domingo, febrero 28, 2021
viernes, febrero 26, 2021
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lunes, enero 25, 2021
sábado, enero 23, 2021
domingo, enero 17, 2021
En las letras, desde Puerto Rico: Edgardo Santaliz a través del tiempo
por Carlos Esteban Cana
Esta es una de las entrevistas que valoro mucho porque me la
concedió el escritor Edgardo Sanabria Santaliz, que fue mi profesor de español
en mi primer año en la Universidad de Puerto Rico. Y como Sanabria Santaliz ya
era un escritor reconocido a finales de los 80, fue también el primer Narrador
de Grandes Ligas que conocí. Recuerdo que una vez Santaliz llegó al restaurante
donde yo trabajaba en el Viejo San Juan, y de inmediato saqué de mi bulto su
primer libro que estaba leyendo en ese momento para que me lo autografiara. Los
años pasaron y leí con placer toda su obra narrativa mientras me llegaban
noticias de su servicio sacerdotal pues se hizo fraile dominico a principios de
los 90. A continuación comparto fragmentos de esa conversación que tuvimos hace
nueve años cuando promocionaba su primera antología personal.
La misión del escritor Edgardo Sanabria Santaliz: Buscar la belleza en Dios y buscar a Dios en la belleza.
En estos momentos en que la Universidad Central de Bayamón
le dedicará el 1er Certamen Literario del Colegio de Artes Liberales y
Humanidades, y que se ha publicado su nuevo libro titulado "Antes del
último día" bajo el sello Isla Negra Editores, este servidor entrevista y
pasa revista sobre la trayectoria del sacerdote y escritor Edgardo Sanabria
Santaliz.
Nacido en San Germán en 1951, su niñez y adolescencia
transitan entre su pueblo natal, la zona metropolitana en el periodo de clases
y Cabo Rojo y Sabana Grande durante sus vacaciones. Estudió en la Academia
Santa Mónica y fue la Misa diaria y la vida de los santos lo que fue
fortaleciendo su fe. Vivir la celebración Eucarística y el momento de la
consagración lo encaminaron cada vez más a tratar de imitar a Jesucristo.
Padre Edgardo Sanabria Santaliz ha sido un sacerdote
escritor, un escritor sacerdote. ¿Cómo inició y ha logrado ejercer ambas
vocaciones? Al respecto, dice: “Desde los seis años quise ser sacerdote y, en
cuanto a la escritura, no fue hasta 1975 cuando espontáneamente me salió el
primer cuento. Para mí, ser sacerdote es buscar la belleza en Dios, y ser
escritor es buscar a Dios en la belleza”.
Nos explica que su identificación con la literatura comienza
por medio del género novelístico. Autores como Julio Verne, Benito Pérez Galdós
y Pío Baroja lo entusiasmaron a seguir descubriendo el universo de las letras.
“La lectura, junto con la música clásica, eran mi forma de escapar de la vida
dura”.
Ya en la etapa universitaria logró una Maestría en Estudios
Hispánicos de Brown University en los Estados Unidos, y llevado por su pasión
literaria llegó a la docencia: “El amor por la literatura me llevó a querer
compartirla con los demás. Y el compartirla, me indujo a amarla más”.
Esa etapa como profesor en varias instituciones académicas,
no impidió que su amor por el sacerdocio continuara presente y latente. “No fue
hasta los 36 cuando di el gran paso, al permitirme Dios que entrara en los
dominicos, orden en la que, en 1996, hice la profesión solemne como fraile y,
meses después, fui ordenado sacerdote”, señala.
El género que espontáneamente exploró inicialmente como
escritor fue el cuento, de ahí saldrían las narraciones que conformarían sus
primeros libros: “Surgieron como dictados por una voz interior y pulidos con
mucho trabajo”. En 1978 publica Delfia cada tarde, que contiene cuentos como
'Pasear' y 'Las visiones de Mariana y apoteosis'. Colección que le recuerda
además a uno de sus mentores: “Le agradezco al gran José Luis González (con
quien tomé un taller de cuentos) que personalmente llevara el libro a Ediciones
Huracán para que lo publicaran”.
En 1984, Sanabria Santaliz publica El día que el hombre pisó
la luna, libro que contiene algunos de sus cuentos más conocidos: 'Después del
huracán', 'Los días de abuela', y el cuento que da nombre al mismo. Cuando
habla de esta segunda colección también lo hace agradeciendo al autor de
Figuraciones en el mes de marzo, Emilio Díaz Valcárcel, con quien cursó un
segundo taller de cuentos y le entusiasmó para publicarlo.
