sábado, septiembre 04, 2021

En las letras, desde Puerto Rico: Preámbulo a La última caricia de Iris Mónica Vargas

 por Carlos Esteban Cana

 

¿Acaso pueden las partes 

narrar el cuento de la suma?


 El donante (fragmento)

I.M.V.

A

Una noche de poetas en El Viejo San Juan marcó nuestro encuentro. En esa ocasión había cruzado la bahía. Atrás quedaba la patria chica y con grabadora en mano avanzaron mis pies por los adoquines mojados. Cuando llegué, la librería estaba repleta. Aún con la aglomeración de personajes y personalidades culturales, después de abordar a los escritores que protagonizarían la velada, mis ojos se cruzaron con los de ella. Y, si la memoria no me traiciona, las palabras que nos dirigimos fueron espontáneas, como si nos conociéramos de toda la vida.


 

Ella también escribía poemas, eso me dijo con una amplia sonrisa cuando le abordé al respecto. Entonces quedamos en ‘intercambiar prisioneros’, es decir, compartir algunas de las piezas que habíamos producido. Yo había regresado a la poesía después de casi una década de exilio creativo en la narrativa. Aunque eso que nutre al poeta siempre estuvo presente durante ese periodo, en el ejercicio continuo de lectura que representaba dirigir la revista Taller Literario. 

Cómo no aprender valiosas lecciones de poetas entusiastas y excelentes de aquella época, entre los que destacaban Elidio la Torre Lagares y Mairym Cruz Bernal, jóvenes escritores que accedían al espacio alternativo cultural que representaba nuestra publicación periódica. Pero retorné al primer género literario que exploré de niño y adolescente después de una noche oscura del alma y del entusiasmo que generaron las piezas que nacieron de tal etapa. Ese diminuto cuadernillo titulado ‘Ante el ojo’ detonó en poetas como Amílcar Cintrón Aguilú y Julio César Pol un constante espaldarazo para que asumiera la creación poética nuevamente desde la cotidianidad. Y en esos días en que conocí a esa poeta desconocida en el Viejo San Juan, yo disfrutaba de compartir mis borradores poéticos con otras y otros escritores. Pero el intercambio con Ella fue diferente.

 

Cuando comenzamos nuestra mesa redonda, sus piezas poéticas destilaban -mediante las imágenes elegidas- un diálogo, una especie de soliloquio con Ella misma. Era como si tratara de hallar lo que estaba tras los motivos de la grafía. Una poesía que tenía un hálito inherentemente femenino por la naturaleza de la textura desplegada. Paulatinamente y sin planearlo mucho, los trabajos creativos que comenzaron a emerger en nuestras respectivas propuestas accedían a nuevos horizontes cuando aspiraban a un diálogo mutuo. Por lo anterior, una parte sustanciosa de mis poemas se vieron enriquecidos con su Presencia.


 

D

 Y después Ella transformó aquella aventura en un sencillo espacio cibernético. Gesto sin pretensiones mayores que como objetivo principal aspiraba a compartir parte de nuestra complicidad creativa. Así nació El viaje del poeta. Una página donde el lector podía acceder a diversas muestras de nuestros respectivos cuadernos, así como a diversas reflexiones sobre el oficio poético. Vocación que, a fin de cuentas, y aunque en ocasiones uno pueda resistirse a ella, te lo otorga en esencia, más que cualquier academia, universidad y carrera profesional, la propia vida. Por lo anterior, y como epígrafe inicial al espacio cibernético, decidimos incluir las siguientes reflexiones de Bijuy Das, poeta de Calcuta: "Un hombre me preguntó: '¿Y tú, niño, qué eres?'. Soy un poeta, le respondí. 'Pero limpias los vagones del tren', me dijo. Sí, y así es como me convertí en poeta, le respondí". 

Por todo lo anterior consigno que la conceptualización de El viaje del poeta le pertenece en su totalidad. Ella fue la gestora de los aspectos múltiples del proyecto. Diseñó la estructura, configurósecciones, seleccionó fotografías e imágenes que añadían elegancia a nuestras piezas. Y yo solo me ocupé de remitirle el contenido. Era ella el corazón, el cerebro, el alma detrás de aquella nueva encarnación de nuestro encuentro.

