jueves, noviembre 23, 2006

Angelo Negrón se Confiesa

deus? juglando una página hermana nos ha hecho el honor de una entrevista. La publico aquí, junto a los comentarios dejados allá, para darle de comer a mi ego.


Juglando le pide a deus?
Que verse en cada entrevista
Esto a deus? Le causa enojo;
Tanto que se le nubla la vista,
Protesta,
Se molesta
Y ‘vizca’ sus tres ojos.

Mejor entrevisto a Angelo
Para que nos de sus opiniones
Sus puntos de vista; sus ‘Confesiones’…


Conozcamos a Angelo Negrón, de Confesiones y varias EsTAmPAS, escritor. Sus cuentos han sido publicados en la revista y colectivo Taller Literario y tiene varios libros inéditos: ‘Montaña Recuerdo’, ‘Entre el edén y la escoria’, ‘Sueños mojados’ y ‘Confesiones’.

Leer a Angelo es como hablar con un amigo. Sus escritos destilan la sensibilidad y ternura de un hombre enamorado. Musa del 29 de marzo, 05; Te amo de julio 27, 05; son sólo un par de ejemplos. Pero, Siete Días, publicado el 1 de enero de este año es una de nuestras favoritas. Esta hermosa narración hace alusión a la creación del Mundo con el amor. Sencillamente ‘genial’.

Conozcamos un poco más a Angelo:

¿Desde cuando escribes?
Escribo desde niño. A aquellas letras yo le llamaba poesía.

¿Recuerdas que fue lo primero que escribiste?
Si: un “poema” dedicado a la madre naturaleza. Eso fue en tercer grado. Luego competí en un certamen en quinto grado con ese poema y ¡lo gané! Me dejó marcado para siempre. No por haberlo ganado, sino porque la bibliotecaria de la escuela le pidió una foto a mi madre para colocarla al lado del poema en el boletín board y ¿que creen? Al otro día estaba junto al poema una foto mía que odiaba con todo mi ser pues en ella salía bien mellao. Fue una semana de sobrenombres bien “cool”.

¿Cual es tu recuerdo más lejano?
Estoy desnudo en el cuarto de mis padres. Estoy calzando los gigantescos zapatos de papi y camino de lado a lado del cuarto. Sé que es antes de mis cuatro años puesto que esa habitación corresponde a la casa donde vivíamos para ese entonces.

¿Como se te ocurrió el nombre de tu blog?Confesiones es el titulo de uno de mis libros inéditos de cuentos. Decidí utilizar el titulo en el blog por aquello de confesarme un poco.

¿En que te inspiras para escribir?
En aquello y en lo otro. Es que cada cosa, situación, persona o espíritu tiene el lado de una historia y trato de describirlo. Sean sueños realidades o sarcasmos busco en ellos desahogarme y dejar de ser yo, siéndolo al mismo tiempo.

¿Cuales son tus escritores favoritos?

Yolanda Arroyo
Ana Maria Fuster Lavin
Carlos Esteban Cana
Antonio Aguado Charneco

Tienes dos blogs, uno de ellos dedicado a la fotografía:varias EsTAmPAS, ¿que significa la fotografía para ti?
La fotografía me lleva a lugares similares a los que me llevan las letras. Cuando pulso el botón de la cámara, tal como cuando escribo o leo, se paraliza un instante de mi vida, pero se nacen escenas interminables.

¿Cual de los dos te gusta más?
Los dos me fascinan. Si bien es cierto que escribir es una de mis pasiones; la fotografía también se lleva mis fogosidades. Cuando esa cámara fotográfica está en mis manos, al igual que cuando me coloco frente al teclado; soy dueño, rey y señor del momento de miles de personajes o hechos. Eso alimenta mi ego y, más importante, le da paz a mi alma.


Si pudieras resolver un solo problema para siempre, ¿cual seria?
Las enfermedades.

¿Cuales son tus blogs favoritos?
Tengo como asunto clerical, pues me encantan, leer el blog de los que están en mis link. Cada vez que entro al mundo cibernético es lo primero que hago. Estos son:





























  • ¿A que bloguero te gustaría conocer y por que?
    Fernando Angel, EL NAVEGANTE
    la Bitacora de cristal del Navegante
    Location:Buenos Aires, Argentina

    Me parece alguien con quien puedes mantener una plática constante sin aburrirte.

    ¿Eres morning person o night person?
    Padezco imsomnio.

    ¿Como te defines a ti mismo?Yo soy yo.

    ¿Como te definen tus amigos?No sé. Nunca les he preguntado y ellos no se han atrevido a decirme.

    ¿Que recuerdo o impresión quieres que las personas tengan de ti?
    El que capten. Ellos deben decidir tal cosa.

    ¿Cuando te conozcamos, que seria lo primero que notaríamos?
    Unas cincuenta y seis libras de más.

    ¿Que es lo que más te apasiona en la vida?El amor, debilidad y fortaleza de los seres humanos.

    ¿Que te ves haciendo de aquí a 5 años?
    Quiero disfrutar cada momento. En cinco años deseo estar en un parque jugando con mis hijas en el área de los columpios.

    La pregunta ‘Miss Universo’: ¿a que persona o personaje de la historia, vivo o muerto e gustaría conocer y por que?
    Al escritor Antonhy de Mello. Mi visión de la vida cambió cuando lo leí a mis 18 años.

    ¿Con que persona de tu pasado te gustaría reencontrarte y por que?Con mis abuelos. Los extraño mucho.

    ¿Como te gustaría que la gente te recordara?
    Con sinceras ganas de verme.

    ¿De todo lo que ha escrito que es lo más que te llena de satisfacción y por que?
    Cada escrito es mi preferido; en ellos expreso la totalidad del ser humano que soy, (o el que no soy), el que fui y el que seré.

    ¿Cuál consideras es el requisito primordial para llamar a alguien ‘autor’?
    Autor: aquel que crea, con sus manos y su imaginación.

    Escribe lo primero que se te ocurra con estas palabras:
    Inclina, ternura, rabia, encuentro, sabor, premura, tibieza, primero, sentir, poemas.



    Sexta vez

    Ella pone su mano sobre mi cabello y me agradece que le haya traído los pasteles de yuca que le envió mi madre. David me mira con algo de rabia. Su sonrisa de envidia se detiene al escuchar a nuestra maestra de noveno grado.

    — Quita esa sonrisita — le dice con ironía — en el pasado examen reprobaste, si te pasa igual en este veremos a tus padres por aquí, ¿sería cual? la sexta vez.

    La maestra da la espalda y David no pierde el tiempo. Me enseña el dedo del medio. Yo le sonrío y clavo la vista en el papel donde escribo mi nombre. Observo a todos. Están envueltos, hasta David, en el encuentro con su imaginación y las reglas de poesía. La profesora ha solicitado dos poemas. Uno con rima asonante, otro con rima consonante y ambos que sean en verso de arte menor. Pasan los minutos y soy el primero en ponerse de pie. David me mira aún enojado. Él no lo sabe, pero quiero ser su amigo y si supiera que hoy por la tarde abogaré por él no me miraría así. Le entrego la hoja a la maestra y ella no puede dejar de ser amable conmigo. Me dice con ternura que mis versos tienen sabor y tibieza; elementos dignos de un buen escritor. Regreso a mi pupitre a mirar como uno a uno se van levantando a entregar su examen.

    David, sonríe maquiavélico mientras regresa sin perder de vista mis ojos que confundidos están estudiando el rostro perplejo de la maestra. Su mirada se escapa del papel que David le ha entregado hacia él y una lágrima se desbanda por su mejilla. Logro sentir una gran curiosidad. Deseo leer la poesía de David. Me parece que es bueno en eso de escribir. De hecho ha logrado que la profesora no pueda impedir trastocar su siempre bien maquillado semblante. Espero alguna alabanza hacia su escrito y en lugar de eso; “Misis” Matos se levanta y nos dice que el que haya terminado se puede ir.

    Se llena todo de algarabía y del sonido de las patas de los pupitres al levantarse mis compañeros. No salgo, doy tiempo a que el penúltimo estudiante entregue y salga. Ahora si, soy el último. Me acerco a la maestra y me informa que debo decirle a mami que esta tarde no me brindará tutorías de español. Mi entusiasmo se escapa y le preguntó porque. Ella me extiende un papel. Es el examen de David. Lo leo sin poder entender. La miro; sus ojos tristes hablan, Inclina la cabeza y se pierde con premura en un libro de texto. La sonrisita de David retumba en mi cerebro. Vuelvo a leer angustiado el corto y preciso escrito: Mis padres no volverán a este salón por sexta vez y yo sacaré buenas calificaciones en su clase. ¿Sabe porqué? Porque si no; les contare a todos que hace dos tardes la seguí hasta su casa. Así es, y al asomarme por la ventana la vi desnuda y gozando de todo el sabor y la tibieza de su “futuro escritor”, de su “poetita preferido”.



    Por ultimo, háblanos de lo que quieras, expresa cualquier cosa que desees dejar dicho aquí.

    Tener el interés de que tu imaginación se convierta en letras que manchen algún papel en blanco es la clave para desarrollarte en el mundo de la palabra. ¡Que viva la fantasía!



    7 comentarios

    Yiara Sofía dijo...
    No sé qué me gustó más, si la entrevista de este gran hombre o el escrito creado con las palabras predestinadas. Puede ser un empate?! Al igual que sus fotos, Angelo Negrón nos deja siempre pensando, qué hay detrás del lente de sus palabras??? Bravo!! Espero saludarlo en persona el 10 de diciembre!
    7/11/06 1:40 PM

    Yolanda Arroyo Pizarro dijo...
    Talento de sobra y alma noble en este hombre. Me quito el sombrero.
    7/11/06 7:37 PM

    Anónimo dijo...
    NO TE DEJES COJER DE PENDEJO
    8/11/06 4:13 AM

    Estela dijo...
    Angelo es un narrador extraordinario. Además su sentido del humor le da un toque especial a sus escritos. :)
    8/11/06 6:17 PM

    Isabel Batteria dijo...
    Gracias portener mi blog ahí, en esa lista de artículos de primera necesidad. Agradezco mucho todo el apoyo que me has dado.
    13/11/06 8:15 PM

    Ana María Fuster dijo...
    Eres un gran escritor y amigo, también soy tu lectora asidua
    14/11/06 11:50 AM

    Angelo Negrón dijo...
    Yiara: Si el universo se confabula conmigo; allí estaré.
    Yolanda: ¡Gracias! Me inclino ante ti.
    Anónimo: Seguiré tu consejo. Siempre es valioso escuchar alguien con experiencia.
    Estela: Muchas gracias por tus palabras.
    Isabel Batteria: Gracias a ti. Simplemente admiro tu trabajo.
    Ana María: Lo que haces día a día por las letras en este país, acompañada de una prosa y musa saludablemente envidiables, es lo que me ha convertido en tu admirador.
    Deus: Sigue uniéndonos como colectivo. Le hace falta a este país más de esto. ¡Muchas gracias!¡Un abrazo a todos! ¡Que vivan las letras!
    14/11/06 5:28 PM



    jueves, noviembre 16, 2006

    Amanecer en ti

    Por Angelo Negrón

    Abrí los ojos. En la oscuridad del cuarto sentí frío. Aún soñoliento traté de encontrar la sabana que supuse había tirado al suelo. Sólo logré caerme. Aturdido aún, busqué el interruptor y al hacerse la luz estrujé mi rostro. Un buen vaso de leche tibia me ayudaría a dormir, pero en la nevera sólo quedaba agua y un poco de soda. Recogí la sabana y apagué la luz. Traté de dormir. Mas la sombra del recuerdo invadió los lugares más recónditos de mi mente y de manera extraña apareciste. Vestías de rojo. Yo invoqué a tu amistad. Te sentaste a mi lado y comenzó todo. Las escenas pasaban frente a nosotros. La forma en que nos conocimos, la playa y las fiestas. Te convertiste en amiga real; en mi confidente. Te hablé de mis amores pasados, tú me hablaste de los tuyos. No había problemas a los que juntos no encontrásemos solución. Muchos vieron en nuestro afecto algo más que una amistad y nosotros no llegamos a percibir el amor o tal vez no nos atrevimos a cruzar tan inmensa frontera. Te apartaste de mí. Desapareciste justo cuando deseé traspasar el límite de la realidad. Sentí soledad y en loco desvarío grité tu nombre. Sudando frió descubrí que todo había sido un sueño. Fui a la nevera y bebí agua. Calmado me dispuse a dormir.

