miércoles, abril 28, 2010

Diario



Por: Angelo Negrón ©

Lunes, 12:15 AM - Sobran quince minutos desde que te volví a soñar. Desperté con el corazón a punto de estallar. La tregua que pediste hace unas horas me trae de cabeza. ¿Por qué el empeño en extrañarte? Serán sólo unos días. Terminaras necesitándome como yo a ti y regresaras. Tal vez es el miedo que nace de inseguridades en mi pasado donde aprendí que cuando se dejaba a alguien libre no siempre regresaba. Es similar a cuando te ausentas prolongadamente de tu trabajo. El tiempo puede hacerle ver a tu patrono que no haces falta y terminas despedido al pasar de los días. ¿Qué fue lo que soñé? Mi sueño fue el más delicioso que he tenido en mi vida. En él eras mía y no te habías marchado dejando la estela de tristeza al decir hasta luego en esta estúpida tregua que sólo le conviene a la soledad.

Martes, 3:02 AM - Miro hacia la pared. Descubro por milésima vez la foto de tu clase graduanda. La tomo en mis manos. La saco del marco. Acaricio tu rostro sonriente, lo beso y luego lo mantengo en mi pecho mientras saboreo la sal que inunda mis mejillas. La tristeza se convierte en inanición. Al menos si pudiese dormir de nuevo. No seguir soñando despierto. Que al cerrar los ojos y abrirlos te encontrase en el lugar que te corresponde en mi cama; testigo de noches pasionales, sabanas mojadas y almohadas en el suelo que se me antojan envidiosas de nuestros abrazos y enredos. ¿Cómo se vive con esta soledad? Apenas ayer decidiste que debíamos separarnos. Yo no tuve el valor de exigirte que no crearas la catástrofe de no tenerte. Ven aquí, ahora.

Miércoles, 2:50 AM - El tiempo sigue pasando. Lo he dedicado a la lectura de tus cartas y a los poemas que alguna vez me dedicaste. Distingo en ellos que me amaste con locura, aún me amas y lo harás por siempre. Esta interrupción de lo nuestro debe ser un invento tuyo para hacerme ver que te amo más de lo que he percibido. ¡Si te atrevieras a provocarme en este instante con tu presencia y mostrarle a mi cuerpo la dulzura que he descubierto en tus escritos! ¿Quieres una prueba de mi amor? Ya estoy preso. Preso en tus besos. Aprésame en tu alma. No me saques de ahí; revolotearé por todo tu ser. Me dedicare a

6:20 AM - Desperté sin saber donde estaba. Tenía mi diario agarrado con tal fuerza que me costó trabajo y dolor soltarlo de mis acalambrados dedos. Me estiré. Por poco caigo de la silla de mi estudio donde pasé la noche entera a la espera del llamado de amor que me harías, ese que terminaría con esta relación paralizada que en fiera enseñanza nos muestra que como nosotros no existen dos. Somos uno y lo sabes. Uno en el universo de amor que nos rodea y que nos inunda.

Jueves, 8:25 AM - Acabo de recibir un regaño de mi supervisor inmediato. Yo sólo sonreía mientras le escuchaba. ¿Qué puede saber él del amor gigantesco que nos profesamos? ¿Acaso entendería él porque estaba yo suspirando y perdido en la naturaleza que se desparramaba por la ventana en lugar de cumplir con mi estúpida labor? Estúpida como la obligación de no vernos.

11:05 AM - Sigo mirando por la ventana. Los pájaros revolotean alegres y algunos perros realengos se pelean por el turno de poseer a una perra en celo. Observo las montañas a lo lejos e imagino las cascadas que alguna vez compartimos entre besos y caricias subidas de tono. Mi computadora sigue encendida. Mi teléfono no ha sonado. A la espera de escuchar tu voz, derribando por fin el abismo que nos separa, estoy.

4:30 PM - Te imagino saliendo del trabajo. Feliz de haber acabado el día laboral. Me pongo algo tenso pues recuerdo tus palabras de amor. Esas en las que mencionas que la distancia no nos separará y que me amas de forma gigantesca. Pierdo algunas lágrimas. Me sonrojo al notar que una de mis compañeras de trabajo me ha descubierto y me ofrece su ayuda. Le aseguro que estoy bien y sólo es una alergia pasajera. La veo marcharse con la seguridad de que no me creyó, pero respetando mi decisión de no compartir mi pena con alguien. Vuelvo a imaginarte caminando hacia tu auto. Sin saber por qué; me transporto a los momentos en que te veía llegar a nuestro parque con la más hermosa de las sonrisas, reflejando felicidad de verme y hasta puedo sentir el abrazo apretado, el beso precipitado que buscaba mi lengua hurgando en tus adentros. ¡Hola! ¿Cómo estas?

Viernes, 5:00 PM - Salgo del trabajo. Me encuentro con la congestión vehicular acostumbrada. Reparto unos cuantos discos compactos en el asiento que deberías estar ocupando tú. Los coloco en el orden en que los disfrutaré. Todos hablan de amor, todos hablan de ti.

6:40 PM - Llegué a mi casa. Oprimo, en el contestador automático, el botón que me hará descubrir que ningún mensaje es el que espero de ti. Ante la necesidad de escuchar tu voz llamo al buzón de mensajes de mi teléfono celular. Escucho detenidamente los mensajes de amor que me niego a borrar ante la certeza de que tal vez sea la única manera que tenga de escucharte. Me burlo de mí mismo pues tu voz retumba en mi cerebro una y otra vez. Cada palabra que dijiste navega en mi interior.

9:20 PM - Como todos estos días mi plato de comida cada vez queda más lleno y no veo completa alguna película en la televisión. Me dedico a pasear de canal en canal mientras miro al teléfono a cada instante. Nunca había estado tan mudo el dichoso artefacto. Ese que puede lograr hacerme feliz si, al sonar y yo contestarlo, nos une otra vez para siempre. ¡OH! Juntos otra vez; que feliz sería...

9:26 PM - Decido darme un baño. Mientras el agua cae a borbotones sobre mi nuca descubro que puedo sentirme relajado. Comienzo a recordar todas las veces que acaricié tu cuello y tú el mío. Cuando me doy cuenta la relajación se está escapando de mis manos y a ellas llega la rigidez de mi miembro erguido. Tu cuerpo desnudo me envuelve en placeres mentales. Se convierte todo en un remolino en el que llegan los pensamientos de tu pasión y las palabras de la tregua. ¡Tremenda mezcla de sentimientos! ¿No? El sabor dulce de poseerte y el amargo de perderte. Definitivamente no todo lo agridulce es delicioso; en especial las treguas. Cierro la llave del agua y decido no seguir dándome placer en solitaria. Tomo la toalla. Comienzo a secarme mientras la tensión se escapa entre gotas de agua y olvidos obligados. Me lanzo a la cama. Al aceptar que no lograré dormir sin tu presencia estiro el brazo buscándote y agarro una almohada. Tú me curaste del insomnio y me devolviste a él. Malditos; tú y Morfeo que no me dejan en paz. Bendito amor que al menos logré sentir y que albergó mi ser dándome felicidad mientras duró tu presencia.

9:38 PM - Mi soledad es obvia y te extraño más que nunca. Salgo de la cama que sé no utilizaré una vez más. Me siento en la silla, frente a este diario para escribir algunas palabras. No logro hacerlo. Buscando no pensarte tanto me acuerdo de la invitación que me hiciesen en el trabajo. La mayoría estarán reunidos en el viejo San Juan, celebrando el cumpleaños numero treinta y cuatro de una colega. Decidido apago todo; excepto las ganas de largarme de esta casa vacía.

10:40 PM - Llego al lugar. La zona histórica esta adornada con miles de luces. En las estatuas de bronce se posan palomas. En los bancos descansan viajeros, ebrios y algarabía. La luna en cuarto menguante, las calles adoquinadas y las parejas abrazadas no se comparan al romanticismo leído en tus poemas o escuchados en tu melodiosa voz. Veo tu silueta en cada esquina. Entro a la fiesta donde se me recibe con ímpetu. Después de varios años nunca había aceptado compartir alguna noche de juerga con ellos. Me pasan la cerveza que no beberé. La aguanto en mi mano para sentirme parte del grupo. Le doy un beso a la homenajeada y le entrego un regalo improvisado que compré en una farmacia cercana.

11:44 PM - Hemos bailado y llenado de bromas el lugar. Hasta interpreté varias canciones de amor en el Show de “karaoke”. Me gané el premio de varios licores envueltos en camisas promociónales y los aplausos de los presentes. Me acerco al grupo para despedirme cuando todos comienzan a abuchearme exigiéndome que me quede y les brinde la ñapita. La “cumpleañera” me pide que le cante una de los Juanes. La complazco muy poco. Comienzo con “Hoy es un día normal, pero yo voy hacerlo intenso” y paro de cantar al descubrir el rostro sonriente de un amor de mi pasado. Comienzo a tartamudear. Ante los aplausos de mis compañeros, que piensan que es una broma de mi parte, dejo abandonado el micrófono y regreso al grupo. Esta vez es una copita de tequila que mientras ellos empinan el codo y se lo toman a la cuenta de tres, yo lo vacío disimuladamente en el trago que tampoco consumí.

Sábado, 12:01 AM - La música inunda el lugar. Las miradas entre ella y yo no se han detenido. Rememoro los días en que pensé que era el amor de mi vida. Trato de hacer un recuento de los besos que dejé en su piel. Mi corazón comienza a palpitar aceleradamente cuando trato de no mirarla.