 Los ciclos subsecuentes nos han llevado por senderos diferentes. Ella ha viajado a diferentes partes del mundo, y continuó su formación como escritora tomando diversos cursos de escritura creativa con personalidades culturales en los Estados Unidos, detalle que con su característica humildad apenas menciona. Yo, por mi parte, continué en mi ‘ermita’ de libros Ríopedrense, atareado en el oficio continuo y acostumbrado de la re-escritura de mis cuadernos. Sin embargo, nuestro acompañamiento ha ido ampliando el horizonte, por lo que he sido testigo de acontecimientos singulares como su matrimonio y el nacimiento de su hijo. Experiencias humanas que, sin duda, le han sumado otro sustrato a su visión artística.

 Y más allá del accidente que resulta ser nuestro camino creativo compartido, quiero consignar en este inciso que lo anterior no compromete mi criterio bajo ninguna circunstancia. Por tal motivo, heme aquí hoy, en la Ciudad de Nueva York, intentando apalabrar la huella tras la lectura de este poemario. Hasta este momento, sin embargo, sólo puedo intuir que este libro me acompañará de muchas maneras en diferentes ciclos de mi vida.


En estos últimos pensamientos Ella ya no tiene que ser Ella, sino Iris Mónica Vargas. El libro, el poemario en cuestión, es éste que usted sostiene en sus manos. Y el crítico que aún se conmueve cuando vuelve a estas páginas soy yo, Carlos Esteban Cana. No de otra forma me ha sido posible comunicar la huella que ha dejado en mí La última caricia. Y ese fue el reto que tuve mientras desarrollaba estos pasajes narrativos ¿Cómo corresponder a esta celebración de vida que se sirve, sin embargo, de la materia inerte, de un cadáver en una mesa fría de metal? ¿Cómo estar a la altura de este homenaje? 

Esta experiencia, la lectura de La última caricia, no ha sido otra cosa para mí que un verdadero privilegio. Fascinado queda no tan solo el lector aficionado sino quien disfruta explorar el dinámico proceso creativo. Y es que más allá del universo desplegado en estas páginas (del John Doe suicida; del cuerpo eviscerado, de la silueta de Eva; de la transgresión registrada de Adán; del trazo verde en el monitor, ese soldadito bailarín que no alcanzó al ritmo; de la casa deshabitada, sus paredes mudas, reveladoras, y el árbol melancólico derribado; más allá de los donantes; de la reliquia en que se transformó Chiaria de Montefalco; de todas las manos enguantadas que tocan la Gran Historia o manejan sin temblor el bisturí; de los pedazos del Guernica; del brillo de la navaja; de Margherita de Citta de Castello o la propia muerte, desmentida por la hipótesis escurridiza del instante y la conciencia en un vacío expansivo), estas piezas en su carácter orgánico son además un poderoso manifiesto del acto creador, del propio ejercicio poético, tal como lo plantea, entre otras piezas, la número 20, titulada Protacciones: De todo lo que es cierto, sin embargo,/ la concatenación es falsa, y el orden/ de aquello es arbitrario, lo impone/ lo lineal en esta nota,/ para que sigas vivo en tu contexto.

Otro aspecto que quiero destacar es lo que podría nombrar como vórtice en la infraestructura de contenido. Me refiero al conjunto de poemas en La última caricia que sustraen momentáneamente al lector de la materia inerte en la fría mesa de metal; una especie de paréntesis en el hilo conductor de las piezas (tal como en la clásica canción de Los Beatles A Day in the Life) que nos dirige la mirada, en cambio, hacia otros espacios habitados, a lo que hay tras la interacción entre neuronas o a ese pacto que hace palpable incluso a la propia ausencia. 