    Volviste a aparecer más radiante que nunca. Descubrí, esta vez, que a tu belleza interior le acompaña la hermosura física. Nuevamente te sentaste a mi lado. Pude ver de cerca tus ojos, tu nariz, tus labios y quedé perplejo. Sonreíste. Permanecí inmóvil. No sabía qué hacer ni qué decir. Deseé acariciar tu cabello y besarte. No me atreví. Varios minutos estuve observándote. Permanecías callada y sonriente. Mirándome como nunca antes. Esperando de mí el dilema que no parecía resolverse. Tu mirada endulzaba mi vida y pensé: “Si es sólo un sueño, ¿por qué no intentarlo?”

    Y sucedió. Me acerqué a tus labios. Los besé sutilmente. Tu respuesta fue cálida. Mi cuerpo tembló de ternura y el tuyo respondió a mis intenciones. Nos abrazamos. Beso tras beso dejamos de ser amigos para convertirnos en amantes. Fui desvistiéndote. Cuando cayó tu traje al suelo logró teñir de rojo toda la habitación. Tu piel era como un manto tejido de flores suaves y tersas. Acariciar tu cuerpo desnudo despertó en mí sensaciones olvidadas en la tempestad del recuerdo. Noté mis manos húmedas y mi pecho agitado. Mi erección seguía palpitante. Tu rostro continuaba excitándome aún cuando la corriente máxima del placer ya había pasado, aún cuando fuimos dos aves que volando hacia la eternidad quedaron levitando en el cielo. El amor te aprisionó en mi corazón y te deseé mucho más.

    Concluí que sería capaz de desnudarte miles de veces, aunque no pudiera acariciarte, con la sola excusa de recorrer tu cuerpo con la mirada. Reconocí que admirarte sería parte de mi futuro inmediato y de mi vida entera. Supuse que estos encuentros volverían a suceder aunque estuvieras lejos de mi cuerpo y no me diera cuenta que mis manos apretadas contra mi sexo eran las domadoras de tanta pasión. Un hilillo de luz a través de la ventana me hizo comprender que amanecía. Miré a mi lado. Tú ya no estabas. Te fuiste con la noche, te marchaste con mis sueños mojados. Fue divina esta aventura nocturna. Si, fue espectacular, sobre todo amiga mía, porque al soñarla yo estaba despierto.

    domingo, noviembre 12, 2006

    Cuatro Ventanas

     Fotos por Angelo Negrón


    Ana María Fuster Lavin, Carlos Esteban Cana.

    Amílcar Cintrón Aguilú y Mairym Cruz Bernall.

    Poetas que nos deleitaron con su "Nada en el amor, desde otra voz".

    Asomarse en el alma de estos cuatro poetas es como abrir de par en par las ventanas y descubrir el paisaje más allá de lo que nuestra vista lo permite.

    jueves, noviembre 09, 2006

    NADA EN EL AMOR, DESDE OTRA VOZ

    Al final de la vida yo me he dado cuenta
    de que todo lo que no se convierte en felicidad
    es inútil y negligente.... Borges


    Los escritores puertorriqueños Mairym Cruz Bernall, Ana María Fuster, Amilcar Cintrón y Carlos Esteban Cana en junte poético…

    Recital: NADA EN EL AMOR, DESDE OTRA VOZ con Mairym Cruz Bernal, Amílcar Cintrón Aguilú, Ana María Fuster y Carlos Esteban Cana


    Evento: Sábado 11 de noviembre de 2006
    Lugar: Biblioteca Carnegie, 7PM

    Separen la fecha, disfrutarán de un Banquete poético.
    Habrá MESA para VENTA DE LIBROS

    Datos de los autores

    Amílcar Cintrón Aguilú, escritor puertorriqueño, ofrece talleres de cuento. Ha publicado sus cuentos en diversas revistas y antologías como En el vientre de una isla (narrativa 2006) publicado en Uruguay. Posee recibieron el grado de Maestría en Artes con especialidad en Estudios Puertorriqueños.

    Mairym Cruz Bernall, reconocida poeta puertorriqueña, ha viajado países tan distantes como Rumanía, tan cercanos como Colombia, Argentina, Nicaragua, El Salvador, y tantos otros, llevando la poesía de la mano. Es autora de más de 10 poemarios, entre ellos: Encajes negros, Poemas para no morir, Soy dos mujeres en silencio que te miran, Querida Amiga Querido Amigo , con la co-autoría del cantante Danny Rivera, entre otros.

    Carlos Esteban Cana, escritor y editor puertorriqueño, se ha destacado por su inmensa labor como periodista cultural independiente y es el fundador y editor de la revista Taller Literario. Sus cuentos, ensayos y poemas han sido publicados en diversas revistas y periódicos del país, así como internacionalmente.

    Ana María Fuster Lavín, escritora y editora puertorriqueña, autora de los libros de cuentos Verdades Caprichosas (First Book Pub., 2002) premiado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña, Réquiem (Isla Negra editores, 2005) va por su 2da edición, y el inédito Bocetos de una ciudad silente. Acaba de publicar su poemario El libro de las sombras (Isla Negra editores 2006). Dirige las revistas electrónicas Borinquen Literario y
    http://bocetosdeselene.blogspot.com/

    miércoles, noviembre 01, 2006

    Nos visita Carlos Esteban Cana con dos entregas:


    En movimiento

    Ante la imposibilidad de que me puedas amar
    quedo en profundo silencio
    las rocas se desprenden
    y el acantilado se acerca
    esta vez no resisto
    y me dejo llevar
    hacia el destino
    por la ingrávida ilusión de liviandad

    queda espacio en los efímeros y prolongados segundos
    para degustar la sobria contestación
    que latente permanece

    y aún no alcanzo tocar las piedras que acaricia la espuma
    cuando la mirada se eleva hacia un crepusculario azul
    con anaranjados rosados que emite mi propia estela
    en la impermanencia de tu océano celestial.

    diálogo con saberes propios y ajenos

    el dolor que parte de la emoción
    desbordada la represa
    las puertas permanecen sin abrir
    y el cruce vuelve temerario lo que era osado

    al delta se arrastra todo un mosaico de fragmentadas piezas del
    /universo humano
    de lo accesorio a lo valioso
    y el crepúsculo
    da perfil de sombras
    a lo que lleva impetuosa la corriente
    que no cede al impulso del instante impermanente
    de lo que no se puede contener

    y el niño trata de meter en el hoyito
    a q u e l e n o r m e r í o
    el proceso lógico cede al gesto creativo de la semejanza
    la energía trasciende tus miopes límites físicos
    y no la sientes separada

    es pleno el Kairós: el intelecto se desplaza pasivo al vacío

    y por primera ocasión
    sientes la verdad del propio axioma
    como sentencia definitiva y sagrada del oráculo
    entonces, con tu misión en los hombros,
    te alejas del centro para acercarte,
    cual orbita elíptica de cometa errante,
    a ese mismo punto medio.

    Carlos Esteban Cana ( Bayamón, Puerto Rico 1971) Escritor, comunicador y coordinador editorial. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario. Sus cuentos y poesías han sido publicados en revistas como El Sótano 00931, Borinquen Literario, Cultura y Cundiamor, entre otras. Algunos de sus ensayos y reflexiones sobre la cultura editorial puertorriqueña han llegado al lector a través de periódicos como El Nuevo Día y el mensuario Diálogo. Tiene varios libros inéditos: Novo vía crucis (poesía), Versos apócrifos para la innombrable (poesía) y Fragmentos del mosaico humano vol. 1, vol. 2 y vol. 3 (cuentos).

    No se pierdan:

    NADA EN EL AMOR, DESDE OTRA VOZ

    Recital a cuatro voces con:

    Mairym Cruz Bernal

    Amí­lcar Cintrón Aguilú,

    Ana María Fuster

    y Carlos Esteban Cana.

    Sábado 11 de noviembre de 2006

    Biblioteca Carnegie,

    En el Viejo San Juan

    7:00 PM

    El evento será gratuito y habrá sorteo de libros.



    viernes, octubre 27, 2006

    Atardecer


    Por Angelo Negrón

    Después de hacer el amor, bajo los rayos del sol y algunas gotas de llovizna, seguiremos hablándonos con caricias suaves y recurrentes. Ella descubrirá el atardecer y deducirá que la noche llegará pronto a regalarnos sueños compartidos. Y se adormecerá… Dormirán promesas y dormirá ella. Mi insomnio pernoctará a su lado. Caricias ya desaparecidas para no incomodar su sueño se reunirán en mis fantasías; listas para que a primera hora salgan de su escondite. Sueños recurrentes flotarán como siempre y recorrerán su cuerpo desnudo…

    El placer la ha hecho viajar lejos, sus ojos se cierran y está hipnotizada de amor. La hora me insinúa que es algo temprano para llamar a Morfeo pues la cena está servida en la mesa junto a las velas, las fresas y las rosas. Mi alma en este atardecer reconoce que debe dejarla dormir. Olvidaré los alimentos. De todos modos; ya hemos cenado. Nos nutrimos el uno al otro; saciando aventuras con besos salados y postre de piel. Como siempre, nos dará hambre de nuevo, ella es pasión que no se extingue…

    La sala, como hace un rato, será nuestra habitación. El sofá logra que estemos más unidos. Dejaré encendidas las velas. Su pulular hace que dancen las sombras. El anochecer ya esta con nosotros. El sol se ocultó y ella, lo sé, despertará a media noche. Pedirá que la envuelva con mis brazos y la proteja del frío, le cuente alguna historia o simplemente le haga sentir que sigo aquí; cuidando su vida y alejándola de la soledad…

    domingo, octubre 15, 2006

    Elementos

    Por Angelo Negrón


    Fuego:
    El que sentiré en mi alma y mi piel cuando te haga mía. El calor es tanto que quema en las entrañas y se eleva mi parte vulnerable de sólo mirarte. El ímpetu tiene tanta proporción que las venas quieren lograr ebullición y juntarse al coro de pensamientos lujuriosos que me acompañan. El deseo de tocar tus pechos envueltos en brasas de placer y mi intención de poseer las mil formas y sabores de tu sexo encendido logran que se derrita el hielo milenario de mis frías y solitarias noches. Mi boca perdiéndose en la tuya y las chispas que despedirá nuestra piel capaz de encender el gigantesco carbón del amor de un solo amague. Nosotros somos aves fénix, capaces de morir y renacer en vivo fuego, en candela de pasiones, ven ahora y quémame con tus gemidos; calcíname con tus besos, incinérame con la llama de tu amor...




