viernes, abril 17, 2009

EN LAS LETRAS, DESDE PUERTO RICO

por Carlos Esteban Cana

El panorama literario en Puerto Rico recibirá
durante el 2009 la colección Docenas de hornero,
empresa que reúne, por primera vez,
la vasta obra cuentística de Antonio Aguado Charneco,
bajo el sello editorial Biblioteca d Taller.

A continuación, ofrecemos a los lectores de Confesiones
un adelanto. Se trata del cuento Nieblinero,
incluído en el tomo Soseiva Sotaler en los umbrales umbríos.




NIEBLINERO


Amaneció con barruntos de mal tiempo. Las nubes oscuras se movían bajitas, ocultando los topes de las montañas circundantes; la niebla emanaba y era capturada en las ramazones de árboles y arbustos. Nubes y niebla se unieron para componer la neblina que desdibujaba los contornos familiares: la choza y el establo, la letrina y el galpón de los aperos.

La mujer se acarició el vientre, henchido de vida, mientras vertía el agua caliente sobre un colador con harina de café; el agua borboteó en su monólogo y el café dialogó en sus emanaciones aromáticas. Ella llenó dos tacitas hechas de coco, respiró el olor y rió con satisfacción; la vida le era grata por acá, en el campo, con un tornar a la naturaleza y las cosas sencillas, lejos de la turbulenta ciudad. Con la pensión de veterano incapacitado, de su marido, suplementando lo que sembraban y criaban, vivían bastante bien.

Cuando cuchareó el azúcar moscabada se dio cuenta que la misma se estaba terminando; llevó los coquitos humeantes hacia las hamacas, colgadas cómo signos de paréntesis caídos, bajo los centenarios árboles de pomarrosa que sombreaban la plataforma de tablones en el patio. Al verla aproximarse el hombre reclinado se movió para quedar sentado, con una pierna a cada lado de su hamaca. Él le sonrió al exclamar: --¡Gracias cariñito!-- al aspirar añadió: --Umm, qué rico cuelas.

--¿Nada más que eso hago rico?--
con soslayo de ojos preguntó ella.
--Maliciioosa.-- con un guiño ripostó él.
--Ya hay que comprar par de cosas, las galletas de soda se acabaron y el azúcar casi. Si quieres yo voy al colmado en lo que tú volteas la finquita, a ver si consigues unos racímos de plátanos y guineos.-- comentó ella mientras sorbía.

--Bien. Trae salchichón, para hacer una tortilla, que ya averigüé dónde una de las guineas tiene nido.-- manifestó él entre trago y trago. Unos ruidos, cómo de rebuznos, emergió desde las conejeras. Las dos miradas giraron en la dirección de los sonidos y una tristeza ensombreció los rostros. Un niñito, de algunos tres años, alimentaba con yerbas a los conejos; sus ojos, de un verde maravilloso, buscaron a las personas y en la agraciada faz del infante la boca se trocó en risas. Volvió a escucharse el rebuznar, de tétrica resonancia, seguido por palabras initeligibles... y todo ello provenía desde el niño.
La mujer echó a caminar hacia la casa; en tanto se alejaba comentaba:

--Me voy para la tienda, llévate tú al nene.
Mudamente el hombre asintió con movimiento de cabeza, su vista fija en la criatura eñagotada en el suelo, y por lo bajo dijo: --Mi pobre Angelito.

Con dedos desfigurados, que se adherían a los muñones a la altura de los codos, el niño echaba yerbajos por las ranuras en las jaulas mientras las grotescas carcajadas se sucedían en tono cada vez más alto. El padre pensó: “Los médicos dicen que en la barriga de la madre hay una nena y que todo luce normal... hasta ahora... pero claro el cuerpo es una cosa y la mente otra; el retardo mental no se puede determinar todavía. Maldito agente naranja”.

El hombre salió del abrazo de la jamaca; se encaminó hacia el establo. Cuando ensilló la yegua le puso dos banastas; una serviría para transportar al niño y la otra para acarrear los productos de la campiña. Acomodó al crío, y luego se terció el machete en el cinto; trás colocar una reata en el pomo de la silla, trepó sobre la jaca, y se lanzó a recorrer el trillo que se adentraba por la espesura.

Un trueno ronroneó en la distancia... El estacato del pájaro carpintero horadó el nieblinero, lúgubremente apagado por la bruma. Por algúno de los vericuetos de su mente resurgió Vietnam... A veces... algunas cosas le hacían recordar la vorágine aquella. Por eso vivía menos preocupado alejado de los grandes centros urbanos; ellos estaban poblados de ruidos intranquilizantes, como las contra explosiones en los autos, los intercambios de plomazos por los policías y las gangas, o entre ellas.

Por acá, a veces, el bosque le recordaba las junglas del sureste asiático pero los trinos de las aves pronto le decían que no; le indicaban que esto no era lo mismo ya que los pájaros de allá eran silentes, la guerra les había asustado el cantar, les había espantado el regocijo.

Un refucilo enceguecedor alumbró su miedo, un atronador ruido cómo de cañonazo causó que él se tirara al suelo. Reptó el hombre por el fango. El agua comenzó a caer. Luego, mientras él proseguía arrastrándose, empezó el diluvio; el terreno saturado se encenagó con rapidez y el barro lo embadurnó del todo: boca, nariz, orejas... los ojos.

En su entorno los celajes de luz y las detonaciones se sucedían; ellos no permitieron que el veterano en el suelo viera y escuchara el aercamiento de una silueta hasta que la misma se le encimó; hurgó él por el hojarasca enfangada en busca del arma de fuego, que creyó tener, al no encontrarla empuñó el machete; encauzó el tajo hacia la difusa aproximación; sintió el metal morder carne; se alegró al evidenciar que la testa del vietcong caía desprendida del torso.

Tan súbito como empezó el aguacero fue su escampar. Cesaron los relámpagos y truenos; sólo quedó la peste de aire quemado, que los árboles fusilados por los rayos, esparcían en la floresta. Tembloroso, con el machete ensangrentado por delante, el hombre se acercó a la figura caída. Sus pupilas se espejaron en los ojos desorbitados de... la cercenada cabeza de su mujer.

El alarido que emanó de todos los poros del hombre atemorizó a las aves del bosque tanto que... las silenció. El veterano permaneció enraizado en el cieno, con la mirada fija en la figura postrada; el metal sangrante se resbaló de su mano y el presente volvió a obliterar al pasado.

Tambaleantes fueron los pies que regresaron a la cabalgadura. Ante las carcajadas estruendosas del infante las manos destrabaron el cáñamo enroscado en el pomo; mientras los pasos se encaminaron hacia un roble los dedos iban haciendo un nudo corredizo y el hombre murmuraba lo mismo:

--Maldita sea Vietnam... me cago en la madre de mister Nixon... me cago en Vietnam... maldito sea mister Nixon...

El veterano encaramó hasta alta rama y en tanto se ajustaba la corbata de soga escuchaba la voz de alguien que, con tonos sarcásticos, le susurraba:
--El agente naranja hace milagros y la nena nacerá con dos cabezas, para donarle una a la madre.
--¡Cállate cabrón!-- tras el salto al vacío el hombre añadió: --¡Nixon hijoeputa!-- el tensar de la cuerda amputó otra exclamación: --¡Maldi...
Sólo se escuchaban las risotadas del niño, y lo único que se olía era el aire quemado por las centellas... con su hedor de averno.



Antonio Aguado Charneco***
Nació en Arecibo, tierras del Cacique Jamaica Aracibo, señor de las márgenes de Abacoa. Es narrador efectivo en la traslación del lector al mundo primordial, manejador del vocablo taíno y guerrero experimentado en las lides de construir episodios del mundo original de nuestros antepasados, como les llamaba Corretjer. Sobresalen en su obra con fuerza y realismo mágico las novelas Bajarí Baracutey: el taíno de la cueva (1993), mención honorífica en el certamen del Ateneo; Anacahuita: Florespinas (2006, EDUPR), primer premio en los Juegos Florales de San Germán. Así como Ouroboros: seis cuentos galardonados (1985), premiado por la UNESCO y Sendero umbrío –cuentos- (1997). Entre sus obras inéditas destacan las novelas Guarocuya (3ra de la saga indigenista); Mediomundo (en torno a unos inmigrantes de Islas Canarias); LuzAzul (de temática erótica) y las colecciones de cuentos: Narcocuentos; Al sur del ombligo; Flores de muerte (relatos de Méjico); Cuentos con Zeta; Hálitos del Averno (antología) y Soseiva Sotaler en los Umbrales Umbríos. También tiene varios libros de ensayos.

sábado, abril 04, 2009

Conversaciones I

Por Angelo Negrón

Reunidos en un bar de la calle Luna en San Juan comencé una ronda de preguntas:

