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domingo, noviembre 09, 2014

Leyendo MICROGRAMAS de sol de Luis Francisco Cintrón

Por Angelo Negrón

Descubrí en Microgramas de sol, del escritor Luis Francisco Cintrón Morales, todo un universo de historias; esto logrado con la fusión del Haiku y el Senryü. Si es verdad queun gesto a veces lo dice todo”: ¡Imagina el poder de la palabra!  En los cien microgramas que el autor presenta, nos brinda un paseo por variados temas que van desde el corte social y el amor hasta el erotismo; sin limitarse en imágenes y con una sensibilidad poética palpablemente envidiable. Y es que, en estos microgramas, el autor parece haber preparado una receta artesanal en las que tomó cien novelas y las mezcló con cuentos, las sazonó con poesía, las comprimió con ensayos para luego exprimirlas obteniendo todo el partido posible y dándole la teatralidad necesaria que buscamos algunos al leer.

     Un libro como este puede leerse obviamente, por su forma y extensión, de un tirón; confieso que así lo hice. También declaro que volveré a leerlo, pero esta vez en los próximos cien días. Tomaré uno cada mañana, con café, y trataré de que me acompañe, a manera de mantra. Será como una receta para pasar el día. De hecho, me encantaría ver estos microgramas en el pie de la agenda que utilizo para mi trabajo o en esos calendarios que encuentras con citas o consejos, después de todo, la poesía nos habita a todos y a todo, pero a veces la olvidamos o la obviamos en el quehacer del trajín diario.

     En esta experiencia de leer a Luis Francisco fueron muchas las imágenes y demasiados los aciertos. Su habilidad para desnudar las historias hasta llevarlas a ser pequeñas concentraciones de letras con grandes dosis de poesía no escatima en reflexiones. En ocasiones me robaba una carcajada, en otras tenía que detenerme y cerrar los ojos para meditar en la búsqueda de conseguir imágenes similares, o dispares, en los recuerdos  que todos llevamos anclados dentro…y como “para prueba con un sólo botón basta” a continuación les dejo un ejemplo de lo que me espera de nuevo en los próximos cien días y de lo que puede disfrutar en Microgramas de sol:   

15
Maldita Ancla
me mantienes inmóvil
ante mis sueños

43
Mariposas que
aún nos zigzaguean
como al principio

60
Mis miedos fueron
ciertos en tu retrato,
muere mi huida.

62
Somos dos oídos.
Nos toca escuchar sin
ser escuchados.



***

Angelo Negrón es narrador, bloguero y asiduo fanático de la twitteratura. Oriundo del pueblo costero de Cataño. A finales de la década del 80 funda y dirige la revista Senderos. Durante los años siguientes sus cuentos serán conocidos en las páginas de la revista Taller Literario. A raíz de esa experiencia entra en contacto con una serie de cuenteros de diferentes partes de Puerto Rico, entre ellos el escritor Antonio Aguado Charneco, que considera a Negrón como uno de los principales narradores de su promoción generacional. Su blog, a través de los años, se ha ido convirtiendo además en un espacio cibernético que ilustra el acontecer cultural boricua. Recientemente fue incluido en la antología Cuentos puertorriqueños en el nuevo milenio, antología que recoge 50 cuentos de 50 narradores puertorriqueños contemporáneos, publicado por la editorial Libros de la Iguana, también publicado en Revista Purpura, por Diversidad Literaria de España y en Revista Inopia (N.o 03 Año II). Durante el presente año circularán sus libros Causa y efecto (cuentos) y Ojos furtivos (novela), bajo el sello de Publicaciones Gaviota.

miércoles, octubre 22, 2014

Leyendo El Anarquista de Javier Febo

Por Angelo Negrón
(Varias preguntas al leer El Anarquista de Javier Febo)

¿Cuántas veces leer un libro ha sido capaz de transformar tu vida o al menos dejarte pensando por días en lo leído? ¿Has escuchado gritar a un libro de poesía? Yo he encontrado algunos capaces de eso y más. De hecho, en estos días encontré uno que me convenció de querer acompañarlo a gritar. Se trata de El Anarquista, reciente entrega de Javier Febo, libro que es capaz, si se lo permitimos, de liberar el pensamiento.

Es que, tras leer a Febo nace en uno la ambición de volverse un rebelde con causa que asume su rol de oposición y el eterno deseo de abolir toda autoridad que viva en contra del individualismo. Poema tras poema, la voz libertaria de Febo, enriquece incluso al instinto y va inquietando, desde adentro, al alma. 

El Anarquista va creando debates internos. Sus letras van levantando el brazo y con el puño cerrado vocalizan realidades que ya hemos notado a simple vista, pero a las que en el pasado hemos preferido omitirlas. Tal vez entro en aguas profundas cuando menciono lo que todos sabemos: Hemos sido criados bajo sistemas de sumisión y dependencia. Aunque nos mientan y nos mintamos, así es. Nos hacen creer que ya rompimos las cadenas y que la opresión es cosa del pasado. Me rio de eso (¿o acaso lloro?).

Creo que, por momentos y ante una necesidad imperiosa innata, nos aferramos a buscar un cambio, a rechazar la promesa político partidista de cada cuatro años y a dudar de las palabras de alguien que se postule o está en el poder. Lo extraño es que tales sentimientos duran muy poco. De la nada, y no sé cómo, olvidamos todo y surge la necesidad de ir a escribir la papeleta con una equis debajo de uno de los símbolos representativos de partidos a los que no entendemos y definimos como estandartes de nuestro ideal y donde elegimos a personas a las que, en nuestro carácter personal, no confiaríamos ni un centavo. En cambio: ¡Le regalamos el poder de manejar las finanzas de este país! Buscamos en ese momento votar por el menos malo y eso si que es burdo.

La poca lucha que hemos dado ha sido en nuestra zona de “confort” y sin pleno uso de nuestras facultades pues un halo de falsa democracia nos tapa los ojos con su venda gigantesca. Reconozco que, por otro lado, existen quienes mantienen la lucha con su ejemplo, es más: Sé que hay todavía quien grita para quedar incólume tras aceptar que todo cambio comienza en uno mismo.