Subordinado a lo anterior queda la correspondencia con la textura que un triángulo amoroso ofrece a los sonetos de Shakespeare, aquí la intriga se genera cuando la voz lírica focaliza hacia otras ‘siluetas’ –aún más fragmentadas por la poca información disponible- periféricas. Lo cierto es que este tránsito poético no desemboca en el desgarramiento total, como sucede en Silvia Plath o Alejandra Pizarnik. En estas páginas la muerte no es un callejón final sino una vía por la cual se accede a, o de la cual se desprende, la vida. Por tal motivo, la voz lírica desprende su aroma indagatorio, como en la obra de Olga Orozco aunque no de forma expansiva, sino en pequeñas y contenidas dosis. Y como resultado, la ecuación o emoción aprehendida tras la lectura de La última caricia se mueve en dos poderosas direcciones. Una que coloca en relieve lo esencial de la capacidad y experiencia humana: Mente/ Unidad de cuerpo/ inasequible,/ inaccesible, herméticamente/ contenida./ Si accediéranle, también,/ como a los huesos/ sobre la mesa de metal/ donde reposa/ fría la materia, entonces/ ¿dónde descansaría/ en paz/ la dignidad? (Poema 46. Pregunta final). Y otra que patentiza la máxima aspiración artística, tal como revela Vargas en el poema 10, titulado Disección: ¿Cómo es que los pies/ escandalosamente desnudos/ de la estatua de Balzac son más/ perfectamente humanos/ que los tuyos, los míos,/ y cualquier otro par de pies? Una y otra, matizada, sin embargo, por una mirada consecuentemente amorosa. (…y levanté sus párpados para mirar/ como le habían mirado alguna vez/ quienes le habrían amado. 47. La última caricia)    

Pero no digo más, porque en estos menesteres siempre ando con la cautela de no usurparle a usted ni a nadie su propia experiencia.

   



 

sábado, agosto 28, 2021

lunes, agosto 09, 2021

En las letras, desde Puerto Rico: Serie Libros encontrados en la espesura. “Como peces emplumados” de Amílcar Cintrón Aguilú

por Carlos Esteban Cana

Amílcar Cintrón en el Poets Passage


El primer escritor vinculado a la junta editorial de la revista Taller Literario que publicó un libro fue Amílcar Cintrón Aguilú. Oriundo del pueblo de Caguas, Cintrón Aguilú se hace presente en el panorama cultural puertorriqueño en la última década del siglo XX, y junto al narrador Antonio Aguado Charneco dio una nueva mirada a la época taína precolombina. En sus cuentos los primeros pobladores del Caribe eran humanos sofisticados con unos conocimientos avanzados en ramas como la agronomía, la escritura, la matemática o la astronomía. Por lo anterior, fue sorpresiva la publicación de “Como peces emplumados” en 1999 ya que Cintrón Aguilú, por un lado, había ganado su popularidad y presencia en las letras nacionales desde el género del cuento; y por otro lado, la madurez de las piezas poéticas revelaba la artesanía minuciosa de un poeta que trabajó con y desde el silencio.
 

 “Como peces emplumados” se divide en siete partes: Presagios del pasado; De arcas, ritos y dioses; Añoranzas, sombras, nostalgias: gentes o soledades; Buscando ánimas (ensayos para una voz de una mujer); Entre huecos del viento; Luchando con las marcas; y En busca de las dunas. El libro cuenta con una presentación escrita por la Dra. Lourdes Lara y unas elegantes ilustraciones que anteceden cada sección realizadas por los artistas Roberto Méndez y Pedro Pablo Soberal.

En el 2016 Amílcar Cintrón fue parte de los escritores entrevistados en la serie Crónicas urbanas que fue publicada en Diálogo Digital, publicación de la Universidad de Puerto Rico. Cuando se le preguntó qué opinión le merecía su poemario 17 años después (en aquel momento) de su publicación, contestó: “En ese momento yo estaba muy aferrado a lo intuitivo por lo que hice una poesía breve, que profundizaba en unos temas y unos símbolos; trabajaba unas metáforas que tratasen de recoger unas emociones, unas experiencias. Y bueno, ya mirándolo a lo lejos veo que fue bien fructífero porque toqué temas sobre cómo se conforma el machismo, o traté de explorar el problema de la dominación, del colonialismo, y otros temas más”.


 

Para concluir esta edición de nuestro boletín aquí en Confesiones dedicada al libro “Como peces emplumados” de Amílcar Cintrón Aguilú compartimos nueve poesías que a nuestro juicio representan el perfil singular de ese poemario.

 


Misterios de las cartas

El total de los tiempos es vano

ante la presencia de las cartas

cuando anuncia con premura

cariños de ardiente amparo,

ansias atadas a una pasión eterna.

Son estelas de viaje en la inmensidad

son sombras, son ecos

de un ser que les dio vida,

dejándolas huérfanas

o bajo la tutela

de un viajero soñador como yo.

 

 

Los hijos del viento
 

Los hijos del viento marcan el son

del cambio encendido nacidos

parecidos a una explosión

vuelcan la vida dando giros.