— Oigan —Les dije— ¿Que le dirían a una mujer para recobrarla?
— Eso depende — contestó Miguel de Cervantes — pero yo le diría: Vuelve aquí, debes ser mi Dulcinea…
— Pero, eso no es un pedido; es una exigencia— lo encaré Necesito mil palabras que le hagan ver que la necesito conmigo por las buenas.
— “Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo”— dijo.
— ¡Ay Miguelito! Que cierto es eso. Sólo tengo una pregunta: ¿Cómo reconozco el momento indicado? ¿Cuándo es: “justo a tiempo”?
— ¡Pues bien! Tu pregunta es valida. Sólo puedo contestar que te darás cuenta después de que hayas dicho muchas a destiempo, luego de que hayan dolido y sea tarde o bien cuando al decirlas recibas lo que esperas…Solamente tu sabrás…adelante; habla…
— Está bien…Diré una palabra... debe ser apropiada… a ver… ¡Ya sé!… La amo.
— Esas son dos palabras…— ¡Cierto! Diré entonces el sinónimo a esas dos palabras, diré su nombre. Sería una sola palabra. Acércate te lo diré en voz baja…
— ¿Y porque tanto secreteo?
— Confió en ti, pero no así en los demás. En este bar hay muchos poetas y estoy seguro que saldrían de inmediato a tratar de enamorarla. Tú no, Mira que tu mejor obra es de caballería…tu mejor obra es de caballería…
—Está bien, dímelo al oído…
...
— …Cierto, esa es una sola palabra, pero déjame decirte que su significado es derivado de un nombre hebreo y de la palabra antorcha. ¿Qué opinas?
— Te creo, ella fue y ha sido antorcha en mi vida. Alumbró mis noches despiertas y sigue, a pesar de todo, siendo lumbre en esta oscuridad de soledades…Sabe hacer, mas que el amor: amor y eso hemos sido, dos enamorados que pueden juntos derrumbar mil pesares, pero que separados nos hacemos débiles…Ella es la parte feliz de mi vida y la que corona mis sueños de hombre, ella es…es todo.
— Je, je, je. Tú estas enamorado…
— Ja, ja, ja Nada más cierto…— Entonces, ¿Lucharías contra molinos?
— Si ella así lo quiere, y me necesita, allí estaré...
— Cantinero, ¡otra copa!… ( No debió decirme su nombre. Sé donde ella vive. Olvido que Don Quijote es una novela de caballería, pero también lo es de amor).
— Debo irme de inmediato…había olvidado que hoy llega el cheque de las regalías de Don quijote”.
— Está bien, gracias por los consejos…
— Hasta luego.— Hey…Miguel. Olvidaste algo.
— ¿Que cosa?
— Tú en estos momentos eres producto de mi imaginación. Sé lo que piensas. No importa. Puedes ir donde ella en este instante. Te darás cuenta que me ama…
— Sólo quiero intentarlo. Llevo demasiado tiempo solo y si tú no sabes aún como hablarle ese es tu problema.
— No, no es mío, es de ambos. Ella y yo lo lograremos y si no; lo que hemos vivido juntos es superior a todas las hazañas de tus personajes…Además; si te enamoras de ella te veré de regreso muy pronto en este bar; para beber y tratar de olvidar.
— Conozco lo que al alma le conviene, sé lo mejor, y a lo peor me atengo.
— ¡Vamos! No hice más que hablarte de ella y decirte su nombre y mira como estas. Imagínate si logras mirarla a los ojos. Además, ella me prefiere a mí.
— Es de vidrio la mujer, pero no se ha de probar, si se puede romper porque todo podría ser.
— Lo sé. Pero, míranos; nos amamos con todo el ser y aún así: llevamos extrañándonos sesenta y cinco días. Todavía no encontramos las palabras correctas para unirnos de nuevo. Tal como me pasó a mi te llenara el rostro de de pena.
— Mas vale la pena en el rostro que la mancha en el corazón.
— Esta bien…Inténtalo…se feliz intentándolo. Sé que no lo lograras, pero es mejor que lo intentes.
— Es tan ligera la lengua como el pensamiento, y si son malas las preñeces de los pensamientos, las empeoran los partos de la lengua…
— Si, es cierto, pero también dijiste alguna vez “Si da el cántaro en la piedra, o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro”. Y créeme, en este caso tú serás el cántaro…
— Brindo porque no sea así…
Levanté mi copa y le di la espalda. Seguí sumido en mis pensamientos. Dos horas después regresó Miguel de Cervantes, no tan solo con la pena en el rostro, sino también con la mancha en el corazón. La había visto de lejos, su hermosura lo cegó. Cuando se acercó a ella la vio observando una foto y al tratar de hablarle sólo recibió la pregunta de si sabía de qué forma recobrarme. Me puse de pie y lo abrasé agradeciéndole la buena noticia. Me acerqué a un espejo continuo a la barra, busque peinarme un poco dispuesto a salir en la búsqueda de mi amada. Antes de hacerlo vi a Miguel, comenzaba a embriagarse y escribía en una servilleta mientras recitaba:

— En un lugar de la mancha, de cuyo nombre si quiero acordarme…

sábado, marzo 14, 2009

Gotas

Por Angelo Negrón

El agua se desparramaba. Visitaba cada redondez de su cuerpo. Danzaba sin detenerse entre millones de poros, como lo haría yo, al disfrutar tan exquisito recorrido de caricias. Su piel se transformaba en luces de sentidos y sus pechos, como dos versos que adornan el más hermoso poema de amor, renacían erectos ante el contacto de mis ojos.

Antes de verla bañarse nos poseímos con frenesí de amantes. Lo que comenzó con tenues besos y varias miradas siguió con desvestirnos. Al quitarnos la ropa nos convertimos en necesarios uno del otro. Acoplando nuestros sexos; tocándonos por dentro y saboreando intimidades y secretos; nuestras almas fueron una.

Las gotas siguen rodando. Ante la luz brillan como la escarcha y ella pretende secarlas con una toalla sin darse cuenta de que mi mirada esta concentrada en cada una de ellas y en lo que son capaz de hacer. Parecerá tonto, tal vez así sea para algunos que no aprovechan el tiempo real del verdadero amor, pero yo, que la amo, tengo la creencia de que si me asomo lo suficiente a las gotas de agua que recorren la piel de quién amo podré ver en ellas algo más de su alma. Parecerá imposible, sobre todo cuando reconozco que verla serena justo después de haber explotado de pasión es el regalo de su infinita alma que se columpia conmigo.

En cada gota, veo su alma brillante; libre de oscuridades. Perfecta ante lo imperfecto. Secretos almacenados en poros eternos. Fragmentos de su mente y de su corazón que se niegan a comprender que me aman como yo la amo; con desesperación, vehemencia; con todo el ser…

La veo desnuda y mojada; las gotas son de plata, fuego y sueños. Las gotas me ordenan que sea yo el esclavo de sus fantasías…

La toalla; ¡Un pedazo de tela se encargó de destruir mi contacto astral con su alma! No, esperen. No son las gotas el único medio de comunicación; también están sus ojos. En ellos también he visto agua. Gotas derramadas debido a la incomprensión del dios destino. Pero sus ojos son sabios; en ellos me veo; amándola y siendo correspondido…No importa lo que suceda; cada parte de su ser me recuerda que la amo y que no existe nada más importante.

El universo se recrea: Afuera esta lloviendo; adentro las gotas siguen inundando cada pulsación y cada neurona. Repito su nombre una y otra vez mientras me muerdo los labios al recordar la pasión con la que acaba de amarme y la senda escogida por las gotas en el descenso desde su cabello hasta sus pies; mi lengua envidia el sendero y mis manos están dispuestas a seguir el mapa trazado que no olvidan ante la certeza de transitarlo nuevamente lo antes posible, lo antes necesitado…

Afuera sigue lloviznando, adentro; adentro es una tormenta que no concluye…

domingo, febrero 01, 2009

Siete días

Por Angelo Negrón

Al principio ella estaba sola. La tierra estaba desierta. Las tinieblas cubrían los abismos mientras con amor volaba solitaria por el lugar. Luego, mientras dormía, soñó que me mostraba sus ojos y se hizo la luz. Percibió que el amor que sentía debía ser compartido con alguien más. Como deseaba poseerme decidió crear la noche. Vio que la luz era magnifica. La separó de la noche. Llegó el atardecer y luego amaneció y apareció el día primero.

Descubrió que debía construir un firmamento en medio de las aguas que separara la lluvia del río o del mar. Le llamó cielo. Recordó que en su sueño me escucharía decirle “mi cielo” en tantas veces como mi voz lo permitiera. Y así sucedió: Atardeció, amaneció y apareció el día segundo.

Júntense las aguas en un sólo lugar y aparezca el suelo seco pues pienso habitarlo del hombre que soñé y que ya amo sin siquiera haberlo visto en carne y hueso — ella ordenó.

Y se hizo el mar. Luego al suelo seco lo llamó tierra. Y vio que todo era como ella deseaba. Recordó que ella también sería tierra y recibiría alguna vez la semilla de aquel hombre. Decidió igualar al planeta dándole árboles frutales y pastos silvestres. Y todo le iba de las mil maravillas. Y amaneció, atardeció el día tercero.

Entonces al ver que aún no llegaba el hombre de su sueño comenzó a llorar. De sus ojos brotaron lágrimas que se convirtieron en estrellas con las que adornó el firmamento. Al ver que se veían lindas decidió crear, otras dos; una grande y una chica. El sol le llamó a la que demostraba el calor de su pasión y luna a la que manifestaba el sentimiento de su alma. Ordenó que ambas estrellas vivieran en una simbiosis perfecta donde una necesitara de la otra. Y así fue; la piel sentía lujuria y más ardía cuando existía amor. El alma se volvía más sentimental cuando sentía pasión y lujuria. Y atardeció y amaneció el día cuarto.

Meditó cual era la razón, si alguna, por la que no se cumpliera su sueño aún. Notó que todo estaba en silencio. Dictaminó que se llenaran las aguas de movimiento y en ellas vivieran los seres marinos. Se entretuvo en especial con los delfines que le encantaron al sólo mirarlos. Jugaba con ellos en el mar cuando miró al cielo y decretó que nacieran aves. Les ordenó multiplicarse y vio que todo era bueno. Y atardeció y amaneció el día quinto.

En el día quinto creó a los animales que poblaron rápidamente la tierra. Sintió algo de soledad pues reconocía que cada especie tenía su pareja. Deseó en ese momento que su sueño se hiciese realidad. Tomó barro de su propio ser y lo moldeó a su estilo…

A su estilo y a sus ganas me creó. Sobre mi rostro sopló aliento de vida y mis labios tuvieron color. Mis ojos se abrieron. Descubrí en ese instante que, durante mi estadía en el barro, había estado soñando con ella todo el tiempo. La impresión fue tanta que me desmayé. Al despertar, noté que sus lindos ojos me observaban y que mi cabeza estaba recostada en su regazo.

Eres el dueño absoluto de todo mi ser; mi amor te pertenece — dijo y su voz se inscribió en mi alma.

La pasión me invadió. Traté de besarla y mis labios se perdieron en la eternidad de su forma fantasmal. Ella era el espíritu de la tierra y yo un mortal creado en circunstancias de amor verdadero. Tan grande que para que pudiese habitar la tierra me creó de carne y hueso; en libertad. Así estuvimos durante toda la mañana. La amé como a nadie, conociendo cada parte de su corazón, cada lugar de su mente paraíso. Y llegó el sexto día.

Esa noche, mientras dormía sobre hojas secas, tuve un sueño extraño. Soñé que el sol me amaba y la luna me poseía. Desperté llorando. Al final del sueño ambos, sol y luna, se juntaban en un eclipse y aparecía ella más hermosa que nunca. Al verme llorar, porque no podía consumarse nuestro amor, sonrió. Me dijo que crearía a alguna de mi especie para que yo fuese feliz. No entendía lo que me quería decir así que le pregunté. Con su dedo me hizo una señal para que guardara silencio y tomó barro; lo moldeó en la forma de una mujer idéntica a ella. La detuve justo antes de que soplara sobre el barro para preguntarle que sería de ella misma. Cuando me explicó que vagaría por el mundo me negué rotundamente.