    Tierra:
    Tú acostada, yo a tu lado, estudiando las dimensiones de tu cuerpo, buscando en cada promontorio, en cada isla el supuesto continente perdido que me dará sustento. En ti sembraré la simiente y cosecharé pasiones. Me deleitaré con cada uno de tus puntos cardinales. Me mudaré seguido. Por tiempos viviré en tu norte, por momentos en tu sur y siempre tendré mi vida en el meridiano de tu piel. Misma que no acabo de descubrir completa pues en mi ardua colonización termino por perderme en tu mirada apasionada, equivalente a la dueña de todo mi ser. Por ti se hace polémica la duda: ¿Quién, si no yo, debe ser el dueño del lugar donde nos amaremos sin medida? Sí, soy inmigrante en tu cuerpo, pero garantizo que llegué para quedarme. Excavaré hasta profundizar en las ansias que te llevan a desear ser poseída... Que te llevan a dictaminar que se busque entre tu piel las riquezas ocultas que guardas por experiencias pasadas y por codicia de amar... Cultivaré apetito en tu rasurada oquedad. Comeré de los frutos que me brindan tus adentros y como volcán que derrama su lava derretida crearé nuevas razones para que me ames más...




    Agua:Torrente que acompañará a tu verticalidad antes, durante y después de recibir la pasión que me envuelve. La saturación no es sólo tuya, también es mía. Confundida, nuestra lluvia placentera descenderá acoplada a las paredes de tu intimidad como catarata que es regalo de las entrañas de la mujer que más he amado. Hembra dispuesta a comportarse celestialmente y que juega con el hecho de saberse naturaleza dispuesta a socorrerme. Me lanzaras a la playa donde, al amarnos, dejaremos de ser plurales para convertirnos en singular. Con besos mojados y lengua poseedora aparecerá el sol a la hora del cíclico acontecer de dejar de ser agua para convertirse en nube. Luego se transformara, otra vez, en el liquido de vida que calma mi sed. Inúndame con tu sabia. Mi vida necesita dejar de ser árida ante la ilusión de que una mordedura tuya llegue a los poros de mi piel reseca y a mi porción erguida en espera persistente. Cual búsqueda constante del rocío que hábilmente ha permanecido sellado por la inquietante forma de labios vaginales y que conservas para mí, en un molde húmedo y caluroso. Estás a la espera del asalto de mi lengua o de la dilatación de mi extremidad que, llena de terminaciones nerviosas, sólo desea sumergirse en tu humedad. Seré barca o pez, no importa. Seré lo que tú quieras que sea sólo por bucear en tus siete mares. Sólo por aprender a bailar la danza de tus olas. Encallaré en tus arrecifes y coexistiré paciente ante la espera de tu marejada. Serás gotas de lluvia que bajando de la montaña llegarán al mar de mis placeres. Y en el océano de tus protuberancias, mismas que deseo acariciar sin mesura, sobreviviré a la soledad...



    Aire:
    Espacio en que amarse será fácil. El viento azotará nuestros cuerpos de manera sublime y la ley de gravedad nos ayudará en nuestro intento de amarnos. Y es que dicha ley exige que tu cuerpo aunque suba tenga que bajar. Conveniente será esta ordenanza. Buscaré que subas y bajes en movimiento constante para darte y darme placer libre y decisivo. Nuestra respiración a veces agitada, a veces pausada, sólo será el anuncio de los sentimientos antes ocultos y de fantasías logradas. Los suspiros serán elocuentes formas de atraer paz a la caída de un imperio que lograste erigir para luego derrumbarlo con las sacudidas persistentes de tu sexo encendido. Justo después de lograr derrocarlo volverás a constituirlo con la excusa de terminar verlo consumido en el movimiento zigzagueante de tu boca. Definitivamente Dios creó a Adán cuando depositó aire sobre el barro, pero a mí me has creado tú. Cuando anhelé por vez primera que el suspiro de tus ojos me envolviera y que tu lengua fuera mía en la esencia de besos huracanados, en las ventiscas, en los envoltorios de tus pechos... Es que también para mí guardaste una manzana. Me la ofreciste en el momento preciso, justo cuando tus vientos se encargaron de derrumbar el árbol, justo cuando olvidaste al hombre nacido del barro... Ser nuevo en tus ganas, creado a tu perfil y parecido, creado por ti, diosa que piensa que ha sido expulsada del paraíso donde yo mismo te llevaré cuando nuestros cuerpos estén en posición horizontal. Desalojada sólo por sustraer dos manzanas y por demoler el manzanero al que no se te permitió subir. De allí te transformarías en brisa, en aura o lo que es más, desde allí podrías haberme visto antes, en el principio de los tiempos, cuando se determinó que yo soy el alma que es gemela contigo...

    ...Juntos... Inhalaremos ansias. Exhalaremos pasiones hasta que en loco desvarío peleemos contra los molinos de la saciedad. Incluso cuando insaciables nos percatemos de que el amor es perpetuo y que se renueva, una y otra vez, más allá de nuestros cuerpos. En el cántico de nuestros ancestrales besos. En recurrentes caricias que añoran ser puestas de nuevo en uso y diseminadas entre el pelo y los dedos de los pies, entre derecha e izquierda y sobre todo en el clítoris hermoso de tu floral belleza añadiéndole el aguijón constante de esta abeja que soy y que sólo se alimenta del polen de tu pasión.



    Tú:
    Eres el quinto elemento. Ese que busqué en pieles ajenas, en almas equivocadas, en el sinnúmero de pasiones vanas y en la fornicación desvergonzada de mi cuerpo. Eres fuego que quema, tierra que entrega simiente, agua que calma mi sed de pasiones y aire que arruma con su caricia mis instintos más románticos.

    ... En ti reposan todos los elementos unidos. Eres un alma que tiene el privilegio de convertirse en piel y no sólo transgredir las leyes de la física, sino también derrocar los muros que puedan existir en mi vida vacía. Ven y lléname con tus ansias de combatir la soledad que te quebranta. Hazme el amor, una y otra vez. Conviérteme en tu quinto elemento, complementémonos en ese hermoso vaivén que es el amarse. Colmémonos de caricias, de besos y abrazos. Seamos uno, volvamos a empezar. Con las ansias que nos rodean podemos lograr que tenga sentido la extracción de la costilla de mi antepasado para que fueras habitante en el paraíso y que allí me esperases para asistir juntos frente a la fogata o al volcán, delante de la montaña o a las islas, frente al mar o a la cascada o dentro del huracán de nuestro apetito de lujurias donde podremos escuchar en sinnúmero de ocasiones el te amo que saldrá de nuestros labios y que obligados estamos predestinados a escuchar...

    Estruja en mi rostro la caricia de un beso. Defiéndeme del aislamiento y de la locura de saberme el soñador de sueños aplazados a la espera de tus caricias. Conviérteme a la devoción de admirarte cada vez más, de saberme perdido entre el fuego, tierra, agua y aire que representa tu alma...

    ¿Quinto elemento? Eres eso y más...

    viernes, octubre 06, 2006

    Túnel de luz

    Por Angelo Negrón

    Comenzó a observar el principio de su muerte; agitaba su cuerpo tratando de escapar, pero algo que no comprendía la empujaba al final del túnel. Hacia una luz extraña que parecía decir su nombre a gritos. El grado de confusión era tal que la lucha contra el hipnótico llamado no le sirvió de mucho.

    — ¡La luz al final del camino es cierta después de todo! — pensaba mientras combatía contra el llanto y la desorientación. Se percató de que conocía otro idioma y sus sollozos eran un dialecto hasta ahora ignorado para ella. Pensó en las miles de veces que había escuchado todo lo concerniente al poder del Espíritu Santo sobre las almas y de cómo ayudaba a hablar en lenguas; algo que nunca había practicado, pero que sabía existía y sonrió. Después de todo, si tal energía estaba con ella ¿qué más podía pedir?

    Nadaba en un liquido espeso que la asfixiaba por momentos y que la hizo comprender que el único camino prudente era hacia la luz. Estaba atontada. Imaginó a San Pedro y sus llaves, al Paraíso y lo hermoso del lugar. Al encontrarse ante lo desconocido sintió terror. Ese que siempre se padece ante el cambio. El que a veces nos hace tomar decisiones incorrectas. En un ademán de defensa trató de estirar sus manos, pero la prisión del túnel era tal que no pudo hacer nada, sólo volver a llorar en sus adentros. Escuchaba a lo lejos el latir apresurado de una especie de tambor y especuló que era su propio corazón que lo llamaba. En un último intento agitó sus piernas para tratar de volver a su pasada vida, pero estaba escrito que ese día moriría.

    Así fue; murió. No entendía aún porqué y menos para qué, pero ya no tenia el poder de decidir a donde quería ir. Sólo existía un camino; un túnel que terminaba en una gran luz y que no le parecía tan apacible como le habían contado. Sintió un jalón y, como si el túnel le ayudara a llegar a la luz, su cuerpo fue moviéndose en contra de su voluntad. No le quedaba mucho aire así que tuvo que rendirse al llamado. Exhausta se dejó atraer y cuando traspasó el fulgor, descubrió que sus ojos obligadamente se cerraban ante tanta luminosidad, sintió un dolor en el pecho que la obligó a hablar más fuerte aquella jeringonza que no entendía y que percibió tendría que aprender pronto para su bienestar.

    Cuando logró abrir sus ojos, ya estaba recostada y buscó entre tanta luz reconocer las imágenes algo confusas de personas que le hablaban en aquel extraño idioma que ella no comprendía. Se fueron aclarando las imágenes y descubrió que su corazón padecía de un amor gigantesco hacia aquellos seres. Observó hacia su espalda, ya las alas no estaban presentes y al voltear otra vez y mirar hacia arriba en busca de su aureola, sus ojitos descubrieron a una mujer que lloraba de alegría. Lo comprendió todo y sonrió: estaba viendo a la dueña del túnel,la verdadera luz que la había hecho mudarse del paraíso y morir a su investidura de ángel, únicamente para brindarle el amor de madre; comparable exclusivamente al de Dios...


    Isamar Negrón Al momento de "Morir-Nacer"

    sábado, septiembre 23, 2006

    Estaciones

    Por Angelo Negrón


    Levanté mi vista al cielo. Envié mi mente al pasado; a ese en que el recuerdo se hace presente y futuro. Sentí el viento que chocaba mi espalda mientras veía el sol esconderse en el oeste de mi vida. Palpé a lo lejos añoranza de pasiones. Nubes ocultas en la oscuridad de la noche recién nacida me hicieron notar una especie de aurora boreal que languidecía ante mis ojos. El frío vespertino logró enmudecer el suspiro que estaba por brotar de mi pecho al recordar el invierno en que te conocí y el tiempo transcurrido hasta el otoño de mi amor.