 

Las grandes rocas saltan

disfrutando su sexo y tentaciones

como flores todos abren

deseando iluminar sus sensaciones.

 

¿Quién pudiera reservar nuevos tiempos

de campos sanos y benignos

paraísos de los sueños

tierra sin peligros ni tropiezos?

 

Porque aunque fuertemente embisten

de adentro lentamente se marchitan

cuando los macizos se levantan

y, arrogantes, las brisas paralizan.

 

Es por eso que el futuro los guía

como recios caballos les pide retumbar

los rascacielos poco a poco reciclar

en lámparas para hacer un nuevo día.

 

 

Los indios de mi cabeza

 

Los indios de mi cabeza

Juegan a los años futuros

que con frecuencia nacen del pasado.

Toman el martillo como cuchara

y al carro le visten sus camas…

 

Constantemente vienen

chorreando de las hojas

o silbando entre ramas.

A veces guían a Cabeza de Vaca

en otras preparan la Guasábara.

 

Lamentablemente en muchas

ocasiones corren despavoridos

más allá de la frontera

en la oscuridad de la choza urbana

o tras las grietas del todo administrativo.

 

Y yo, que no los conozco, los imagino

mojados entre lo raro

que un día se bañó de cotidiano.

Nos vemos tras el puente de los sueños

cual arlequines o ágiles hadas.

 

Jugando al esconder entre las páginas

me doy cuenta de que estiran el brazo

a través de la fina línea del tiempo

regresando las mentes a la tierra

mezclando los ojos de hojas

al final de cada inconsciencia

en el sueño de cada niño.

 

En una bella canoa labrada

arrojan aventuras oníricas 

al mar de mi conciencia

disfrutando el sol que viene

y los tornasoles que pinta

en sus sombras tenues.

 

 

Los cinco signos femeninos
 

                                    ¿Por qué te preocupas por la Píldora

                                      de la Inmortalidad, cuando puedes

                                      beber de la Fuente de Jade?

 

                                      Hsü-hsiao-mu-chi

 

¿Cómo saber si en cada uno de los poros me brotan flores

claras, carmesí, desde mi grieta hasta la mente aturdida

que suda una bruma azul destilada?

Son cinco síntomas y cinco deseos,

además de diez formas de mover el cuerpo.

 

Primero, se maduran mis mejillas, lozanas, en época.

 

Segundo, dos inquietas puntas revolotean mariposas desde mis pechos

     respiro profundo para hacerlas volar en suspiros de dolores ricos

          sólo así podrás bailar a la entrada de mi abismo,

               con una roca de jade.

 

Tercero, si trago para apagar las incipientes llamas

     muévete como un ladrón en la noche llena

          lento y cauteloso frente a la entrada iluminada.

 

Cuarto y quinto, cuando sea mar desbordante, río creciente

     seduciendo las orillas con el aliento furtivo de la lluvia torrencial

          de oleadas, coladeras y brotes precipitados

podrás entonces entrar

     tantear, golpear, romper bañado de fluidos

          penetrar contrariado

como deseoso de sepultarte

     en este hondo, ardiente y resbaloso escondrijo,

          empujar adentro

para quedar sepultado hasta tu misma raíz

ahora breve… ahora profundo…

ahora con suavidad… ahora con fuerza.

 

Tu lengua me explorará, intensa, impávida

tu miembro hasta el mismo corazón

y ya estaremos bañados, ahogados en efluvios de sol

     atontados entre tantos vuelcos inmensos.

 

                                                  Solo así podrás saber

 

                                                  Solo así podrás llegar

 

 

Lejos del viento

 

Tan lejos del viento

adherido a un sentido indefenso

con deseos, un cariño de antaño

y ese temor a las olas…

indómitas, fluidas, espontáneas

sinceras y abiertas de par en par.

 

Las horas pasan quietas

la esperanza se vuelve ansia

que me atraviesa como lanza

destrozando los sentidos.

 

Y lo peor es que no sé de ti

no sé en qué piensas

no sé de tus miedos

y desconfío de mi presentimiento,

que al otro lado controla tus latidos

para que no suenen

para que no te despierten

para que no te recuerden

el inevitable encuentro con el cariño.

 

 

El guerrero

 

Son amplias las aceras al centro

es distante saber

cuán cerca pudiste estar de un apremio

que es un aplauso

unas palabras bien dichas

un centellazo en medio del hastío

pero a veces para montar el día

sólo se empieza con cenizas.