— Yo nací para estar contigo siempre. Para eso me creaste y por lo mismo estoy aquí — le dije sonriendo y con feliz determinación.

Terminé mi explicación con un “te amo”. Mis palabras la conmovieron a tal grado que decidió pensar en otra forma de compartir su amor conmigo. Reía a carcajadas cuando se acercó a mí, me dijo que estaba segura de poder estar conmigo en cuerpo y alma. Sólo necesitaba un pequeño sacrificio de mi parte. Le dije que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario. Me miró con el amor sublime que le caracterizaba. Me sacó una costilla; la más cercana al corazón. Observé como ella fue tomando forma humana hasta reunirse conmigo. Nuestro primer beso fue sensacional. En el estaban todas nuestras ansias juntas. Todo el amor existente en el universo entero. Beso tras beso nos abrigó el deseo. Estábamos debajo del árbol prohibido y aprovechamos sus frutos. Comimos manzanas y quedamos desnudos en el acto. Nos hicimos el amor de forma pura y sin igual. Compartimos nuestros cuerpos. Nuestras almas fueron una.

Y llegó el día séptimo. Decidimos descansar, pero nos dominaron las ganas de amar y decidimos compartirnos siempre que deseáramos. Ese día todo lo que mi amada había creado dictaba hermosura. Una serpiente se acercó a hablarnos de las manzanas del árbol prohibido y al notar que ya las habíamos consumido todas se fue rabeando. Al verla de tan mal humor nos prometimos conservar la alegría y heredarla a nuestros hijos; enseñándoles que no debían matarse entre sí.


— Han sido los siete días que siempre soñé — me dijo — Te amaré por siempre. Más allá de esta semana; hasta el fin del universo. Viviremos y reinaremos por los siglos y los siglos, amen
— Amen — repetí yo. La estreché entre mis brazos, la besé y la amé más aún al reconocerme como su alma gemela. Supe casi todo de ella en ese instante. Sólo existió algo que desconocía y que asimilaría luego: la había amado una milésima de lo que llegaría a amarla...

domingo, diciembre 14, 2008

Disfraces

;Toda la noche he estado despierto. Primero porque el insomnio me ataca. Lo hace gracias a un padecimiento neurológico que, según dice el doctor, se me quita con estas pastillas. Yo no las quiero. Me hacen alucinar. Por eso las escondo debajo de la lengua y las boto por la ventana sin que mami se de cuenta. Segundo, y más terrible aún, porque estoy reclamando en silencio a mis padres por mentirme. Busco la manera de exigirles que no lo hagan. Especialmente a ellos que llevan tiempo diciéndome que mentir no es bueno, es pecado y me meterá en problemas.

Sin embargo, me engañan. Después de tirar la pastilla por la ventana asegurándome que caiga lejos en el pasto, veo a mi mamá. Sé que se acerca por sus pasos que, aunque sigilosos, no son encubiertos por los otros ruidos de la noche que ya conozco muy bien. No la esperaba. Escondo el libro que me acompaña y cierro los ojos al mismo tiempo. Mi madre se asoma por la puerta y apaga la luz. Nos mira en la oscuridad. Esperando algún movimiento que nos delate. Mis ojos están acostumbrados a la oscuridad y a los sonidos nocturnos. Escucho sus pasos alejarse con prisa y extraño que no sea papi el que se presente. Él siempre lo hace; no importa la hora, se asoma a vernos dormir.

Me preocupa y quiero saber de que se trata. Mi error me lleva a descubrir a mis padres en la sala. Ellos no me ven. Ambos depositan cajas envueltas con papel de regalo en la falda blanca del árbol plástico de navidad. La sorpresa es mayúscula y el pensamiento de que la mentira existe en mi casa es colosal. Medito en la mentira de hacer pensar que me tomaba las pastillas y dormía. Comparado con esto; ningún diablito vendrá a castigarme ya. Tal alivio no se compara a la tristeza de que, contrario a lo que me han dicho ellos y todos; Papá Noel no existe.

Los espero despierto. Miro, por primera vez con tristeza, los juguetes envueltos en papel de colores raros. Consumo la galleta mordisqueada y el medio vaso de leche. Mis hermanos despiertan y la casa se llena de algarabía. Los turnos al baño esta vez son más cortos; se lavan la mitad de los dientes o aguantan las ganas de usar el inodoro. Todos empiezan a mirar las cajas envueltas y se preguntan entusiasmados que les habrá traído el mágico ser. Yo los observo parsimonioso, con estas únicas ganas de contarles lo que he visto para sacarlos de su error. Estoy a punto de hacerlo; decirles que la magia no existe. Me detiene el “buenos días” de mami y el “Dios los bendiga” de ambos. Mis padres llegan al pie del árbol y nos miran detenidamente a los cinco; buscan quien no se ha cepillado los dientes. Siempre saben, no sé como, de tan sólo mirar.

Hacemos una oración; eso siempre ha sido costumbre: en la mañana, antes de cada comida y en la noche. En especial el veinticinco de diciembre; llegada de nuestro niño Dios. En medio de la oración; justo cuando decimos “no nos dejes caer en tentación” me ataca otra pregunta. ¿Será mentira lo de Papá Dios también? Casi lloro, pero me aguanto.

Abrimos los regalos. G.I. Joe se yergue en mis manos, digno contrincante de Kent el de Barbie. Mi madre, inteligente más por madre que por vieja y conocedora de cada uno de nuestras formas de ser, se acerca a mí.

— Te noté distraído en la oración, ¿qué sucede?
Aunque el frío recorre toda mi espalda me armo de valor. Miro al suelo primero, luego a su cara. Allí sus ojos ya estudian mis ojeras y mi nerviosismo.

— Es que… ya sé quien es Santa Claus — le digo aún temeroso de sus reclamos y dispuesto a reprocharle por su mentira.

— ¡Ah siiii! — me dice arrastrando las i mientras yo asiento con la cabeza — entonces — prosigue — el año que viene no recibirás regalos.

— ¿Por qué? —
le inquiero yo

— Veras — me dice — la magia de Santa se acaba justo en el momento en que descubres a sus ayudantes.

Miro a mis hermanos, yo tengo siete años y soy el tercero. Mi hermano mayor me lleva cinco años y tiene en sus manos un guante nuevo de “baseball”. Le hecho un vistazo a la estrella de Belén que prende y apaga adornando la punta del árbol. Escucho las carcajadas de todos mientras estrenan todos esos juguetes. En segundos recuerdo las veces que me han dicho que existen miles de niños que no reciben nada porque a Santa no le da tiempo, le falta el dinero, se portaron mal o como me sucede ahora; descubrieron quien es papá Noel. Me tiemblan las piernas, logro sentir que me sudan las manos. Mientras, mi madre me come con la vista esperando respuesta. Vuelvo a observar a mis hermanos y los juguetes que carga cada uno y atino a balbucear decidido: Sé quien es Santa.

— ¿Aja? — comenta mi padre que esta detrás de mi.

— Sé quien es Santa Claus — vuelvo a explicar.

— ¿Quién es? — pregunta mi madre cruzándose de brazos.

— Es… es… — le digo sonriendo mientras agarro con fuerza al G.I. Joe — Es un señor barbudo, regordete y que se viste de rojo…


Pintura por Stephanie M. Negrón (9 Años)

Relato publicado inicialmente en Bocetos de una ciudad silente de Ana María Fuster Lavín.

domingo, noviembre 23, 2008

Alfabeto

Por Angelo Negrón

Te hartarás de pensarla tanto. Los recuerdos saturarán de felicidad tu mente y de tristeza tu corazón. Buscarás en tu cuarto de estudio el refugio que no conseguirá llenar su espacio. Amontonarás libros que intentarás leer y que después de las primeras dos páginas echarás a un lado a pesar de que reconocerás que es buena literatura. Obviarás los álbumes de fotos. Es claro que no querrás ver ni su rostro sonriente, ni el cosmos de sus ojos; mucho menos los labios que tanto apeteces. Aún así, los percibirás a cada momento. Acompañaran tus memorias junto a su delicada piel y su alma; amándote en una danza inquebrantable de gemidos y miradas de pasión.
Tomarás en tus manos, como una reliquia, el marcador de libros que te regaló; ese que reproduce al universo donde juntos fueron sol y luna en eclipses de habitaciones furtivas y sabanas desgastadas. Entretenerte no será tarea fácil, ya lo notarás. Sus palabras tocarán cada curvatura del espacio que respirarás. Su carita te encantará y se acercará imaginariamente a besarte cada párpado y cada labio por separado. Te morderá el cuello y hará sonidos deliciosos en tus oídos. Creará con sus manos en tu pecho la caricia que caprichosamente deseará para sí misma. Florecerá libre y te hará dueño soberano de su cuerpo. Se atreverá a hablarte con delicadeza y rudeza a la vez, entremezclando caricias y apretones. Diluirá su mente en tu alma y se adueñará de todo tu pasado y presente sin excluir por nada tu futuro.

El libro que llamará tu atención después de que sueltes el poemario que ella te regaló será el diccionario. Deliberarás que leyendo significados de palabras lograrás cansarte y aburrirte. Lo abrirás con la certeza de que será más empalagoso que darle lectura a la Biblia cuando dicta, nombre por nombre, la descendencia de Abraham. Sonreirás cuando notes que no es ilustrado, así no te entretendrás con láminas o dibujos. Te saltarás la letra “A” pues no querrás encontrarte con la palabra amor. Menos si la palabra pueda detallar al amor verdadero, ese que precisamente sientes por ella. La primera palabra coherente que encontrarás en la “B” será Baal. Te enterarás que Baal se le designaba en la antigüedad a algún señor divino y meditarás en lo divino que es ser besado por ella.

Obviamente encontrarás las palabras cama, danza, esposo, flores, ganas, habitación, ilusión y júbilo y todas te llevaran a pensarla más. En la “K” te detendrás por un rato y casi lograrás agotar tu mente con tanta palabra extraña. Alcanzarás la “L”: libre, lazos, lluvia, llanto y aparecerá la “M”. Cerrarás el ancho libro con la seguridad de que su nombre aparecerá en letras mayúsculas y hasta su apellido adornara las páginas de esa mala idea que tendrás al decidirte por leer un diccionario. Hasta la “C” de su otro apellido estará en color oro encabezando el tercer capitulo.