    En el Invierno el frío era pesado y lo llevaba a rastras gracias a la soledad que me acompañaba en las horas despiertas que convivían conmigo. De pronto la habitación de mi alma se iluminó con tu saludo. Sonreí. Fui reflejo de tus palabras. Naturalmente me involucré en la felicidad que te embargaba. Poco a poco fui necesitándote desde los primeros quince segundos de conversación. Te extrañé tanto después de aquella primera vez que el miedo a no tenerte me atormentó de inmediato y es que la autodefensa nos hace pensar en negativa. Anhelé poder invernar, quedarme dormido hasta que mi cuerpo volviera a acostumbrarse a un pasado en que no existías; mas no pudo ser. Tú ya estabas en mí, como hielo que se derrite ante el calor del amor sublime y platónico de la distancia...

    En la primavera reverdeció el campo de tu cuerpo. Florecieron las tersas rosas de tu pasión. Paseamos tomados de la mano y nos perdimos en la arboleda frondosa de la entrega de nuestros cuerpos. Mariposas revoloteaban por doquier, testigos silentes de la cesión amorosa que nos envolvió. Las aves hacían lo suyo en la danza majestuosa del macho para poseer y en la observación atenta de la hembra para dejarse conquistar. Mientras; nosotros nos tumbamos en el pasto verde. Miramos a través de las ramas de los árboles hacia el cielo. El sol se colaba en columnas de luz hacia todos lados cubriéndonos y cegándonos de vez en cuando; dependiendo como arreciara la brisa las abundantes hojas. Y en nuestras almas arreció el viento de la pasión infinita, la de amarnos sin temor a ser descubiertos. Nuestros cuerpos desnudos fueron uno en las raíces verticales de la lujuria.

    Al verano no le hizo falta el calor de sol. Nuestros cuerpos fueron llamas que alumbraron a la luna en las noches desnudas de nuestra conciencia. Tanto calor logró en los días evaporar mares y ríos de saciedad. La playa era sólo una excusa para abalanzarnos a la arena y evocar ímpetus. Bebimos juntos ante el cielo el testimonio de amor puro que nos impulsó a casarnos frente a todas las deidades y obligarlos a padecer envidia. Las flores que adornaban tu cabello tenían pétalos que se desprendían ante el irrumpir constante de mi sexo. El calor fue demencial y sólo comparable al volcán que en erupción de placeres nos catapultó a la galaxia de nuevos besos, briosos abrazos, acometedoras caricias. Nos bañamos en arena, sal y agua para descubrirnos empapados de la sabiduría de aceptarnos tal como somos y como dictan nuestras vidas. Fuiste oasis; grama en el desierto que cubrió el horizonte de mi boca mientras participaba vivamente de la verticalidad de tu ser, de la oquedad de tus impaciencias germínales.

    Cuando el otoño llegó comenzaron a caer las hojas de besos impregnados del natural sabor de tus labios. Tu cuerpo se hizo deseable al grado de querer poseerlo nuevamente. Entre lo sublime y pasional me convertí en fanático de tu hermosura. Tu piel lozana brilló en su propia aura hasta dejarme acariciarla por completo. De lunar en lunar paseé mis dedos y mi lengua escudriñadora se valió de su saliva para deslizarse de un pezón a otro o de tu cuello a la espalda. Tú seguías mi viaje y me ayudabas a moldear el camino con el movimiento exacto de tu cuerpo pretendiendo llevarme a donde tus ansias querían. Bajé hasta tus nalgas y el rastro de caricias adornaban aún tu espalda. Mis manos separaron los montes y buscaron la infinidad de tu ser. Lo distinguieron y lo saborearon como alabanza que acrecentó el goce. Se propagaron los gemidos y pediste que te poseyera como siempre; con el brillo en tus ojos que denotaba lujuria, con la sonrisa de labios deseosos de ser mimados, poseídos, mordidos y ultrajados.

    Y bajé la cabeza. El sol salía de nuevo a mis espaldas indicándome que había pasado toda la noche soñándote. Observé la medalla que sostenía en mis manos, esa que me regalaste, la que conserva intacta la presencia de la primera vez que recibiste el cuerpo de un hombre. Los celos volvieron a mis memorias como, si con ello pudiese olvidar que otro hombre te poseyó primero, que entró en tu vida y te hizo volar antes de que yo pudiese llegar y encontrarte comulgando con la ilusión que te caracterizaba en ese tiempo. Resolví arrojarla a las aguas como presagio de la muerte próxima a mis años de buscarte.

    Así estoy; queriendo enseñarte la luna tal como yo la he apreciado, desde el solsticio hasta el equinoccio. Condenándome a postergar el hecho de que sigues siendo la respuesta a tantas de mis preguntas, aún cuando sigo negándome a comprenderlo. Ya la medalla desapareció en la profundidad del océano y todavía siento igual mi pecho. Vacío ante la ausencia permanente de la antigua dueña del amuleto. Debí conseguir algún otro que suplantara a este que acabo de desechar. Te lo hubiese regalado y no seguiría renegando de Dios como hasta ahora he hecho. Mis celos no tendrían que ser infundados y los años de mi juventud lejana hubiesen sido felices. Nada se puede hacer contra el primer hombre que te poseyó por completo, y por el cual recibiste la medalla, porque fue al mismo Cristo el día de tu primera comunión.

    Ahora no cuento con tu presencia física y obsoleta es mi desdicha. Fulgurante mi resignación... De todos modos sigues siendo, Invierno, Primavera, Verano y Otoño en el continuo movimiento de la condición del planeta, del adjetivo de mi ser que como hojas de otoño, demuestra con su cabello que tiende a caer pesado sobre mis hombros, que está listo para pasar el invierno nuevamente e invernar mientras sueña en encontrarte otra vez en la primavera lejana de otro siglo; en el verano candente de otra vida...

    ...En donde te poseeré primero que ninguno y te mostraré las estaciones antes de lo que creías pensado... Mucho antes de enamorarte de alguien más...

    martes, septiembre 12, 2006

    Sentidos

    Por Angelo Negrón


    Te robaste todo mi ser. Lo llevaste contigo a un lugar que aún no reconozco y que me parece comparable al paraíso que se nos prometió en el principio de los tiempos. ¿Fue poco a poco o de inmediato? La verdad es que no estoy seguro. Sólo sé que te has adueñado de cada centímetro de mi vida. El cuándo sucedió es una pregunta para la que no tengo contestación pues todo esto no parece tener principio. Definitivamente, este hurto, no tiene precedentes.

    El cómo ocurrió tal vez pueda explicarse con algo de ciencia. Sabrás que cada célula de mi ser te pertenece y que una explosión de grandes magnitudes debe haber ocurrido en una de ellas. Imagino que en el núcleo, citoplasma, cromatina y ácido desoxirribonucleico de alguna se originó este amor y decidida a convertirse en tu rehén logró, en la multiplicación celular, que cada poro de mi existencia quedara prendado de ti y cada latido de mi corazón se destinara a pertenecerte.

    La forma en que me descubriste, y te encargaste de hacerme tuyo, nunca podré olvidarla. De hecho; siempre sentiré el mismo sobresalto al verte. Mi mirada se pierde en la tuya y tu sonrisa me lleva a desearte. Cuando mi vista tiende a explorarte toda descubro que mi cerebro ya esta envuelto en la belleza que te acompaña perennemente. Tu rostro me hace pensar en poseerte y te contemplo desnuda. Mis ojos no saben que hacer: si mirarte fijamente a los labios, a tus ojos y a tu cabello o quieren perderse entre tus pechos y buscar explorar esos lugares en que la ropa estorba. Territorios en los que quedaría perplejo por unos segundos ante el hecho de querer tocarte.

    Escucho tu voz demostrándome lo que piensa tu alma y la excitación de verte se duplica instantáneamente. Decido escucharte. Tus labios se mueven. Salen de ellos tonadas sutiles y el preámbulo de gemidos que tanto deseo. ¡Cuánto daría por besarlos en este mismo instante! El sonido en mis oídos no cesa. Me entero de que me amas. ¡Me deseas! Compartes algunas fantasías que escucho con atención. Prometo cumplirte al pie de la letra cada una de ellas. Sonríes. Verte y escucharte me vuelven más dócil aún de lo que ya soy gracias a ti. Descubro en tus mejillas cierto rubor. Al preguntarte el motivo sólo dices que se debe a la demanda que estas pronto a exigir. Te esmeras en agradarme sin saber que ya es tarde, que ya eres dueña de dos de mis sentidos y que sigues colonizando los que puedan faltar.

    Me acerco un poco a ti. Llega a mí el olor característico de tu presencia. Ese que acompañado de tu belleza se encarga de hacer voltear miradas. Los hoyuelos de mi nariz ansían olerte de cerca. Soy como sabueso que busca a su presa en el cuerpo de la mujer perfecta. Comenzaré por oler tu rostro. Me acurrucaré en tu cuello combinando respiraciones con fuertes abrazos. Pasearé mi nariz por tu piel en la búsqueda del rincón deseado, del néctar de tu cuerpo; de la rasurada oquedad que me tienta a respirarte sin ganas de exhalar tu olor. Conservaré el aroma mientras en mi mente saboreo el posible sabor de tu piel. Tu esencia, como bálsamo, calma mis necesidades y las amplifica a la vez. Ese olor único, divino y sobrenatural, que desprende tu pasión; me lleva a ensanchar mi pecho en la algarabía de poder degustarte en mi paladar. Estoy ansioso de ti.

    Ya te di un abrazo buscando olerte por completa. Ahora me dedico a acariciarte. Las yemas de mis dedos se divierten y danzan sobre tu piel. Deslizo mis dedos por tu cabello, tus mejillas y me detengo por un momento en tus labios. Demando que desees, tanto como yo, que mis labios sientan el tacto de los tuyos. Mi piel exige contacto completo. Por eso no busco tocarte sólo con mis dedos,sino que, toda mi piel se vuelve cómplice y escudriña la manera de palparte. Cada cabello de mi cuerpo se eriza. Encuentro pretextos para seguir manoseándote. Sigo hurgando en tus adentros. Ante el conocimiento de que uno de los caminos para llegar a tu alma es por la piel; me encapricho e insisto en tentarte a que seamos uno. Manipulamos juntos el universo. Te haré mía tal como yo soy tuyo.

    Tus pechos me tocan, tus muslos se abren en señal de aceptación y se hace agua mi boca cuando pienso en saborearte entera. Mis labios se unen a los tuyos y declaran que, en eso de tocar y besar, eres una experta. Podríamos estar horas acariciándonos o besándonos y, aún así, pretender ser cómplices cada vez más. Las pupilas gustativas de ambos se bañan de nuestro sabor. Confieso que nunca antes se me había revelado placer de tal magnitud. Mi lengua desea multiplicarse y brindarte caricias nuevas. Probando tu cuerpo entero; me entretengo en erectos pezones y en el clítoris hinchado. Me paseo por tu espalda, dedos, muslos y pies. Vagabundeo en tus caderas mientras agradezco a los dioses del sexo por haber permitido que la lengua no sólo fuera un instrumento para crear palabras y probar alimento proteínico, sino que, nos dieran la opción de alimentarnos el alma, la lujuria y el amor. Tú sabes esto pues tu lengua ya se encargó de llevarme al borde de la locura y a la cima del éxtasis. Ahora se divierte midiendo mi piel y jugando con los espasmos que me acompañan.