 

A veces las musas tienen caprichos insólitos

nos sorprenden

porque sus torres de marfil

son payolas de la radio,

sus bosques los manantiales de corazones encerrados

que pulen rocas hasta tener diamantes.

 

Una dama tersa de mantos alados

visita el lugar más frágil entre órganos lacerados

y en vez de pavonearse de palabras te acaricia

buscando derramar lo insondable

llamando la lluvia que limpia las calles.

 

 

Centro

 

Dios el intangible

el omnipresente

el nosotros

el otro

la bandera hacia la montaña

la oscuridad tras la inconsciencia

con cuerpo y tierra propia,

o sin existencia

con nombre innombrable

o vestido del tazón más corriente

de la idea más atea

de la fiesta más bulliciosa

del chiste más insolente.

 

¿Cómo llamarte

          sin que seas contrario?

¿O solo basta sentirte?

¿Será posible aspirarte

sin oír la infinidad de trompetas

que te anuncian?

Volviéndote canción del recuerdo,

siempre fallida.

 

¿Será posible que el recuerdo recuerde?

 

¿Qué el sueño cree conciencia?

 

 

Vasija rota

 

Soy vasija rota de ancestral maya

que drena sus jugos sin fin

se derrama como lava entre laderas

a la inmensidad del oscuro mar.

 

Cien astucias hicieron a mono aullador

gritar desesperado entre ramas del bosque

los cuentos, repetidos cada mil lunas

entre las olas de la gente del jaguar.

 

Desentierra con ahínco las rocas

y hallarás las marcas de tus tiempos

si eres persistente, como el poder de la lluvia

verás que la voz de Tlaloc retumba en tu mente.

 

El poder de los vivos, como fuego arrasa el campo

su sangre a los dioses los mantiene atados

pero mono aullador como la gota cae y cae

socavando del tiempo el cimiento más sellado.

 

Cubre la niebla del boscoso paisaje

entre los árboles las voces se abren

haciendo de mi mente un nido de dioses

ansiosos de abrir con mi lengua tiempos de antes.

 

 

Mutación

 

Lai

Sulai fin esei

Demar Taln Fir Cay

Yonild Fai Som Cundl

 

Simari

Kair Dum Anaidi

Pesr Galdl Fum Suarld

Beigr Cisrl Fisld Gwon

 

Oye

Oye que perdido el peso.

Oye la del centro pausado.

Oye, que los cantos han cesado

entre la luz y la sombra del cambio.

 

No soy

lo que fui entre la vista

lo que llama, me atrae suave

y me asusta, porque no lo conozco.

 

Siento que me llama el viento

y me quiero ir sin dirección

y tengo miedo de no volver

y tengo miedo de dejarlo ir…





domingo, marzo 14, 2021

INSTITUTO ALEJANDRO TAPIA Y RIVERA publica ANTOLOGÍA TEATRAL sobre la PANDEMIA

           El Instituto Alejandro Tapia y Rivera que tiene como misión el fomentar, investigar y divulgar todo lo relacionado a la literatura dramática y al cine puertorriqueño, la literatura y el teatro de los afrodescendientes y el teatro de la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos, acaba de publicar en sus Ediciones Tapianas el primer tomo de su Colección DRAMATURGOS PUERTORRIQUEÑOS.

           A mediados del Año de la Pandemia el Instituto Alejandro Tapia y Rivera propuso a varios dramaturgos a que dejaran consignada para la historia puertorriqueña, una visión personal, profunda, y de algún carácter memorable, sobre los trágicos sucesos vividos en el año 2020.

Sostenemos que la dramaturgia es la memoria de la civilización, y que el teatro es una forma de justicia para esa memoria. El resultado es una muestra del pensar dramático nacional alegórico, metonímico, realista, pero inevitablemente trágico.

Myrna Casas
LAS CAMPANADAS EN EL MAR, de la admirada Maestra Myrna Casas, honra y preside la antología con un final abierto y desolado que nos regala una vez más a una dramaturga de una veteranía ejemplar.

Roberto Ramos-Perea

Roberto Ramos-Perea, incluye su obra AQUA FUNESTA, ubicada en la pandemia del cólera de 1856 en Puerto Rico. El cólera se acunó en nuestra ciudad murada causando más de 40,000 muertos con solo una veintena de médicos.