Obviamente generalizo cuando menciono que hay quien lucha y quien cree estar luchando, incluso quiero pensar que son más los que, a capa y espada, están buscando, no eso de tener más derechos, sino el lograr la igualdad para todos y todas. Y es que, durante mucho, nos han enseñado a guardar silencio, por ello, cuando encuentro a alguien como Febo (al que callarse no le parece para nada una opción) mi esperanza se renueva y me demuestra el poder de liberación que tiene la palabra. De hecho este libro tan lleno de verdad logra con su letras que me pregunte: ¿Alcanzar un cambio social hacia el humanismo es posible?

Es que, al leer a Febo, no puede uno dejar de pensar que todo ese orgullo que sentimos por creernos seres racionales es una falacia. Racionales seremos el día en que la anarquía deje de parecer una quimera. El Anarquista es entonces, a mi entender, un libro en que cada poema disfruta de esa inspiración que es himno del cambio. Ciertamente Febo es capaz de debatir las imposiciones a las que estamos acostumbrados y a su vez hacernos reflexionar como lo indica en El Anarquista en su Epígrafes IV:

“La Anarquía
no tiene Morse
 es simple
como la poesía
que hace el amor
 con la belleza”.

En fin, sólo queda una pregunta por hacerles que espero genere muchas interrogantes más:
¿Te atreves a leer a Febo?

***


Angelo Negrón es narrador, bloguero y asiduo fanático de la twitteratura. Oriundo del pueblo costero de Cataño. A finales de la década del 80 funda y dirige la revista Senderos. Durante los años siguientes sus cuentos serán conocidos en las páginas de la revista Taller Literario. A raíz de esa experiencia entra en contacto con una serie de cuenteros de diferentes partes de Puerto Rico, entre ellos el escritor Antonio Aguado Charneco, que considera a Negrón como uno de los principales narradores de su promoción generacional. Su blog, a través de los años, se ha ido convirtiendo además en un espacio cibernético que ilustra el acontecer cultural boricua, y reproduce ocasionalmente el boletín “En las letras, desde Puerto Rico”. Recientemente fue incluido en la antología Cuentos puertorriqueños en el nuevo milenio, antología que recoge 50 cuentos de 50 narradores puertorriqueños contemporáneos, publicado por la editorial Libros de la Iguana. Durante el presente año circularán sus libros Causa y efecto (cuentos) y Ojos furtivos (novela), bajo el sello de Publicaciones Gaviota.

sábado, febrero 15, 2014

Leyendo Epicedios de Javier Febo Santiago

Por Angelo Negrón

     Me encanta la poesía a manera de puerta por la que puedes entrar o salir con daños o beneficios internos. Por eso, debo llamar a las letras de Javier Febo como Poesía Eficaz, no sólo por lo transgresora, enérgica y valiente, sino también, por su penetrante autoridad. Lejos de toda retórica puedo decir que en ella no sobra ni falta nada, o sea su poesía estrictamente es. Lo que me lleva a preguntarme: ¿La poesía total existe? Epicedios es poesía multiforme que evoca tanto alucinación como realidad. En otras palabras: La inspiración que engendra Febo puede dictarse como un recurso natural al hambre por las buenas letras…

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Epicedios esta disponible para lectura gratuita en el siguiente link: ISSUU




sábado, junio 08, 2013

Leyendo Sara, La historia cierta: Un libro de Rubis M. Camacho

Por Angelo Negrón


La palabra escrita, además de satisfacción, ha logrado muchas transformaciones en mí vida. Por ejemplo leer a mis diecinueve años El Canto de la Rana del Sacerdote Jesuita Anthony de Mello logró que reconociese a Dios según el mismo de Mello lo describió: “como un piano: diferentes notas y un sólo acorde” y que viese al cristianismo “como una forma de vida y no una religión”. Mucho antes que esa transformación los libros que leía la catequista los sábados conducentes a mi primera comunión, entre ellos la biblia, me remontaron a miles de aventuras y enseñanzas. Entre ellas estaba la historia de Abraham, patriarca del pueblo de Israel y del pueblo árabe. Desde niño me hablaron de él como símbolo de obediencia, fe y temor a Dios mientras que de Sara me dijeron que era el ejemplo del poder de Dios que lograba que una mujer estéril y anciana pudiese tener un hijo. Luego llega Isaac como cordero que será sacrificado. ¿A quién no le pareció extraño el pedido de un Dios de amor que solicitaba la muerte de un hijo a manos de su padre y en sacrificio? A decir verdad a mí no. Para el tiempo en que escuché la historia era sólo un niño y mi catequista una señora más buena y cordial que mi maestra de segundo grado. Fue sorprendente imaginarme al ángel enviado por Dios deteniendo la mano de Abraham que sostenía la daga en alto dispuesto a obedecer. A mi corta edad ese Ángel era un superhéroe a lo Superman o Batman, sólo que tenía grandes alas y era enviado por el mismísimo Dios, (justo y bueno), a evitar la muerte segura del hijo de Abraham.

Ahora, después que han pasado tantos años desde aquel otrora aprendizaje católico, apostólico y romano,  a la escritora puertorriqueña Rubis Camacho le da con escribir sobre el génesis de Abraham y Sara desde una perspectiva realista. Con ello ha logrado en esta historia catapultarme a meditar en la biblia, ese antiguo libro tan lleno de contradicciones y atiborrado de historias patriarcales y machistas. Mientras en la catequesis que me enseñaron, Abraham es descrito como el hombre más fiel a los pedidos del dios judeocristiano y el hombre que trató en vano de salvar a Sodoma y Gomorra si encontraba a un sólo justo, en las páginas que escribió Rubis Camacho, tituladas Sara La Historia Cierta, Abraham es el déspota asqueroso que ve a Sara, no sólo su esposa sino su hermana, como a una posesión más, comparable a uno de los animales de su rebaño. 