Cuatro años después, en 1988, circula su tercer libro:
Cierta inevitable muerte. Publicado por la editorial argentina Ediciones de la
Flor, entre sus cuentos destacan 'Carmina y la noche', 'Edi en la urna' y la
pieza narrativa que da título a la colección. A la pregunta de si tenía la
intención de que este libro fuera más orgánico que los anteriores, contesta:
“Sí, y creo que de mis libros de cuentos es el mejor debido a esa unidad
temática y estilística”.
Otro género literario que fue capturando su atención a
través de los años fue la poesía. Incluyó algunos poemas en su libro Las horas
púrpuras, de 1994. Ocho años después, en el 2002, obtendría el Premio (ex
aqueo) del Instituto Cervantes por El arte de dormir en una silla de hospital,
que la editorial Plaza Mayor publicó al año siguiente. Acerca de la poesía,
puntualiza: “La poesía es el género de la madurez (se basa en la experiencia de
vida) y es lo más difícil de escribir porque comprime, como en el cuento, las
ideas y los sentimientos. Digamos que salté del cuento a la poesía cuando las
alegrías y las tristezas de la vida ya no las podía expresar en prosa”.
Con 40 años como escritor Edgardo explica que para ser un
buen narrador hay que amar la literatura, leer mucho, tener talento y
“esforzarse por trabajar el lenguaje para decir lo que se tenga que decir”. Su
pasaje favorito de la Biblia es el salmo 27: El Señor es mi luz y mi salvación:
a quién temeré; el Señor es la fuerza de mi vida: quién me hará temblar.
En esa misma dirección, reflexionó que lo más que ha
disfrutado de su sacerdocio es “celebrar la misa, orientar a los penitentes en
la confesión y dar la unción de los enfermos a quienes requieren ese
sacramento”.
Otro trabajo suyo de importancia fue modernizar el lenguaje
de varias leyendas de Cayetano Coll y Toste (El pozo de Jacinto y El hada del
naranjal, entre otras) comisionado por la Editorial Santillana, con el fin de
facilitar la lectura a los jóvenes. Tal proyecto se distribuyó primero con
Alfaguara Infantil y Juvenil y en ediciones posteriores en la serie Lo que leo.
A continuación presento un desglose de lo que Sanabria
Santaliz ha publicado recientemente: su antología personal de cuentos, Antes
del último día (Isla Negra Editores,2015); una colección de microcuentos
titulada Cuentos para mirar con microscopio (Editorial EDP University, 2016);
el cuento Carlitos y la burbuja espacial (Editorial Santillana, serie Lo que
leo, 2016); Leyendas de aparecidos (Editorial Santillana, serie Lo que leo,
2016); Leyendas de audacia ((Editorial Santillana, serie Lo que leo, 2016); Leyendas
del destino (Editorial Santillana, serie Lo que leo, 2016); y un poemario.
También cinco microcuentos suyos fueron publicados en la sección Escritor
Invitado del blog Silencios de Papel editado por la escritora Ana María Fuster
Lavín.
Al presente, Padre Edgardo Sanabria Santaliz, ya jubilado,
ayuda los fines de semana a celebrar misa en distintas parroquias. Y como
cierre a esta entrevista, recordando las diferentes etapas de su trayectoria,
concluye: “El amor al arte mismo me llevó a entregarme al Dios cuya belleza se
manifiesta parcialmente en el arte y cuyo poder hace que los seres humanos, al
igual que él, sean capaces de crear”.
En las letras, desde Puerto Rico: Celebran 20 años del colectivo El Sótano 00931 con publicación y presentación de antología
por Carlos Esteban Cana
Con motivo de los 20 años de fundación de la revista literaria El Sótano 00931 se presentará un conversatorio virtual con los miembros del grupo el 28 de enero de 2021, a partir de las 2:00 p.m. La Dra. Angela Valentín, escritora y profesora de la UPR-M es quien organiza y presenta esta actividad. Este conversatorio es preludio la publicación de la antología "La escalera y el Cerbero", compilada por el escritor y editor Julio César Pol. También los poetas incluidos compartirán una muestra de su poesía. Para presenciar en vivo este acontecimiento cultural puede acceder a: meet.google.com/oao-yezp-irm.