Teresa Marichal Lugo

Teresa Marichal Lugo cuenta la historia de una madre y una hija, agobiadas por los estragos de lo que podría ser LA VISITA. Pero esta última visita trae dos pandemias, la del COVID y la pandemia terrible de los feminicidios.

Aleyda Morales

Aleyda Morales con su obra MÍSERA PANDEMIA, en una de las obras más destacadas del libro, lleva los efectos del COVID en su simbólico teatro de sombras, desde una aldea en China hasta El Barrio puertorriqueño de Nueva York.

José Luis Ramos Escobar

José Luis Ramos Escobar, con una vasta experiencia en el drama de situación, nos lleva en cada escena de SIN TIMÓN, al profundo desarraigo afectivo. Aquí el crucero de placer se convierte en una balsa de agonías.

Carlos Canales

Carlos Canales, en su particular estilo puertorriqueño, nos lleva a la crisis de la CUARENTENA. ¿Qué es mejor para sus personajes enclaustrados? ¿El miedo o la temeridad? ¿Cuál es el empeño de normalizar lo que no se puede normalizar?

Candido Tirado

Cándido Tirado, uno de nuestros más importantes dramaturgos nuyoricans, utiliza la alegoría en su breve, pero intensa obra RAMÓN’S MAGIC GARDEN. Algo pasa en este jardín que no nos hemos enterado de sus consecuencias.

PANDEMIA, antología dramática de nuestro tiempo, pretende ser un justo acercamiento de los dramaturgos historiadores –puesto que la literatura es otra forma de historiar¬–, que busca quedar en papel, pero mejor aún en los escenarios, lo urgente de este momento.

La pintura que engalana la portada de PANDEMIA es obra original del Primer Actor y Artista puertorriqueño Pedro Orlando Torres. La presentación y lectura de escenas de PANDEMIA estará a cargo de la COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO del Instituto Tapia y se hará de manera presencial en el Centro de Bellas Artes y la fecha se anunciará próximamente.

PANDEMIA estará a la venta en las librerías NORBERTO GONZÁLEZ (787-281-7166), CASA NORBERTO (787-705-4695) y LIBRERÍA MÁGICA (787-370-0355).

O si lo desea, escriba su orden por correo electrónico con su dirección a IATR.pr@gmail.com y puede pagar por ATH MÓVIL a /InstitutoTapia.  Precio por ejemplar: $19.99. Añada $3.00 de media mail.

1er Encuentro Virtual de Literatura y Bellas Artes


 

lunes, marzo 01, 2021

En las letras, desde Puerto Rico: Trayectoria y obra del narrador y poeta boricua Luis Francisco Cintrón Morales

 por Carlos Esteban Cana

Luis Francisco Cintrón Morales es uno de los escritores que se dieron a conocer durante la segunda década del presente siglo en Puerto Rico, a la misma vez que poetas como José Ernesto Delgado y Aurora Sonilú Pérez o narradores como Edwin Fi y Anuchka Ramos Ruiz, entre otros. Artífice inicial de su propia ruta, Cintrón Morales entra en la escena literaria con “Microgramas de Sol” mediante los servicios editoriales de Casa de los Poetas. Sobre este libro manifestó Angelo Negrón, editor de la plataforma cultural Confesiones: “Me encantaría ver estos microgramas en el pie de la agenda que utilizo para mi trabajo o en esos calendarios que encuentras con citas o consejos “.

Sin embargo, a mi entender, fue con su libro de cuentos “La ciudad en mi estómago” en el 2015 que su nombre y obra ganó notoriedad. Morales Cintrón también se suma al grupo gestor de la revista cibernética “Atrementum l Voces subversivas” junto a las escritoras Miranda Merced, Lynette Mabel Pérez y Marlyn Centeno. Además, fue participando de talleres de narrativa con las escritoras Awilda Cáez y Rubis Marilia Camacho, y de la tertulia creativa del colectivo Taller Literario que cuenta entre sus integrantes a Amílcar Cintrón Aguilú, Juan Carlos Fret Alvira y Antonio Aguado Charneco (QEPD). También sus cuentos, poesías y artículos han sido publicadas en publicaciones periódicas cibernéticas como “Corpus Litterarum”, “Monolito XII”, “Letras UMET”, “El Post Antillano” “Buscando la luz al final del túnel” o “Confesiones” y cuenta con su propio canal en YouTube. Fiel a sus principios, ha sumado su voz a causas como la excarcelación de presos políticos, la solidaridad con el pueblo palestino o la denuncia de la violencia contra la mujer a través de eventos y antologías como “Pa’ la posteridá” en la que diferentes artistas reflexionan sobre el impacto del huracán María en Puerto Rico. Paralelamente ha sido consistente en atraer la atención de lectores a los libros que ha seguido publicando: Gris (Poesía, 2016); Hilos de Pangea (Relato, 2016); Tu Constantino (Relato, 2017); y Kløft (Poesía, 2018).