Es entonces de sumo interés, y hasta iluminador, la vida que les ha creado Rubis a personajes bíblicos en esta divertida y profunda tergiversación que nos puede llevar, como todo buen escrito, a más de una interpretación. La autora utiliza a personajes del Génesis y lo hace de manera magistral. Tal es el caso de Sara, hermana y esposa del profeta Abraham que en esta novela es convertida en protagonista en el antiguo testamento, lugar donde las mujeres están presentes para llevar un papel secundario. La defensa de muchos creyentes a este detalle que no me explicaron de pequeño, (y que yo tampoco expliqué pues fui catequista) será que hay que dirigirnos al momento en que fue escrita la biblia, o sea a un momento histórico en el que el hombre se llevaba el merito de todo y la mujer estaba subyugada. En ese momento de la historia, (de hecho es hasta los años sesenta del siglo veinte cuando la mujer comienza a ejercer su derecho a sentir placer sexual y erótico), la autora presenta a Sara como una mujer desdichada por la apariencia y mal olor de su esposo, el profeta Abraham, e impactada por la forma en que el faraón de Egipto la hace suya. Y es que el Faraón, a quien Abraham le entrega su mujer para que se complazca con su belleza y atributos sexuales sin decirle que es su esposa, es todo un dios en los juegos amatorios. Mismos que Sara disfruta muy en sus adentros.

También la esclava Agar juega un papel importante en esta novela. En la biblia la esclava Agar es trascendental  como madre de una parte de la descendencia de Abraham, en esta novela también lo es como amante de uno de los siervos y capricho de la misma Sara.

La historia de Rubis es hilvanada desde la perspectiva de que leemos unos papiros antiguos encontrados en 1988 y que narra la historia cierta de seis personajes. Mientras leía algunos “papiros” contenidos en su novela reflexionaba sobre lo que pensarían las personas que basan su fe literalmente en la biblia, (uno de los libros más vendidos del mundo), si leyesen el libro de Rubis. Imaginé que compraba dos novelas más y me inmiscuía en alguna librería cristiana, católica o evangélica, da igual. Ya allí las dejaba en el anaquel. Su titulo y portada  atraerían a más de uno. Alguien la compraría y pensé en sus reacciones al leer este libro. Creo que irían desde la sorpresa hasta la rabia en estos tiempos donde está muy de moda ver a un “cristiano” profiriendo insultos contra la equidad.

¿O quién sabe? Tal vez los vería analizar esta tergiversación tan llena de sensualidad y remontarse a imágenes muy bien logradas y fáciles de leer. Tales imágenes se fusionan fuertemente con el sentido del olfato ante lo bien descritos que están los olores, (El delicioso y la fetidez) y se combinan con el tacto, ante las caricias, (toscas o sublimes), detalladas por la pluma de Rubis.


El final de la historia me arrancó un pequeño grito mezclado con suspiro: Argamasa de sorpresa y aprobación. Asombro, no sólo porque no lo esperaba, sino porque esta conclusión, (junto con los demás “papiros”), es digna de estar, (tal vez me excomulguen) en la misma biblia. Por suerte si se me acusa de hereje por lo que acabo de mencionar no seré quemado en la hoguera. Si me toca ser excomulgado me despreocupa en este tiempo en el que, cómo expliqué al principio, creo en el cristianismo sin religiosidad y a manera de ejemplo de vida y es que, tal como dice Alberto Cortez cuando protagoniza mi monologo preferido: “Más allá de cualquier ideología, más allá de lo sabio y lo profano, soy parte del espacio, soy la vida; por el hecho de ser un ser humano…”.

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Angelo Negrón: Sus cuentos han sido publicados en la revista y colectivo Taller Literario y en Revista Púrpura. Tiene varios libros inéditos de relatos a los que le ha dado por título: Entre el edén y la escoria, Sueños mojados, Confesiones y Causa y efecto. Además una novela titulada: Ojos furtivos.

miércoles, diciembre 26, 2012

Leyendo Hum ano: Entrega reciente de la poesía de Javier Febo Santiago


Por Angelo Negrón
    


     La voz de Javier Febo es refrescante y ácida a la vez. No lo leía desde su exelente Novilunio y, este su más reciente libro, Hum ano, me ha dejado sentimientos encontrados. Por una parte comienza siendo una especie de auto-mandato al olvido y al descifrar del yo que se exige el autor, para luego ser una crítica-definición de la humanidad. Y es que, lo que emprende con un pedido a “pasar de largo y no querer verte” en su poema “La orilla”, continúa con una definición del “Soy esto y aquello otro” , con las mascaras que eso implica, en sus poemas “Incontables” y “Confieso”. Ya en su cuarta entrega, en la que nos habla de nacimiento, fue que inició la transformación en mí.
    
     Los cuarenta y tres poemas parecen haber sido hilvanados para ir creciendo en el lector esas dudas que crean preguntas filosóficas profundas. El tema de lo humano siempre ha presentado dificultades serías, específicamente en eso de definirlo. ¿Somos sólo materia orgánica? ¿Tenemos eso que llaman alma? ¿Existe otro lugar después del aquí?

     Tales distinciones radicales nos envuelven en la particularidad, no nueva, pero imperante en la literatura: Ser transgresores. Por esto menciono al principio que la voz de Javier es refrescante y ácida. Refrescante porque hace vibrar sin abusar de esa lirica llena de te amos orgásmicos y eyaculadores, a la que acostumbro y que inclusive utilizo en demasía a la hora de escribir, y lo agrio de su voz radica, es mi percepción, en que su definición de lo humano asume esa actitud de respuesta y pregunta con la que envuelve la dualidad de cuerpo-alma a lo largo del libro. Febo es transgresor, haciendo uso de un idioma en el que a veces poco a poco, y en algunas piezas de sopetón, te estruja en la cara, por no decir el alma, la aclaración de cuan finitos somos: Frágiles como las ventajas y desventajas del nacer y las adustas pesadillas.  Nos explica con firmeza, una y otra vez, lo que la caratula de su libro nos anuncia. ¿Somos eso: Piel, venas, hueso y carne?, ¿También lo que sentimos y soñamos nos convierte en esa madeja de posibles e imposibles que es vivir?

