domingo, octubre 31, 2021

En las letras, desde Puerto Rico: Artesanía cotidiana de vocación poética, trayectoria de la poeta Rosa Vanessa Otero

 por Carlos Esteban Cana

Rosa Vanessa Otero


El  profesionalismo de Rosa Vanessa Otero que trasciende en diversas ramas del quehacer artístico y mediático lo he visto en muy pocas personas. Todo lo que hace se convierte en oro. Así sucede con su poesía. Así sucede en su oficio como editora que ha ejercido por más de veinte años. Así sucede con su periodismo. Rosa Vanessa Otero tiene claro su norte, y continuamente deja de ser ella para ser múltiple en su servicio cultural mientras es honesta consigo misma.

Rosa Vanessa Otero junto a Irizelma Robles y Vanessa Droz en la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2019


El recuerdo más remoto que tengo de Otero fue cuando el Ateneo Puertorriqueño (a través de un jurado integrado por Vanessa Droz, Hjalmar Flax y Aurea María Sotomayor) la otorgaba el primer premio a sulibro “Encarnaciones” en el Certamen de Poesía, 2003. En esa ocasión pude entrevistarle para un
reportaje sobre el evento destinado a publicarse en Diálogo, periódico de la Universidad de Puerto Rico.

En el fondo del caño (Genealogía) (EDUPR, 1997)
Conservatorio con Rosa Vanessa Otero

Cuando anunciaron que ella era la escritora galardonada crecieron mis expectativas por obtener unas impresiones suyas pues tenía conocimiento de que Rosa Vanessa Otero había obtenido otro primer premio del Ateneo en el Certamen de Poesía de 2000 con un jurado muy distinto (integrado por Edgar Martínez Masdeu, Manuel de la Puebla y Hamid Galib). De ese momento en adelante tuve curiosidad por seguir leyendo su obra. Fue así que di con su primer poemario en mi propia biblioteca, que me había obsequiado la poeta y gestora cultural por participar en uno de sus proyectos de llevar poesía a las comunidades y barrios del País. Ese primer libro se titula En el fondo del Caño (genealogía), publicado en 1997 en la valiosa colección Aquí y Ahora de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico y que también fue galardonado con el premio anual en poesía que otorga el Instituto de Literatura Puertorriqueña. En abril del 2004, la poeta, junto a Julio César Pol y este servidor participamos de Acércate a la Universidad. Recital por la celebración del Centenario de la Universidad de Puerto Rico. 

los-rostros-de-la-hidra

Este juego de látigos sonrientes 















sábado, octubre 23, 2021

En las letras desde Puerto Rico: El grupo de Guajana en la historia, breves impresiones

 por Carlos Esteban Cana

 



Hoy me detengo en el grupo Guajana, que emergió en el panorama literario boricua en la década del 60 teniendo entre sus influencias al poeta Hugo Margenat que desarrolló su obra en la década que le antecede (que fue estudiada a profundidad por Ramón Felipe Medina, otro escritor vinculado al grupo). 

No es poco lo que se puede decir sobre cada uno de sus integrantes y la dinámica entre ellos. Según pasa el tiempo nos asombra la valentía y el encuentro (y también la presión) entre sus integrantes para mantener el sesgo inicial de la revista marcado por una poesía de corte social y política (y de la cual se distanciaron escritores de la década siguiente). Mucho de lo alcanzado por Guajana se le debe a su fundador, Vicente Rodríguez-Nietszche, y su capacidad de liderato.

Angela María Dávila
Habría que preguntarse qué tan unidas se sintieron voces tan poderosas y autónomas en su poética como Marina Arzola y Angela María Dávila al grupo. Se me ocurre pensar que las diferentes antologías publicadas del grupo Guajana pueden ser herramientas útiles a la hora de hacer aprehensión del devenir del colectivo a través del tiempo. Siempre me resultó curioso que dos de sus integrantes trascendieron este plano en el mismo periodo: Andrés Castro Ríos y Juan Sáez Burgos.

Es importante puntualizar que Guajana fue sumando en décadas subsiguientes a otras personalidades literarias como Marcos Reyes Dávila, Reynaldo Marcos Padua, María de los Ángeles Camacho Rivas e Iris Miranda. Tengo que reconocer que de la obra de los "Guajanos" ha sido la estética poética de Edgardo López Ferrer -por colocar en primer plano cierta búsqueda ontológica como móvil de la voz lírica- con la que más me he identificado. 


