entrepierna. Tomé la decisión de que vivir en tan húmedo lugar seria fantástico y encontré el trópico de tu alma en plena tormenta de sensaciones. Ante los oleajes fuertes de la agresión de mi lengua percibiste el constante zambullido y las caricias acompañando la superficie de tu piel, desde los dedos de los pies hasta los degustados senos... Disfruté la esperanza de que fuera para siempre y sólo mío el promontorio que con mis dedos acariciaba. Mismo que mi lengua remojaba entre el ondulado rebullir de tu cuerpo. Lo acompañaste por gemidos fulgurantes que exigían repetidas embestidas que te transportaran al universo astral del completado éxtasis, del renovado amor. Tus órdenes se cumplieron. Acoplé mi pecho contra el tuyo. Nuestros cuerpos se unieron y nuestras almas fueron indivisibles. Llegamos juntos al Oeste de un día lluvioso y hermoso; lleno de recuerdos y placeres en el apareamiento de dos sexos, en la unidad de nuestros universos carnales y terrenales, todo mezclados y en la superficie de sabanas estrujadas y mojadas por el sudor de nuestra piel que se negaba a dejar de ser una.
     Y en el Oeste descubrimos el atardecer. El sol se ocultó. La luna apareció impasible y sin disimular sus celos. Luego de tantos poemas, dedicados a ella, descubrió que a nosotros nos correspondía que el universo se pusiera de acuerdo para el verdadero eclipse de nuestras vidas; ese en el que tú eres yo y yo soy tú. La luna enfurecida nos recordó que debías marcharte pues Morfeo, el dios de los sueños, reclamaba tu presencia para hacerte soñar con futuros inciertos en los que yo no estuviera presente para él disfrutar de la espiritualidad de tu ser. Partiste en un cerrar de ojos. La almohada fue testigo de tu escapada en los brazos de otro. Morfeo me miraba y se burlaba pues te custodiaba y yo no lograba dormir y soñarte en algún jardín o playa en la que te dijera mil palabras de amor, mismas que aún falta puedas escuchar de mis labios. Te miré y entonces fui yo quien me burlé de Morfeo. Lo embromé porque soy tu dueño en cuerpo y alma y puedo soñarte despierto. Así en mis noches de insomnio soy el guardián de tu alma cuando decide salir a pasear. Al llegar el día, justo en el momento en que vuelvo a habitar el Este, me convierto en el vigilante de tus puntos cardinales olvidando los míos propios pues te los encomiendo con la confianza de que serán tuyos de forma completa...
     Ahora cerraré el mapa pues conozco los puntos cardinales de tu cuerpo y los de mi vida. Lo guardaré en lo profundo de mi corazón y en la cercanía del recuerdo. En el bolsillo de tu alma dejaré una brújula que estará dispuesta a ser usada, si alguna vez resuelves perderte, para que regreses a mis brazos sin detenerte ya que sólo yo soy tú otra parte...
     ¿Me preguntas por el Norte? ¡No creas que me olvidé! ¿Cómo olvidarlo? En el sobrevivo a cada instante. A partir de allí es que admiro el Este, el meridiano, el Sur, el Oeste y continúo bajo la influencia del verdadero amor que me dicta que tú eres mi Norte; el camino a seguir, la guía máxima. Mi ángel de alas sedosas y escote pronunciado que con su alma evoluciona logrando que me desenvuelva sobre y debajo de su cuerpo haciéndolo mío; disfrutando de caricias y besos, de humedad y sensaciones a veces explicitas y por momentos secretas...

Norte...

     ¡No, así no! Debo escribir NORTE. Sí ¡Desde luego! En letra mayúscula: ¡NORTE! Ya que en estos momentos de esa forma están mi corazón y mi erección por sólo pensarte sobre la hierba de un campo florecido, acostada desnuda, mientras tratas de señalar con manos y pies los puntos cardinales de nuestro universo y dejas a mi desdén encargarse del meridiano de tu cuerpo. Sobre todo del horizonte de tu boca y la verticalidad húmeda que me llevara a darte placer en todo tu existir...