     Ya para cuando llegué a los poemas Celibato y Enmarcada comenzó a excitarse mi ser con letras que me despojaban de inhibiciones, pero como si fuese hecho adrede por el autor, o por quien escogió el orden en que aparece esta entrega, todo amague de lujuria se vuelve polvo, y no del que es rico, si no del que hace lagrimear de tristeza con Archivado, poema en que se detiene la avidez por el compartir de cuerpos desnudos en el sexo y nace la indignación por la ignominia hacía una niña de trece años.  En adelante, como ha sucedido hasta aquí las letras de Febo siguen creciendo hasta convertirse en una voz agresiva. Un grito que ordena, que exige y explica la miseria que nos adorna como seres vivientes. Esta prerrogativa de sabernos racionales nos envuelve en la búsqueda de entender lo que ha querido decirnos el autor y no cesa el tono progresivo con el que se dirige a través de su obra. Si bien tuve el placer de leer Relato Poliamor tres veces , (pues no salía de su asombrosa perfección), también fue característico de este viaje el pausar y saborear el dolor emergente y las ganas de gritar con el autor ante la injusticia, misma que se perfila como daga en pecho abierto y que ya es tan común que parece inevitable.
    
     Lo expuesto por él en su poema “Hablar” intenta abrirnos los ojos y recordar la máxima de que no hay peor ciego que el que no quiere ver y es que repasa eso de creer en dioses o energías, en religión (monoteísta o no), en políticas, en filosofías y pensamientos de nuestros ancestros advirtiéndonos que todo esto logra que el universo nos desconozca. 

     La inspiración que cierra este repertorio habla de la muerte en su mayor grado, extinciones que son culpa del hombre; poema que es una invitación a recordar famosos genocidios de nuestra historia dejándonos claro que aún falta mucho para comportarnos como seres humanos. Indudablemente, ser y estar no es lo mismo. 

     Si bien es cierto que la función de todo escrito es compensar la necesidad del autor; tal escrito no debe detenerse ahí, debe ser leído por otros para que cobre su justo valor. Recomendaré entonces este libro de poemas que ya atesoro, cuya belleza no se limita a hablar hermoso sino a entregar verdades. Esto lo digo repitiendo al poeta estadounidense Wallace Stevens en Sur plusieurs beaux sujects: “El objetivo de un artista no debería ser crear con la mayor belleza posible, sino decir el máximo de verdad compatible con la belleza”. Debo asegurar entonces que tengo miedo de lo que a Javier Febo aún le falta por decir. Sus letras son, como ya mencioné: Un grito que puede causar dentro del alma, ¿eterna?, cambios de sentir y pensar. ¡Este joven autor puede crear todo un movimiento filosófico! En definitiva: Estaremos pendientes a la inyección poética de Javier que se expresa, con propiedad y estimulo, hasta sumergirnos en la profundidad de imágenes y conocimientos con poderosas palabras.
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Angelo Negrón: Sus cuentos han sido publicados en la revista y colectivo Taller Literario y en Revista Púrpura. Forma parte de Cuentos Puertorriqueños En El Nuevo Milenio, antología que recoge 50 cuentos de 50 narradores puertorriqueños contemporáneos. Tiene varios libros inéditos de relatos a los que le ha dado por título: Entre el edén y la escoria, Sueños mojados, Confesiones y Causa y efecto. Además una novela titulada: Ojos furtivos.