12:16 AM - Veo que va al tocador de damas y no dejo de perseguirla con la mirada. La magnifica visión es interrumpida por el manotazo en la espalda de uno de mis ebrios compañeros que apetece hacerme uno de esos chistes que ansías que acabe pues estas siendo literalmente escupido en el rostro. Le hago ver que me dio gracia y busco la mesa a ver si ella regresó. Siento soledad al notar que no y descubro entonces que me hace falta en mi existir. La veo llegar y decido acercarme a ella.

12:21 AM - Me presentó a su amiga que recién se despide al notar que sobra entre nuestras miradas y ya hablamos de lo que hemos hecho con nuestras respectivas vidas. Su compañera de trabajo la invitó al lugar para celebrar su cumpleaños y miro aturdido la fecha en mi reloj; siete de junio. “¡Vaya, había olvidado su cumpleaños!” Pienso mientras le deseo felicidad y muchos años más. “A mi lado por supuesto”.

Ha crecido el ruido en el bar. Disimulo que no la escucho bien con la intención de salir de allí. Me da buen resultado pues se levanta y me pide que la siga. Afuera; cruzamos la calle y nos sentamos en uno de los bancos de la plaza. Miro hacia los diferentes restaurantes y me llama la atención uno que lleva como nombre “El patio de Sam". Se me eriza la piel y siento un “dejavu” bajo la certeza de que alguna vez lo he visitado. No le doy mucha importancia a ese hecho. Al escuchar su voz mientras me pregunta que me sucede; miro hacia arriba y le señalo el cielo. Robo la frase a Arjona, esa que menciona la idea de hacer una hamaca con el menguante de la luna. La veo sonreír y repito lo dicho pero cambiando la estrofa al decirle que prefiero una hamaca con su hermosa sonrisa. Cierra los ojos algo pasmada. Sufro al perder de vista sus ojos verdes por unos segundos. Comenzamos a platicar y descubro que luego de cinco años mis sentimientos no se han esfumado, sino que, olvidados como rostro que lo cubre un antifaz se mantenían inmóviles y ocultos.

12:41 AM - Nota que mi rostro ha palidecido. Mis ojos están algo húmedos. Oculto lo que sucede en mi interior y le digo que es el humo de los fumadores del bar que me traía loco. La invito a escaparnos de allí. Al verla dudar le indico que es hacia el Dolphin Empress, un hotel en el que en su lobby brindan música y se la pasa bien. Miro nuevamente al restaurante y recuerdo que lo visité contigo. Fue en nuestra primera cita formal. Sonrío al reflexionar que olvidé algo que sé es importante y que había prometido no olvidar jamás.

12:47 AM - Enciendo mi auto. El silencio nos envuelve. Sólo tendemos a mirarnos y a sonreír durante el camino. Casi al llegar comenzamos a platicar sobre nuestro pasado y suspiramos ante los buenos recuerdos.

1:02 AM - Llegamos a nuestro destino inmediato. Al entrar la música nos invitó a bailar y así lo hacemos. Cuando siento su cuerpo acoplado al mío pienso en volver a besar sus labios, sentir su calor y mirar esos ojos verdes de cerca. Repaso lo que eso significa para mí; el recuerdo de algo imposible convertido en un milagro de amor.

1:25 AM - Cansados de bailar nos alejamos de los presentes. Disfrutamos de las olas. Chocan contra las columnas que sostienen el paseo tablado en donde nos encontramos. Ante la mirada insistente a sus labios decide que es tarde ya y debemos marcharnos.

1:33 AM - Caminamos hacia el auto. Cambia de parecer al ver la playa. De repente; me sorprende al recostarse de una pared y comenzar a quitarse sus zapatos e invitarme a imitarla. Lo hago y caminamos por la orilla tomados de la mano.

1:42: AM - Nos quedamos viendo hacia la profundidad de la noche. Apreciamos las estrellas y ellas son testigo, junto al mar, de sus palabras: “Ven a mí, dame un beso”. Me besó con la misma pasión de hace tanto tiempo. El recuerdo se hizo vivo. Pensé en aquel momento en que, por primera vez, su boca y la mía se abrieron juntas dejando escapar sutiles caricias. El agua casi nos llega a las rodillas. No importa; nuestros besos conforman en ese instante todo nuestro derredor.

2:20 AM - Decidimos escapar de los testigos. Nos marchamos sonrientes; entonando canciones de amor. Las carcajadas son tantas y tan fuertes que parecemos dos ebrios, de hecho el que lo piensa no está equivocado; estamos borrachos de amor.

2: 59 AM - Al llegar a casa nos refugiamos en mi habitación. La hago mía y ella me hace suyo. Besos y caricias se multiplican ante la tenue luz de una lámpara. Su piel se contrae de placer y mi vida se expande de ilusiones. Mi corazón late con la fuerza del verdadero amor. Sus gemidos y palabras dictan lo mismo a mis oídos que no escuchan algo más que no sea la poesía que brota de sus labios. El espaldar de la cama choca contra la pared ante su movimiento y el mío. Tomo una sabana que coloco como amortiguador entre pared y espaldar. Continúo con la hermosa acción de navegar en su cintura. Veo lágrimas en sus ojos y me asusto. Ella me abraza y susurra a mi oído que son de alegría. Mi alma sale del centro de mi cuerpo. Habita mi piel y la suya. Descubro que a mí también se me han escapado algunas lágrimas de felicidad.

4:10 AM - Ella duerme en mi regazo. Mi insomnio esta vez no es por alguna depresión, sino porque deseo observarla dormir. Su respiración es tenue, puedo notarlo en su pecho desnudo. Sus párpados cerrados que se interponen entre su mirada y la mía sólo me dejan saber que al abrirlos me encontrará admirándola.

4:40 AM - Despierta y nos poseemos nuevamente... El amor crece a raudales.

9:00 AM- Nos bañamos juntos. Vamos a desayunar frente a la bahía. Luego caminamos frente a la escuela donde nos conocimos. Rememoramos viejos tiempos hasta que llegamos a las miles de palmeras que adornan el litoral. Allí correteamos como dos niños mientras las gaviotas y los alcatraces se alimentan lanzándose al mar. Nos sentamos a la sombra de un viejo flamboyán y llenamos de besos y promesas de amor nuestro tiempo.

1:20 PM - Luego de incontables besos encontramos que no apaciguamos el hambre por completo. Decidimos que el apetito debe ser diluido. Nos vamos a casa; sacamos una mesa al patio y a plena luz del sol encendemos velas que adornan nuestro almuerzo. Entre carcajadas robo flores silvestres de mi jardín. Coloco una en su cabello y con las demás logro adornar el centro de mesa.

4:00 PM - Hemos visto una película mexicana que nos ha hecho morir de la risa. Lo mejor de todo es que nos perdimos algunas partes pues no esperábamos a los anuncios comerciales para besarnos y entretenernos con nuestras miradas.

7:10 PM - Pasamos por el apartamento de ella a recoger algunas cosas. Toma un baño y se viste con ropa entallada a su cuerpo. Decidimos que en vez de ir al cine debemos celebrar el carnaval de nuestro pueblo y así lo hacemos. Nos desviamos antes a mi apartamento. Después de un baño y algo de perfume me engalano con su compañía. Caminamos hasta el frente marítimo. Entre orquestas y disfraces de carnaval nuestros cuerpos danzan y se contonean de emoción.

Domingo 12:10 AM - Llegamos extenuados. Aún así, nos quedan fuerzas para amarnos. Dejamos el rastro de ropa señalando que comenzamos a desnudarnos desde el balcón. En medio de la sala, cuando sólo queda en nuestros cuerpos la ropa interior, nos tendemos en el suelo con los cojines del sofá. Nos hacemos el amor entre el frío del suelo y cojines floreados. El abrazo es fuerte al consumir lo deseado. Luego de un baño nos recostamos en la cama con música romántica y besos repartidos.

12:35 AM - Me levanto pausadamente ante el temor de molestar su sueño. Abro este diario. Escribo los detalles del día maravilloso que terminó hace treinta y cinco minutos con quince segundos. No puedo evitar escribir las palabras que pensé mientras estaba con ella en la sombra del flamboyán: “Dichoso el hombre que ha sentido las tibias caricias de quien ama y el murmullo de un cuerpo como la resonancia de dos almas”.

12:41 AM - Creo que a esta hora me quedé dormido. No sé exactamente la hora en que soñé que soñaba con ella.

9:00 AM – Despierto. Dormí placidamente. En esta semana no había logrado dormir. La miro detalladamente. Siento que la amo más que a nada en la vida. Le agradezco en un susurro que no escucha pues sigue dormida.

9:20 AM - Suena el teléfono. Convencido de que todos en ese instante deben estar sintiendo la misma felicidad que yo digo buenos días y no disimulo las carcajadas. Escucho tu voz saludándome efusivamente como si nada hubiese pasado. Aseguras llamarme porque me has extrañado. “Te necesito” significan palabras sin sentido para mí en ese instante que miro hacia la cama y los rayos que se cuelan por la ventana parecen acariciar el cabello de la bella durmiente que lleva compartiendo conmigo dos días de prosperidad absoluta. Me escuchas sonreír. Te alegras de mis carcajadas sin comprender que no te debo mi bienestar. Comienzas un monologo que no interrumpo. Deseo escuchar tu alegato: “Cielo, te extraño mucho corazón y sólo quería decirte que te necesito y que en mí tienes a alguien que te va a amar por siempre y de una forma muy especial porque tú eres un ángel que se cruzó en mi camino por una razón, a veces tratamos de entender algunas cosas que en realidad no necesitan una explicación sino que nos debe bastar con el hecho de que te adoro, el hecho de que te amo con todo mis ser...