Gritarás su nombre y parecerá que del viejo libro salen algunas definiciones a la atmósfera del cuarto que le ayudan al calificativo de la mujer que te trae loco con ideas: naturaleza, necesidad. Abrirás de nuevo el libro para buscar la “Ñ”, te equivocarás y lo harás en la “O”. La causalidad logrará llevarte de primera a la palabra olvidar. Maldecirás al notar que su definición será estúpida. Perder la memoria de una cosa será algo que quieras hacer y sólo recordarás más de la cuenta. Seguirás perdiendo el juicio y queriéndola como a nadie. Ser paciente es la querella que le reclamará tu corazón a tu vida. La interrogante de tu mente será: ¿qué rayos sucederá en el tiempo que unilateral estará por venir? Vacía será tu alma si la pierdes a ella. Llegas a la “W”, luego a la “X” y te desesperará el hecho de que no encontrarás en esas páginas alguna palabra romántica que describirá lo que vivieron juntos.

Conmemorarás las yemas de sus dedos rozando tus labios en la búsqueda de despertar tus ganas de besar aún a sabiendas de que esa era tu situación preferida. No podrás zafarte de tales memorias; el sonido de su voz resonará en atardeceres prestados, amaneceres distraídos por el tráfico y canciones románticas en emisoras especializadas para hacerte sufrir la lucha de olvidar lo imposible. Llenarás tu corazón de sensaciones nuevas, pero ninguna logrará colmar el espacio de solitarias lejanías de su ser. El calor de cuatro paredes cerradas en carnaval de añoranzas no superará el frío de la condena de no tenerla siempre.

Concurrirán conversaciones expuestas en caminos yuxtapuestos sobre corazones acorralados por pasados años y ante la negativa de cambiar la caída de las hojas por una vida llena de primavera. Sabrás que ella coexistirá tuya bajo condiciones de libertad incondicional y besos de miradas furtivas. Obtendrás la suerte de hablarle y escucharla en tiempo parcial sin dejar que tu espíritu agonice. Volverá a ti toda su presencia etérea y renunciarás a seguir sosteniendo el diccionario. Lo dejarás caer y chocará su carpeta dura contra el suelo que estará cubierto de pedazos del cristal del marco que habrás hecho añicos antes, cuando estrelles su foto contra la superficie enlozada de tu estudio. Mirarás al piso y notarás que el diccionario estará abierto mostrando las primeras páginas.

Por más que le huyas a la letra “A” la encontraras de todos modos. Desde tu silla descubrirás la palabra amor. Allí estará innegable la expresión que te saltarás al principio y que motivará toda la búsqueda de palabras que crees te apartarán de su recuerdo. Tomarás la foto del suelo y limpiarás los cristales. Ninguno habrá estropeado su sonrisa. Mirarás sus manos y verás que no se extenderán hacia a ti como desearás. Sus labios constarán del brillo que los caracteriza y su cabello existirá tan hermoso como siempre. Mirarás hacia su lunar claroscuro en la altura del cuello, ese que besarás con desmedida pasión sin percatarte de la pequeña partícula de vidrio que te partirá el labio.

Te preocuparás de no manchar de sangre la foto y la colocarás en el escritorio donde antes estaba; tal como innovarás su presencia dentro de tu vida. Te sentirás acompañado de miles de palabras que la describirán como lo más trascendental que le pasó y pasará a tu existencia. Sobrevivirás al tener la seguridad de besos incondicionales y nadie que pueda arruinar la apreciación de lo que vivirás junto a ella. Volverás a rezar a todas las almas gemelas del mundo para que bendigan su extraordinaria belleza, su delicadeza, inteligencia y su amor por ti. También, como habías hecho alguna vez, les pedirás que ella llegue a las nueve y dieciocho de la noche a su cita con el destino que serás tú. Volverás a colocar el libro en el anaquel y barrerás los cristales del suelo. Te sentarás en la silla después de que abras las ventanas y dejes entrar el aire fresco de la noche. Cerrarás los ojos y los abrirás cuando suene el teléfono y escuches su voz mencionándote sus ganas inmensas de verte justo al amanecer.

Te alegrarás y cualquier vestigio de tristeza que pueda quedar saldrá de tu pecho. Buscarás nuevamente el diccionario, lo aromatizarás con su perfume preferido y lo guardarás en tu maletín. Al despuntar el día se lo regalarás y al ver las palabras que subrayarás, recordará la vez que te dictó cada una de las letras del abecedario y tú le mencionaste una palabra de amor por cada letra. Apreciará el beso que depositarás justo en la comisura de sus labios, el abrazo que brindarás a su voluntad y sobre todo la forma en que aguardarás con paciencia que sus alas grandes de ángel te arropen en la oscuridad de noches despiertas donde admirarás su sueño, su rostro y su alma...

jueves, octubre 30, 2008

Carta abierta a Carlos Esteban Cana en torno a la historia de Taller Literario en Los rostros de la Hidra


por Antonio (Ni-Yamoká) Aguado Charneco***

“Once upon a midnight dreary,
while I pondered weak and weary…”
E. A. POE

Querido amigo:

Permíteme utilizar el recurso que con tanta maestría utilizas, el de señalar la senda por la cual han de transitar tus palabras con citas y epígrafes; en Los rostros de la Hidra indicas el rumbo de tu artículo (la historia de Taller Literario) con la letra de una canción de los fantabulosos de Liverpool, y ahora yo intento hacer lo propio con el fragmento de POEma arriba expuesto.

La otra noche, el dolor físico en mi convalecencia me ahuyentó el sueño, y hurtándole tiempo al desvelo, me encontré urdiendo un tapiz en mi mente… ¡Coño hermano! hay que tener mucho valor pa’ no hacerle caso al mundo mercachifle y atreverse a ser lo que uno realmente quiere… aprendiz de Quijote en tu caso. En mi tiempo no lo tuve, y nunca llegué a intentar eso de entintarme las manos en un empeño tal, en un quebrar de alabardas, como es el inicio e insistencia de una revista en torno a las letras.

Hoy, que nos aproximamos a los 15 años del debut de Taller Literario, quiero agradecerte la oportunidad concedida de permitirme, a ratos, en algo, dar paso a aquella añeja quimera de mis años mozos; a una vez felicitarte porque “moliendo vidrio con el pecho y martillando con la cabeza” has llevado el timón de Taller Litera 10 (¿te acuerdas?) por mares procelosos, llenos de escollos y hasta pejes malos, cubeteando mareas con las manos desnudas cuando veías que la nao escoraba y hacía agua. También mis parabienes porque, cuando tu postrer suspiro (como solían decir los bolerotangos) llegue, va resultar un postre suspirado salir de este mundo con una sonrisa… recordando todas las satisfacciones de ser un sencillo, pero logrado, Quijote. Créelo… va a ser así, te lo garantiza alguien que ha percibido el rumor hediondo en las alas de la parca… hace poco, muy de cerca, la cicatriz de la cornada en mi pecho lo atestigüa.

Me despojo del sombrero ante ti, Carlos Esteban… el de K’taño.
Con envidia, mucha envidia,

Toni Aguado Charneco,
Nómada entre Santa Rita (la de Río Piedras)
y Veguitazama (la de Jayuya)




Antonio Aguado Charneco***
Nació en Arecibo, tierras del Cacique Jamaica Aracibo, señor de las márgenes de Abacoa. Es narrador efectivo en la traslación del lector al mundo primordial, manejador del vocablo taíno y guerrero experimentado en las lides de construir episodios del mundo original de nuestros antepasados, como les llamaba Corretjer. Sobresalen en su obra con fuerza y realismo mágico las novelas Bajarí Baracutey: el taíno de la cueva (1993), mención honorífica en el certamen del Ateneo; Anacahuita: Florespinas (2006, EDUPR), primer premio en los Juegos Florales de San Germán. Así como Ouroboros: seis cuentos galardonados (1985), premiado por la UNESCO y Sendero umbrío –cuentos- (1997). Entre sus obras inéditas destacan las novelas Guarocuya (3ra de la saga indigenista); Mediomundo (en torno a unos inmigrantes de Islas Canarias); LuzAzul (de temática erótica) y las colecciones de cuentos: Narcocuentos; Al sur del ombligo; Flores de muerte (relatos de Méjico); Cuentos con Zeta; Hálitos del Averno (antología) y Soseiva Sotaler en los Umbrales Umbríos. También tiene varios libros de ensayos.

martes, octubre 14, 2008

Chica Fácil

Por Angelo Negrón

Por fin la recogí en la calle Santa Marta y esquina el Tren. Siempre tuve la idea, pero el miedo al “qué dirán” me detenía. La continua soledad y el eterno auto-sacrificio de la carne me obligaron a desalentar tales turbaciones. Al montarla en el auto le hablé como si la conociera de toda la vida; como si necesitarla fuera la excusa perfecta para amarla. A eso me disponía. La amaría; esperaba lograrlo en más de una ocasión.

Llegué a la habitación de mi pequeña casa. Recogido con pulcritud extrema; mi hogar contenía lo necesario para un hombre modesto y tímido como yo. Al no tener experiencia en esas cosas del amor sólo había logrado sueños y fantasías creadas en mi mente acostumbrada a vivir en el destierro obligado. Aún así abrigaba esperanzas de romanticismo. Por eso, lo primero que hice después de recostarla en la cama, fue prender la radio y asegurarme de escoger una emisora que presentara música romántica.

— Ciento veinte dólares por tu amor es un justo precio — dije como si a ella le interesara.

Acaricié sus muslos y no obtuve la respuesta que buscaba, pero si la señal de que debía comenzar a poseerla. Le fui quitando sus ropas al ritmo de música suave mientras le besaba sus inflados pechos. La piel le brillaba demasiado. Llegué a la conclusión de que la bombilla de cien voltios lanzaba más calor de lo que ella misma despedía. El olor que despedía en nada se comparaba a una buena fragancia de mujer distinguida. No me importaban mucho esos detalles pues pensaba en esa filosofía pueblerina que dicta que “en tiempos de guerra cualquier roto es trinchera”. Inicié por hablarle suave al oído las palabras que en mi diario vivir hubiese querido decirle a más de una. De hecho para sacarle provecho a mi inversión fui viendo en el perfil de ella los rostros de las mujeres a las que deseaba; comenzando por compañeras de trabajo y terminando por artistas de televisión. Si, cada vez que cerraba los ojos y los volvía a abrir, veía en aquel moldeado cuerpo a los miles de cuerpos que a través de los años había ansiado poseer.