lunes, noviembre 12, 2012

Leyendo El arca de la memoria: Un libro de Dinorah Cortés Vélez

Por Angelo Negrón

Allí sentados, en aquellas sillas altas que logran estemos al alcance del mostrador y de nuestros tragos me preguntas si ya leí el libro que me regalaste. Le hago señas al cantinero aunque sé que no nos mira. Digo: No, sin mirarte en la búsqueda de que no descubras que miento. Haces esa mueca burlona; la que siempre busca sacar un comentario adicional de mi parte y guardas silencio a la espera de mi confesión. Me dedico a leer los múltiples slogans en las paredes y noto como juegas con tus dedos sobre la madera laminada en ese tic de nerviosismo que te caracteriza.
Si me dices que te defina lo que es el arca de la memoria de seguro te diré que es un baúl o contenedor donde guardar un guante de pelota, algunas canicas, revistas pornográficas, certificados de merito, fotos de viejos amores con dedicatorias cursis o alguna prenda sexi sin lavar, regalo de una jovencita, aquella vez en un cinco letras o motel, pa’que me entiendas. Yo también era un jovencito, cabe aclarar. Comenzaré a hablar en plural para disimular que me estoy describiendo a mi mismo: Ese baúl estará sellado con un gran candado que nos hará sentir seguros de miradas indiscretas. Recurriremos a él cada cierto tiempo para ver las fotos de esos amores ya pasados que nos hicieron vanagloriarnos y que consideramos fuimos nosotros con nuestro guille de macharanes los que las hicimos sufrir resignadamente o claudicar porque así lo quisimos. (Aunque en realidad nada más lejos de la verdad, ese viejo contenedor ha sido testigo de múltiples lágrimas y desesperos. Los recuerdos allí serán trofeos que perpetuaran mis altas y bajas de forma tangente). Entonces me dirás que al decir arca de la memoria te refieres a algo que está más allá del plano físico y material; algo activado por las conexiones sinápticas repetitivas entre las neuronas. Y asombrado te preguntaré: ¿No es eso de lo que he estado hablando?
Sonríes. Tus labios hacen combinación con tu mirada y sé lo que quieres decir, pero pondré mi cara número siete, esa que te indica que soy un pendejo que no entiende lo que es la sinapsis y mucho menos de lo que estás hablando, y es que en verdad no deseo por nada del mundo que sepas que he leído El arca de la memoria, novela de Dinorah Cortés Vélez. Me conoces y te darás cuenta que algo te oculto, pero prefiero que te quedes con la duda y cambiar de tema. Mientras brindamos, tú con un margarita y yo con una piña colada sin alcohol la portada marrón con la obra “Id tree” de Marzena Ablewska-Lech llegará sin llamarla. El dolor que llega a mi mente no es por el frio de lo que estoy bebiendo, aunque te burlas de mí diciendo: Freeeeeze! y mientras arrastras las E me llevo las manos a la cabeza.
El dolor no se va, pero apacigua. En donde nos encontramos las bocinas sueltan a Adele con su Set Fire to the Rain y entono el coro que es lo único que me sé, mientras la palabra matriarcal no se me escapa ni pensando en el cuento Raíces de Enrique A. Laguerre. En ese cuento el protagonista decide dejarlo todo por volver a la vida en el campo y su familia; tras recordar la vida junto a los suyos. Reconozco que he resumido demasiado el relato de Laguerre, pero debo decir que la palabra patriarcal está presente literalmente, y de manera simbólica, en ese magnífico escrito. Me doy cuenta que no debía aceptar esta reunión a darnos un trago esta noche. Justo hoy terminé de leer esa novela que me obsequiaste en mi cumpleaños y que me ha causado malestar. Recordar las letras de Dinorah Cortés  en lo que ella misma explica "se las da de fabuladora de su propia vida, de artífice de sus sueños, fantasías y recuerdos, de Pandora de su memoria del trópico, en una biomitografia de ella, de su madre, de sus abuelas y de todas las mujeres de su familia"  ha logrado que una leve depresión asome y hasta tengo ganas de añadirle alcohol a mi bebida. Llega el plato que hemos pedido para “picar”. Me observas de reojo mientras saboreas un mozarella stick bañado en salsa marinara. Sé que volverás a preguntar si leí la novela y busco que decirte, pero me conoces demasiado. Terminaré por exponer la verdad en cuanto utilices ese tono hipnótico con el que sueles hablarme. Hurto una alita de pollo y la embadurno de una salsa blanca de la que no sé su nombre, pero que siempre me ha gustado. Mastico de a poquito, retrasando cualquier conversación. Sonrió cuando vuelves a preguntar. Me conoces y te conozco, no eres de las que te quedas con la duda o de las que permite que te cambien el tema si no es eso lo que precisas.
— ¿Qué te pareció la novela? — dices mientras limpias con tu dedo índice algo de salsa cerca de mi barbilla.
Es magnífica, muy buena — digo sin demostrar mucho.
¡Vamos! — Me disparas — Sonaste a comentario de blog o de facebook. Dime más de la novela.
Te sonrio, ahora son Wisin y Yandel los que suenan en los altavoces y busco dentro del bulto hasta encontrarlo. Lo saco y leo la contraportada marrón en voz alta: Una niña lucha por sobreponerse al trauma de un día familiar en la playa que culmina en tragedia. Con brevedad impresionista, la escritora puertorriqueña Dinorah Cortés Vélez ofrece, en esta su primera novela, un relato de triunfo sobre la adversidad y de regeneración de la experiencia femenina. Unas veces, tiernos, y otras, desgarradores, los recuerdos extraídos al azar del arca de la memoria permiten al personaje principal reinventarse a sí misma, por medio de la creación de mitos matrilineales…
— ¡Eso no fue lo que te pedí! Ya lo leí, ¿recuerdas? ¿Ahora que me dirás? ¿Que la narradora nos brinda la novela bajo el sello de Isla Negra Editores en su colección La montaña de Papel y que va por su segunda edición? — me espetas con sarcasmo.
Tus ojos despiden fuego del bueno. Intuyo que ya es hora de decirte todo. Explicarte que leer este libro me ha causado malestar emocional porque mientras más lo leía más me parecía estar leyendo un diario escrito por mi familia, que vi allí a mi madre, a mi padre, a mis abuelos. Incluso mi niñez volvió a mí, que si me preguntas qué es el arca de la memoria tendré que decirte que es cada momento vivido que recordamos con ímpetu. Que es aquel primer beso que me dio Marilú debajo de la casa de Waleska o aquella pelea que tuve con mi primo Carlos por robarme un juguete. El temblequeo que todavía me da cuando pienso en la hermosura de Elizabeth o en la muerte de mis abuelos. En las metas realizadas o en un primer matrimonio fallido y el mortal accidente de mi prima. La masturbación o las pesadillas sufridas, los exitos o los fracasos y las piedras en el camino.
Me observas con detenimiento. Asombrada ves como las lágrimas mojan mi rostro y tu carita se vuelve cómplice de mis pensamientos. Pareces leerlos y colocas tu mano en mi hombro.
Ya los has dicho todo, lo leíste — me dices mientras las bocinas tiran ahora a Fiel a la Vega con Encontrarte es una Historia. El agua en mis ojos logra que te vea un tanto borrosa y que las luces de la cantina parezcan rayos que adornan tu cabello.
Así estuve gran parte del libro — digo mientras me seco las lágrimas del rostro con una servilleta.
— Me alegro en verdad — dices tranquila.
— ¿Ah? — Te miro sin entender esta vez.
— Es que últimamente te desconocía — manifiestas — estabas como insensible ante todo. Parecía que llegarías a ser un gran hijo de puta, ahora tengo la esperanza de que hayas recordado quien eres en verdad. Dime ¿Desde cuándo no llorabas?
— Desde hace mucho — confieso.
— Perfecto, brindemos entonces — dices alzando  el trago que acaban de servirte.
Me niego. Me miras extrañada, pero pronto comprendes cuando me escuchas solicitarle al mesero que me sirva un “Cuba libre” con más licor que Coca Cola.
— ¡Salud! — me dices provocativa. Y brindamos por el regalo de leer a Dinorah y su biomitografia. Mientras saboreo el “Cuba Libre” te miro y me pregunto: ¿Llevamos siendo amigos tiempo suficiente para tratar que pases a ser en mi arca de la memoria un recuerdo  de amor o al menos erótico?
— ¡Cuidado  con esa mirada! — Me interrumpes el sueño despierto y tomas el libro buscando hasta encontrar una página me lo entregas y ordenas que lo lea.
Te hago caso, se trata de la página doscientos tres, esa que Dinorah Cortes tituló Coreografía y te pregunto entusiasmado: — ¿Qué hay con eso?
— Me hubiese gustado grabar tu semblante. Tu mirada me llevó al momento en que leí  ese página, ya que estamos confesándonos; cuando lo leí hace unos días pensé mucho en ti — dices ruborizándote ante tu sinceridad.
Vuelvo a escuchar la advertencia a lo lejos: — ¡Cuidado con esa mirada! — entonces me doy cuenta que he imaginado nuestra conversación referente a la página doscientos tres y le doy un buen sorbo a mi trago. Vuelvo a elevar el vaso y busco brindar  esta vez por la esperanza y por lo que se está por vivir, después de todo hay que seguir llenando el arca de la memoria en esa constante búsqueda de ser feliz.
Sonríes de nuevo y como si me leyeras la mente, una vez más, me dejas claro cuáles son tus intenciones para conmigo al decir:
— ¡Brindo por nuestra sincera amistad!
— ¡Salud! — digo yo mientras abro el libro y en la solapa diviso la foto de Dinorah, esta escritora puertorriqueña que ha logrado ser importantísima en mi arca de la memoria...