9:21 AM - Sin preguntarte siquiera aseguras que la tregua ha finalizado. Respondo bien seguro de lo que digo. Te menciono que al principio pensaba que la tregua inventada por ti sólo servía a ti misma. Te pido perdón por ello pues he descubierto que la tregua me ayudó a mí también. Te indico que la tregua no ha terminado al menos de mi parte y que considero que nunca terminara pues en los pasados días he descubierto que no deseo estar contigo. El “nadie es indispensable” me lo guardo para no herirte, pero dicho pensamiento me ayuda a comprender que aún queda algo de amor en mi pecho y que nunca olvidare lo trascendental que has sido en mi vida. Te guardare en un rincón de mi corazón. Mismo que ahora esta palpitando fuertemente por el amor de otra mujer...

9:22 AM - El silencio al otro lado me asegura que escuchaste muy bien lo que dije. Me despido de ti. Vuelvo a agradecerte lo que viví a tu lado. Cuelgas el teléfono y vuelvo a la cama. Imagino que si hablabas en serio estas sufriendo algo. Rezo por que logres lo que yo. Dejo de rezar al recordar quién eres y como te desenvuelves en el mundo. Serás feliz; lo sé.

Miro a mi amada. Descubro que al acostarme a su lado la he despertado. Me abraza y le respondo con besos apasionados en todo su rostro. Recuesta su cabeza en mi pecho. Comienzo a acariciarle su cabello y pienso en el sentimiento que me unía a ti. Siendo mi alma gemela exigiste una tregua y tal deducción logra que ame más a la mujer que esta a mi lado, pues ella sin ser mi alma gemela me ha demostrado amor y entrega total. ¿Quién ama más? ¿Tu alma gemela o aquella que no lo es y de cualquier modo se entrega por completo? Todo es relativo y en verdad no me importa; pienso disfrutar de este presente a su lado. Hasta hoy; tu fantasma traspasaba las fronteras del olvido mientras la presencia real de ella llegaba a quedarse como felicidad absoluta y en el momento preciso... Si, sé que van sólo dos días, pero la conozco desde hace mucho. Ella fue mi gran amor en escuela superior. Nuestra separación en aquel tiempo fue por mi ambición de alcanzar filosofías vanas y ser sacerdote. Pero anoche, cuando la vi luego de varios años, noté en sus ojos la misma mirada de ternura y amor con la que me envolvía en aquel tiempo.


10:50 AM - Descubro que he estado escribiendo la versión tuya y la de ella en un solo diario. Salgo a la farmacia. Compro dos diarios para seguir escribiendo mis memorias. Esta vez los adquiero de más páginas. Estoy seguro de que los ojos verdes que ahora me miran lo harán por mucho tiempo...

11:36 AM - Mi amada me sorprende con la invitación a pasear por el lado norte de la isla. Acepto. Mientras prepara unos bocadillos para el viaje me escapo al cuarto. En un bulto guardo un mapa, vinoculares, mi cámara treinta y cinco milímetros y el libro de poemas que me regalaste para poder aprovecharlos en el paseo.

11:40 AM - Cerraré el diario y lo guardaré entre mis libros. Algún día, lo sé, me entretendré leyéndolo. Mientras, se quedará en el olvido como tú, que ahora debes estar buscando a quien amar. Sólo me restó decirte que estarás por siempre como parte trascendental de mi vida. Por ello te incluí en el diario de mis días. Aparté este lado del corazón para que conserve tu recuerdo en la inconmensurable enseñanza de amores pasados que se convirtieron en batallas internas ganadas y en la seguridad de que si me encuentras en el futuro; puedes contar conmigo.

Por ahora te recomiendo que procures no hacer treguas o puede ser que descubran que no haces tanta falta o que alguien ocupe tu lugar; llenándolo no como un clavo que saca a otro, sino como la suma de besos, caricias y palabras de amor que invaden el alma humana...


11:43 AM- Vuelvo a leer este diario añadiéndole algunos puntos olvidados. Le escribo que será guardado en mi librero y la palabra comienzo justo en el final...

11:47 AM - Diario cerrado y acomodado en el librero blanco que contiene artículos personales apreciados...




miércoles, marzo 31, 2010

Espacio Virtual



Por: Angelo Negrón ©


En el monitor apareció la señal de que llegaba al chat la persona de quien se sentía enamorada y con quien compartía el romance no sólo de una sala cualquiera en Internet, sino también de la pasión pujante en camas secretas de indeterminados moteles. No obstante haberse visto esa mañana y de haber compartido carne y sudor, descubrir que estaba al otro lado del monitor le erizó la piel. La necesidad de chatear con él la obligó a presentarse y comenzar el dialogo:

estrellademar: Hola irresistible corazón de león. ;-D

poetaparati: ¡Hey¡

estrellademar: ¿Cómo estas?

poetaparati: Muaaaaaaaaaaj

estrellademar: Siempre te lo he dicho, los besos no se tiran se dan.

poetaparati: Ja, ja, ja, ¿Cómo te va cielo?

estrellademar: Súper bien, pensé que estarías como reten en el cuartel...

estrellademar: así que llamé y me dijeron que habías faltado hoy

estrellademar: ¿qué le pasó a mi policía preferido?

estrellademar: ¿no pudo con una mañana tan fuerte?

estrellademar: Lol te entiendo, pero ahora que te vuelvo a ver me siento
mejor, te extraño mucho...

poetaparati: Siiiiiii, igual yo, tanto tiempo sin vernos, ¿Verdad?

estrellademar: mmmmmm, ahora con sarcasmos. ¿Ya olvidaste la mañana
sensacional que te hice tener? Aún así, desde esta mañana
hasta ahora me ha parecido una eternidad...

estrellademar: ¿Te gustó toda esa pasión derramada en aquella habitación?
Porque lo que es a mí me recreé admirando tu rostro mientras
cabalgabas sobre mí.

poetaparati: ¡Que bonito lo describes! Eres más poeta que yo.

estrellademar: Es que en la cama tú y yo somos poesía pura. ¿No crees?

poetaparati: :-X

estrellademar: ¡Silencio! ¿Ahora piensas guardar silencio? Esta mañana casi
gritabas de placer.

poetaparati: La verdad es que me encantó estar contigo, no pude evitarlo. Para
algo soy tu poeta preferido.

estrellademar: 8-)

poetaparati: Me gustan tus gafas pero más me gustas tú.

estrellademar: Es que el sol me está dando en este instante. ¡Ah no! Mira de
que se trata; Si es que tú estas ardiendo de lujuria, ven y
alúmbrame de nuevo ahora.

poetaparati: No me tientes, tú sabes que voy a donde tu digas...
Bueno, sucede que ahora mismo puedo, pues estoy solo en este
instante.

estrellademar: Pues encontrémonos en el mall cerca de tu casa.

poetaparati: ¿Tan cerca? ¿No es peligroso?

estrellademar: Tú sabes que no. Te cuidaré. No te preocupes o mejor dicho sí,
preocúpate por que yo vuelva a gozar como esta mañana. ;-)

poetaparati: mmmmmm, encontrémonos allí en treinta minutos. ¿Está bien?

estrellademar: Más que bien. Gracias por consentirme mi cielo...

poetaparati: No me dejes esperar mucho ¿OK?

estrellademar: Eso ni lo pienses. Me muero por verte mi amor.

poetaparati: Créeme, Yo también mi cielo. ¡Ah! ¿Me harías un favor?

estrellademar: Sabes que sí, ¿Cuál?

poetaparati: Espérame frente al video, ponte una camisa roja.

estrellademar: ¿Y por qué no donde siempre?

poetaparati: Es que necesito que me ayudes a escoger una película.

estrellademar: Ah, ¿y lo de la camisa?

poetaparati: Es que quiero que estemos vestidos iguales.

estrellademar: mmmmmm, no dejas de ser un romántico.

poetaparati: No, no puedo evitarlo. Te amo.

estrellademar: Y yo a ti, hazme un favor a mí. ¿Si?

poetaparati: Tus deseos son órdenes y tú lo sabes.

estrellademar: lol, pues te ordeno que te pongas el perfume nuevo.
Huele muy bien y me vuelve loca.

poetaparati: mmmmmm, buena idea, cuenta con eso, es más te sorprenderé,
estoy seguro de que te sorprenderé.

estrellademar: Así se habla, te veo allá entonces, bye

poetaparati: tqmsm

estrellademar: muaaaaaaaa

poetaparati: ¿Tú fuiste la que dijo que los besos no se tiran se dan?

estrellademar: Sorry, es que no pude evitarlo, pero te dejo ya para que puedas
venir a mis brazos.

estrellademar: no te has ido y ya te extraño.

poetaparati: No pongas esa carita, Y encontrémonos ya.

estrellademar: Siiiiiiiiiiiiiii,

estrellademar: =-D XOXO

poetaparati: Yesss, te veo allá en breve...

estrellademar: Bye, my love.

...Y terminando de escribir estas últimas palabras apretó el icono que imprimiría la charla que acababa de mantener con “estrella de mar”. Cuando la impresora terminó su labor apagó la computadora. Fue al cuarto dormitorio donde le estrujó el papel en el pecho a su esposo. Comenzó a leerlo y al sentirse descubierto no pudo evitar un gesto de sorpresa. Mismo que se convirtió en una mueca de terror cuando logró enfocar el rostro tranquilo y acompañado de unas manos que sostenían con seguridad el revolver de reglamento que en quince años de policía nunca había tenido que usar a menos que fuese para tiro al blanco. Sólo que ahora el blanco era él. Trató de decir algo, pero ella lo interrumpió diciendo:

— Nunca en los diez años de casados te había hablado tan calmadamente como hoy. La verdad es que no lo esperaba de ti...