    Todos mis sentidos están siendo utilizados. Observo tu cuerpo desnudo. Escucho tus gemidos y tus palabras de amor. El dulce olor de tu ser me inunda por completo. Pruebo tu piel entera mientras el movimiento de cada uno se convierte en ritmo candente de pasión. Se pierden en la habitación los gemidos de ambos y en caricias constantes utilizo ambas manos deambulándolas por cada palmo de tu piel. Por momentos; una de ellas o ambas se pierden en tu cabello o por instantes se encargan de diferentes lugares del mapa de tu ser. El apretar tus pechos o separar tus nalgas mientras estas encima de mi se diluye en placeres gigantescos. Mis dedos hurgan secretos y de forma circular los destinan a sentir el goce de caricias. Tu disposición a recrear placer se propaga y me envuelve en la lujuria de tu humedad. Tu lubricación es excelente para mi apetito y para mis cinco sentidos corporales. La lluvia de tu vientre me envuelve mientras mi placer yace derramado en el monte de venus que previamente rasuraste y que me conferiste hoy en movimientos carnales.

    El orgasmo es el sentido por excelencia. Para conseguirlo de forma majestuosa necesitas los otros cinco. Cuando nos acorrala el éxtasis; alma y cuerpo se entrelazan. Son uno más que nunca. Al lograrlo en compañía del ser amado, más cuando es tu alma gemela, el universo se hace pequeño y la piel monumental; mezcla de cielo e infierno. Volver a recobrar los sentidos después de amar así es imposible. El enredo es tal que mi alma necesita tu cuerpo y mi cuerpo tu alma.

    Definitivamente te robaste mi vida. Incluyendo un pasado al que detesto por no haberte tenido a mi lado, un presente que adoro por que mis sentidos te pertenecen y un futuro en el que me sueño dentro de la prisión de tus labios; encarcelado en tu alma y siendo victima del vaivén de tu cuerpo. Explota mis sentidos. Ámame de esta forma idónea que sólo tu conoces. Como esclavo que te pertenece te ruego que me honres con tu visita. En esta galera que es nuestro mundo; desnudémonos. Seamos el uno para el otro. Tal como nuestras almas han dictado y tal como nuestros sentidos han evolucionado manifestemos día a día que en cada célula se regocija el amor verdadero...

    viernes, septiembre 01, 2006

    Centinela sideral

    Por Angelo Negrón


    El calor me atormentaba y decidí salir de la casa por un rato. Al pasar el umbral de la puerta me tropecé con algo en el suelo. Al caer expuse mis manos como mecanismo de defensa y evité con esto algún golpe extra en el rostro. No pude evitar maldecir. Mientras me levantaba, un dolor en el tobillo me hizo ceder y caer nuevamente al piso. Llevé mis manos a mi pierna derecha y solté un alarido de dolor. Busqué sentarme y distinguir con que me tropecé. Al acostumbrar mis ojos a la oscuridad divisé el tiesto de barro que en la mañana había dejado vació gracias a las flores que le arranqué con la excusa de llevártelas. Maldije mi recién caída y también el hecho de no encontrarte en la mañana para entregártelas. La brisa azotó mi cabello. La frialdad de la noche bañó mi sudor y me hizo sentir confortable. Volví a tocar mi tobillo. Me percaté de que ya no sentía dolor. Al posar la mano en el piso para impulsarme reparé en que el suelo estaba frío. Noté que me haría bien recostarme y regalarle algunos segundos a mi mente sedienta de olvido. Para sentirme a gusto decidí desnudarme. Me quité camisilla, pantalón y bóxer sin temor a que algún vecino entrometido y santurrón le fuese con el chisme a alguien, o me llamara la atención, pues la oscuridad sería el camuflaje perfecto.

    Pasé sentado algunos minutos. Perdido en el recuerdo de las últimas horas. Rememorando la forma en que salí de casa con la ilusión de verte y regalarte tus flores preferidas. Te diría la verdad; que llevaba meses cultivándolas con la intención de entregártelas con alguna palabra de amor que no hubiese sido pronunciada por mi mirada. Pero no te encontré. Precisamente hoy declararía la visión que llevo conmigo en cada sueño despierto. Justamente hoy te suplicaría cambiáramos nuestras vidas dispersas y fuésemos uno en el espejo de la vida.
    Mi espera fue acompañada por los árboles y los pájaros del parque y, aún así, la soledad me caló en los huesos. Según pasaron los segundos la esperanza fue alejándose de mi ser y como inevitable incongruencia el dolor, que habita en los seres enamorados, me recogió de aquella banqueta y me hizo salir del lugar; no sin antes propagar las flores. Las esparcí de pétalo en pétalo, mientras en clásico interrogatorio les cuestionaba sí me querías o no. Por esto; aunque la esperanza desapareció al no verte llegar, salí de allí sonriendo ante la respuesta de un sí y con la certeza de que paulatinamente ganaría esperanzas perdidas.

    Una carcajada se me escapó y recosté mi espalda en el suelo. Justo en ese momento divisé la luna que en cuarto menguante me sonreía. La observé por largo rato. En la oscuridad de la noche tardía decidí que esperaría el amanecer despierto. Busqué algunos cojines en la sala y los esparcí en el lugar. Me acompañé de vino tinto y música suave. Decidí dedicarme a esperar alguna estrella fugaz a la cual pedirle por deseo poseerte. Ante tal idea me levanté nuevamente, esta vez, para buscar el viejo telescopio que guardaba como reliquia desde niño. Acaricié las iniciales de mi nombre y apellidos que había tallado en su pintura para identificarlo como mío inmediatamente me lo obsequiaron. Miré a través de su orificio y me percaté de que ya no funcionaba. Los lentes estaban extrañamente manchados y lo arrojé a un lado. El frío atacaba mi desnudez sin compasión y, como siempre, me agradaba. Miré al cielo y comencé a construir figuras geométricas con las estrellas y alguno que otro dibujo mal ensamblado por mi dedo índice. Divisé varias constelaciones. Como un estudioso, que en realidad lo que busca es olvidar otros detalles, me envolví en la penumbra de la noche en pensamientos que me apartaran de ti y de este pensarte constante que sólo me hace dar vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. ¿Cómo le explico a mi cuerpo que abandone sueños despiertos tan maravillosos?

    ¡Cuánto daría por poder admirar las ochenta y ocho constelaciones al mismo tiempo! Es tan relajante mirar al cielo. La verdad es que estaba logrando poner mi mente en blanco hasta que descubrí a una hermosa constelación del cielo nórdico. Me enfoqué en la estrella polar escudriñando la forma de disimular el hecho de comparar a Casiopea con la primera letra de tu nombre y es que esta constelación guarda esa forma. Miré a derecha e izquierda. Las estrellas parecían ser tus aliadas en el recuerdo que emanaba en mí sin pedirlo. Perseo, Cefeo y Dragón parecían moverse a velocidad vertiginosa y me di cuenta, algo tarde, de que en realidad sufría un mareo.

    Abrí mis ojos. Acostumbrarme otra vez al lugar en que me encontraba tendido me dificultó, un tanto, enfocarme en Casiopea. En lugar de sus siete estrellas pude contar unas diez posicionadas de forma muy extraña. Observé a mí alrededor tratando de identificar si estaba en el mismo lugar o había viajado astralmente a otro lejano en el que no podía reconocer los grupos de estrellas que adornaban la noche. Pensé que estaba soñando o alucinando por el mareo sufrido. Al pasar varios minutos y notar que no surgía cambio alguno, ni en el cielo ni en mi estado de ánimo, concluí que estaba alucinando y debía buscar algún libro de astronomía que me explicase aquel evento. Tal vez se debía a alguna alineación de planetas o estaba tan enfocado en esas estrellas que no veía las demás, sólo sé que apenas levanté mi cuerpo desnudo del piso me percaté de lo que sucedía al mirar otra vez al cenit. ¡Era víctima de tu recuerdo! Apreté mis párpados y volví a recostarme en los cojines. Miré al cielo y allí estaban las diez estrellas, únicas y tan reales como yo. Rogué al cielo que fueran las diez lunas de Saturno, pero ni siquiera la deficiente ley de las distancias planetarias de Elert Bode me ayudaría en tal teoría. Construyendo especulaciones volví a la razón indiscutible; ¡Te estaba pensando!

    Las contemplé como un grupo de estrellas y la bauticé con tu nombre. Esa constelación no era tan hermosa como tú, pero al menos ya no me negaría a aceptar mi realidad. Mirándolas detenidamente, de norte a sur, comencé por las primeras dos, una al lado de la otra me hicieron descubrir tus ojos. En ellos me derramé y observé los míos. Mi mano se perdió en caricias, con ganas de una rápida erección, pues tus ojos excitan y regalan pasión de sólo verlos.

    Busqué la próxima estrella. En ella encontré tu boca; sedienta de besos y dispuesta a besar. Carnosos labios que brillan rojos de ganas, aún ante la ausencia de lápiz labial. Mismos que sueño conquistar y hacerlos no tuyos, sino, sólo míos.

    Más abajo; dos estrellas fulgurantes rememoraron tus pezones. Alertas y a favor de alimentar mis ansias. Cerré los ojos como buscando acercarme a tus pechos; víctimas de un escote pronunciado. Sólo me dejaba ver la curvatura de tus senos y algunos lunares. Al quitarte el sostén y divisar las dos estrellas pude palpar tus círculos concéntricos. Demandé al cielo detener el tiempo para saborear a plenitud toda tu piel.

    Dos estrellas más; una al este, otra al oeste. Me dejaron saber que eran tus manos. Cultas en el arte de acariciar y proveer placer. Ambas se extendieron hacia mí y se ocuparon de abastecerme de arrumacos. Brindándome delicias aún no vividas. Catapultándome justo entre sus dimensiones y convirtiéndome en esclavo de su centellear.

    En mi camino hacia el sur vislumbré un lucero solitario. Su resplandor alumbraba piramidalmente invertido. Como revelación encontré que se trataba de tu intimidad. Mis manos hurgaron en el espacio buscando acariciar el astro que le representaba. Sonreí sin disimular mientras mi lengua bañaba mis labios en señal de apetencia. Mis sentidos se enfocaron todos al unísono en tu presencia etérea que sin esfuerzo se hacía viva y real como si, estando debajo de ti, recibiera el placer de poseerte.

    Mis ojos se escaparon a las dos estrellas restantes. Una justa al lado de la otra en el horizonte. Eran tus pies preparándose a caminar hacia mí. A escalar mi cuerpo como te diera en gana. Dejando huellas que me muestren las latitudes. No de las constelaciones septentrionales, más bien las de tu cuerpo. Mismo que ha logrado que decida excluir de mi vida cualquier telescopio que no enfoque tu cabello. Ninguna Vía Láctea en la que no vivan estas diez estrellas que ejemplifican tu belleza corpórea.