Mi nerviosismo logró que todo se me hiciera más difícil. Al fin conseguí perder la castidad y en mi oscilación amatoria sudaba a cantaros. Aquel cuerpo era divino para mi interés erótico. Siendo mi primera vez carecía con quien compararla. Sólo atinaba a gemir de delectación y babearme como un bebé crecido. Despejé toda duda sobre la calidad carnal de aquella mujer que era un exclusivo instrumento de placer cuando pensé en la eyaculación que estaba a punto de sufrir prematuramente. Por vez primera me sentía verdaderamente feliz con mi quehacer amatorio. Estaba extasiado. Por inexperiencia, o porque eran tantas las ganas retenidas en mi ser, comencé a apretar el cuello de la infortunada que no pudo soportar tanta fuerza. Tampoco toleró la cortada en el muslo que le inferí con el broche de mi pantalón. Mismo que no alcancé a quitarme en el loco desdén de poseerla inmediatamente la vi desnuda. Ella se vació en el improperio de no darme más placer; ni siquiera me dejó completar la carrera de llegar a la gloria.

Me puse de tan mal humor por los ciento veinte dólares gastados en unos minutos incompletos de lujuria que decidí regresar de inmediato a la calle Tren esquina Santa Marta a devolver a la culpable del dolor reciente de mis testículos. Comencé a gritar palabras malsonantes a la vendedora de lascivia. Ella trató de explicarme las razones por las que no podía devolverme el dinero, pero ya la rabia se había apoderado de mí. Apreté mis puños. Cual si fuera un gorila me di golpes en el pecho y sólo reduje mi mal temperamento cuando recibí la amenaza de una llamada a la policía.

Me mordía los labios por la furia mientras la escuchaba hablar. Yo no lograba escapar de la molestia que iba en ascenso. Aún reconociendo que esa tarde iría a parar al cuartel de policía comencé por cagarme en la madre de sus recomendaciones. Quería mi dinero de vuelta y ella insistía en su negación y en sus amenazas. Definitivamente saldría esposado de allí. Comprar parches, para gomas de bicicleta o para piscinas, no me parecía la mejor forma de lograr inflar de nuevo a la chica de plástico. Esa que me podía prometer placeres sin lamentos, lujuria sin preguntas, lascivia sin exigencias...

lunes, septiembre 01, 2008

Raíces

Por Angelo Negrón

Ella, la otra, me demuestra que no existe nadie más perfecta que… mi esposa.

lunes, agosto 25, 2008

Verdad

Por Angelo Negrón

Entró al camerino y exigió que apagaran las múltiples bombillas que rodeaban el espejo de la coqueta donde lo maquillarían. Soltó el velcro que amarraba el micrófono inalámbrico al cuello de su camisa e hizo señas a la mujer para que comenzara a peinarle y maquillarlo para su última salida al escenario.

¡Los gritos me traen loco y esto no se acaba! — mencionó colérico — ¿Porqué no se va todo el público a la mierda?— continuó — Ahora quieren otra. No se dan cuenta los muy pendejos, que uno siempre deja una canción “pa’ la ñapa” de todos modos. Avanza, avanza que ya están abucheando y no quiero salir mal en la crítica. Bastante tengo con lo malo que esta trabajando el pendejo encargado del sonido.

En la puerta se escucharon golpes y demandó no ser molestado. Ante la voz de uno de sus ayudantes gritó irritado palabras vulgares y arrojó una lata de atomizador para el cabello contra la puerta.

— Lo que pasa es que el público... — trató de explicar el ayudante.

— ¡Pa’l carajo el público! Sólo han pasado cuarenta segundos ¡Qué esperen! —gritó sin miramientos.

— Pero el del sonido... — le insistieron a través de la puerta.

— Estoy listo — dijo mientras colocaba el equipo de audio en su cintura — ¿Cual fue la parte que no entendiste? — mencionó el famoso cantante al abrir la puerta — no insistas, conozco mi trabajo.

— Si, pero... — volvió a insistir.

— Si dices una palabra más no te quiero en mi equipo — espetó fastidiado.

Llegó a la tarima. La mayoría de las butacas del auditorio estaban vacías y las personas que hacían fila para salir abucheaban y murmuraban sin control. Al ver que la prensa lo fotografiaba con nuevos bríos haló una silla y recogió una guitarra recostada de la pared. Trató de comenzar la canción planeada para la “ñapa”, pero los demás músicos lo miraban sorprendidos.

— ¿Qué pasa con ustedes? ¿A donde van todos?— preguntó.

El tecnico de sonido se acercó y señalándole la cabeza le dijo:

Para la próxima, si es que existe, hazle caso a tu ayudante cuando trata de advertirte, asegurate que no tengamos problemas tecnicos con la consola de audio o apaga el micrófono cuando salgas del escenario...

viernes, julio 25, 2008

Viaje

Por Angelo Negrón

Vayamos, esta vez, al área sur. Durante el camino nos asombraremos del cielo ausente de nubes. Tal Intemperie es de un azul tan brillante que nos preguntaremos como ha podido el sol, al que no vemos por ninguna parte, ponerse de acuerdo con sus alrededores para regalarnos tal nirvana.

Iremos sin prisa. Nos tendremos el uno al otro. Yo conduciré, pero con una sola mano al volante. La otra estará perdida en tu cabello, en tu espalda y ¿por qué no? Donde lo permitas. Nos detendremos de vez en cuando para no desperdiciar algún beso.

Llegaremos primero al Santuario San Judas Tadeo. Allí haremos una oración juntos. Escucharé de tus labios el pedido de la tranquilidad de espíritu y del amor creciente. Escucharas de los míos que tú eres mi tranquilidad, intranquilidad; mi espíritu y forma, todo mi amor. La fe en que el patrón de los casos difíciles y desesperados se compadezca y ruegue por nosotros es perfecta a nuestras intenciones. Encenderemos una vela y aún dentro de ese lugar sagrado no podré evitar pensarte desnuda al ver el fuego consumiendo lo que toca. San Judas intercederá; lo nuestro también es sagrado; lo merecemos…

Luego: Visitaremos un centro comercial. ¿Para qué? Para tener la excusa de caminar tomados de la mano. Compraremos un helado coronado de fresas. Se derretirá el chocolate y la vainilla en tu boca y dejarás las fresas para después. Justo a la salida del área de los restaurantes descubriremos un tiovivo. El carrusel es el más grande que he visto; consta de dos pisos y decidimos dar un paseo sobre alguno de los petrificados caballos. En tal sube y baja imaginaré tu danza sobre mí. Las vueltas me recordaran al reloj y dictaminaré en ese instante que el tiempo se detenga y no así nosotros…

Piensas que estoy mareado por tanta vuelta. No es por eso, más bien es por el reciente beso que me has dejado posado no sólo en mis labios sino, en todo mí ser. Tu mano acaricia mi cuello mientras mi brazo rodea tu cintura…

Llegamos al paseo tablado de la Guancha. Quedo maravillado con el paisaje que armoniza con tu belleza. Compramos algo de carnada. Se la damos a los peces gigantescos que siempre están allí. Luego, para quitarte el olor a carnada de los dedos, yo mismo te lavo las manos. Voy estrujándote los dedos en agua y jabón hasta dejar tus suaves manos libres de todo residuo de carnada. Cuando nos damos cuenta ya voy enjabonándote hasta el hombro. Nos sonrojamos pues sin percatarnos por poco y nos bañamos allí. De pronto comprendemos que no nos importa, después de todo, estamos bañándonos de deseo. Aún así, insistes en marcharnos. A lo lejos está la Isla a la que llaman "Caja de Muerto". Te menciono que nunca la he visitado, que siempre he querido ir. Sugieres que algún día me llevarás. Yo sonrío y te pregunto: ¿por qué no ahora? Respondes con un “caminemos primero por la playa”. Nos quitamos los zapatos, pero no nos enrollamos los pantalones. Pretendemos que se mojen. Así descalzos llegamos hasta algún lugar donde los arrecifes le ganan a la orilla. Tratamos de observar el fondo, pero lo espumoso del oleaje no lo permite. Me robas otro beso y acaricias mi cuello. Como señal de tu poderío sobre mí; me abrazas fuertemente mientras estrujas tu pecho contra el mío. A punto ya de alquilar algún botecito que nos lleve a la isla me convences de tendernos en la arena. Me dices que está bien ya de tanto paseo. Quieres que sea turista en tu cuerpo y lo explore hasta colonizarlo. Ruborizado miro hacia ambos lados. Tomas mi rostro entre tus manos y me tranquilizas con un beso.

Eso fue sólo el principio. Dejé de estar tranquilo después del tercer beso. Ya en el cuarto beso me aparto de tus labios. Voy besando tu cuerpo mientras lo desnudo de a poquito. Lo hago disimuladamente aunque me muero por llegar al rincón de tu placer. Quiero grabarme el sendero que conduce a el, no obstante sepa que lo olvidaré tantas veces como sea posible con la excusa de volver a recorrerlo. Tu mano acaricia fuertemente mi espalda y mi cabello. El sonido del mar se pierde con los sonidos entrecortados que depositas sin titubear en mis oídos y que sólo logran excitarme más…

Ya llegué a tus pechos. Los acaricio sin mesura como me ordenaste una vez. Mi lengua los recorre como si los conociera de siempre. El placer que te embarga me invade a mí cada vez más. Cambias mi táctica. Empujas mi rostro hacia abajo logrando que encuentre antes de lo planeado el tesoro que me propuse encontrar… Explorarte es divino. Mi lengua se pierde entre cada movimiento de tu cuerpo y con mis ganas dejo sellado el placer que te mereces...


Extasiado siento que convulsas. Entre la humedad de tu cuerpo y los sonidos que dejas escapar descubro que estas a punto de catapultarte a otra dimensión. Ese paisaje no puedo perdérmelo por nada. Me acerco a tu rostro para observarte. Mis dedos prosiguen con la placentera labor de que logres llegar a estertores de placer...

