jueves, agosto 09, 2007

Era ella

Por Angelo Negrón

El otro día la vi, como tantas veces, envuelta en harapos y sudor. Con un vaso en una de sus manos, el cual agitaba sin cesar, logrando sacarle sonido al poco menudo que había logrado recolectar. Hacia mucho tiempo que la observaba. Todas las mañanas aquel semáforo me obligaba a detenerme. Sentía la necesidad de depositar por conciencia alguna moneda. A pesar de que siempre he estado en desacuerdo, pues aunque uno escucha que es para comer, sé que la droga no se come y sólo alimenta a un alma perdida; llevándola más al infierno que a otro lugar. Un grito llamó mi atención. Era un voceador tratando de vender sus periódicos. Mencionaba un suceso que me dejó boquiabierto: “Mata a concubina, dijo que fue por amor”. Busqué en mi bolsillo. Saqué un dólar y pagué el periódico. Colocándolo a un lado deposité el cambio en el vaso de la tecata. La miré de nuevo y pensé en la razón que podría tener ella para estar en semejante vicio. Había sido hermosa, eso ni dudarlo, llevaba una larga cabellera y debajo de aquellos harapos denotaba una linda silueta que conservaba algo de majestuosidad al caminar. El bocinazo de una Explorer blanca me sacó de mis cavilaciones. El semáforo había dado la señal verde y no me había dado cuenta. Al arrancar no pude evitar asomarme al retrovisor y ver a la mendiga perderse entre los demás autos con su caminar inmutable.

Más adelante choqué contra la congestión de transito que me hizo determinar que Julio Cortazar debió estar algún día allí y por eso escribió “La Autopista del Sur”. Me entretuve mirando hacia ambos lados de mi vehículo. Era chistoso ver como unas se maquillaban con una habilidad única y llena de acrobacias. Otros bailaban y cantaban cual si fueran mimos pues no alcanzaba a oír su música. Como quien me tocara bocina tiempo atrás. La hermosa chica de la Explorer blanca bailaba al ritmo de no sé qué y cantaba desesperadamente como si todos en el tapón fuéramos su público. Me vi obligado a aplaudirle al recordar que yo era igual de artista que ella cuando encendía la radio. La congestión fue tal que pude leer en el periódico hasta mi horóscopo. Me burlé ante lo que decía, ¿cómo creer en él? Si cada vez que leía que tendría un nuevo amor debía preocuparme pues mi esposa es del mismo signo que yo. Olvidé que no llevaba cambio. Los había depositado, cuarenta minutos antes, en el vaso que llevaba la tecata. Tener que maniobrar para tomar el carril del cambio en el peaje me costó suficientes insultos para desgarrarme la mañana en improperios. Tener que pagar peaje por haber estado tanto tiempo en la carretera era otro disgusto, de hecho, el de todas las mañanas.

— ¿Acaso la autopista no es para avanzar?— pregunté a la persona encargada de dar el cambio. Con las muelas de atrás me dijo: “Que tenga buen día.”

“¿Por qué no tenerlo?” pensé. Arranqué con la certeza de que a los pocos segundos estaría de vuelta en el tapón. Podría leer las esquelas y, ¿por qué no? Llenar el crucigrama.

Debía sacar de mi mente la terrible visión de una mujer echada a la perdición de la aguja y todo lo que me esperaba aquel día. Aún era sensible a los acontecimientos que, obligado, veía en mi trabajo como fiscal. Le di gracias a Dios de que no me llamaron a mí para el levantamiento del cadáver de la mujer que murió a manos de su esposo. Esa muerte que reseñaba la primera plana me dio escalofrío. Por ser un recién egresado de la universidad aún me causaban vértigo y náuseas las escenas sangrientas.