— Permíteme explicarte — dijo nervioso.

— No me interrumpas, por favor — respondió ella.

— No es lo que tú crees — musitó vagamente él.

— Te decía. No lo esperaba de ti y no me vengas con pendejases, porque ella describió como nuevo el perfume que te regalé apenas anoche. Sólo quiero que sepas que esto no se quedará así. Si pudieses leer ese papel completo comprenderías de lo que te hablo ¡Qué pena que no será así! Pensé en cortártelo como lo hizo esa mujer de la que hablaron en las noticias, pero para eso tendría que tomarte desprevenido y tal vez hasta lograr que se te parara primero y no tengo tiempo, ( ja, ja, ja), para pequeñeces...
— Perdóname, tú sabes que te amo y que no volverá a suced...
— Si, de eso estoy segura. — interrumpió ella — Siempre tuviste todo de mi. Por falta de sexo no fue; es que ustedes los hombres son incapaces de ser fieles. Jodios bellacos de mierda.

— Pero, ella no significa nada. Tú eres a quien siempre he amad...

—No digas estupideces, siempre te lo advertí. Te aguantaré de todo menos ser
una cabrona...

El tiro salió del oscuro cañón para quedar alojado en la materia gris del hombre. Segura de la potencia del arma y más en un tiro casi a quemarropa salió sin prisa, pero sin pausa. Visitaría un centro comercial donde encontraría frente a una tienda de alquiler de videos a una adversaria que se atrevió profanar el nido que ella con tanto amor y sacrificio cuidaba para sí...

lunes, febrero 15, 2010

En las letras, desde Puerto Rico

Libros y publicaciones importantes en el Puerto Rico actual (Versión corta)

Por Carlos Esteban Cana

Ahora que profesores y estudiantes están de lleno en su jornada universitaria, y para beneficio de lectores apasionados y aficionados, ofrezco unas pequeñas notas sobre la literatura puertorriqueña durante el 2009.

Año en que diferentes sectores de escritores se movilizaron en eventos públicos, solidarizándose con quienes han perdido sus empleos, denunciando la censura o combatiendo crímenes de odio, los pasados doce meses fueron además de una rica actividad editorial.

En la poesía, el género que más se cultiva, destacó la diversidad de propuestas. Unas se ocuparon de la poesía clásica, donde el lenguaje se armoniza con la forma, otras, sin embargo, fueron propuestas transgresoras e irreverentes. El cuento, género de popularidad entre los creadores (debido, en parte, a la proliferación de talleres literarios y programas de escritura creativa) exhibió vitalidad y caras nuevas. Nombres de autores que llegaron para quedarse. En cuanto a la novela, el género que menos se cultiva, el 2009 ofreció libros contundentes, unos que tocan figuras históricas, otros que abordan personajes que, en su complejidad, desmitifican perfiles tradicionales. Y para finalizar debo mencionar que el acontecimiento editorial del año en el género de Teatro se dio con la publicación de las Obras completas del dramaturgo Abniel Marat, por parte de la editorial Tiempo Nuevo.

A continuación presento, a modo de invitación y sugerencias, una lista de títulos destacados en el 2009, aquellos que a mi entender, en sus diferentes géneros, reúnen atributos de calidad, ingenio y novedad. He contrastado además mis reflexiones con atinados comentarios y recomendaciones realizados por lectores, escritores, editores y libreros. Aunque la selección se concentra en libros de ficción, incluyo títulos que se ocupan del ensayo, un género que se nutre de diferentes disciplinas. La lista finaliza con la mención de algunas publicaciones periódicas y alternativas que se han dejado sentir en el panorama cultural y literario actual. Esta lista no considera títulos como los de José Emilio González, Jonathan Berrios y Raúl Guadalupe, debido a que no tuve acceso a los mismos durante el desarrollo de esta edición. Quiero dedicar esta edición de En las letras, desde Puerto Rico, a la memoria del gran poeta José María Lima. “Tengo a mi haber, decía,/ un dibujo de tinta/ donde ocurren verdades.”

Poesía

1- Fragmentos del habla- Fernando Cros (La Editorial)


2- Poemas de la muerte- José María Lima (Terranova Editores)




3- Estrategias de la catedral- Vanessa Droz
(Instituto de Cultura Puertorriqueña)





4- Candada por error- Mara Pastor (Atarraya Cartonera)


5- Bestiario en nomenclatura binomial- David Caleb Acevedo (Aventis)


6- El libro del aire- Yvonne Ochart (La Editorial)


7- Sushi- Samuel Medina (Agentes Catalíticos)


8- Estos espejos ciegos donde palpita la música del mundo-
Edgardo Nieves Mieles (Espejitos de Papel Editores)


9- Anzuelos y carnadas- Xavier Valcárcel y Ángel Antonio Ruiz


10- La hija de Geppetto- María Soledad Calero (Editorial Diosa Blanca)


Cinco títulos más en poesía

11- debellaqueras- Daniel Torres (Isla Negra Editores)

12- Sangre y canela- Pepo Delgado Costa (Isla Negra Editores)


13- XX poemas para ser leídos en el tren urbano-
Juanmanuel González-Ríos (Sótano Editores)


14- Vientos alisios- José Vidal (Los libros de la Iguana)



15- Los pájaros de la diosa- Etnairis Rivera (Arboleda-ICP)


Cuento

1- Reyerta TV- Juan Luis Ramos (Agentes Catalíticos)


2- Delirios de pasión y muerte- Max Chárriez (Aventis)



3- La lengua y otros dialectos- Luis Saldaña (Terranova Editores)


4- El fondillo maravilloso y otros efectos especiales- Tere Dávila
(Terranova Editores)


5- La casa en el agua- Jacqueline Rivera (Sótano Editores)


6- Yvonne Denis Rosario- Capá Prieto (Isla Negra Editores)


7- Historia para morderte los labios- Yolanda Arroyo Pizarro
(Editorial Pasadizo)


8- Equus Rex- Jaime L. Marzán Ramos (Terranova Editores)


9- Uñas pintadas de azul- Lawrence La Fountaine Stokes
(Bilingual Press/ Editorial Bilingüe)


10- Cuéntame- Ángel Rodríguez Trinidad (Editorial Tiempo Nuevo)


Novela

1- La novela de Jesús- Yván Silén (Editorial Tiempo Nuevo)



2- Náyade- Jorge Ariel Valentine (Terranova Editores)



3- Los vapores de Sor Emilia- Francisco R. Velázquez
(La secta de los perros)


4- Dora- Iris Zavala (Ediciones de Intervención Cultural/Montesinos)




5- El silencio de Galileo- Luis López Nieves (Editorial Norma S.A.)




6- Los 24 días- Kalman Barsy (Pre-Textos)
7- Los hijos de la noche- Félix Córdova Iturregui (Ediciones Huracán)



8- Fe en disfraz- Mayra Santos (Alfaguara)

Ensayo

1- La artesanía del cuento -Manual de narrativa corta-
Francisco García-Moreno (Editorial Preámbulo)
2- Desde el margen y el caribe- Carmen Centeno Añeses
(Editorial Tiempo Nuevo)
3- Escribir en la ciudad- Maribel Ortiz/Vanessa Vilches (Fragmento Imán)
4- Reseñas- Juan Martínez Capó (1967-1987)
Compiladora Awilda Rodríguez Correa (ICP)
5- La mirilla y la muralla: el estado crítico- Carlos Vázquez Cruz
(Sótano Editores)
6- Sindicalismo y lucha política- Raúl Guadalupe
(Editorial Tiempo Nuevo)
7- Literatura escrita por negros en el siglo XIX- Roberto Ramos Perea
(Ateneo Puertorriqueño)
8- Con urgencia- Nelson Rivera (La Editorial)

Teatro

Obras completas de Abniel Marat (Editorial Tiempo Nuevo)

-13 obras publicadas en cuatro tomos-:


1- Teatro feminista I;
2- Teatro feminista II;
3- Teatro Maldito;
4- Teatro Nacional


Literatura infantil y juvenil

1- Libro del Tapiz Iluminado - Juan Carlos Quiñones (Ediciones SM)
2- Campiña Dorada- Cecilia Alejandra Hernández (Outskirts Press)

Antologías

1- Antología personal- Rosario Ferré (La Editorial)
2- La vigilia del rocío- Jaime Marcano Montañez (Isla Negra Editores)
3- Convocados (Nueva narrativa puertorriqueña)- Juan López Bauzá,
María de Lourdes Seijo, Alexandra Pagán, Hugo Ríos Cordero,
Karen Sevilla, Damarys Reyes, entre otros.
Editora Carmen Dolores Hernández (Comunicadora Koiné)

Edición de Autor

1- El esqueleto presenta- Daniel Pommers (Bacanal)
2- Pichón de mime careto- Héctor Torriente (Editorial Yomismo)
3- Nómada de nacimiento- María Teresa Guzmán
-Edición a cargo de María del Carmen Curras- (Ediciones Hathor)

Re-ediciones importantes

1- La resaca- Enrique Laguerre
-Edición anotada de Marithelma Costa- (Editorial Plaza Mayor)
2- Imago- Néstor Barreto (Atarraya Cartonera)
3- Grito y otros poemas- Fernando González Alberty
(Los libros de la Iguana)