Llegamos. Así es, si tú llegas yo llego. Revoloteamos por el lugar. Tu rostro ha rejuvenecido más aún. Tus ojos permanecen cerrados por el éxtasis del momento. No ves los míos que deseosos de repetir este encuentro te observan tal cual eres: La dueña, La Diosa, Mi Alma Gemela…

Pasados algunos minutos donde abrazarnos ha sido nuestro modo de vida, decidimos saborear las fresas que habías guardado. Sabrosas, como tu sabor y tu presencia. Ya es hora de partir a algún otro lugar donde consumirnos de amor. Observas detenidamente el lugar y me pides que, al igual que tú, grabe en mi memoria el paisaje y el momento que acabamos de disfrutar. Me besas nuevamente. Aseguras que en nuestra próxima parada seré afortunado. Me brindarás la oportunidad de llegar al cielo sin derecho a retornar…
Mis ojos suplicantes te demuestran las ganas de no esperar. Te robo un beso. Delicadamente muerdo tus labios. Tú respondes igual, pero segura de que allí no será nuestro próximo encuentro. Percibo que algo tienes planeado. El tiempo sigue detenido. Juntos nos alejamos de la playa dejándola asombrada con nuestras caricias y reconociendo que es testigo del encuentro de dos almas gemelas…

sábado, junio 28, 2008

Colapso


Por Angelo Negrón

I
— Cayó en coma desde hace dos semanas — explicaba la mujer en el teléfono — no sé, simplemente se desplomó de su silla. Estaba frente a su vieja maquinilla. Diez minutos antes comenzó a transpirar. Fue algo muy rara su actitud. Sacaba el papel de la maquina, lo observaba, arrugaba y luego lanzaba al bote de la basura sin siquiera haber escrito algo. Si, si casi llenó el zafacón de papeles en blanco. ¿Cómo? Ah: El doctor dice que es un estado muy raro. En los estudios que le realizaron la semana pasada encontraron una gigantesca actividad cerebral y sin embargo no es capaz de mover un dedo. Sólo está ahí, tendido en la cama; con todas esas mangas y maquinas que parecen, más bien, extensiones de su cuerpo. Bueno; hecho un vegetal: con los ojos abiertos y una mueca de felicidad que no acabo de entender. Nunca lo había visto tan feliz —sollozó — Ni siquiera cuando ganó el premio nacional de literatura. Si, si. Te espero. Ven y charlamos un rato, ahora no puedo porque la enfermera me esta haciendo señas de que apague el celular. Hasta entonces…

II
— Ahora es el momento — mencionó la editora en jefe a su asistente — Nada más oportuno — prosiguió — Llama a todos; reunión en cinco minutos…
— ¿Qué sucede? — cuestionó él.
— ¿No me escuchaste en esa llamada? El viejo está en coma. Este es el momento para una magna conferencia de prensa y avisar que la antología de sus cuentos está lista…haremos billetes de verdad…

III
Vaqueros, prostitutas, políticos, asesinos en serie, naves espaciales, hadas y monstruos. Todos juntos correteaban, convergiendo, por el cerebro despierto del viejo escritor. Cada historia lograba tener desenlace y final, pero lo que más le fascinaba es que por fin, tras meses de intentarlo, cada relato tenía un comienzo…

domingo, mayo 18, 2008

Conversando con la escritora Marithelma Costa en Tendido Negro y Confesiones (2da parte)

por Carlos Esteban Cana

Continuamos la serie En sus propias palabras con la voz de Marithelma Costa. Autora de títulos tan diversos como Era el fin del mundo, Kaligrafiando, o De tierra y de agua, Costa conversó con nosotros acerca de su obra en medio de una apretada agenda que incluía entrevistas para la radio, la prensa escrita y la televisión.

Anteriormente hemos publicado en diferentes bitácoras los trabajos dedicados a Luis López Nieves, Ana María Fuster y Julio César López. En esta ocasión los blogs
Tendido negro de Xavier Valcárcel y Confesiones de Angelo Negrón publican, como primicia, fragmentos de esta entrevista que estará disponible en el portal cibernético del Proyecto para el Fomento del Quehacer Literario durante el segundo semestre del 2008.

Próximamente circularán las ediciones dedicadas a los poetas Luis Antonio de Villena, Francisco Brines, Magaly Quiñones y Manuel de la Puebla. Sin más, por ahora, les dejo en la grata compañía de Marithelma Costa,

Carlos Esteban Cana

*
III. Narrativa: novela y cuento

“La primera imagen de la novela llegó cuando le daba un "tour" a Umberto Eco por la Isla pues se encontraba de visita en Puerto Rico. Fue por el área de Loíza. Sucedió que de momento estábamos mirando las dunas y me vino lo que llamo iluminación. Los tres ángeles de la novela, Gabriel, Miguel y Urbano, salieron de tres pelícanos en Vacía Talega. El personaje de Urbano, representa la urbe, mi relación con Italia (mi esposo es Italiano). Miguelángel porque para la época se estaba restaurando la Capilla Sixtina, y Gabriel es el ángel cronista. Era el fin del mundo revela mi interés por la antropología, por la religión comparada (cuando me detengo en el mundo de los dioses) y hasta por los deportes que practico (el taekwondo, la exploración de las cuevas, entre otros). Luego volví a esa zona en un viaje posterior, y la novela siguió creciendo.

Hubo que re-escribir mucho. Yo soy de las que creo en la re-escritura ad infinitum; eso de volver a lo que está escrito, verificar cada coma y tachar. También incorporé algunos poemas y hasta palabras que no conocía. Y luego volver y volver sobre lo escrito.

Para mí la novela es casi como un matrimonio de larga relación. Un mundo que uno mismo va creando. Es una unidad y ahí entra todo, desde las experiencias que iba teniendo hasta lo que me obsesionaba. En la novela no puedo proceder de otra manera, incorporo lo que vivo porque es la forma que tengo para comprender el mundo. Y el proceso puede ser, como dije antes, muy largo. La creación de Era el fin del mundo ocurrió en años de alegrías muy grandes y también en periodos de tristezas, pero en esas épocas era la misma novela lo que me impulsaba a seguir.

Era el fin del mundo tuvo buena reseña, la eligieron entre las diez mejores novelas publicadas ese año (1998) en Puerto Rico. Hay planes de publicar una nueva edición pronto en Venezuela.


También me encuentro trabajando en una colección de cuentos titulada Entre azul y buenas noches. Cuando se trata de novela pienso en unidad, pero cuando lo que me ocupa es el cuento pienso en micro mundos. Armar un libro de cuentos es armar un todo homogéneo de microtodos. Para mí es un reto personal encontrar la estructura idónea que le dé cohesión, como libro, a mis cuentos, porque los mismos han sido escritos en un arco de tiempo bastante amplio. En Entre azul y buenas noches hay cuentos que son ambientados en el medioevo, algunos son irónicos y otros se ocupan de temas simbólicos. Y recuerda que mi relación con la narrativa es una en la que re-escribo constantemente y tacho. Como ejemplo de lo anterior recuerdo un cuento que era una especie de homenaje y trataba sobre la visita de la muerte; sucedió que en el proceso me di cuenta lo difícil que era que funcionara como cuento y lo saqué de la colección; pero todo es aprovechable y ahora está en poesía”.

*
Punto final: el borde del abismo

“He caminado al borde del abismo que es lo mismo que decir que he tenido que enfrentar crisis personales. Por ejemplo, cuando aconteció lo del 11 de septiembre, yo vivía al lado de las torres y enfermé; me tomó años recuperarme. Fueron años de silencio, de hacer otras cosas, de curarme, de recuperar las energías. Ahora que estoy fuerte, que está lejana la crisis, es más fácil reflexionar sobre lo sucedido.

Y como decía Bolaño, para crear tienes que caer en el pozo, porque de no ser así lo que escribes es innecesario. Da igual que lo escribas o no porque no aporta nada. Caminar en el borde del abismo es revelar, profundizar en el ser humano y en su mundo”.


Para acceder a la primera parte de esta entrevista visite Tendido Negro




Carlos Esteban Cana es comunicador y escritor. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario, un espacio de democratización en las letras puertorriqueñas. Se ha desempeñado como coordinador editorial, periodista cultural independiente, y ha laborado además en la industria televisiva. Su obra creativa se ha publicado en revistas y periódicos nacionales como El Sótano 00931, Ciudad Seva, Narrativa Puertorriqueña, Letras Salvajes, CulturA, Diálogo y El Nuevo Día, entre otros. En lo que se refiere al ámbito internacional su narrativa y poesía ha sido publicada por Escaner Cultural, Zona de Carga, Palavreiros, Abrace y el Boletín de Nueva York, entre otros. Recientemente algunos de sus cuentos han sido traducidos al italiano. Ha participado, además, en diversos medios de comunicación reflexionando acerca del panorama cultural en el País.

domingo, abril 06, 2008

Amor platónico *

Por Angelo Negrón

Hoy te contaré de una mujer a la que amé cuando apenas era un niño. Yo deseaba estar más tiempo en su casa que en la mía. Mis hermanos decían que no entendían como era que prefería estar con ella en vez de jugar a las escondidas, ir a la plaza, practicar algún deporte o simplemente ver un programa televisivo. Nunca comprendí lo que decían. Me conformaba con obsérvala a escondidas.

¡Era hermosa! Tanto como ver en la lejanía el manto verde en las montañas, ir a encaramarme a un árbol donde comer pomas rosas o tomar el aire fresco de la mañana. Y aquellas noches estrelladas tan hermosas, ¿cómo olvidarlas? Sólo se comparan con su mirada, misma que me cautivó desde el mismo día que la conocí.

Era ella mayor que yo. Aún así, lo confieso, la amé sin importarme nada. Ni las criticas de mis amigos que se burlaban diciendo: “estas loco, yo no perdería mi tiempo visitándola”. Ni las burlas de las niñas de mi edad que no comprendían todo el amor que yo sentía por ella. A cada rato expresaban su desaprobación ante mi ausencia de los días en que según ellas yo debería estar en alguna playa tostándome al sol.