    El vertiginoso movimiento de las diez estrellas que fueron uniéndose me provocó algo de vértigo. Las diez se transformaron en una ante el asombro de mi cuerpo desnudo y fatigado de pasión. La soberana luz que todas juntas emanaban me envolvió. Descubrí que se trataba de tu alma; deslumbrante y solitaria en búsqueda de su alma gemela. Estallé y esparcí placeres en el imperturbable suelo. Descubrí que debía pasar toda la noche observando la constelación de tu ser...
    ...La oscuridad ya no era mi cómplice. El sol en el que se convirtieron las diez estrellas ya se había elevado un poco más en el horizonte. El cántico de las aves me recordó el parque en el que nos veríamos el día antes. Sonreí como agradeciendo no haberte encontrado. Gracias a esto acababa y comenzaba por disfrutar del maravilloso juego del amor puro y verdadero. Ese en el que no existe distancia. En el que no importa la curvatura del espacio, sino el arqueo de tu espalda desnuda y recibiendo caricias de mis manos que se antojan de retribuir el goce que reciben al tocarte.

    Palpé mi pecho. La medalla de plata que me regalaste, alegórica al calendario azteca, me recordó la máxima de que lo mejor que existe es un día tras otro. No debía dudarlo; nos encontraríamos nuevamente. Ya fuese en las diez estrellas que llevan tu alias o en el sol de tu alma. Si observo bien te hallare esta noche. El menguante de la luna no encubrirá ante mí su realidad simbólica; la sonrisa que me brindaste por primera vez o quizá debes ser tú, sonriéndome aún. Sólo sé que en mis días eres sol y en mis noches eres luna y que normalmente es a la inversa; te conviertes en sol de mis noches y en luna de mis días. Ciclos estupendos que me traen tu presencia. ¡Que real es sentirte a mi lado y descubrirme como un esclavo sideral de ti! Eres cielo y tierra, planeta y estrella, galaxia y universo, alfa y omega.

    La gravedad de este mundo no logra detenerme de pie cuando me haces volar. Mi piel se vuelve tan liviana. Mi alma pasea entre auroras boreales y meteoritos en la exploración de tu encuentro. Por eso mañana y siempre volveré al parque con la ilusión de encontrarte sentada en una banqueta mientras escribes alguna poesía o exiges que el universo sea cómplice de tus deseos más secretos. Sólo espero ser participe de alguna de tus fantasías. Esas que llevas contigo adornando tu vida cuando tu cabello se vuelve cometa y cómplice al transportar en su cola palabras de amor sustentado en historias galácticas. Las que acarreas en tus oídos; dignos recipientes de mis caricias soñadas. Llévame contigo de paseo. Pretendo visitar no sólo las diez estrellas que simbolizan tu cuerpo, también disfrutaré del viaje que me llevará de una estrella a otra. Ese que recorrido por mi ilusión comienza con mis ojos percibiéndote vestida de rojo y termina apreciándote desnuda. Te gocé tanto anoche...

    ...Habrás notado que hablo como si hubiésemos hecho el amor apenas anoche. La verdad, y tú lo sabes, así fue. Te lo expliqué hace unos momentos y perdona la redundancia al resumirlo nuevamente, pero me encanta recordarlo. Te estuve poseyendo toda la noche, el aire y el suelo — fríos por demás — no pudieron evitar las altas temperaturas en mi interior. Y es que mientras admiraba el cielo me convertí en Nova. Adquirí temporalmente brillo superior al normal y decrecí luego en fluctuaciones, en espasmos latentes y fuertes mientras te veía transformarte de constelación a sol para surgir justo al amanecer.

    La policía acaba de visitarme. Alguien le fue con el chisme. Aseguran que si vuelvo a desnudarme en el patio me multaran. No te preocupes; ya reflexioné sobre la forma en que evitaré ser descubierto desnudo. No, no es lo que piensas. No visitaré, (a menos que me invites) alguna playa nudista. Cuando te vea; te invitaré a mi cama, donde me convertiré nuevamente en Súper Nova y tú en constelación. Ambos daremos nuevo significado a la teoría del “Big Bang” creando un universo donde sólo estemos tú y yo. ¿Qué haré mientras tanto logro seducirte? Simplemente la próxima vez que apetezca encontrarme en el espacio sideral contigo: subiré al techo, donde sé que no llegan miradas indiscretas. Desde allí imploraré a tu constelación mientras me regodeo en placeres para nada solitarios pues tú estarás, justamente como ahora, conmigo...

    domingo, agosto 20, 2006

    El árbol

    Por Angelo Negrón

    Estacionó su auto y la observé caminar hacía mi. Su caminar danzarín y muy altivo enarboló mis sentidos. Parecía modelo de pasarela y mi admiración creció un poco más cuando me abrazó en uno de esos inmortales apretones. Me dio un beso que más bien fue un roce de labios y me tomó de la mano para que nos adentráramos al parque. Después de pasar el área de los columpios subimos varios escalones y allí estaba el verdadero entretenimiento del lugar; su bosque. En ese lugar se respiraba paz y sosiego. Transitamos por una vereda hasta que decidimos apostarnos a un lado de un viejo árbol. Nos sentamos en una banca y platicamos. Fue muy poco lo que teníamos que decirnos con palabras. Estábamos al tanto de a que veníamos. Deseábamos besarnos. Besarnos mucho. Que fuésemos uno en un lugar como ese; calmado, lleno de energía natural. Me besó y su beso no fue un tímido roce sino la tormenta que esperábamos. Nos levantamos de la banca y caminamos hacía el árbol. Saltamos algunas raíces hasta llegar al tronco. Allí la acorralé y me acorraló. Beso tras beso nuestros pensamientos fueron desertando este mundo y…

    …el árbol comenzó a moverse. Ahogamos el grito de miedo al ver que el árbol se abrió dejando ver su corazón y la corteza que indicaba cuantos años compartidos entre humanos y él existían. Muchas imágenes llegaron en el brillo de sus anillos; capa tras capa la corteza se movía dejándonos ver a otros amantes…

    …primero vimos a una mujer taina y a un mulato. Estaban llamándose por lo bajo con sus nombres. Ella lucía ropas de cacica y respondió al nombre de Yuisa. Él, Pedro Mejías, la rodeó con sus brazos y poco a poco la poseyó...

    …después de esa imagen el tronco abierto nos dejó ver a un anciano cavando un hueco donde sembrar las cenizas de su amada…

    …saltó a una pareja de recién casados tallando sus nombres a cuchillo en la corteza. Vimos sus nombres aún tallados allí a pesar de que las ropas que usaban denotaban que eso había sucedido hacía más de un siglo…

    …dos adolescentes buscando sus bocas en la timidez de un calido beso…

    Imagen tras imagen el árbol, nos ofreció una gama de episodios relacionados con visitantes a aquel lugar.

    Al cerrarse el tronco todo pareció volver a la normalidad. Y digo “pareció” porque notamos que las aves cantaron más fuerte, el viento fue más placentero, la paz que se respiraba nos decía que si nos desnudábamos allí, podríamos amarnos sin ninguna intromisión humana. De pronto el árbol movió sus ramas y dejó caer miles de hojas verdes. Boquiabiertos observamos al árbol y luego nos miramos. Nos invitaba a utilizarlo de confidente. Sus hojas serian nuestro lecho y sin darnos cuenta nos abrazamos. Envueltos en nuestros brazos y sedientos de amor nos lanzamos al suelo. Nos desnudamos por completo. Desnudamos carne y espíritu. Comenzó a llover a cantaros y nos percatamos de que la lluvia no mojaba, acariciaba. La tierra pareció abrirse y engullirnos. Nos convertimos en raíces del árbol. Entrelazados, ella y yo, lo escuchamos latir.

    — Un árbol con corazón — dije yo
    — Un corazón con raíces — mencionó ella.

    A pesar de estar enterrados y ser soportes del árbol nuestros cuerpos zigzagueaban amándose con vehemencia absoluta. Ella arqueó su espalda ante el desvestir cercano de la humedad sensible de su interior. Y se desnudó, no quedó gota que la vistiera…Yo por mi parte fui, literalmente, un volcán. Enterrados allí, en aquel paraíso, nuestros besos no cesaron, sino que se convirtieron en la caricia obligada y en el renacer de nuestras ansias…

    Rato después de la lluvia; la luz que se colaba por las ramas nos despertó. El prodigioso árbol aún danzaba. Las raíces despedían brillantes destellos dejando una estela de armonía. Ambos miramos agradecidos al árbol y concordamos en que nosotros estaríamos en el desfile de eventos que mostraría a alguien más. Al unísono nos pusimos de rodillas y rendimos pleitesía, cual si fuera un dios, al milenario árbol en cuyas raíces dos almas gemelas acababan de ser parte misma de la naturaleza…

    sábado, agosto 12, 2006

    Lo Lamento...

    Por Angelo Negrón
     
    El encuentro con una amiga a la que no veía hace tiempo no pudo esperar. De sólo pensarla sabía que me recriminaría el hecho de no haberle prestado atención durante largo tiempo. La miré y supe que estaba molesta. También reconocí que aún la dominaba la pasión por mí y que yo, gracias a su amor sincero, tenía el control todavía de sus días.
    Me aprovecho de tal poder; comienzo por hablarle dulcemente, le doy cien excusas que sé, no me creerá, pero que aceptará. Le explico todas las veces que la he extrañado; en especial mientras voy en mi auto y al encender la radio están dando alguna canción romántica. Pasan dos minutos y mis manos se tensan; mis ojos se humedecen. Treinta segundos más y acabo de desnudar a esta amiga, (que por ser española tiene fama de “ardiente”). La tomo en mis brazos y busco con mis manos sacarle algún gemido que le dé placer a mis oídos y a mi ego.
    Ella me deja tomar su curvilíneo ser entre mis brazos y hasta sentarla en mi falda. ¡Sus Curvas son perfectas! La acaricio con vehemencia antes de intentar dar el siguiente paso. Mis dedos rozan sus labios mientras ella se angustia al sólo poder decirme palabras malsonantes. La tristeza se convierte en furia y desgano. Parece que rememora la soledad que ha sufrido por mi culpa. La miro y me mira con tristeza. Le pido perdón. Después de todo, ella sólo dice lo que le he obligado a decir. Soy una especie de ventrílocuo y ella: la esclava de mis deseos. Angustiado; recojo su traje del suelo y vuelvo a vestirla con delicadeza mientras le pido me excuse.

    La acaricio disimuladamente mientras subo la cremallera de su vestido. Ella se da cuenta, lo sé, pero no dice nada. Es un silencio muy sonoro para esta alma mía que llora por el amor de otra y desea a toda costa desbordarlo en su tersa piel. Desquitarme en ella los placeres que están ocultos para todos; excepto ella y yo. Debería conformarme con ella. Después de todo; tiene mil historias que puede contarme. A pesar del tiempo no logro aprender a expresarme con ella como merece. Me siento vil. No debería comportarme de la manera que aborrezco me hayan tratado a mi. Intenté de ser autodidacta y aprender a amarla, pero veo que tendré que estudiar mucho más, obtener otras experiencias; echar raíces en otra tierra.

    Ella sabe que dejaré de verla por otro lapso de tiempo y a eso viene su mirada de reproche. Prometo por enésima vez comprar algún manual que me muestre como corresponder a su amor. Si, uno como aquel libro de John Gray titulado; Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus… Resignada: se recuesta a mi lado y sigo cargando mi culpa. Mi conciencia me fustiga y me dice: ¿Por qué le prometes tal cosa? ¿Por qué lo haces? Bien sabes que en aquel estante, en la tablilla número dos, ya existen tres libros a los que nunca les haces caso. Escritos por expertos en la materia que, según tú, se burlan de tu inconsistencia en el amor y la musa.