Publicaciones periódicas y alternativas

1- Letra & Pixel- James R. Cantre y Jennifer Pace Olmo,
Michelle Rodríguez
2- Bacanal (#0 2009)-
Kristen Fink y 30 artistas.
3- Tinta nueva (Año VIII, núm. 1, 2009)
Editora: Dra. Janette Becerra
4- Conboca.org-
Director: Abdiel Segarra,
Editores, Ralp Vázquez, Mariana Benitez
5- Identidad (número X- 2009)- Leticia Ruiz
6- Paxtiche.msa-x.org - Mitzaidamarie Pennét



Carlos Esteban Cana es comunicador y escritor. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario, un espacio de democratización en las letras puertorriqueñas. Se ha desempeñado como coordinador editorial, periodista cultural independiente, y ha laborado además en la industria televisiva. Su obra creativa se ha publicado en revistas y periódicos nacionales como El Sótano 00931, Ciudad Seva, Narrativa Puertorriqueña, Letras Salvajes, CulturA, Diálogo y El Nuevo Día, entre otros. En lo que se refiere al ámbito internacional su narrativa y poesía ha sido publicada por Escaner Cultural, Zona de Carga, Palavreiros, Abrace y el Boletín de Nueva York, entre otros. Recientemente algunos de sus cuentos han sido traducidos al italiano. Ha participado, además, en diversos medios de comunicación reflexionando acerca del panorama cultural en el País.

jueves, enero 28, 2010

Dioses



Por: Angelo Negrón ©

¿Sabías? Cuatro mil años antes de Cristo los Tracios veneraban a Dionisos, dios del vino y la fertilidad. Por curiosidad busqué la historia de este dios y las sorpresas no se hicieron esperar. Fue hijo de Zeus y Semele, se le atribuyó el patronazgo del vino, la música y la poesía. ¿Cómo? ¿Qué cuál fue la sorpresa que me llevé? ¿En verdad no sabes? ¿No te estas haciendo la tonta, verdad?
¡Está bien! Te lo contaré aunque estoy seguro que no me creerás.Tú eres vino, música y poesía. Hasta que me enteré de Dionisos creía fielmente que Morfeo era el ser que, enamorado de ti, no me permitía dormir. ¡En serio! Deduje que era Dionisos el culpable de mis noches despiertas. Mi sorpresa fue saber que no era exclusivamente este dios. Me percaté de que el Olimpo estaba por derrumbarse ante tu belleza...

...Tal vez por mi interés en el tema o por su desesperación, pensé yo en ese instante, fue que el mismo dios Zeus apareció. De la foto de su estatua de mármol, y con algo parecido a fuegos artificiales, brotó su figura de las páginas amarillentas del viejo libro que me prestaron en la biblioteca. Miré a todos lados sorprendido. Buscando alguien que me sirviera de testigo ante tan mágico e increíble evento. La imponente voz del barbudo ser logró que le prestara toda mi atención. Me explicó su necesidad de que yo le ayudara. Me prometió poder, riquezas y hasta algún puesto en el Olimpo. Cuando le mencioné que nada de eso me interesaba y que únicamente necesitaba tu amor, él pareció tronar de furia. Con sus ojos, literalmente rojos, me indicó que de eso se trataba. Dionisos planeaba capturarte. Amenazaba con desposarte al alba. Los celos violentaron mi ser y me llenaron de valor ante lo desconocido. Le exigí a Zeus que me llevara frente al malvado dios que osaba secuestrarte y él respondió que no seria fácil. Debería enfrentarme a inmensos peligros. Inclusive arriesgar mi vida. No te niego que dudé. Después de todo debía pelear contra un dios. Recordé tus besos y olvidé todo temor. Zeus sonrió. Colocando ambas manos en mis hombros me transportó a su reino en menos de un segundo. Lo observé sentarse en su trono. Con unas palmadas ordenó que sus doncellas me desnudaran y me vistieran con ropas de gladiador. Un rayo que salió de su dedo impactó todo mi cuerpo y me hizo sentir seguro, macizo y fornido. Zeus también me contó que en su necesidad de mantener el equilibrio del Universo y proteger los privilegios de los dioses debería despojarme de los poderes que me estaba confiriendo en ese instante a menos que aceptara quedarme a vivir en el Olimpo. Eso significaría perderte y prometí devolverle, a cuatro ninfas a quien obligó entregármelos, cuatro objetos mágicos que te describiré. Unas sandalias con alas que me permitirían volar. El casco del dios hades que me haría invisible. La espada de Ulises y el escudo de Atenea para defenderme.

Me condujo a un coliseo donde dioses peleaban contra dioses. Tuve que cerrar los ojos ante tal carnicería. Zeus fulminaba con un rayo al perdedor. Yo buscaba con la mirada a Dionisos para enfrentarlo y evitar encarecidamente que te atrapara y separara de mí. Uno de los centauros, presentes en las gradas, me explicó que debía luchar en un orden determinado con diferentes titanes hasta que llegara el momento de enfrentar al dios que buscaba. Eso — según dijo — si aún permanecía vivo al atardecer.


Tocó mi turno. Aquiles comenzó a burlarse ante mi presencia. Sus carcajadas me ensordecían. No entendía como un ser humano que nunca fue sumergido en el río Estigia osaba retarlo y esa fue la perdición de este heroe de Troya que competía por tu amor y para convertirse en dios. Mientras reía a carcajadas me acerqué con rapidez y enterré la filosa espada en su talón. Cayó adolorido al suelo. Su risa transformada en llanto cesó cuando Zeus lo vaporizó. Apolo llegó en un carro de cisnes. Furioso; aplicó velocidad a su carruaje para atropellarme, pero pude hacerme invisible con el casco del dios hades. Terminó estrellándose contra el suelo. Corrió la misma suerte que Aquiles. Artemisa, su hermana gemela, tuvo que ser detenida para que no me atacase también. Ares, como siempre, representó la fuerza bruta sobre la inteligencia. Se acercó a mi tan despreocupado que no notó cuando lancé el escudo con tal fuerza a sus pies que se tropezó. Se desplomó de lleno en una vasija que sellé y de la cual no podia salir. Hermes, el dios mediador, inmediatamente lo encontró y liberó. Zeus pulverizó a los dos por atreverse a librarlo de la prisión.

Por fin apareció Dionisos ofreciéndome vino. Dijo querer brindar por la próxima batalla que libraríamos y lo engañé. Utilicé el casco de Hades para desaparecer el vino cada vez que él levantaba su cabeza para beber. Pensando que de tanto tomar yo terminaría borracho prosiguió hasta que, brindis tras brindis, terminó desmayándose debido a su embriaguez. Zeus sonrió y lo condenó a ultratumba por algunos siglos para que recapacitara.

Saludé victorioso a Zeus. Él se acercó y me ordenó entregarle los cuatro objetos mágicos a las grayas. Diciendo esto señaló a tres ancianas de pelo gris. El espectáculo era espantoso. Las tres mujeres utilizaban por turno un solo ojo y un solo diente. Al entregárle los objetos las grayas se desvanecieron ante mis ojos. Zeus me declaró campeón olímpico. Coronó con ramas de olivo mi cabeza. Me invitó a sentarme en un trono aledaño al suyo y trató de convencerme de quedarme en el Olimpo. Ante mi negativa el clima fue cambiando. Truenos caían por doquier mientras aquel ser de gentil presencia se transformaba. Su enojo no lo entendí hasta que me explicó la forma en que te habían conocido los dioses.

Hace varias semanas — mencionó — a los dioses nos dio con echarle un vistazo a la tierra. Creo que fue cosa del destino. Hacia varios siglos que no nos fijábamos en los mortales. De hecho no sé de mi hijo Hércules desde hace dos mil cuatrocientos años. En fin, ese día tu amada arrancó una hoja de un roble amarillo mientras recitaba una poesía. Dionisos se le quedó observando. La persiguió de nube en nube. Los demás dioses, incluyéndome, quedamos intrigados por el desespero de Dionisos en admirarla y copiamos su hazaña. Todos quedamos prendados de su belleza. En el pasado tuve muchas aventuras. Deseé a mujeres mortales como no tienes idea, pero nunca había deseado a alguien tanto como a ella.

Mis celos comenzaron a aflorar. Él se dio cuenta y comenzó a reír a carcajadas.

Sí, te engañé — dijo —
Sabía que podrías vencer a esos dioses o ellos vencerte a ti. Total lo que quería era disminuir la competencia. Ahora sólo quedamos tú y yo. Ya te despojé de tus armas. Un rayo pequeño bastara para mandarte al mundo de Hades.
Yo comencé a burlarme diciéndole que no estaba desarmado, que aún tenia el arma más poderosa del universo. Ante mi seguridad dudó y yo proseguí hablando.

El amor que siento por ella es poderoso...

No basta — interrumpió él.