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Angelo Negrón: Sus cuentos han sido publicados en la revista y colectivo Taller Literario y en Revista Púrpura. Forma parte de Cuentos Puertorriqueños En El Nuevo Milenio, antología que recoge 50 cuentos de 50 narradores puertorriqueños contemporáneos. Tiene varios libros inéditos de relatos a los que le ha dado por título: Entre el edén y la escoria, Sueños mojados, Confesiones y Causa y efecto. Además una novela titulada: Ojos furtivos.

martes, octubre 16, 2012

Leyendo Vindicación del Miedo de Camilo E. Santiago Morales

Por Angelo Negrón



El estimado colega y amigo Antonio Aguado Charneco, maestro de letras, me hizo un regalo espectacular. Se trata del libro Vindicación del Miedo de Camilo E, Santiago Morales. He disfrutado este libro a plenitud y creo firmemente que debe estar en toda biblioteca, en especial si eres fanático de Quiroga, pues las letras de Camilo, tal como las de Horacio, te mantienen al hilo de la expectación.  Su dominio del cuento me recuerda también al mismo Aguado Charneco, sus letras siempre carcomiéndote por dentro con su sagacidad.
     Comencé a leerlo en una mañana y no pude detenerme, miedo tras miedo buscaba una salida, algo que me obligara a dejar para luego algo de lectura y sucedió. Tuve que ir al dentista con mis hijas. Entre limpieza de dientes y el ponerle lo que la especialista llamó  “gomitas” y  que harán que separe una muela de otra para luego colocarle un gancho expansor en el paladar  para ampliarle la mordida ya que tiene mucho problemas de espacio, me ofusqué y dejé el libro atrás. 
     Al llegar a casa busqué el libro en el auto y al no encontrarlo recordé dejarlo en la silla de la oficina de la dentista pediátrica. Ya era la tarde de un sábado, la oficina estaba cerrada y tuve que esperar al lunes para tratar de recobrarlo. El domingo no pude dejar de pensar en cuentos como El muro, El gusano maestro y Formica homofobia, partes de este magnífico libro al que sólo me faltaban dos relatos para terminar de leer. La nena tenía cita nuevamente con la dentista, para removerle las gomitas y tomarle las medidas al otro día. Ese lunes siguiente mi esposa la llevaría, así que le pedí que preguntase por el libro con la esperanza de recobrarlo. Así fue, lo recobró. Me dijo que la reacción de la secretaria de la dentista fue algo chistosa, pues cuando se lo devolvió le explicó que al ver la portada, y el título del libro, no se atrevió ni a abrirlo.  Y es que la portada también está muy bien lograda, obra de Otto Rapp un pintor de Baja Austria radicado en Canadá y a  quien han apodado como “El Místico”. En verdad mirar la portada causa consternación.
     Terminé el libro y me quedé con esa sensación que deben sentir los que acaban de bajarse de una montaña rusa cuando a pesar de todo el terror que sintieron allá arriba, quieren regresar a la fila para encaramarse y retar a sus miedos nuevamente. De hecho, al abrir el libro y leer lo que Camilo nos ofrece dentro puedo concluir asegurándoles que es esa clase de miedo que se convierte en pánico y que estaré a la espera de más material de este escritor, mientras,  volveré a leer Vindicación del miedo, después de todo: Como nos explica Antonio Aguado Charneco en la introducción de este libro: “ Camilo nos transporta a otras dimensiones de la realidad…de una realidad que, constantemente, redefine sus propios parámetros y ensancha sus linderos” .

Libro disponible en : Libreria Norberto Gonzalez

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Angelo Negrón: Sus cuentos han sido publicados en la revista y colectivo Taller Literario y en Revista Púrpura. Forma parte de Cuentos Puertorriqueños En El Nuevo Milenio, antología que recoge 50 cuentos de 50 narradores puertorriqueños contemporáneos. Tiene varios libros inéditos de relatos a los que le ha dado por título: Entre el edén y la escoria, Sueños mojados, Confesiones y Causa y efecto. Además una novela titulada: Ojos furtivos.

jueves, enero 26, 2012

Leyendo a Antonio Aguado Charneco

Por Angelo Negrón


Los relatos de Tony tienen esa característica que describo similar a un globo que, según vas leyendo, va inflándose poco a poco en el pecho hasta reventar en un final que te deja punzadas, escalofríos y cicatrices en el alma. Luego, de toda esa alegría que es leerlo, buscas más, quieres más; en definitiva sus letras son de esas que son adictivas y necesarias...



sábado, abril 02, 2011

Leyendo Avalancha de Yolanda Arroyo Pizarro

Por Angelo Negrón

     Con prisa abres el sobre que ha llegado por correo. Yolanda Arroyo Pizarro te envía su libro Avalancha y tú, aunque ansioso por leerlo, te detienes en la portada. ¡Excelente!— piensas — mientras te mojas los labios con la lengua y acaricias la cubierta del libro casi sin darte cuenta. Ves cuatro manos que cómplices se interponen entre tu mirada y un cuerpo desnudo. Lees el título: Avalancha. Te parece poderoso, pero no dejas de ligar. Buscas algún indicio adicional de erotismo y descubres que las manos parecen ser femeninas. Te preguntas el porqué a la gran mayoría de los hombres les parece muy erótico dos mujeres desnudas teniendo sexo. Concluyes que es un dos por uno en la visión machista que desde niño te inculcaron. Rememoras películas equis a temprana edad del tema hasta que ves los anillos. ¿Esos anillos le dan seriedad al asunto? No es que el sexo entre mujeres no sea serio, es que si están casadas consideras otra historia que tal vez, sólo tal vez, se aleje de las películas equis que tuviste como altar en esa época. Llegas a la pantalla en el ombligo y regresas al título del libro y al nombre de quien lo escribe: Yolanda Arroyo Pizarro.