    — Acéptalo — me dice — ya te rendiste. Compraste esos libros hace mucho, los ojeaste y después de varios intentos; te rendiste ante el reto de aprender a tocar Guitarra...

    ***************************************************************************

    …así fue; ¿mi excusa? Es más difícil aprender a tocar un instrumento de acordes que ningún otro. (Aunque no sé tocar ningún otro).

    ¿La verdad? Nunca saco el tiempo para practicar… Lo lamento amiga mía es que… los hombres son de Marte, las guitarras de quien las sepa tocar…

    ¿Las mujeres? Ese es otro tema. El Sr. Gray dice que son de Venus, yo creo que, la mayoría, son de quien ellas estén sinceramente enamoradas…

    sábado, agosto 05, 2006

    Puntos cardinales

    Por Angelo Negrón


    Abrí el mapa de mi vida queriendo descubrir algún indicio de que tomé el camino adecuado y que mis próximos pasos no serian en vano. Tropecé con los puntos cardinales. Cada uno de ellos me habló de ti. Descubrí que no importa si durante años no tuve tu presencia física conmigo pues estuviste siempre a mi lado; en sueños que, como algarabías rondaban mi cerebro con el entusiasmo de encontrarte cuando menos me esperaba y que busqué en otros brazos cuando sólo debía hallarlos en ti.
    Perdí mi alma, te la entregué cuando te encontré frente al mar y lingotes de cariño macizos me hundieron en la profundidad de tus ojos, en el embelesó de ver mi esencia en tu mirada cuando fuimos uno. Estrujé mis ojos ante el atlas de mis días. Comencé a verme y a verte...

    Miré hacia el Este de mis vivencias. Te encontré justo al amanecer, cuando soñaba con la llegada de mi alma gemela. Aún era un muchacho, pero la soledad me había hecho soñar despierto y hasta imaginar como eras en realidad. Ahora me doy cuenta que cada canción que me apasionó me hablaba de ti. Cada poema inédito en mi cabeza seria escrito por tus labios sobre los míos.

    Ahora mismo descubro que no importa cuantos labios besé antes pues no los recuerdo; los tuyos han borrado todo vestigio de ellos. Sólo me queda el carmín de tus labios como huella indeleble en mi corazón. Tu lengua inquieta en mi boca construyó apasionamientos, destruyó cobardías, elevó ímpetus y multiplicó placeres. Como parte trascendental cambiaron mi vida entera...

    La cordillera central captó mi atención. Decidí dejar el Este y mudarme por un tiempo al meridiano de tu cuerpo. Poseí montañas y laderas. Convertí en vertientes tus deleites. Quedé asombrado cuando desde allí observé tu Sur...

    Me posé en el ombligo y disfruté las dudas de sí podría salir del encanto que suponía se encontraba en tu Sur; justo en tu entrepierna. Tomé la decisión de que vivir en tan húmedo lugar seria fantástico y encontré el trópico de tu alma en plena tormenta de sensaciones. Ante los oleajes fuertes de la agresión de mi lengua percibiste el constante zambullido y las caricias acompañando la superficie de tu piel, desde los dedos de los pies hasta los degustados senos... Disfruté la esperanza de que fuera para siempre y sólo mío el promontorio que con mis dedos acariciaba. Mismo que mi lengua remojaba entre el ondulado rebullir de tu cuerpo. Lo acompañaste por gemidos fulgurantes que exigían repetidas embestidas que te transportaran al universo astral del completado éxtasis, del renovado amor. Tus órdenes se cumplieron. Acoplé mi pecho contra el tuyo. Nuestros cuerpos se unieron y nuestras almas fueron indivisibles. Llegamos juntos al Oeste de un día lluvioso y hermoso; lleno de recuerdos y placeres en el apareamiento de dos sexos, en la unidad de nuestros universos carnales y terrenales, todo mezclados y en la superficie de sabanas estrujadas y mojadas por el sudor de nuestra piel que se negaba a dejar de ser una.


    Y en el Oeste descubrimos el atardecer. El sol se ocultó. La luna apareció impasible y sin disimular sus celos. Luego de tantos poemas, dedicados a ella, descubrió que a nosotros nos correspondía que el universo se pusiera de acuerdo para el verdadero eclipse de nuestras vidas; ese en el que tú eres yo y yo soy tú. La luna enfurecida nos recordó que debías marcharte pues Morfeo, el dios de los sueños, reclamaba tu presencia para hacerte soñar con futuros inciertos en los que yo no estuviera presente para él disfrutar de la espiritualidad de tu ser. Partiste en un cerrar de ojos. La almohada fue testigo de tu escapada en los brazos de otro. Morfeo me miraba y se burlaba pues te custodiaba y yo no lograba dormir y soñarte en algún jardín o playa en la que te dijera mil palabras de amor, mismas que aún falta puedas escuchar de mis labios. Te miré y entonces fui yo quien me burlé de Morfeo. Lo embromé porque soy tu dueño en cuerpo y alma y puedo soñarte despierto. Así en mis noches de insomnio soy el guardián de tu alma cuando decide salir a pasear. Al llegar el día, justo en el momento en que vuelvo a habitar el Este, me convierto en el vigilante de tus puntos cardinales olvidando los míos propios pues te los encomiendo con la confianza de que serán tuyos de forma completa...

    Ahora cerraré el mapa pues conozco los puntos cardinales de tu cuerpo y los de mi vida. Lo guardaré en lo profundo de mi corazón y en la cercanía del recuerdo. En el bolsillo de tu alma dejaré una brújula que estará dispuesta a ser usada, si alguna vez resuelves perderte, para que regreses a mis brazos sin detenerte ya que sólo yo soy tú otra parte...

    ¿Me preguntas por el Norte? ¡No creas que me olvidé! ¿Cómo olvidarlo? En el sobrevivo a cada instante. A partir de allí es que admiro el Este, el meridiano, el Sur, el Oste y continúo bajo la influencia del verdadero amor que me dicta que tú eres mi Norte; el camino a seguir, la guía máxima. Mi ángel de alas sedosas y escote pronunciado que con su alma evoluciona logrando que me desenvuelva sobre y debajo de su cuerpo haciéndolo mío; disfrutando de caricias y besos, de humedad y sensaciones a veces explicitas y por momentos secretas...

    Norte...

    ¡No, así no! Debo escribir NORTE. Sí ¡Desde luego! En letra mayúscula: ¡NORTE! Ya que en estos momentos de esa forma están mi corazón y mi erección por sólo pensarte sobre la hierba de un campo florecido, acostada desnuda, mientras tratas de señalar con manos y pies los puntos cardinales de nuestro universo y dejas a mi desdén encargarse del meridiano de tu cuerpo. Sobre todo del horizonte de tu boca y la verticalidad húmeda que me llevara a darte placer en todo tu existir...

    sábado, julio 29, 2006

    I. Retrato de Mujer

    por Carlos Esteban Cana

    para mi dama
    Ella es energía. Vivaracha. Alegre. Pícara. Guerrera. Coqueta.

    Es Tierna y Hermosa. Elegante. Creativa. Humana. Intensa.

    Los rubios rayos del sol adornan el cabello. Su PRESENCIA tiene relieve, cual si eso que llaman aura fuera la garantía de que ningún lugar del planeta la permitiría lejana, a la distancia, sin que, al menos, su celaje estremeciera a la audiencia.

    Quien la ve andar puede pensar que es altiva. ¿Qué se puede interpretar cuando el pie, que adorna un zapato de taco alto, se posa firme? Y el “toc-toc” suena preciso. Y rapidito. Minutero incansable que se mueve seguro y sin dudas ante el camino que va trazando.

    Ser de iniciativa propia. Dinámica. Minuciosa. Asertiva. Muchas veces la palabra consecuente. Otras, la sílaba se desprende y cede al gesto y al balbuceo. A la caricia que enmudece. Se intensifica entonces el delirio del tacto que palpa lo callado. Lo que aún, es difícil nombrar.

    Roja diferente. Violeta. A veces puede ser arrojada, incluso violenta. La gradación se entiende pues a todos nos posee, y respiras cuando sabes que no se te idealiza. Eres fina pero no frágil. Las prendas en madera armonizan con las piezas de jade y de oro. En ocasiones tu impetuoso cauce se llovizna con gotitas de inocencia.

    Pero siempre eres “sexy”, lujuriosamente corporal. Es en este punto cuando se reclama el juego espontáneo. Arriesgado y visceral. Aquí las dulces y suaves fragancias de vainilla, fresa y coco dan paso al aroma que da tu naturaleza. Y los besos a la niña son sabrosos, mientras la lengua dibuja espirales continuos que suben y bajan la infinita forma que da corriente y activa. Mientras la lozanía fluye y emana jugosa, como esa frutita fresca que me hace la boca agua.

    ***

    Carlos Esteban Cana ( Bayamón, Puerto Rico 1971) Escritor, comunicador y coordinador editorial. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario. Sus cuentos y poesías han sido publicados en revistas como El Sótano 00931, Borinquen Literario, Cultura y Cundiamor, entre otras. Algunos de sus ensayos y reflexiones sobre la cultura editorial puertorriqueña han llegado al lector a través de periódicos como El Nuevo Día y el mensuario Diálogo. Tiene varios libros inéditos: Novo vía crucis (poesía), Versos apócrifos para la innombrable (poesía) y Fragmentos del mosaico humano vol. 1, vol. 2 y vol. 3 (cuentos).

    viernes, julio 21, 2006

    Dioses

    Por Angelo Negrón

    ¿Sabías? Cuatro mil años antes de Cristo los Tracios veneraban a Dionisos, dios del vino y la fertilidad. Por curiosidad busqué la historia de este dios y las sorpresas no se hicieron esperar. Fue hijo de Zeus y Semele, se le atribuyó el patronazgo del vino, la música y la poesía. ¿Cómo? ¿Qué cuál fue la sorpresa que me llevé? ¿En verdad no sabes? ¿No te estas haciendo verdad?
    ¡Está bien! Te lo contaré aunque estoy seguro que no me creerás.
    Tú eres vino, música y poesía. Hasta que me enteré de Dionisos creía fielmente que Morfeo era el ser que, enamorado de ti, no me permitía dormir. ¡En serio! Deduje que era Dionisos el culpable de mis noches despiertas. Mi sorpresa fue saber que no era exclusivamente este dios. Me percaté de que el Olimpo estaba por derrumbarse ante tu belleza...