Una peculiaridad de Francisco Cintrón Morales es que es un escritor que no proviene de la academia como suele suceder. Él desarrolla su labor profesional desde el campo de la administración y las finanzas, y su tiempo libre lo dedica a contribuir a la calidad de vida de los jóvenes a través del deporte. Sobre su acercamiento a la creación y su trayectoria, en una edición del boletín “En las letras, desde Puerto Rico“, manifestó: “Mediante la creación busco libertad, aportar ilimitadamente para un buen porvenir, pacífico y consciente. Soy autodidacta y la escritura, junto con la lectura, ha sido un ente salvador en mi vida e igual puede ser para muchos. Ya entrado en este mundo, el esfuerzo es lo más importante. Ahí es que la meticulosidad me toma de la mano y me estimula a ser mejor cada día”.

Esto que escribo son solo unos datos sobre la obra y trayectoria del escritor Luis Francisco Cintrón Morales, quien ya tiene tres libros más en camino. A continuación, comparto la lectura de un pasaje de “Hilos de Pangea”, por la escritora Rubis Marilia Camacho. También unas reflexiones de Cintrón Morales sobre su libro Kløft. Y en esa misma dirección una poesía de 2019 que da idea de hacia dónde dirige su poética. Concluyo con un enlace a la reseña que hice de “La ciudad en mi estómago” para Hoy en las Noticias de Radio Universidad de Puerto Rico.


 *

Fragmento de “Hilos de Pangea” en voz de la escritora Rubis Marilia Camacho: https://youtu.be/4I99H_H3qlI

 **

Sobre su poemario más reciente Kløft, en entrevista con Wilkins Román Samot para Letralia, se expresaLuis Francisco Cintrón Morales: “Pienso que la humanidad reside en una hendidura, es lo que significa en nórdico el nombre del libro. Que conste, no busco ser melodramático ni pesimista, pero la sociedad vive una lucha constante a la cual se ha adaptado. Kløft pretende recordarnos eso, como método de introspección e intento de reformarnos a diario. Cada poema deconstruye y reconstruye presentes que no deben ser ciclos ni repeticiones del pasado, que deben nacer con almas nuevas… Presentes que deben atreverse a moverse de la zona de confort, manifestar sus inquietudes y propuestas y no dejarse manipular por el miedo o agendas de los demás. Kløft es un jamaqueo al espíritu. De ahí surge todo: aceptación, humildad y movimiento”.

 

***

Aquí su poesía “En el centro de las burbujas”, que fue incluida en la antología “Patria” publicada por Editorial Raíces.

 

En el centro de las burbujas.

Leer y escuchar esta

vorágine de conspiraciones

y la opacidad en mentes

de gypsum board logra

que por mi garganta

descienda el aerosol

que arde en jugos gástricos,

que luego soplaré

hacia el centro de sus burbujas.

Palabras, son palabras,

vocales, consonantes,

ideas, estupideces, soluciones,

mortalidades vaciladas.

Hay tantas palabras

ni buenas ni malas,

átomos de hidrógeno y oxígeno,

pero lo que definen son las acciones

que estiran la eternidad.

Permiten que el agua corra,

el viento levante dunas

y las raíces de los árboles



conecten entre sí.

 

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Enlace a la reseña sobre “La ciudad en mi estómago”, de Luis Francisco Cintrón Morales.

https://audioboom.com/posts/3348867-la-combinacion-de-lo-real-con-lo-fantastico-crea-un-mundo-absurdo-e-irreal-pero-dificil-de-combat?

 

Los libros de Luis Francisco Cintrón Morales están disponible en Amazon, en el portal 787 y en las principales librerías de Puerto Rico.