Enigmáticas me parecen además, sin haberlas explorado lo suficiente, las propuestas de Carlos Noriega y Juan Mestas. En esa misma dirección sería interesante estudiar la relación de Antonio Cabán Vale "El Topo" y Edwin Reyes con el grupo. Por supuesto es de agrado recordar a Marcos Rodríguez Frese con su humor particular y verle incisivo en alguna reunión del Comité Organizador del Festival de Internacional de Poesía en Puerto Rico a la que asistí. Y ahora que mencioné el Festival fundado por el propio Vicente, es más que necesario reconocer cuánto le debe Puerto Rico a la experiencia de Guajana en el ámbito caribeño y centroamericano. 

Marina Arzola
A Wenceslao Serra, otro de los fundadores, le debo el placer de haber disfrutado la lectura de sus memorias tituladas "La memoria que no cesa". ejercicio que permite contextualizar los orígenes de la revista. También le debemos mucho a José Manuel Torres Santiago por el rescate de la obra de Marina Arzola, a la que los estudiosos de literatura boricua deben redescubrir y hacer lo posible por rescatar parte de su obra "extraviada" (que alguna vez fue conservada por el poeta Jorge Luis Morales). 

Sería estupendo que cualquier programa de estudio de literatura puertorriqueña dedicara un semestre a enseñar la importancia de Guajana en nuestras letras. Ayudaría, en esa dirección, tener como base el disco compacto "Guajana en su voz", de la editorial Los libros de la Iguana, y otra antología que a través del testimonio oral y documental ofrezca la perspectiva de los diferentes escritores que han formado parte del grupo en sus diferentes épocas.


Disco compacto Guajana en su voz Cincuentenario

viernes, octubre 15, 2021

En las letras, desde Puerto Rico: Adiós a Norberto González -librero, editor, empresario y amigo-

por Carlos Esteban Cana


Norberto González, librero, empresario, editor y amigo ha trascendido de plano a la edad de 70 años. En su sepelio, efectuado la mañana del 13 de octubre en el estacionamiento de su propia librería en Río Piedras, pude rendirle mis respetos. Y allí él estaba, en cuerpo presente, con dos libros muy especiales a su lado: El principito, del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry; y La Biblia abierta en el Salmo 91 (El que habita al abrigo del Altísimo/ Morará bajo la sombra del Omnipotente). Antes que yo llegara se había realizado en el lugar un homenaje en el que habían participado el poeta Eric Landrón, el dramaturgo Roberto Ramos Perea y el librero Alfredo Torres, entre otras personalidades de la cultura. Mi primera respuesta cuando supe la noticia, y cuando llegue al lugar, fue agradecerle su generosidad con tantos autores boricuas a los que había respaldado consecuentemente de diversas maneras: distribuyendo sus libros; pagándoles anticipadamente la consignación aún cuando no se habían vendido la totalidad de ejemplares; o publicándoles libros en su sello editorial, como fue mi experiencia. En el 2013, cuando ya vivía en la Ciudad de Nueva York y quería dejar un nuevo libro circulando en las librerías del País, Publicaciones Gaviota publicó  “Testamento”, una antología de los 29 cuadernos poéticos que había realizado hasta ese momento. Por eso ese “Gracias” espontáneo a quien siempre me recibió con amabilidad, junto a su hermana y mano derecha de la empresa Ana González y su familia.


Mientras caminábamos en silencio desde la librería hasta la rotonda del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, pensaba que estaba allí en representación de la promoción de autores que emergieron en la última década del siglo XX y la primera del XXI. Me refiero a los escritores vinculados a las revistas Taller Literario, El Sótano 00931, Zurde y Tongüas. De Taller, Norberto tenía en su catálogo editorial la novela “Ojos furtivos” y la colección de cuentos “Causa y efecto” de Angelo Negrón y la novela “Aryanation” de Antonio Aguado Charneco; de “El Sótano”, Julio César Pol, con las antologías “Edición Mínima” y “Los rostros de la Hidra”, que dieron perfil generacional a poetas y narradores que gravitaron en torno a las cuatro publicaciones periódicas antes mencionadas, capitaneadas también por editoras y gestoras como Nicole Cecilia Delgado, Loretta Collins y Nina Valedón, durante tres
lustros (1993-2008).