    ...Tal vez por mi interés en el tema o por su desesperación, pensé yo en ese instante, fue que el mismo dios Zeus apareció. De la foto de su estatua de mármol, y con algo parecido a fuegos artificiales, brotó su figura de las páginas amarillentas del viejo libro que me prestaron en la biblioteca. Miré a todos lados sorprendido. Buscando alguien que me sirviera de testigo ante tan mágico e increíble evento. La imponente voz del barbudo ser logró que le prestara toda mi atención. Me explicó su necesidad de que yo le ayudara. Me prometió poder, riquezas y hasta algún puesto en el Olimpo. Cuando le mencioné que nada de eso me interesaba y que únicamente necesitaba tu amor, él pareció tronar de furia. Con sus ojos, literalmente rojos, me indicó que de eso se trataba. Dionisos planeaba capturarte. Amenazaba con desposarte al alba. Los celos violentaron mi ser y me llenaron de valor ante lo desconocido. Le exigí a Zeus que me llevara frente al malvado dios que osaba secuestrarte y él respondió que no seria fácil. Debería enfrentarme a inmensos peligros. Inclusive arriesgar mi vida. No te niego que dudé. Después de todo debía pelear contra un dios. Recordé tus besos y olvidé todo temor. Zeus sonrió. Colocando ambas manos en mis hombros me transportó a su reino en menos de un segundo. Lo observé sentarse en su trono. Con unas palmadas ordenó que sus doncellas me desnudaran y me vistieran con ropas de gladiador. Un rayo que salió de su dedo impactó todo mi cuerpo y me hizo sentir seguro, macizo y fornido. Zeus también me contó que en su necesidad de mantener el equilibrio del Universo y proteger los privilegios de los dioses debería despojarme de los poderes que me estaba confiriendo en ese instante a menos que aceptara quedarme a vivir en el Olimpo. Eso significaría perderte y prometí devolverle, a cuatro ninfas a quien obligó entregármelos, cuatro objetos mágicos que te describiré. Unas sandalias con alas que me permitirían volar. El casco del dios hades que me haría invisible. La espada de Ulises y el escudo de Atenea para defenderme.

    Me condujo a un coliseo donde dioses peleaban contra dioses. Tuve que cerrar los ojos ante tal carnicería. Zeus fulminaba con un rayo al perdedor. Yo buscaba con la mirada a Dionisos para enfrentarlo y evitar encarecidamente que te atrapara y separara de mí. Uno de los centauros, presentes en las gradas, me explicó que debía luchar en un orden determinado con diferentes titanes hasta que llegara el momento de enfrentar al dios que buscaba. Eso — según dijo — si aún permanecía vivo al atardecer.

    Tocó mi turno. Aquiles comenzó a burlarse ante mi presencia. Sus carcajadas me ensordecían. No entendía como un ser humano que nunca fue sumergido en el río Estigia osaba retarlo y esa fue la perdición de este heroe de Troya que competía por tu amor y para convertirse en dios. Mientras reía a carcajadas me acerqué con rapidez y enterré la filosa espada en su talón. Cayó adolorido al suelo. Su risa transformada en llanto cesó cuando Zeus lo vaporizó. Apolo llegó en un carro de cisnes. Furioso; aplicó velocidad a su carruaje para atropellarme, pero pude hacerme invisible con el casco del dios hades. Terminó estrellándose contra el suelo. Corrió la misma suerte que Aquiles. Artemisa, su hermana gemela, tuvo que ser detenida para que no me atacase también. Ares, como siempre, representó la fuerza bruta sobre la inteligencia. Se acercó a mi tan despreocupado que no notó cuando lancé el escudo con tal fuerza a sus pies que se tropezó. Se desplomó de lleno en una vasija que sellé y de la cual no podia salir. Hermes, el dios mediador, inmediatamente lo encontró y liberó. Zeus pulverizó a los dos por atreverse a librarlo de la prisión.

    Por fin apareció Dionisos ofreciéndome vino. Dijo querer brindar por la próxima batalla que libraríamos y lo engañé. Utilicé el casco de Hades para desaparecer el vino cada vez que él levantaba su cabeza para beber. Pensando que de tanto tomar yo terminaría borracho prosiguió hasta que, brindis tras brindis, terminó desmayándose debido a su embriaguez. Zeus sonrió y lo condenó a ultratumba por algunos siglos para que recapacitara.

    Saludé victorioso a Zeus. Él se acercó y me ordenó entregarle los cuatro objetos mágicos a las grayas. Diciendo esto señaló a tres ancianas de pelo gris. El espectáculo era espantoso. Las tres mujeres utilizaban por turno un solo ojo y un solo diente. Al entregárle los objetos las grayas se desvanecieron ante mis ojos. Zeus me declaró campeón olímpico. Coronó con ramas de olivo mi cabeza. Me invitó a sentarme en un trono aledaño al suyo y trató de convencerme de quedarme en el Olimpo. Ante mi negativa el clima fue cambiando. Truenos caían por doquier mientras aquel ser de gentil presencia se transformaba. Su enojo no lo entendí hasta que me explicó la forma en que te habían conocido los dioses.

    Hace varias semanas — mencionó — a los dioses nos dio con echarle un vistazo a la tierra. Creo que fue cosa del destino. Hacia varios siglos que no nos fijábamos en los mortales. De hecho no sé de mi hijo Hércules desde hace dos mil cuatrocientos años. En fin, ese día tu amada arrancó una hoja de un roble amarillo mientras recitaba una poesía. Dionisos se le quedó observando. La persiguió de nube en nube. Los demás dioses, incluyéndome, quedamos intrigados por el desespero de Dionisos en admirarla y copiamos su hazaña. Todos quedamos prendados de su belleza. En el pasado tuve muchas aventuras. Deseé a mujeres mortales como no tienes idea, pero nunca había deseado a alguien tanto como a ella.

    Mis celos comenzaron a aflorar. Él se dio cuenta y comenzó a reír a carcajadas.

    Sí, te engañé — dijo — Sabía que podrías vencer a esos dioses o ellos vencerte a ti. Total lo que quería era disminuir la competencia. Ahora sólo quedamos tú y yo. Ya te despojé de tus armas. Un rayo pequeño bastara para mandarte al mundo de Hades.
    Yo comencé a burlarme diciéndole que no estaba desarmado, que aún tenia el arma más poderosa del universo. Ante mi seguridad dudó y yo proseguí hablando.

    El amor que siento por ella es poderoso...

    No basta — interrumpió él.

    Es verdad. Sólo no basta. Debes añadir el que ella siente por mí y descubrirás que es más que suficiente.
    Lanzó su rayo. Impactó mi ser y no me hizo daño alguno. Asombrado volvió a intentar. Comenzó a llorar. Se dio por vencido cuando descubrió que un aura dorada me rodeaba cada vez que me atacaba. Parecía un niño al que le han quitado su juguete preferido o un humano que ha descubierto que existen amores imposibles o no correspondidos. Me compadeció el hecho de que si tú no me amaras me sentiría igual y me acerqué. Dijo desearte con locura. Le expliqué que sabia de lo que él estaba hablando pues yo te amaba igual. Dejó de llorar y verlo repentinamente sonreír me puso algo nervioso. El cambio de humor me asustó, pero al recordar que él era un dios, supuse que debia ser normal su actitud. Me reveló que si no podia tenerte para sí mismo lograría que fueras feliz a mi lado devolviéndome al mundo de los mortales. Mandó llamar a una adivina llamada Casandra y a su hermano gemelo Héleno. Me advirtieron que leerían mi futuro. De primera instancia no acepté, pero Zeus insistió. Habló de mi regreso a casa. Ese sería su regalo por hacerle comprender que la felicidad del ser amado es lo que importa y que Hera, su esposa estaría igualmente agradecida. Los gemelos adivinos pusieron sus manos en mis hombros. Me sentí mareado. Una intensa luz inundó mis ojos y me obligó a cerrarlos. Al abrir mis párpados me encontré frente a ti. Vestías una túnica blanca radiante. Tu pelo era adornado con hojas de laurel. Tu cinto era de oro y en tus manos llevabas un arpa a la que le robabas tonos hermosos. Tus sandalias estaban amarradas hasta un poco antes de la rodilla. El escote de tu vestidura llegaba al ombligo. Dejándome apreciar parte de tus pechos que se hacían de esta forma extremadamente provocativos. Tu sonrisa era angelical. Me arrimé a tu cuerpo mientras dejabas a un lado el arpa. Comencé a acariciar tu cuello mientras mis ojos se perdían en los tuyos. Se llenaron mis pulmones de aire ante la necesidad de acariciarte entera. Tu cuerpo se me hizo laberinto que deseaba recorrer. Como hombre enamorado de una mujer que hizo temblar al olimpo tus besos me supieron a gloria. Tus caricias rodearon mi existir. Busqué en mi derredor el caballo de Troya que usaríamos de habitación, pero preferiste hacer el amor en el jardín consagrado a Hera. Un caballo volador, desendiente de Pegaso, nos llevó en su lomo hasta el hermoso jardín. Árboles de manzanas de oro que conferían la inmortalidad nos rodeaban mientras te quité el cinto y dejabas caer la túnica al suelo demostrándome tu delicada desnudez. Mis ojos apreciaban tu ser en toda su talla. Mi erección ansiaba estar dentro de ti. Señalaste tu verticalidad y en forma de ordenanza me hiciste cumplir a cabalidad con tus deseos. No eran otra cosa que los míos propios y desempeñé con mis dedos y mi lengua el abrazo de tu humedad. Tu insistencia en poseerme me hizo temblar de pasión cuando al unísono nos convertimos en brillo de estrellas, en volcán de pasiones. Aún nos quedaron ganas de caricias después de haber transitado por los caminos de la lujuria y el amor. Tu cabello hacia que los árboles de manzanas de oro palidecieran ante tu hermosura. Tu boca fue en todo momento experta ejecutora de placer y tus ojos mi más grande tesoro. En ellos vi todo tu ser, el físico, el espiritual y el divino.

    Me hizo sumamente feliz ver pasar a Afrodita a lo lejos. Noté que llevaba su cinturón, capaz de hacerla irresistible ante los hombres y ante los dioses. Suspiré aliviado de que no era eso lo que utilizabas para conquistarme y hacerme prisionero de tu amor, sino que tu belleza era tan real como tus besos, tus gemidos y tu humedad. Nos levantamos del suelo y me invitaste a acompañarte. Cuando me disponía a preguntarte a donde, tu dedo índice se posó sobre mis labios invitándome a callar. Aproveché para saborear los jugos de tu resquicio que aún estaban presentes en el desde que te tocaste para mi. Me revelaste tu fantasía de hacerme el amor justo al atardecer en la cascada de un hermoso río cercano. Fantasía que compartí con alegría y que...
    ¿Por qué me miras así? — Interrumpí

    ¿Cómo? — mencionaste irónica.

    Como si no creyeras lo que te estoy contando. Te lo advertí al principio. No me creerás, pero insististe en que te dijera lo que me pasó ayer.
    ¡Es una fábula hermosa! — dijiste.

    Está bien — proseguí —al menos nos sirve para que sepas cuanto te amo. En realidad te amo con todo mi ser.
    — Y yo a ti mi amor...
    Me robaste un beso y, con el, la continuación de mi historia pues nos inundamos de caricias. Nuestros ojos cerrados al besarnos sintieron la ráfaga de luz que vino después. Al abrirlos mientras aún nos besábamos contemplé a Zeus y a Hera que se besaban con igual pasión. Me sentí orgulloso. Por fin esos dos encontraban la paz que significa el amor verdadero. Antes de alejarse, Hera dejó caer una corona de laureles sobre tu cabello y una túnica blanca a tus pies adyacente a un cinturón dorado. Señalé los regalos que acababas de recibir para que me creyeras y tú sonreíste. Sugeriste que quien debía intentar comprender era yo mientras un hermoso brillo cubría tu piel despojándote de tu ropa e invistiéndote con la túnica blanca y el cinto.

    Cielo, soy una diosa y tú un dios. Juntos habitaremos entre los mortales hasta que decidamos mudarnos al Olimpo o al confín del universo. Ahora acompáñame. Deseo hacerte el amor en un jardín de manzanas de oro y luego en la cascada de un río cercano...