II


Jessenia terminaba por recolectar lo que seria su primera inyección del día. Caminaba aceleradamente hacia el punto de drogas. Siempre mirando no ser perseguida y soñando con que a los del punto les diera con hacer “delivery” de la mercancía para no tener que llegar hasta allá caminando. En el trayecto al punto existía una tienda que le obligaba a detenerse sin importar cuanto necesitase el puyazo o cuan “arrebatá” estuviese. Tenía que ver todos los artículos que vendían demostrados en el escaparate, ropa, artefactos, cosas lindas para bebé, niños, niñas... Siempre llegaba al comentario obligado: ”¿Qué estará haciendo mi niña?” . Veía su silueta reflejada en los cristales de la tienda. El perfil de su rostro disimulaba una paz pasada. Disimulaba una tranquilidad que sólo el acostumbrarse a mendigar, el haberse lavado la cara con lechuga como dicta el argot y el tener que hacerlo por un poco de “manteca” lo había transformado. Cuanto daría por acabarlo todo. Conseguir el suficiente dinero y comprar demás. Como lo consiguió la legendaria Marilyn Monroe; Olvidarse del mundo al derredor. Alcanzar una escapada tal que no pudiese regresar jamás a la inmundicia. Pero, esos momentos de depresión pre-inyectarse nada podían contra los que venían después. Valían la pena, según pensó. Cuando se infectaba de la maravillosa sustancia lograba sentirse en las estrellas. En palabras de la serie de televisión de ciencia-ficción Star Trek: “Llegar donde nadie a llegado jamás”. Daría todo por haber sido la amante de “El Capitán Kirk”, personaje principal de la serie “Viaje a las estrellas, y no de aquel muchacho a quien le entregó todo su ser. Le dio lo que era y lo que no era. Aquel “ojos universo”, quien con palabras amables la había llevado al amor por primera vez. Tenia apenas dieciséis. Lo conoció en la biblioteca, era nueve años mayor, pero tan guapo. En el lugar todas voltearon a verlo cuando él llegó y cuchichearon secretos entre sí.

—“Revolcó el gallinero el muy cabrón” — dijo en voz alta mientras se llevaba la mano a su brazo izquierdo; victima de la aguja. Acariciaba con furia el cayo de su antebrazo cuando volvió a remontarse a aquel día en el que fue escogida por Javier.

— Se acercó a mi mesa con el pretexto de que estudiaría para aquella asignación universitaria, y empezó a hablarme tan chévere. Tanto que sólo se compara a cuando estoy embollá — dijo casi gritando, pero sin llorar. Hacía tanto que no lloraba. La última vez que lo hizo fue cuando se enteró que estaba esperando retoño. Fue al encuentro de Javier a decirle que había llegado el momento de casarse y “ser felices para siempre” y lo descubrió abrazando a otra. Quedó estupefacta y más aún cuando le formó aquella garata a él y muy tranquilo le contestó que era su esposa. Llevaban cinco años casados y tenían una hermosa niña.

— El muy maricón me quiso enseñar fotos de la niña y hasta de su esposa. ¡Cómo me engañó! ¡Destrozó mi corazón y mi vida! Sólo espero que se esté pudriendo en el infierno de la impotencia viril. ¡Sí, que no se le pare es el justo castigo!