Es verdad. Sólo no basta. Debes añadir el que ella siente por mí y descubrirás que es más que suficiente.
Lanzó su rayo. Impactó mi ser y no me hizo daño alguno. Asombrado volvió a intentar. Comenzó a llorar. Se dio por vencido cuando descubrió que un aura dorada me rodeaba cada vez que me atacaba. Parecía un niño al que le han quitado su juguete preferido o un humano que ha descubierto que existen amores imposibles o no correspondidos. Me compadeció el hecho de que si tú no me amaras me sentiría igual y me acerqué. Dijo desearte con locura. Le expliqué que sabia de lo que él estaba hablando pues yo te amaba igual. Dejó de llorar y verlo repentinamente sonreír me puso algo nervioso. El cambio de humor me asustó, pero al recordar que él era un dios, supuse que debia ser normal su actitud. Me reveló que si no podia tenerte para sí mismo lograría que fueras feliz a mi lado devolviéndome al mundo de los mortales. Mandó llamar a una adivina llamada Casandra y a su hermano gemelo Héleno. Me advirtieron que leerían mi futuro. De primera instancia no acepté, pero Zeus insistió. Habló de mi regreso a casa. Ese sería su regalo por hacerle comprender que la felicidad del ser amado es lo que importa y que Hera, su esposa estaría igualmente agradecida. Los gemelos adivinos pusieron sus manos en mis hombros. Me sentí mareado. Una intensa luz inundó mis ojos y me obligó a cerrarlos. Al abrir mis párpados me encontré frente a ti. Vestías una túnica blanca radiante. Tu pelo era adornado con hojas de laurel. Tu cinto era de oro y en tus manos llevabas un arpa a la que le robabas tonos hermosos. Tus sandalias estaban amarradas hasta un poco antes de la rodilla. El escote de tu vestidura llegaba al ombligo. Dejándome apreciar parte de tus pechos que se hacían de esta forma extremadamente provocativos. Tu sonrisa era angelical. Me arrimé a tu cuerpo mientras dejabas a un lado el arpa. Comencé a acariciar tu cuello mientras mis ojos se perdían en los tuyos. Se llenaron mis pulmones de aire ante la necesidad de acariciarte entera. Tu cuerpo se me hizo laberinto que deseaba recorrer. Como hombre enamorado de una mujer que hizo temblar al olimpo tus besos me supieron a gloria. Tus caricias rodearon mi existir. Busqué en mi derredor el caballo de Troya que usaríamos de habitación, pero preferiste hacer el amor en el jardín consagrado a Hera. Un caballo volador, desendiente de Pegaso, nos llevó en su lomo hasta el hermoso jardín. Árboles de manzanas de oro que conferían la inmortalidad nos rodeaban mientras te quité el cinto y dejabas caer la túnica al suelo demostrándome tu delicada desnudez. Mis ojos apreciaban tu ser en toda su talla. Mi erección ansiaba estar dentro de ti. Señalaste tu verticalidad y en forma de ordenanza me hiciste cumplir a cabalidad con tus deseos. No eran otra cosa que los míos propios y desempeñé con mis dedos y mi lengua el abrazo de tu humedad. Tu insistencia en poseerme me hizo temblar de pasión cuando al unísono nos convertimos en brillo de estrellas, en volcán de pasiones. Aún nos quedaron ganas de caricias después de haber transitado por los caminos de la lujuria y el amor. Tu cabello hacia que los árboles de manzanas de oro palidecieran ante tu hermosura. Tu boca fue en todo momento experta ejecutora de placer y tus ojos mi más grande tesoro. En ellos vi todo tu ser, el físico, el espiritual y el divino.

Me hizo sumamente feliz ver pasar a Afrodita a lo lejos. Noté que llevaba su cinturón, capaz de hacerla irresistible ante los hombres y ante los dioses. Suspiré aliviado de que no era eso lo que utilizabas para conquistarme y hacerme prisionero de tu amor, sino que tu belleza era tan real como tus besos, tus gemidos y tu humedad. Nos levantamos del suelo y me invitaste a acompañarte. Cuando me disponía a preguntarte a donde, tu dedo índice se posó sobre mis labios invitándome a callar. Aproveché para saborear los jugos de tu resquicio que aún estaban presentes en el desde que te tocaste para mi. Me revelaste tu fantasía de hacerme el amor justo al atardecer en la cascada de un hermoso río cercano. Fantasía que compartí con alegría y que...
¿Por qué me miras así? — Interrumpí

¿Cómo? — mencionaste irónica.

Como si no creyeras lo que te estoy contando. Te lo advertí al principio. No me creerás, pero insististe en que te dijera lo que me pasó ayer.
¡Es una fábula hermosa! — dijiste.

Está bien — proseguí —
al menos nos sirve para que sepas cuanto te amo. En realidad te amo con todo mi ser.— Y yo a ti mi amor...
Me robaste un beso y, con el, la continuación de mi historia pues nos inundamos de caricias. Nuestros ojos cerrados al besarnos sintieron la ráfaga de luz que vino después. Al abrirlos mientras aún nos besábamos contemplé a Zeus y a Hera que se besaban con igual pasión. Me sentí orgulloso. Por fin esos dos encontraban la paz que significa el amor verdadero. Antes de alejarse, Hera dejó caer una corona de laureles sobre tu cabello y una túnica blanca a tus pies adyacente a un cinturón dorado. Señalé los regalos que acababas de recibir para que me creyeras y tú sonreíste. Sugeriste que quien debía intentar comprender era yo mientras un hermoso brillo cubría tu piel despojándote de tu ropa e invistiéndote con la túnica blanca y el cinto.

Cielo, soy una diosa y tú un dios. Juntos habitaremos entre los mortales hasta que decidamos mudarnos al Olimpo o al confín del universo. Ahora acompáñame. Deseo hacerte el amor en un jardín de manzanas de oro y luego en la cascada de un río cercano...

martes, diciembre 01, 2009

Enseñanzas

Por Angelo Negrón

¿Habrá sido casualidad? Justo ahora que me siento un ser dividido a la mitad llego a mi cuarto y descubro que Neruda ha muerto. Sus ansias de libertad se han cumplido aunque no de la manera que esperábamos. Lo miro flotar en su pecera de bola y su poesía parece querer pegarse de ese espacio ausente de la vida. Mi pez favorito ya no demuestra orgulloso su azul perlado y su agresiva papada. Este pez beta osaba acompañarme en noches despiertas junto al recuerdo de mi amada. Desconozco si se despidió. Tal vez así fue, pero estuve antes de salir preguntándome tantas cosas sobre los recientes eventos en mi relación amorosa que no me fijé...

— ¿Qué sucede? — le pregunté

No dijo nada. El teléfono la escudaba, pero imaginé su rostro.

— ¿Que vas hacer? — le inquirí ante la posibilidad de invitarla a almorzar y que hablásemos de lo nuestro.

— Nada, no voy hacer nada. ¿Qué quieres que haga? Nada. — dijo casi gritando.

Su repetido “nada” disparó mis dudas. Y comenzó una de esas discusiones al teléfono en que verbalizas preguntas aún a sabiendas de que no existe respuesta.

— Nos estas destruyendo —mencioné.
— No me dejas alternativa — señaló.
— Hablemos de frente — le rogué.

Dijo que sí, pero su tono me indicó que perdería mi tiempo. Sucedería como otras veces. Se escudaría en su soberbia y yo en las dudas que me asaltan cuando no puedo reconocer el porqué se esmera en ocultar su rostro en máscaras nuevas que sabe le hacen daño a lo nuestro.

Llego a su encuentro. Antes me he prometido mil veces que no excusaré su desconsideración y altivez con pensamientos de conformismo y tampoco caeré en el drama de tratar de entender sus actitudes. La escucho hablar. ¿Será que padece de bipolaridad? Pienso y me reafirmo en que, por primera vez en nuestra relación, no estoy para comprender y aceptar, sino para ser asertivo con un futuro menos complicado.

Sigue hablando. Osa, sin miramientos, hacerme ver que en su plan maestro ya no soy sino uno más. A pesar de que su rostro refleja, esta vez, la máscara de la dejadez; el mío irradia el antifaz de los recuerdos. La veo besándome, manteniendo divertidas pláticas que rayaban desde lo trivial hasta filosofía o simplemente mirándonos. Ante tal actitud descubro que estoy orgulloso de lo que siento por ella. El amor es algo hermoso y lo que hemos vivido es inalienable. Si no siente lo mismo, o no desea demostrarlo ya, esa es una decisión que debe cargar ella; yo no. Decido pues, vivir de remembranzas. Lo prefiero así. Parece más cómodo recordarla de una sola manera. De la forma en que me brindó los días más significativos de mi existencia. Vendrán otros días, lo sé. Nos despedimos con la promesa de vernos esa misma tarde. No existe beso, ninguno lo propicia, lo que añade a mi pensamiento la confirmación de un adiós.

En la tarde me llama al teléfono móvil y plantea temas triviales. Habla de esto y aquello, pero ni una sola muestra de querer hablar de nosotros. Se ríe de haberse pasado el semáforo y la entrada que la llevaría a estar algunos minutos conmigo. Sigue su camino como si no existieran otras intersecciones donde alcanzar nuevamente la ruta hacia mí y, tal vez, hacia lo nuestro. Me despido. Le digo adiós y ella insinúa un “hasta luego”. Me quedo viendo el atardecer. Hermoso como siempre. Descubro que no ha surgido ni una sola lágrima de mi ser y tal tranquilidad me asusta.

La noche invade el lugar y abandono el parque donde me encuentro. Tal vez regrese alguna vez. Lo haré solo. Transformaré instantes en recuerdos más vivos cuando este allí. Me retiro y la congestión vehicular no ha cesado. Enciendo la radio y me pierdo en melodías que añaden dramatismo a lo que me acontece. Aún así voy sonriendo al llenarme de recuerdos.

Llego a casa y entro. Me recuesto en la silla del escritorio. Enciendo mi computadora. Siento soledad, pero no así vacío: Vuelvo a sonreír ante el repaso de mi promesa: “viviré de remembranzas”.

— Continuaré disfrutando de su amor aunque no de su presencia física — me digo a mi mismo mientras mi sonrisa se vuelve complacencia. Busco con ahínco la foto que nos tomamos juntos en un restaurante y mi sonrisa se disuelve. Justo al lado de esa foto diviso a Neruda flotando inerte. La lagrima brota sincera. Lo he perdido. Lo tomo en mi mano y camino pausadamente hacia el jardín. Luego de un sepelio improvisado busco su foto digital y la imprimo. Escribo debajo de la foto palabras que le robo al tocayo de mi pez: Pablo Neruda.