A decir verdad pensaba en ello. Tal vez por eso, cuando fui creciendo, no fui a verla con tanta continuidad. Cabe señalar que ella amaba a otro y mis celos llegaron a ser enfermizos. Llegué a sentir celos en vez de comprender que era bastante lógico que yo no fuera el único a quien debía demostrar amor. Su corazón era inmenso y yo había llegado después. Siendo un intruso ¿Cómo podia exigirle que me amara sólo a mí si ella era capaz de amar de tantas formas? Yo no sabía eso hasta ahora. Recuerdo una vez que me ofreció cocoa. No entendía lo que decía, pero lo mencionó con tanta dulzura que gustoso acepté. Aquel chocolate fue el mejor que probé nunca. Y aquella vez que me dijo “Te amo” susurrándome al oído como si quisiera que nadie se enterara. Ella sabia que guardaría ese secreto por siempre.

Nuestro amor era tan maravilloso que sólo se bastaba a sí mismo. Muchas veces mencionó lo mucho que me extrañaba cuando yo, en mi inconsciencia, dejaba de visitarla para dedicarme a cosas triviales. Me resultaba tan largo el viaje. Sin embargo, siempre que llegaba donde ella y nos fundíamos en tenue abrazo, pensaba que no importaba si tuviese que caminar descalzo sobre piedras cortantes con tal de sentir tan sutil caricia. Luego pasaban los días y como si me olvidara de sus besos volvía a la rutina. Sólo una amiga pareció entender mi situación cuando me aseguró que para esta clase de amor no existe edad ni distancia. Dijo que si yo estaba dispuesto, podría demostrarle para siempre mi amor. Aún así; no cambié. No sé si fue cansancio o dejadez. Sólo sé que ya es muy tarde, sólo sé que ahora nada más puedo vivir de añoranzas.

Sí, del recuerdo. Cuando la niñez me tentó a amarla sin atadura de años, mi juventud me confirmó que no existía la distancia y la madurez me hizo ver que debí darme más completo. ¡Fue tanto el amor que me brindó! Nunca, de aquí a mil vidas, podré reciprocarlo. Estoy tranquilo porque ella, mejor que nadie, sabe quien soy y son tantas sus virtudes, que es imposible no me haya perdonado ya. Pero como ya dije antes, ya es muy tarde. Nada puedo hacer, pues de quien te hablo, amiga mía, acaba de morir. Ella es mi abuela. Murió a este mundo para nacer en uno muy lejano. Donde espero se haya encontrado con mi abuelo. Algún día iré a visitarla. Veré en su rostro aquella sonrisa tan sincera y le pediré nuevamente, después de una taza de cocoa caliente, que me abrace y diga susurrándome al oído lo mucho que me ama...



* Con todo mi amor a mi abuelita Virtudes Pagan Colón a quien le escribí esto en el 2 de marzo del 2002; día en que fue a visitar a mi abuelito allá en el nirvana

lunes, marzo 10, 2008

Mancha imborrable

Por Angelo Negrón

Varios sucesos habían empañado el día de trabajo de la señora Vanesa Murillo. Entre ellos el de una discusión con un cliente de la tienda por departamentos que dirigía y una mancha de tinta azul en su vestido. Lo que más le dolía era que el costoso traje había sido un regalo de Jorge. Tras el incidente con el bolígrafo su rostro en furia parecía modelar más la irritación por ese día. No se quejó, si lo hacia demostraría descontrol y su orgullo no permitía tal debilidad. Se esmeró en resaltar los errores de sus empleados con críticas a sus espaldas. Fabulosa técnica para que los de ella quedaran ocultos. Cuando cumplió su horario no pudo resistir un suspiro al decir en voz alta: “Por fin”. Antes de entrar a su flamante auto, también obsequio de Jorge, miró con disimulo al interior de la tienda. No distinguió a nadie. Se enfureció. Al sentarse dio con las manos un golpe en el volante y se dispuso a partir. Al mirar nuevamente avistó a Jorge. Con mirada picara y sensual le brindó una cálida sonrisa. Sintiéndose victoriosa, respondió con una guiñada y se alejó.

Llegó a su hogar y se despojó del traje. Pensando que lo llevaría a la tintorería asomó su cuerpo desnudo al espejo. Ya sabía lo que era la maternidad. Tenia una hija. En esos momentos estudiaba en un colegio amablemente pagado por Jorge. Luego de traerla al mundo y gracias a los ejercicios o cirugías, que pagó Jorge, no existieron libras de más. Mientras se vestía un pantalón ajustado que combinaba con su camisilla blanca entallada a su hermoso cuerpo pensó en lo fácil que había sido conquistar a Jorge. Frunció el ceño al recordar la discusión que tuviese con una cliente que por olvido había dejado un paquete sobre el mostrador de perfumería. La cajera de turno llevada por la curiosidad examinó el interior descubriendo un par de zapatos que parecían muy cómodos. Creyendo que eran de una compañera se los midió. Aunque le quedaron algo grande se los quedó con la intención de bromear con quien juzgaba era la dueña. Al enterarse que los zapatos no eran de su compañera de trabajo, la cajera los devolvió a su empaque. Al finalizar su turno se reunió con el dueño de la tienda. El Señor Jorge González, rico hombre de negocios, a quien todos los empleados le temían por su rigidez y con quien la Señora Murillo gozaba de un romance perfecto. Disfrutó el rostro trastornado de la empleada cuando le preguntó quien había utilizado los zapatos y también de haberla obligado a pagar los mismos recomendándole que no debía utilizar lo que no era suyo. Tan concentrada estaba en sus pensamientos que el timbre en la puerta tuvo que sonar varias veces para que ella lo escuchara. Se preguntó si seria Jorge y a toda prisa abrió la puerta. Era una de sus pocas vecinas. No todo el mundo podía comprar una casa en aquellos terrenos que eran propiedad de Jorge. Aunque ansiosa la recibió con amabilidad. Al interrogar a que debía tan “grata” visita. La dama respondió que deseaba charlar un rato. La señora Murillo preparó café mientras hablaban de temas triviales. Hasta comentó el incidente de la tinta azul en su vestido. Narró con lujo de detalles, en tono burlón, el suceso de la cliente y los zapatos. La dama, como si hubiese estado esperando el momento oportuno para explotar, se puso repentinamente de pie. Con el rostro casi desfigurado por el enojo la agarró por los hombros mientras abría los ojos como si hubiese perdido la razón. Mirando directamente el rostro asustado de la señora Murillo le gritó:

— Al menos la mancha de tinta podrá salir de tu traje, pero en mi corazón brotó una mancha imborrable al enterarme ayer de lo que esta sucediendo hace tiempo contigo. En cuanto a los zapatos; tu empleada podrá pagarlos ¿pero tú? ¿Podrás pagarme a mi marido? ¿Podrás pagarme a mi Jorge?...

viernes, febrero 01, 2008

Renuncia

Por Angelo Negrón
A quien pueda interesar:

Sirva la presente para informarle que efectivo hoy, 14 de febrero de 1995, someto mi renuncia al cargo que se me impuso y en el cual me he desempeñado por los últimos años. Mi renuncia se debe a que ya estoy cansado de mi labor. Siempre he tenido que actuar en pro de nuestros devotos creyentes y compañeros. Nunca he logrado beneficio alguno para mi persona, además del dinero, tengo otras necesidades pues lo que ustedes llaman espiritualidad es algo que estoy muy lejos de comprender.

Adelantándome al hecho de que se opondrán a mi irrevocable renuncia me he permitido enumerarles algunas otras razones:

1. Debe estar claro que no se trata de mis honorarios. La verdad es que no necesito dinero. Como ustedes saben mi padre me dejó una cuantiosa herencia; gracias a ello puedo retirarme aún joven y pasar el resto de mi vida tranquilo.

2. No he de negar que he titubeado antes de renunciar porque siempre he mantenido buena relación con todos, y aunque no es la razón principal, el agotamiento físico y también el espiritual me tienen obsesionado con un largo descanso.

3. Debo mencionar que la prohibición de ustedes de enamorarme me tiene hasta el copete. Yo también tengo derecho a sentir amor. Lo he pensado y sufrido tantas veces.

4. Nuestros fervorosos creyentes desaparecen de mi vista cada vez que les bendigo su relación. Tienden a amarse y yo permanezco aquí teniendo sueños mojados y eyaculaciones incompletas al no tener la carnalidad de una mujer en mi lecho. Me quedo a imaginarme la forma en que se divierten amándose y practicando todo lo que nosotros no podemos por culpa de un estúpido voto de castidad y obediencia.

5. Nunca creí en la castidad. Sólo soporté ante una filosofía platónica que lo que logró fue drenarme y derrumbó mis propias barreras inútiles.

6. No entiendo que les pasa, si el sexo se complementa con el amor y viceversa ¿por qué yo no puedo disfrutar de ambos?

7. Me enamoré, ya le declaré mi amor y a pesar de que mi físico y mi estatura no son las más convenientes, dijo que si, que estaba dispuesta a compartir su vida conmigo.

8. No existe vuelta atrás. Ya la hice mía y saboreé cada centímetro de su piel. Fui suyo y me enseñó el camino a la lujuria. Deposité en su cuerpo toda mi esperanza de días felices y noches ardientes. La abracé contra mi pecho y los latidos de mi corazón fueron sincronizándose con los de ella. El ritmo en que nos amamos sólo es comparable al terremoto y a la calma, al huracán y al viento sutil o al golpe de las olas contra la costa y a la tranquilidad del mar cuando descansa.

9. ¡No entiendo la razón por la que ustedes pretenden que no tengamos experiencias así! ¡Es delicioso! Máxime cuando uno deja que la locura del amor guíe las caricias y no existan prohibiciones que impidan a dos cuerpos entremezclarse y saborearse de forma candente e ilimitada.

10. Ella sufría de soledad como yo, así que es valida nuestra relación. La encontré con las mismas necesidades; físicas y espirituales. ¡Si la vieran desnuda, es despampanante! Pero no la verán, pues ella es sólo mía y me encargaré de hacerla muy feliz.

11. Este día ha sido sensacional y aunque me condenen o muera hoy, no cambiaria mi vida entera por esta mañana en que la conocí en cuerpo y alma. Calmando mi sed, disfrutándomela hasta el rendimiento y renaciendo del cansancio para poseerla como ave fénix con el calor de mil infiernos y con la ternura de mil paraísos.

Por lo tanto si deciden continuar con la plaza no cuenten conmigo para adiestrar a alguien más. ¡Que haga lo que hice yo! Que aprenda solo. Y no se les ocurra pedirme más tiempo pues no lo tengo. Me iré para las Bahamas y luego a donde ella ordene. No mentiré diciendo que los extrañaré así que sin más que agregar, me despido.