     La conociste en una comunidad virtual bajo un seudónimo; sabías que era Puertorriqueña por los detalles de su biografía, pero jamás pensaste que vivió allí, al final de la calle donde te criaste y que la viste alguna que otra vez. Sus letras te llevaban a pasear y casi al mismo tiempo en que visitabas la página azul de Internet comenzaste a leer en un blog a una Yolanda a la que también admiraste por su forma de unir palabras. No tardaste en recibir la confesión de que el seudónimo y Yolanda eran una y quedaste perplejo ante la idea de lo pequeño que puede parecer el universo y de que ambas, el seudónimo y Yolanda, se unieron para duplicarse la admiración. Vuelves a la portada y a mojarte los labios. Disimulas un conato de erección, al menos, mientras te alejas del apartado postal. Al encender el auto, te ves obligado a bajar el volumen de la radio. Quieres comenzar a leerlo, pero miras el reloj y sabes que debes ir a trabajar. En el tradicional transito mañanero, allí en el semáforo que está antes de la cárcel federal, te da con abrir el libro. La foto de la portada se repite esta vez ampliada y divisas mejor el amago de vellos e imaginas las manos acariciando; perdiéndose en placeres o simplemente permitiendo ver lo que ocultan.

      Lees en tinta azul, lo haces en voz alta y como si tuvieses compañía, lo que Yolanda te escribió. Te tutea y te echas “guille” de que esta escritora reconocida, con varios excelentes libros a su haber, y una de las escritoras latino americanas más importantes menores de 39 años del Bogotá 39, se dirija a ti de manera tan casual. Vas a pasar la página para curiosear más, pero un insistente claxon te devuelve a la realidad: El semáforo cambió a verde. Aceleras. Llegas a tu trabajo y no puedes evitar llevar contigo el libro. La contraportada tiene fragmentos que hablan de lo que encontrarás dentro y decides ir al servicio sanitario para sentarte y ojear algo más en horas laborables. Pasas con prisa, esta vez la portada, parte del paratexto y llegas a la dedicatoria: Penetrante, como lo que hasta ahora has visto de este libro. Saltas al Índice: es una invitación más a evitar la parsimonia. Te bebes el epígrafe y adviertes que el primer cuento se llama como el libro. Empiezas a leerlo, pero escuchas que tu secretaria te avisa por intercomunicador que tienes llamada, y con desasosiego sales del sanitario y gastas el día entre excell, power point, reuniones y llamadas telefónicas. De hecho la hora de almuerzo, que pensabas podías aprovechar para continuar con el libro, la pasas con un cliente que no deja de hablarte de lo precario de la situación económica del país.

     El reloj dicta las cinco y sales a afrontar el tapón de la tarde. Por suerte es viernes y llegas a tu hogar después de varias peripecias. Cenas con tu familia, platicas con tu esposa y tu hija de catorce años un buen rato y luego juegas con muñecas con la de cuatro. Te retiras a descansar. Utilizas el mueble reclinable de tu cuarto de estudio. Abres el libro, buscas la pagina trece. Las palabras de Yolanda te van arañando por dentro.

     Avalancha te prohibe descansar. Manteniéndote al filo de la butaca vas de sobresalto en sobresalto. Distingues a la protagonista caminar hacia ti acariciando las paredes y no osas siquiera pestañear porque sabes que, si te quedas dormido, te chupará los pezones. Luego, reconsideras y disimulas el sueño para ver si corres con tal suerte.

     Borealis logra que llores. Tan crudo y real comprendes las imágenes que desfilan en esa historia y haces lo de siempre que algo ataca tu tranquilidad: Mirar al otro lado buscando que no duela tanto y te escapas a otra parte de ti.

     Montar las olas te lleva al resiente tsunami en Japón. El título te ha hecho recordar las imágenes de la gigantesca ola, del terremoto y hasta de la planta nuclear quemándose. Pronto comprendes según vas leyendo que este es otro tsunami, otro terremoto y que lo que se quema son las vidas de los participantes. Su final es tal como te gustan y su trama presenta verdades complejas que te dan contra la pared de las circunstancias. Esas que, lamentablemente cada vez más, leemos en la primera plana de los diarios.

     Estallido de besos rojos te adentra a otro mundo, a uno que no conoces. Lo has visto de lejos. En el cine, en el mall o en el área de Anime de Borders. Los góticos y los emos combinados con la sociedad; juntos pero no revueltos. No los conoces, pero los aceptas. Te parecen diferentes; rebeldes, pero ¿quién no lo es a esa edad? ¿Quién te dijo que debías dejar de ser rebelde? Vives al tanto que si fuera por ti estarías bailando todavía electro-boogie con tenis Puma de gamuza y cabetes de colores fluorescentes o serías un cocolo a lo Eddie Santiago y su Lluvia, tus besos fríos como la lluvia.

     Si bien en tu época te invitaron más de una vez a delinquir y no aceptaste, sabes también que las veces que te invitaron no fue para defender una creencia idealista, política o religiosa y si para lograr hacer dinero fácil y te preguntas que hubiese sido de ti si hubieses aceptado participar, o si la razón para delinquir fuera la misma que le dieron a los muchachos del Cerro Maravilla, ¿Qué hubieses hecho?