"El mes de Marzo vuelve con su luz escondida
y se deslizan peces inmensos por el cielo,
vago vapor terrestre progresa sigiloso,
una por una caen el silencio de las cosas".


Con cinta adhesiva pego el impreso en su pecera y me digo que tardaré en adquirir otro pez para mi escritorio. Neruda seguirá acompañándome. No pensaré en su muerte sino en su vida y lo que me brindó su compañía. Contesto mi pregunta sobre si será una casualidad o no estos dos acontecimientos que me han sucedido hoy. Dictamino que fue más bien causalidad. Neruda se impuso en darme una lección y ella a mostrarme su verdadera esencia. Siempre tiendo a enaltecer el amor y no cesaré en mi empeño. Lo que dejaré de idealizar es a las personas y a mi mismo. Somos humanos capaces de ser dioses de nuestro destino. El mío, como el de todos, no está construido aún. Si así fuera, no estuviese aquí: Estaría acompañando a Neruda. Pero eso si, hoy aprendí en carne propia algo que he escuchado siempre y a lo que no le había prestado atención: Hoy asimilé que esta vida es una y hay que disfrutarla a plenitud. También daré más importancia, si es eso posible, a las remembranzas.

— Seguiré orgulloso de lo que siento. No tiene que esfumarse este sentimiento de amor que logró sembrar ella en mí. Tal vez algún día decida regresar a ser quien fue cuando éramos nosotros lo importante. Si ese día, debido a los recuerdos, sigue este corazón latiendo de igual forma por ella: Mi boca buscará besarla de inmediato. Por el contrario, si ya mi corazón late por alguien más, entonces será ella quien tal vez, si no ha aprendido, aprenda el poder del amor, los recuerdos y los buenos amigos: Si no lo ha hecho para ese entonces... le regalaré un pez…

lunes, noviembre 23, 2009

En alta voz: desde la poesía, la narración y la creación

Recital de Sheila Candelario y Hector Torriente





El martes a las 7 PM en Biblioteca Carnegie
Los escritores puertorriqueños Sheila Candelario y Héctor Torriente ofrecerán el recital titulado En alta voz: desde la poesía, la narración y la creación, en la Sala Luis O'Neill de Milán de la Biblioteca Carnegie en San Juan. El mismo se efectuará el martes, 24 de noviembre de 2009, a las 7:00 pm.

Sheila Candelario es autora de Instrucciones para perderse en el desierto. Publicado bajo la editorial colombiana Palabra Viva en el 2004, el mismo reunió su obra poética y narrativa que se encontraba dispersa en revistas y antologías hispanoamericanas. En Puerto Rico, durante la década del 90, fue parte del catálogo de escritores de la revista Taller Literario. En el circuito cultural de Nueva York, Candenlario ha participado en lecturas y encuentros de escritores en salas como El Nuyorrican Poets Café, Bowery Poetry Club & Café, Galería Mixta, Hunter College y Trazarte, entre otras. Esta escritora se ha desempeñado como Catedrática de Literatura Latinoamericana en diversas universidades en los Estados Unidos. Actualmente enseña en la Universidad de Fairfield en Conneticut. En el 2010 se publicará su libro de narrativa corta Geografías Dislocadas.

Por su parte, Héctor Torriente es el pseudónimo que utiliza en los linderos poéticos el catedrático, investigador y profesor de la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico, Héctor Sepúlveda. Autor de títulos como Bajo asedio (Comunicación y exclusión en los residenciales públicos de San Juan), y Suaves dominaciones (Críticas y utopías de los medios en Puerto Rico), Torriente nos obsequia en su obra más reciente Pichón de mime careto una colección orgánica de cuadernos poéticos. Anda buscándote el amor, Patrios sueños del Vallebuco, Soledumbres y Cronotristezas, son los títulos incluidos.

En alta voz: desde la poesía, la narración y la creación será moderado por el escritor y comunicador Carlos Esteban Cana, fundador del colectivo Taller Literario. El evento será amenizado por el guitarrista clásico Félix Rodríguez y se sortearán libros de autores hispanoamericanos entre los asistentes.

domingo, noviembre 01, 2009

Ofrenda a una Diosa

Por Angelo Negrón



— La verdad es que tuve razones para separarlos. Odiaba la forma en que él la tocaba. Saber que también la hacia suya, cuando así lo deseaba, me obsesionó tanto que los celos me cegaron. Pensaba que al librarme de él, sería sólo mía y me equivoqué. Se marchó de mi lado aunque no de mi vida pues su recuerdo aún me persigue. La conocí una noche en que motivado por la curiosidad entré en Internet a “chatear”. Después de haber perdido mi tiempo por varias horas leyendo y escuchando tonterías, leí sus palabras dirigidas a mí. Juro desconocer que fue lo que le motivó a hablarme, tal vez el seudónimo que utilicé o la búsqueda de aventuras, pero de algo estoy seguro: esa noche la pasé divino.

Ella se expresaba como los Ángeles. Tenía tanto de qué platicar y yo quedé sorprendido de lo maravilloso que podía ser conocer a alguien oculto en la cuadrada forma de un monitor, en el sublime antifaz de la distancia. Luego, existieron cientos de noches de charlas divinas y miles de correos electrónicos donde fui conociéndola a tal grado de enamorarme de su alma sin importarme el físico que no conocía. Esperaba esos correos electrónicos que me hacían completamente feliz como se espera el alimento cuando más hambre se tiene.

Llegó el momento en que pude escuchar su melodiosa voz a través del teléfono y también el instante en que pude ver su físico en una foto que me envió por “e-mail”. Fue sensacional, era hermosa en verdad y me obsesioné doblemente. Por eso el día en que la conocí en persona mis ojos no hacían más que querer escaparse en su mirada. Entablamos una amistad más profunda. Cuando la besé tras ella pedírmelo me transporté a una boca deliciosa, a los labios más tentadores que me hayan besado jamás. El deseo transformado en lujuria, después de varias salidas, fue venciendo nuestra timidez. Conocimos nuestros cuerpos desnudos y eso fue celestial. La acaricié como sólo el amor puede hacerlo.

Siempre nos desnudábamos frenéticamente. Su vientre encendido fue mío. Sus pechos se acoplaron a mi boca. Pude palpar el deleite en toda la extensión de su cuerpo. Manosear toda la dimensión de su clítoris hinchado a la espera del embestir de mi lengua haciéndola transportarse al olvido de que existía alguien más que no fuese yo. En toda mi vida de creerme un consumado amante nunca había sentido sensaciones iguales, ni siquiera cuando en mi juventud temprana aquella mujer mayor me hizo esclavo de su ardiente sexo y pensé que me había enseñado el camino a la lujuria.

No fue así. Son tantos los senderos a la carnalidad y el deseo que te das cuenta que el perfecto equipaje para que dos cuerpos desnudos sean felices no es otro que el amor verdadero. Con esta conquista lo descubrí. Y es que la forma en que temblaba mi piel de sólo pensarla me inculcaba cada vez muy adentro la necesidad de poseerla. Mi erección era instantánea de tan sólo sentirla cerca pues parecía tener siglos de experiencia condensados en su boca y en su cuerpo que se movía sobre mí con el ritmo de la pasión creciente, con la calma de quién devora al amante soñador de lascivia.

Aún pienso con vehemencia en mis dedos perdiéndose en sus cabellos, en mi mano dejando de ser mía cuando estaba entretenida en sus pechos y en mi boca extraviada en el promontorio placentero de su bajo vientre. Añoro su espalda curvilínea a la hora de probar la rígida erección de mi ser. ¿No se te hace la boca agua? ¡Piénsalo! Piensa en sus dulces labios llevándote a olvidar todo lo que no sea placer, lujuria y sobretodo amor.

Definitivamente ella es el amor que busqué escondido en años de noches solitarias y amaneceres incompletos. El deseo más oculto de sentir el placer más divino y la innumerable sensación de estar en el cielo constantemente. Por ella se originó la parte más inolvidable de lo que me ha tocado vivir. La felicidad se desborda en todo mi ser.

¡No me mires así! Ya sé que también compartía sus atributos con alguien más. Nunca mintió. Jamás ocultó el hecho de que era casada. Al principio no me importó. ¿Qué podía hacer? Llegué tarde a su vida y no era su culpa. Los celos me consumían cuando no podía estar con ella como deseaba. El tiempo en que lográbamos compartir se limitaba a la sombra de otro y eso me desquiciaba por completo. Así que decidí eliminarlo de nuestro camino. El plan tenía que ser perfecto.

Me dediqué a seguir la rutina en que mi contendiente vivía. No fue fácil. Tropecé con la obligación de verlos caminando tomados de la mano o besándose apasionadamente demasiadas veces y como si yo no existiera. Mi amor por ella me hacía perdonarla, pero a él lo odié como nunca pensé podía llegar a odiar.

En mi persecución pude notar que mi rival tenía una vida perfecta, pero lo que en realidad le envidié a mi antagonista fue el hecho de que cada mañana cuando abría los ojos se encontraba el cuerpo desnudo de mi amada y que cada noche podía hacerle el amor a su antojo. Bajo estos pensamientos que me volvían loco concebí todo y fue más fácil de lo que yo creía.