Atentamente:

Cupido

PS: Dejé las pequeñas alas, el arco, las flechas y la estúpida cinta roja con la secretaria de recepción. Deberían entregárselos a San Valentín, después de todo, siempre envidió mi puesto.

¡Ah! Y no se les ocurra insinuar que tuve amoríos en horas laborables o que esta no es la primera vez. Me enamoré apenas esta mañana. Ella fue la enfermera que atendió y curó la profunda herida que yo mismo me provoqué con una de las flechas.

jueves, enero 03, 2008

Profecía

Por Angelo


Apareció y proporcionó la noticia:
— ¡Bienaventurado eres Mario entre todos los científicos! Del ADN en la probeta que sostienes nacerá el nuevo Mesías; Salvador del mundo.
— ¿Morirá por nuestros pecados? — preguntó Mario.
— ¡No! — contestó el arcángel.
— ¿Y qué hará? — cuestionó el científico.
— Revelará que existe algo más poderoso que el bosón de Higgs al que equivocadamente han llamado “La partícula de Dios” — indicó algo contrariado el ángel.
— ¿Y cuándo será eso? — curioseó el iluminado.
— ¡Preguntas demasiado! La primera elegida sólo dijo: hágase su voluntad — señaló el espíritu antes de evaporarse.
Al analizar lo escuchado Mario gritó:
— ¡Magnifico! Con esto ganaré el premio Nobel...
En su euforia apretó el puño y la probeta se hizo añicos.
— ¡Rayos! — Pensó Mario — ¡Perdí el ADN del mono que sacrificamos esta mañana! Ahora... ¿qué hago?

miércoles, diciembre 12, 2007

Reflexiones sobre mi experiencia como periodista cultural en el Internet

(Breve ponencia en el 1er Congreso Internacional de Literatura Virtual)*

por Carlos Esteban Cana

… hay que defender a toda costa la formación del ser humano en aquello que le es constitutivo y esencial: en su humanidad, integrada por su racionalidad y por el don precioso e inalienable del libre albedrío: de eso tratan las Humanidades. Más, por otro lado, hoy no podemos reducirnos a métodos tradicionales de formación humanística –los que tampoco se han de descuidar- y hay que incorporarle la nueva tecnología.

Vicente Reynal
Las humanidades en la era digital


Siempre se ha mirado de manera mítica el París de principios del siglo XX. Todo el que aspiraba ser artista bona fide aspiraba caminar sus calles, frecuentar sus cafés, habitar sus barrios. De igual manera, pienso que hoy, una parte sustancial de ese accidente que es, para los escritores, exponerse ante un público no debería ir divorciado de la presencia mediática en el Internet.

En mi rol como periodista cultural, que he contribuido en medios impresos tradicionales, y que también he circulado mi trabajo, particularmente estos últimos años, por bitácoras y boletines en el Internet no me queda duda del valor que tiene este medio para dar a conocer el quehacer humanístico y literario.

Para un país como Puerto Rico, con su compleja realidad política, que carece de embajadas, el internet representa un canal idóneo para difundir el quehacer cultural que se desarrolla día a día en esta latitud caribeña. Pongo como ejemplo un proyecto en el que me encuentro trabajando en estos momentos con la escritora Iris Mónica Vargas. El mismo se titula "El viaje del poeta" y entre otras secciones incluirá poesías de Vargas, piezas de mi autoría, y poemas que hemos realizado en conjunto. En adición incluiremos nuestro archivo periodístico. Ella en su especialidad ciéntifica y yo en lo humanístico, incluyendo entrevistas, reseñas, noticias, en su mayor parte relacionado al acontecer literario puertorriqueño. En la construcción de esta hemeroteca virtual, la llamaré así por ahora, me he topado con más de 200 nombres de escritores, a los que he cubierto o mencionado de algún modo, en un trabajo cultural que inicia en 1989, por la oportunidad que me brindó el creador de este blog, Angelo Negrón, en la revista Senderos. Y es de esa forma que escritores de diversas partes del mundo como Italia, México y Cánada se han interesado por una literatura a la que desconocían. La sorpresa es mayor cuando me encuentro con escritores internacionales que echan de menos este tipo de periodismo cultural en sus países, aún cuando disfrutan de un efervescente ambiente literario como el nuestro. Dicho lo anterior no me sorprende que medios en el internet hayan reproducido nuestro trabajo.

Yo no tengo bitácora propia, pero escritores del patio han estado más que interesados y dispuestos a recibir mis colaboraciones. Alguno de esos espacios son Boreales de la escritora Yolanda Arroyo, Bocetos de una ciudad silente de la poeta y editora Ana María Fuster, Confesiones del narrador Angelo Negrón, Panaceas y placebos de Miguel Ayala, Narrativa Puertorriqueña de Mario Cancel y Maribel Ortiz, Ciudad Seva, página del escritor Luis López Nieves, entre otros. También mi propia obra literaria, en cuento y poesía, goza de presencia en el internet ya que publicaciones internacionales como la italiana Burán, la peruana Remolinos, la chilena Escáner Cultural, también en Palavreiros en Brasil, se han interesado en publicarla. Y doy estos datos acerca de mi propia obra no para alimentar al narciso personal, sino para puntualizar que para un escritor como yo, que aún no desea publicar su obra en formato de libro (por motivos de rigurosidad estética principalmente), tener una cantidad considerable de puntos de referencia bibliográfica en los buscadores cibernéticos bajo mi nombre no es poca cosa.

El medio es poderoso para dar a conocer y también para convocar. Quiero compartir con ustedes unas reflexiones de Eugenio García Cuevas, que ejemplifican las posibilidades del Internet ante los medios tradicionales, en un fragmento de una de mis entregas, que algunos de ustedes conocerán bajo el título “En las letras, desde Puerto Rico”. En el mismo Cuevas destaca la importancia de los correos electrónicos como herramienta efectiva en el proceso de difusión:

Y si de homenajes se trata, debemos reconocer que los profesores Eugenio García Cuevas y Rubén Soto, votaron la casa por la ventana con el “Colegtilogo”, un simposio sobre la literatura del poeta y prosista Joserramón Melendes celebrado los días 28 y 29 de marzo en la Universidad de Puerto Rico. Nuestra entrevista-conversación con los gestores del evento se dio entre los espacios del pasillo y una atestada librería. También el espacio cibernético sirvió de puente. Hasta logramos, tremenda suerte la nuestra, unas palabras del propio poeta homenajeado.

Abordamos en primer lugar a Cuevas, que recientemente presentó Lengua en tiempo, un libro que es tarea obligatoria para los que aman la excelencia en el periodismo cultural. Sobre los resultados del simposio nos comentó: “Ha sido extraordinario desde cualquier ángulo que tu lo mires. Primero porque se recupera una figura como Che Melendes que ha sido determinante en la poesía, en la creación, en la difusión, en la formación, y en la compilación de lo que es la poesía puertorriqueña de los años 70 en adelante. Se hizo este simposio para hacer una primera valoración; hubo 14 ponencias, divididas entre trabajos gráficos y exposiciones leídas, pero curiosamente el evento ha sido tan emotivo. El testimonio de Rafa (Acevedo), por ejemplo, fue acerca de la deuda que tiene esa generación con el trabajo de Che Melendes; Liliana Ramos, por su parte, dio un testimonio del trabajo en la generación del 70. De Estados Unidos vinieron dos estudiosos de la décima, y reflexionaron sobre cómo fue leído Desimos désima, cuál fue la recepción que tuvo ese poemario, que luego fue musicalizado por Andrés Jiménez, e ilustraron su ponencia con películas y fotos. Yo creo que todo esto emociona, aquí se ve cómo la poesía se convierte en historia hoy en día”.

Debemos, en este punto de la crónica, destacer unos comentarios de Cuevas sobre la difusión mediática de este evento: “Lo que funcionó para la asistencia al simposio fue la lista de correos electrónicos. Aquí se demostró que si la prensa de papel no quiere auspiciar, no se necesita. La prensa se perdió este evento. Lo que demuestra que las cosas se pueden hacer aunque no estén disponibles grandes recursos. Lo que hay es que tener voluntad, voluntad, y voluntad. Y creer en el trabajo de todos, porque esto es un trabajo colectivo”.

Cierro cita. En estos momentos en que: "My Space" y "Face book" adquieren enorme popularidad sería adecuado ver qué tan efectivos son como espacios de difusión de eventos literarios.

Quiero concluir citando al mismo humanista con el que inicié esta breve ponencia. Vicente Reynal, en su libro Las humanidades en la era digital añade un corolario que dice:

“Si bien las Humanidades en lo fundamental no han variado, sí lo ha experimentado el enfoque con que se nos presentan o han de ser planteadas y estudiadas, en particular, en el mundo que nos ha correspondido vivir, dominado por la tecnología y presidido en su expansión ilimitada por la informática, dentro de una globalización cada vez más absorbente y dominante, de la que no podemos prescindir sino, todo lo contrario, utilizar para el mejoramiento de la humanidad y, por tanto, para el perfeccionamiento y actualización de las Humanidades”.

La lectura de esta ponencia ocurrió el 29 de noviembre de 2007 en el Anfiteatro Figueroa Chapel del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. El autor formó parte de un panel que exploraba el periodismo digital. La escritora y periodista española Luciana Garcés tituló la suya “Periodismo virtual ya no es anatema”, y el Libro de memorias del congreso incluyó la ponencia de la venezolana María Luisa Lázzaro “Foros literarios de internet ¿crecer o enemistarse?”.
Carlos Esteban Cana es comunicador y escritor. Fundador de la revista y colectivo Taller Literario, un espacio de democratización en las letras puertorriqueñas. Se ha desempeñado como coordinador editorial, periodista cultural independiente, y ha laborado además en la industria televisiva. Su obra creativa se ha publicado en revistas y periódicos nacionales como El Sótano 00931, Ciudad Seva, Narrativa Puertorriqueña, Letras Salvajes, CulturA, Diálogo y El Nuevo Día, entre otros. En lo que se refiere al ámbito internacional su narrativa y poesía ha sido publicada por Escaner Cultural, Zona de Carga, Palavreiros, Abrace y el Boletín de Nueva York, entre otros. Recientemente algunos de sus cuentos han sido traducidos al italiano. Ha participado, además, en diversos medios de comunicación reflexionando acerca del panorama cultural en el País.