Publicada por Isla Negra Editores, "La escalera y el Cerbero" reúne la obra de poetas que se han dado a conocer en el presente siglo gracias a la gestión cultural generada por El Sótano 00931, publicación y colectivo que comenzó a organizarse en Río Piedras el 23 de septiembre de 2000, aunque publicó su ejemplar en enero de 2001. Sobre el proceso de compilar esta antología, Julio César Pol expresó: “Esta antología compila 20 años de la producción de importantes miembros de las generaciones literarias más reciente de Puerto Rico."domingo, enero 10, 2021
viernes, enero 08, 2021
miércoles, diciembre 16, 2020
domingo, diciembre 13, 2020
lunes, noviembre 30, 2020
sábado, noviembre 28, 2020
jueves, septiembre 17, 2020
miércoles, septiembre 16, 2020
jueves, septiembre 10, 2020
lunes, septiembre 07, 2020
domingo, agosto 30, 2020
Aquí, allá y en todas partes: 16 poetas de dimensión universal. ‘Playlist’ del Maestro Mateo Morrison en Diálogo Académico Online con Ibeth Guzmán.
por Carlos Esteban Cana
La escritora y gestora cultural dominicana Ibeth Guzmán, autora de la colección de cuentos “Yerba mala” y del libro de microrrelatos “Tierra de cocodrilos” (reseñado recientemente por el escritor boricua Alberto Martínez-Márquez), sostuvo una amena conversación con el poeta y maestro de maestros Mateo Morrison. Esto ocurrió el pasado 21 de agosto en Diálogo Académico, espacio de discusión y reflexión humanista que coordina Guzmán en República Dominicana desde 2019 y que durante la presente pandemia ha ganado un relieve mayor en las redes sociales por su versión Online que enlaza escritores y pensadores de diferentes latitudes en un enriquecedor intercambio cultural.
Para efectos de esta columna que se ocupa de la cosmovisión de los artistas y el proceso creativo, nos detendremos en el siguiente diálogo que Ibeth Guzmán y el maestro Mateo Morrison sostuvieron durante la parte final del programa. El mismo concluye con la lectura que hizo el Poeta de un fragmento de su emblemática poesía “Pasajero del aire”.
Ibeth Guzmán:
“Vamos a dejarlo en la Isla, Maestro. República Dominicana y puede poner Haití”.
Mateo Morrison:
“Vamos a decir que es una pregunta difícil”.
Ibeth Guzmán: “Yo lo sé, Maestro. Usted se la va a jugar ahora”.
Mateo Morrison: “Vamos a contestarla. Yo pienso que tenemos que leer a Manuel del Cabral. Tenemos que leer a Aida Cartagena Portalatín. Tenemos que leer y hacer que se lean y estudien. No me da tiempo para explicar por qué, pero ya habrá tiempo para eso. Creo que debemos a leer Manuel Rueda. Creo que debemos leer a Domingo Moreno Jimenes. Creo que debemos leer a Jacques Viau Renaud. Deberían ser 25 pero vamos a dejarlo en cinco”.Ibeth Guzmán:
“Yo creo Maestro que usted debe publicar como próximo libro ‘25 esenciales de
la Poesía Dominicana para escuelas’”.
Mateo Morrison:
“Me comprometo”.
Ibeth Guzmán:
“¡Se compromete! ¡Muy bien!”.
Más adelante Ibeth Guzmán amplió sus preguntas de esta manera:
Ibeth Guzmán: “Para esos maestros y maestras que nos están viendo. Y sí sabemos que tenemos unas realidades en el currículo dominicano; todos los que lo hemos trabajado y todos los que lo hemos leído (lo sabemos); hay una gran tendencia hacia promover tanto en la lectura como en la redacción los famosos textos funcionales. Entonces, digamos, que el maestro va a tener que buscar de manera autónoma esos y esas poetas esenciales para la enseñanza primaria y secundaria. Ahorita hablábamos de esos cinco grandes poetas que había que estudiar, que deben estar en el canon, sí o sí, para primaria y secundaria…”
Mateo Morrison: “Gloria Fuertes es una poeta española. Tiene un libro que se llama ‘Ni tiro, ni veneno, ni navaja’ y otros textos importantes; es sumamente importante que pueda ser estudiada”.
Ibeth Guzmán: “Maestro, usted tiene razón porque ya aquí en la caja de comentarios dice Pedro Mir, Alfonsina Storni…”
Ibeth Guzmán:
“Maestro, vamos a darle seis minutos de poesía”.
Mateo Morrison: “¿Seis minutos? Ah, pero yo puedo leer un poema
largo en seis minutos”.
Ibeth Guzmán:
“¡Se puede, Maestro! Lea”.