III


Parecía sonámbula. Necesitaba la cura para su desgracia y la desgracia para su vida. Ya estaba mutilado su cuerpo desde que la separaron de su niña. Ella la tuvo en sus brazos, la acarició, pero se la arrebataron el mismo día del parto. Ya la droga había comenzado a causar estragos en su vida, pero al ver a su niña esos segundos había determinado sinceramente que todo cambiaría. Seria una nueva mujer dedicada a criar a su hija contra viento y marea. La corte no lo pensó así y se quedó sola con una promesa que no le sirvió de nada. Por más que trató su niña no le fue devuelta. Le costaba trabajo separarse de aquella vitrina. El vacío que le apretaba el pecho le recordó que ya había completado la cuota para el puyazo. Llegar al punto era la solución. Cuando se acercaba al tan deseado paraíso escuchó varios disparos. El rechinar de gomas dejaban como testigo al proveedor de sueños tridimensionales tendido en baño de sangre y a todos los vecinos en ciegos, sordos y mudos parapléjicos incapaces de haber visto o escuchado algo al respecto. Al llegar frente al condenado a muerte le escuchó pedir ayuda. Aún vivía. A pesar del inmenso orificio que tenía en su cara irreconocible. Tanteó en sus bolsillos. Sacó una paca de billetes y suficiente droga como para darse un buen festín. Como hipnotizada soltó los billetes. El viento hizo remolino a los que no se quedaron pegados en la sangre. Sujetó la droga con tanta firmeza que por un momento sintió que la había dejado caer. Le arrebató la pistola al moribundo y salió corriendo de allí sin mirar atrás. Nadie le podría quitar la oportunidad de despedirse por fin del mundo terrenal para siempre. Sabía que de una forma u otra moriría. O se moría de un cantazo descomunal o la mataban por haberse robado “el muerto de droga”. Las sirenas se escuchaban a lo lejos. El clásico “agua” que avisaba que venían los guardias la motivó a darle velocidad a sus pies. Ella sólo quería llegar a un lugar donde estar a solas. Al hospitalillo no podía ir. Los demás tecatos la despojarían inmediatamente de la alternativa de visitar la isla de la fantasía. “Esos pendejos son capaces de robarse el avión con to’ y tatú adentro”— pensó mientras se dirigía a la estatua de Barbosa. Ese era un lugar tranquilo para morir. Las vías del tren urbano le servirían de techo y las columnas de pared.


Al llegar a la estatua comenzó a reírse demencialmente mientras comentaba en voz alta: “A los próceres también los inunda la mierda”. Al ver la cara de la estatua llena de excremento de paloma sintió lastima de sí misma y deseó acabar lo antes posible con su vida. Buscó en sus bolsillos. Al no encontrar fósforos se molestó. No perdió el tiempo. Sacó menudo y fue a comprar la herramienta que necesitaba. “A cinco chavos de salir de esta porquería”— se repitió hasta que llegó a la tiendita al lado del registro demográfico. El dependiente, ajorado por que se fuera de allí y no le espantara algún buen cliente, la atendió de mala gana. Casi lo maldice, pero: “¿Para qué perder tan valioso tiempo?” Ya deberían estar buscándola y mejor morir estando de viaje en otra dimensión a morir victima del plomo de una AK-47 como lo hizo la victima de su robo. Cuando salió de la tiendita no pudo evitar quedarse perpleja al ver al individuo que salía del registro demográfico y caminaba despreocupado hacia ella. La rabia le invadió la sangre. Sacó una hipodérmica usada de su escondite y rápidamente se la colocó en la garganta a él mientras le decía:

— “Esta aguja está infectada de SIDA, si no haces nada estúpido estarás vivo por más tiempo”.

No le hizo caso a los ruegos, ni a las promesas de dinero, simplemente lo llevó consigo ante la mirada atónita de algunos presentes. Por uno de los callejones desaparecieron para llegar ante la estatua de Barbosa. Lo arrinconó con la advertencia de dispararle con la automática ante el menor movimiento. “Esto será rápido” —le dijo mientras le apuntaba. Comenzó a calentar la manteca ante los ojos llorosos de su rehén que no acababa de comprender de qué se trataba todo aquello que sucedía. Cuando llenó la hipodérmica con la manteca lo miró fijamente y le dijo: ¿Te measte del miedo ah? Ahora te cagarás por fin… mira a Barbosa… míralo, así he estado yo en los últimos años desde que te salió de los cojones joderme la existencia, ahora te toca a ti...

Apretó el gatillo. La bala no salió del arma. El mozalbete la había disparado y vaciado antes de caer herido de muerte. Ella la recogió en vano. Siguió tratando de que alguna bala saliera del cañón, pero nada ocurría. El individuo estaba tan asustado que no se percato de que si hubiese salido corriendo en ese instante ya estuviese lo suficientemente lejos de la tecata. Escuchó el urgente ulular de las sirenas de la policía que se acercaban cada vez más. En el desesperó por saberse capturada y que Javier no pagara el atroz pecado, de haberse atrevido a enamorarla, le hundió la sustancia en el cuerpo hasta que le vio los ojos escapándose de la vida, hasta que lo vio zambullir la cara en su propia orina. Cuando se percató de que aquel acto no le devolvía la felicidad y si le había ahuyentado la forma correcta de escaparse al infinito mismo no pudo más que llorar. Buscó entre sus cosas. Comenzó a preparar lo que quedaba de droga. Mientras se la inyectaba escuchó la voz ronca de un oficial exigiéndole que levantara las manos. Ella lo miró con indiferencia. Siguió inyectándose la droga como si estuviera en el hospitalillo y quien la detenía fuera alguna visión fantasmal del miedo. Total, lo que quedaba de droga era muy poca como para llegar al más allá sin regresar, pero al menos ese había sido su día.