En la ceremonia oficial que se le rindió a Norberto González participaron: el Dr. Luis A. Ferrao, Rector del Recinto de Río Piedras; Mayra Olavarría Cruz, Presidenta Interina de la Universidad de Puerto Rico; y Francis Daniel Nina, profesor y editor d’ El Post Antillano, quien leyó una semblanza del empresario. Luego se formaron dos escoltas de honor: la primera integrada por las autoridades universitarias; y la segunda por representantes de la industria del libro, entre ellos autores y libreros. Emotivo fue el momento final de la ceremonia en el que se interpretó “Preciosa” del compositor Rafael Hernández y el himno de la universidad que fue concluido con un sonoro “viva” a Norberto. Afuera, mientras tanto, arreciaba con fuerza y truenos la lluvia que se prolongó por más de una hora lo que demoró la salida de la comitiva fúnebre hacia las instalaciones del Archivo General de Puerto Rico, donde continuarían las exequias.

Norberto González con sus hermanos Ana y Cheo y con el dramaturgo Roberto Ramos Perea.

Una de las piezas literarias que llegó a mi memoria durante el evento que metaforiza para mí, de una u otra forma, el testimonio de vida que Norberto González deja, es una poesía de Rosa Vanessa Otero titulada “Envío” (Cierta timidez me fuerza/ a un silencioso laboreo de hormiga/ Ojalá, algún día construyera/ un hermoso edificio de palabras/ peligroso al pie como un hormiguero// Mi insatisfacción crónica/ me hace trabajar constantemente/ como una abeja engrosa fielmente paredes de cera/ Ojalá, algún día, mis palabras/ agradecidas de tanto manoseo/ se desborden entre tus dedos/ con el efluvio sano de la miel.// O, cuando menos, zumben/ incansables y molestas en tus oídos/ hasta hacerte rabiar//). Y esto porque el testimonio de Norberto fue de amabilidad, apertura y solidaridad, un testimonio vinculado al valor continuo del trabajo que no se duerme en laureles ni ostenta riqueza, una oda a la gerencia inteligente, autosustentable y exitosa. También, hay que decirlo, en su gestión empresarial y sello editorial dio la bienvenida a libros que problematizan nuestros tiempos y cuestionan entendidos tradicionales en diversas ramas del conocimiento. Libros provocadores, que despiertan y ofrecen otras maneras de entender y comprender el devenir histórico de este archipiélago borincano y caribeño; acontecimientos que nos hacen amar y también rabiar por este Puerto Rico que habitamos y vivimos día a día.

Una de las últimas fotos de Norberto González. Aún con las alas rotas me atreví a a volar.

Y  desde este boletín queremos consignar nuestro apoyo a la propuesta que el Dr. Luis A. Ferrao hará a la Asamblea Municipal de San Juan para que se renombre la Avenida Ponce de León como Avenida Norberto González. Tal como manifestó el rector en su contundente declaración: "Basta ya de Juan Ponce de León. Vamos a honrar a los nuestros y perpetuar la memoria de nuestros editores y libreros que sí hacen patria”.


A continuación “En las letras, desde Puerto Rico” comparte la pieza que el poeta Eric Landrón declamó durante la mañana.


Brindis a Norberto González

 

Brindo por el librero 24-7,

Por el de la mirada mas que clara, ¡clareante!

Por el defensor de la literatura arado

de tierra adentro, espigada firme,

Por el editor que patria de amor y a contracorriente,

Por el que sonreía, tímidamente alumbrador

como un amanecer a canto de sol

recio, acústico, inesperado y urgidor.

 

Brindo por el empresario honesto

y de una sola pieza,

El que respetaba por igual

al escribiente amateur o al célebre escribiente,

El que daba la mano con apretón de corazón, indistintamente

sin doblez de página o de olvidos indiferentes.

 

Brindo por él de la memoria asombrosa

y asombrista,

El antropólogo de títulos perdidos

en rincones de anaqueles,

Por el corsario sin cuchillo en boca

que guardaba tesoros en islas libreras escondidas a la vida

rodeada de oleajes de tomos,

ensenadas de portadas

fondeaderos de pasillos entrepisos

y lomas de lomos

en pestañeos multicolores.

 

Brindo por el que siempre supo

que una librería hechura y ya crecida

es estante y estandarte

de hogar refugio, de nación al talle

y astillero de cultura,

Por el hombre de palabra y la palabra en hombre,

Por Norberto González

Amigo caudaloso y entrañable amigo,

Servidor público de la imaginación impresa

en pliegue de ternura

amparador, arte-ante, mimador

y sapiencial,

Boricua castao que por castao ancla

y revuela,

Paginista de lo eterno y letrado paginista.

 

Brindo el anaquelador de la esperanza indomable

a compromiso invicto,

En la entrega fértil y la siembra memorable,

¡Que viva, viva y viva

Norberto González,

Norberto González!