Me explico: en una de las salidas que tuvimos, mi amada y yo, nos fuimos de compras al centro comercial. Tomé sus llaves sin que se percatase. Me encargué de sacarles copia mientras ella estaba en el probador de damas midiéndose uno de esos trajes que tanto me gustaba quitarle. Y ese día, le arrebaté el que llevaba puesto. Después de hacer el amor hasta en el garaje del motel supe que mi plan funcionaría. Me confesó que al día siguiente estaría en un seminario del trabajo y su esposo la pasaría en casa solo. Ante la certeza de que, tras la desaparición de mi contrincante, no la vería por un tiempo me propuse poseerla ese día las veces necesarias para que me empalagara su sexo, pero no logré abastecerme de ella. Es que es increíblemente apetecible. Mírame, de sólo recordarlo nace en mi una erección.

Ja, ja, ja ¿qué te parece? Bueno... Esa mañana en la que consideré que me libraría de él, esperé a que ella se fuera para su seminario y con la copia de las llaves entré hasta su dormitorio donde lo encontré profundamente dormido. Tomé una de las almohadas y usándola para amortiguar el sonido de esta automática le disparé justo en la cabeza. Su sangre corriendo rápidamente por las sabanas blancas de su cama me hicieron sentir muy bien. Reconocí en ese instante que compraría otra cama donde pasar los próximos años que me quedaban de vida con la viuda de ese hombre al que se le ocurrió amar a la misma mujer que a mí. Sin dejar una sola huella me dediqué a revolcar el aposento y a sustraer todo lo que encontrara de valor para que se entendiera que había sido un robo. Me marché de allí a enterrar las joyas que encontré escondidas en el closet no sin antes forzar la puerta de entrada.

Le di varios días a mi amada para que pasara el duro golpe de perder al inútil de su marido. Me sorprendió sobre manera cuando la llamé varias veces al trabajo y no respondió mis llamados ni los mensajes que deje grabados en su “voice-mail”. Seguí investigando hasta que descubrí por medio de un familiar que ella se había ido de viaje para despejarse por la muerte de su esposo a manos de un asaltante. Conseguí la dirección donde ella se encontraba. Tomé un vuelo que me condujera a sus brazos. ¿Quién mejor que yo para consolarla? Al llegar se mostró claramente sorprendida. Comenzó a llorar cuando le recriminé por haberme dejado solo y no permitirme ayudarle en su momento de dolor. Ella me pidió perdón. Cuando le ofrecí mi pecho para recibir su abrazo se negó diciéndome que había recapacitado y no quería nada conmigo. Dijo que tras la muerte de su esposo se había dado cuenta que lo amaba en verdad y por mí no sentía nada. Que yo había sido sólo una aventura de la que se arrepentía pues la memoria del hombre que amó la perseguía y no volvería a amar a nadie más.

¿Puedes creerlo? Mis ojos estallaron en dolor. Por más que traté de hacerle ver todo el amor que ella sentía por mí, me rechazó en cada intento. Yo moría por dentro. La verdad, aún no sé si aprendí la lección. A veces me da con pensar que si no hubiese apartado a mi competidor, nosotros estuviéramos juntos y ya la hubiese convencido de mudarse conmigo a mi cama, donde la extraño demasiado. De hecho, cada vez que pensando en ella juego conmigo mismo logro la erección, pero nunca puedo terminar de darme satisfacción pues la necesidad de ella en mi lecho es genuina.

Ahora dime la verdad ¿Alguna vez te ha hablado de mí? No creo eso de que no te haya contado lo sensacional que soy en la cama. Ella misma me enseñó. Me mostró el camino del gozo inmenso y sin igual de eyacular basándome en el amor verdadero. ¡No mientas! Si he sido sincero contigo al contarte esta historia es porque lo menos que espero de ti es la respuesta que necesito escuchar. Ella prometió estar sola, que no volvería a enamorarse de nadie más. Disculpa si estoy llorando, ella me convierte en un ser débil. No la he matado porque debo convencerla de regresar conmigo, además, prefiero observarla de lejos que visitarla en el cementerio. ¿Me estas diciendo que sí?¿Qué te habló de mí?¿Qué? ¡Ya te advertí que no me mintieras!

¡Mientes! Estoy seguro. ¿Tienes miedo de que estropee tu cabello con una de estas balas? Escúchame. Así será. Como te dije hace un rato mientras te ataba en esa silla, nadie puede amarla como la amo. Por eso cuando la semana pasada la vi saliendo tan acaramelada contigo del cine me sentí morir. ¿Qué clase de patrañas le has dicho? ¿Cómo pudo olvidarse de que la estoy esperando? ¿Qué le vió a un pendejo como tú? ¡Que se joda! Ya no me importa. ¡Cállate! No supliques más. Nadie te escuchará. Sólo me resta decirte que si estas enamorado de ella lo entiendo. En verdad es una diosa. Pero no te preocupes, no tendrás que celarla como yo, pues ella: o es mía o de nadie...

Y en el aposento de aquella casa abandonada, que servía de altar para el sacrificio ofrecido por un loco enamorado, sonó el disparo que inundó todo. La detonación logró que otro corazón dejara de palpitar. Y sólo porque se atrevió a amar sin medida a una diosa cuando apenas era un simple mortal...

lunes, mayo 04, 2009

Conversaciones II

Por Angelo Negrón
...en el mismo bar. Esta vez no hay clientes que yo conozca. Escogí la mesa más lejana de la barra y hablo, como algunas veces, con… mi conciencia…
— Veo, veo…
— ¿Que ves?
— Una cosita…
— ¿Con que letresita?
— Con la letresita O
— Obtener.
— No, esa no es.
— Orgasmo.
— Je, je, je. Esa tampoco.
— Ofrenda.
— Creo que no adivinaras.
— Obsesión.
— Estoy algo obsesionado con la palabra que debes adivinar, pero no, esa no es.
— ¡Me rindo!
— ¿Tan pronto?
— Si, quiero saber.
— La palabra es Olvido…
— Estuve a punto de decirla y la obvie.
— ¡Perdiste!
— Si. Y ¿todavía piensas en olvidar? Mientras tratas de olvidar es porque todavía recuerdas.
— Si, lo sé. Pero, quiero olvidar o al menos no pensarla tanto.
— Ja, ja, ja. Eso mismo dijiste hace mucho y aún sigues recordándola.
— Es que el amor es así… Además, no se olvida de la noche a la mañana lo que has vivido con sinceridad.
— Creo que no se trata de olvidar. Sino de recordar.
— ¿Qué dices?
— ¡De eso mismo! Te la pasas quejándote de querer olvidar algo que fue hermoso.
— Si, pero es que no terminó bien.
— ¡No importa! No terminó bien, porque aún no ha terminado. No al menos de la forma en que lo estas haciendo. Entiéndelo; Mientras quieras seguir olvidándola; ese final sigue de la forma incorrecta. No habrá nada que te aliente. Ninguna respuesta que te de cualquiera, ni tu mismo, será la correcta. Es mas, como te dijo aquella amiga en la universidad: “es que aunque ella regrese y te de mil explicaciones y mil excusas, ninguna será valida porque estas bien dolido.
— Si, es como Shakira: “No solo de pan vive el hombre y menos de excusas vivo yo…”
— ¡Lo ves! ¡comprendes lo que digo! La manera correcta es que la recuerdes. Cada día, cada momento. Sin dolor, con la alegría de haber podido conocerla, de haber podido compartir con ella. Cuando logres esto, será muy fácil dejar de sentir esa amargura, esas depresiones y sobre todo ese obsesivo querer olvidar.
— ¡Si fuese tan fácil!
— No seas pendejo. Si, es muy fácil. ¿Recuerdas a la primera mujer que besaste?
— ¡Claro que si!
— Al principio cuando dejaron de verse ¿Cómo te sentiste?
— ¡Destruido!
— ¿Ah si? Piensa en ella, que recuerdas.
— Recuerdo su nombre: Mariluz, el color de su cabello: Rubio, sus ojos: Café: sus labios: poco pronunciados, su cuerpo: esbelto, su…
— Perdona que te interrumpa en tan descriptivas lista de palabras, pero es que; me refería a como la recuerdas: ¿con amor profundo, con odio y angustia?
— ¡Nada de eso! La recuerdo con mucho cariño. Me enseñó el poder que tiene un beso.
— Por eso. ¡Tu mismo te contestas! Primero mencionaste que quedaste destruido y ahora dices que la recuerdas con cariño.
— ¡!
— Con el tiempo veras que los momentos que vives son mágicos. Y que si los recuerdas como lo que son, ósea, vivencias, serás feliz…
— Esta bien, pero es que ella no es cualquiera. No se trata de una niña, sino de mi alma gemela.
— Lo sé. Acaso te olvidas de con quien estas hablando. Debes creerme; en vidas pasadas hemos tenido esta misma conversación…Entiéndelo de una buena vez: debes recordar lo feliz que has sido y lo demás llegará por añadidura.
— Lo intentaré…
— No, ¡hazlo!
— Lo haré. Ahora será mejor que nos bebamos algo. Te estas obsesionando.
— Ja, ja, ja. Un guardia diciéndole policía a otro…
— Bueno, al menos yo lo acepto. Soy un enamorado-obsesionado que busca olvidar.
— Que buscaba olvidar. Ahora recordaras.
— Brindemos por eso. Recordémosla. ¡Veo, veo!
— ¿Qué ves?
— A ella…
— ¿Cómo la ves?
— Amándome…
— ¿Con que letrecita?
— Con el abecedario completo…
— ¡Espera un momento! Eso no rima…
— ¿Qué no? Tendrías que vernos; somos dos rimas libres en el poema de la vida…