Mateo Morrison: “Bueno. Me detiene cuando llegue a los seis, si
me paso”.
Ibeth Guzmán:
“Si me dejan detenerlo esta gente, J
”.
Ahora sí me voy, montado en tu silencio, atravesando las
palmas que me sombrean el mundo. Ensillaré el caballo que derribó a mi abuelo,
quien trató de escapar de los grilletes de la esclavitud. Ahora sí me voy,
orillando los polos, el del Norte y del Sur, en un navío de árboles. Me iré en
ese tren en el cual las miradas de quietos pasajeros te hacen sentir distinto.
En una estrella nueva, prometo que me iré, adherido a su luz. En una
embarcación iré, con su tanque de lastre librado de guardianes. En uno de los
navíos que llegó a Troya. En el último espacio libre del Arca de Noé. Me
montaré en el primer asno que visitó el sagrado pesebre. En la botella que tiró
al mar el poeta, pasearé por todos los océanos. Mitigaré mi hambre de sueños en
las pampas y retomaré el aliento de vida en una incursión infinita a través del
Amazonas. En la punta de un avión sin piloto me trasladaré. En el barco en que
los patriotas se despidieron en el Ozama, acusados de traición. En el primer
vuelo hacia un planeta recién descubierto, haré mi travesía. En cualquiera de
las tres naos que nerviosas arribaron a estos lares, me mudaré hacia otras
tierras florecidas de nieves. En el ojo del huracán me iré a descubrir las
islas de un mar casi invisible. En uno de esos galeones donde mis ancestros
desde el mar contemplaron alejarse sus tierras. En la goleta que desafió el
tsunami y siguió navegando hacia una tranquila playa. En el claro estallido de
un volcán, yo me iré, danzando entre sus ríos de lava incandescente. Subido en
un camello, mojándome de sol. En una embarcación cargada con púrpura y
cristales me iré con los fenicios. Cabalgando en el lomo de una ballena
jorobada, navegaré las misteriosas ondas que aceleran y duplican el mundo desde
la Internet. Colgado de una cuerda que oscile sobre el orbe, caeré en el río en
cuyas raudas aguas Heráclito nadó una infinita vez. Montado en el sonido que
emitió la vía láctea. Por el grito que anuncia el parto de una nueva criatura,
yo juro que me iré. Entre aullidos, balidos, lentos mugidos, cruzaré los
campos. Por el sonido que producen las raíces al expandirse en la tierra. A
través de la Muralla china aprehenderé los misterios de Oriente y su arte. En
un deslizamiento por la Cordillera Central dormiré una siesta inolvidable. En
una bicicleta adornada de flores recorreré el universo. En la gota de agua que
define al rocío y lo puebla de enigmas. En el ataúd que pasa envuelto en la
bandera. En un triciclo lleno de frutas. En el oleoducto, que como río
subterráneo atraviesa las piedras poblándolas de vida. En un camión cruzando la
frontera con indocumentados, una madrugada de diciembre. En una lancha rápida
burlaré los asedios de la aurora. Me iré, aunque dure los 25 millones de años
que necesitó el Homo habilis para hacerse neandertal, y continuaré por las
distancias que recorrió a través de vientos y superficies multicolores hasta
que el ser humano arribara al Neolítico para poblar las diversas regiones de la
tierra. Veré la extinción del Mamut y los dinosaurios. Auscultaré en el Nilo,
el Tigris y el Éufrates, la confección de los tejidos, el desarrollo de las
artes y el despertar de las civilizaciones. Iré entre las hormigas, y cumpliré
mi castigo por violentar las leyes del tiempo y del espacio. Desde África,
Persia, Asia Menor y Turkistán observaré la caída del último vestigio de los
sueños. Inventaré el calendario solar de los aztecas que regula el tiempo de la
siembra y la cosecha del maizal divino. En el monte Sinaí presenciaré cuando
Moisés recibe la tabla donde fueron escritos los diez mandamientos. Me
recostaré rodeado de paz frente a la estatua de Buda y reinventaré con respeto
la imagen invisible de Mahoma. Saltaré sobre los techos horizontales y las
bóvedas semicirculares del arte medieval. Me detendré en la inauguración de las
olimpíadas, y Fidias me guiará para admirar la Estatua de la Noche en el templo
de Artemisa. Desde la sombra de Aquiles en Macedonia me iré a ver al hijo menor
de Príamo haciendo el amor con la esposa de Menelao, y buscaré un asiento en la
expedición organizada por los griegos; contemplaré la ligereza de Aquiles y los
suspiros de amor de Helena, acariciada hasta iniciar la hermosa guerra.