     No pensarte es el consabido decir de alguien que te piensa y te da con buscar en You Tube a Ricardo Arjona y a su Realmente no estoy tan solo, ¿Quién te dijo que te fuiste? Si uno no está donde el cuerpo, sino donde más lo extrañan…y van por tu mente amores del pasado, esos que piensas que no olvidarás jamás, por más que sigues tratando de olvidar y es que ahí está la clave: Sigues recordando mientras insistes en olvidar.

     Las ballenas grises hacen que llores de nuevo. Esto a pesar de que ya lo leíste cuando ganó el Certamen Pepe Fuera de Borda en Argentina. Reconoces que esta historia, como las demás de Yolanda, ha sido escrita de forma artesanal. Como si al escribirlas las fuera fabricando escogiendo y utilizando materia prima de alta y exclusiva calidad.

     Golpe de Gracia te atrapa con los pantalones abajo porque piensas que nada te sorprenderá ya después de Las Ballenas Grises. El cuento te arrastra a un mundo marginado y descubres que Yolanda logra nuevamente hacer que tengas que tomarte unos minutos para recobrar el aliento. Cuando llegas al desenlace pareces un asmático sin su terapia. Si alguien se acerca a ti y te oye, pero no te mira; podría pensar que mueres o te masturbas. Buscas la forma de salir del trance. Vas a la nevera y llenas un vaso de cristal con jugo de naranja. Lo bebes mientras orinas. Te lavas las manos y la cara, cepillas tus dientes y miras tus ojeras en el espejo. Te acaricias la mejilla y te rozan los tocones de una incipiente barba. Te afeitas. Queda un cuento y estas retrasando su lectura. Te preguntas si leerlo en la noche o simplemente comenzar de inmediato pues te das cuenta que lo tienes debajo del brazo a la usanza de un devoto religioso cuando carga su Biblia. Caminas hacia los dormitorios de tus hijas. Las ves dormir plácidamente. Sonríes orgulloso y cierras la puerta con cuidado de no hacer ruido.

     Te recuestas en la butaca de nuevo. Abres el libro: página 123: Asian Jelly. El sabor a menta en tu boca disimula bastante el ácido del jugo de naranja y cruzas por el erotismo de una pareja mientras se somete una a la otra. No puedes diferenciar quien es la sometida y quien somete porque: ¿Acaso la obediencia no es un tipo de sometimiento? ¿Con ella sometes a quien te somete? Y retornas con este cuento a la foto de la portada. El elevado erotismo y su juego sexual van liberando el jovenzuelo que fuiste en la mañana anterior cuando recibiste el libro, pero relees el cuento buscando un lugar donde tú encajes. Te das cuenta que en ese mundo no existes, que una zona de tres a tu edad y ante los tabúes que aún existen en ti jamás pasará y que personajes como ese tienen vida propia. Tú serías la parte que Yolanda recortaría en la primera revisión. Cuando se diera cuenta que no sirves en esta historia siquiera para vender el Jelly, mucho menos para comprarlo. Sin embargo sabes que Yolanda escribe novelas y consideras que te gustaría ser ese personaje fisgón que por una ventana mira deseoso una escena como la de este cuento, o ser el personaje que es invitado como espectador de dos mujeres que lloran al unísono la complacencia de tenerse.

     Miras el reloj: Son las cinco y dieciséis. Colocas Avalancha en el anaquel junto a los otros libros de Yolanda. ¿Qué le dirás cuando la veas? Conociéndola no puedes decirle simplemente que es extraordinaria, una persona que ya sabe que lo es necesita escuchar algo más. Meditas. Tú no eres un crítico literario. No le dirás nada: la abrazarás; ella sabrá lo que significa…

     El insomnio ha sido agradable y le echas un ojo al cuerpo desnudo de tu mujer que te invita a despertarla. Lo intentas, pero te rindes ante la promesa de que si la dejas dormir serás recompensado. Te acuestas a su lado. La escuchas respirar tranquila mientras tu alma está repleta de acontecimientos. El libro de Yolanda sigue penetrando en tus adentros mientras enciendes la televisión y miras un programa grabado de noticias. Wanda Rolón y sus comentarios sobre Ricky, Ana Cacho y el caso Lorenzo, La huelga de la Universidad de Puerto Rico, Maripily y Alomar, Rolandito Salas Jusino el niño que se llevaron hace tiempo de la urbanización donde vives, trescientos asesinatos en los primeros tres meses de lo que va de año, el tsunami de Japón, la guerra en Libia, Angelo Millones, Elizabeth Taylor descansa ya y no obstante reconoces que unas noticias tienen que ver con el libro y otras no, igual lo piensas vivamente. Soluciones, buscas soluciones. El mundo necesita un remedio.

      Escudriñas debajo de la almohada el control remoto y apagas el televisor, pues encenderlo no funcionó para que tu esposa abandonara su descanso. Quedas a oscuras y cierras los ojos. Los abres y los cierras buscando dormir hasta que en el techo de tu cuarto divisas amagos de luz provenientes de una ventana entreabierta. Casi amanece. Dormirás, lo sabes. Lo que no sabes es con qué soñarás. Demasiadas imágenes en tu mente. ¿Veras como unos labios te persiguen para chuparse tus pezones? ¿Serás algún niño víctima de la trata de personas? ¿Tus manos olerán a carne asada de perro con tal de pertenecer a una pandilla de criminales? ¿Una de tus hijas será Emo-gotica-terrorista? ¿Padecerás Alzheimer? ¿Rolandito aparecerá algún día? ¿Prefieres Jelly o whip cream? ¿Queda alguno de los dos en el refrigerador?

      No importa: Ya ganaste: Dormirás, tendrás pesadillas o sueños mojados, despertarás y serás recompensado…





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Angelo Negrón: Sus cuentos han sido publicados en la revista y colectivo Taller Literario y en Revista Púrpura. Forma parte de Cuentos Puertorriqueños En El Nuevo Milenio, antología que recoge 50 cuentos de 50 narradores puertorriqueños contemporáneos. Tiene varios libros inéditos de relatos a los que le ha dado por título: Entre el edén y la escoria, Sueños mojados, Confesiones y Causa y efecto. Además una novela titulada: Ojos furtivos.