sábado, agosto 29, 2020
domingo, agosto 09, 2020
Aquí, allá y en todas partes: Cuatro poesías de Iris Mónica Vargas, y una posdata
El pasado 4 de agosto la escritora Iris Mónica Vargas, autora de "La última caricia" y "El libro azul" sostuvo una conversación acerca de su obra poética y el proceso creativo con Pilar Vélez, fundadora de la organización cultural Mi libro Hispano (con sede en Miami) durante la 1ra Feria de Verano de Mi libro hispano. La tertulia fue transmitida en directo a las 7:30 p. m. hora de Puerto Rico, en el canal de YouTube de Contexto Ñuble. A continuación compartimos con nuestros lectores las cuatro poesías que Vargas compartió durante la velada: El papel; La hora de la locura; Preguntas de una visionaria no identificada (siglo 16); y Pez de cielo.
PS: Y sumamos una quinta pieza titulada Poética.
EL PAPEL (versión de la Musa)
transmutando en el tic-tac
del reloj más diminuto,
y me encuentro acomodando
los pedazos de la historia
—la historia de los pedazos—,
imagino ha de mirarme
con sospecha algún minuto
mientras declaro arrogante,
“Soy el sillón de los ángeles”.
Más sé, si no le sirviera,
si aquello que dicto enferma
a su alteza en su altivez,
si no acomodo su asiento, si
deplora
lo
que
cuento
se alzarán sobre mis ojos
sus pupilas milenarias,
y magnánima, burlona,
con un cigarro en los labios,
me dirá, Musa, al oído
“El poema es lo que importa,
Amigo:
El lápiz no escribe el verso.
Quien se mueve es el papel”.
(Se escucha una carcajada.)
LA HORA DE LA LOCURA
No había movido aún
el último centímetro
aquella manecilla de sus horas,
hasta el segundo incongruente.
Andaba aún en tierras de cordura
y aunque su esposa aún no diera
cuenta de ello, jugaba en su espesura
a ser del siglo dies y seis.
Había empezado bien y sonreía.
Besaba cariñoso las manos
de su amor. Le dedicaba versos.
Decía que su rostro era como la luna:
da vueltas a la tierra. Se reía.
¡Odioso es que la Tierra
dé vueltas a una estrella!
gritaba de repente,
furioso, empedernido.
¿Qué falta ahora, señores?
(Se montaba en tribuna.)
¿Que piensen—continuaba—
que no es de cristal la orbe
de luces perforada?
¿Qué sigue entonces? ¡Digan!
¿Que sea la luna abierta solo una
de muchas otras lunas
cerradas en su orbe?
La esposa no entendía
lo de la luna abierta.
Ni aquella cerradura de otras lunas,
mas ya daban las cinco.
Y mudos, cada uno,
fueron dos bergantines.
Sus velas, dos jirones
ondeando a la deriva en alta mar.
PREGUNTAS DE UNA VISIONARIA NO IDENTIFICADA (siglo 16)
Si queda confirmado:
sus lunas los circundan.
Si fuera incuestionable:
Copérnico es verdad,
la Tierra va redonda.
¿A dónde desvanece
el alma deambulante,
del cielo desterrada,
y la memoria?
¿A dónde la memoria
va, si no la llevan,
si han escapado ya
las orbes de la mente?
Lo siento. Me adelanto.
PEZ DE CIELO
“Intrépido guerrero diminuto,
¿cuántos acantilados has tenido que cruzar?”
-Carlos Esteban Cana
Despiertas.
La bóveda se abre e ilumina.
de sangre y no te arropa.
—Ya no eres de agua—
Dos sirenas te acompañan
con sus manos de cariño y de arena.
Los pescadores recogen sus hilos
y sus cañas.
Te contemplan y no saben
que ensayas como pájaro tu vuelo
que imitas sus sonidos, y desde tu quietud
disfrutas de su risa,
que todo saboreas a tu ritmo,
que allí, desde tu cima, es primavera
mudar esas escamas
y dejar de ser pez.
***
POÉTICA
es criminal. El giro de tu brazo:
autoritario. Prefiero la imprudencia,
tozuda la inocencia de crear,
la tórrida intemperie
de no saber apenas nada,
de tanto preguntar y preguntar
que vuélvame pregunta.





