El oficial se acercó. Le dio con el pie al arma alejándola de la tecata y la esposó fácilmente. Ella ni se percató. Estaba metida en su alucinación preferida. En ella acurrucaba a su niña en el pecho mientras le cantaba alguna canción, le enseñaba a contar, a reconocer los colores o simplemente le leía algún cuento de hadas. Apareció otro policía que trató de socorrer al cuerpo tendido en el suelo, verificó los signos vitales y se percató de que ya era tarde; el individuo estaba muerto. El policía tomó el radio transmisor y se le escuchó hablar en la típica jerga policial.

— Adelante comandancia. Tenemos un posible asesinato. Cuya arma parece ser un narcótico. Persona se encuentra diez siete. Se detuvo sospechoso. Procederemos a arrestarlo para someter los cargos. Solicitamos refuerzos para acordonar el área. Diez cuatro. Estamos en la plaza a Barbosa en el secuestro que fue reportado hace unos minutos.

IV
Llegué y la escena me congeló. El cadáver mantenía sus ojos abiertos y el rostro encrespado de miedo. La jeringa aún estaba incrustada en su cuello. Después de hacer todos los procedimientos habituales ordené el levantamiento del cadáver. Los periodistas comenzaron a llegar. Los imaginé visitando familiares y preguntándoles cómo se sentían. Acaricie la idea de largarme inmediatamente de allí. La curiosidad más que el deber me llevaron inmediatamente al cuartel donde estaba la asesina. Al verla quedé estupefacto. Era ella. La misma mujer que había logrado de un tiempo para acá que soltara monedas y a veces dólares a una usuaria de drogas. Comenzamos a investigar el caso. Ella lloraba. Habían pasado los efectos de su viaje y se rascaba la piel como tratando de rascarse las venas. Miraba desafiante. Pidiendo no la dejaran seguir rompiendo en frió con su vicio y diciendo que el occiso se merecía lo que le sucedió.


El detalle me estuvo raro. De la investigación lograda hasta el momento se desprendía que ellos dos no se conocían. Ella de pronto, y sin saber por qué, lo tuvo secuestrado por varias calles hasta que llegó a la estatua de Barbosa. Las huellas digitales en el arma y en la jeringa demostraban que ella era la asesina. Existían testigos que la vieron secuestrarlo, pero no parecía tener lógica la razón por lo que lo mató. El muchacho salía del registro demográfico donde fue a buscar su certificado de nacimiento para enrolarse al ejercito. Por más que le preguntábamos a ella; cuál era la causal de su homicidio ella sólo atinaba a mencionar que se lo merecía y que era un éxito que “sus ojos universo” no siguieran haciendo daño. Me fui a la morgue. Aquello terminó por desgarrarme el alma. La madre y el padre salían de reconocer el cadáver. Gritaban al unísono su llanto abrazando a familiares. Me acerqué lentamente. Busqué quien de ellos era el más tranquilo para tratar de conseguir algunas respuestas y por un momento me percaté de que ya estaba actuando como un insensible periodista o detective al que sólo le interesa conseguir la información caiga quien caiga y sin miramientos al dolor ajeno. Me retiré de allí. Habría tiempo para investigar; el muchacho estaba muerto y la tecata no podría ir a ningún lugar que no tuviera barrotes. El hecho era que sin lugar a dudas ella había asesinado cruelmente a un muchacho. El porqué, a la hora de la verdad, no importaría. Me fui a casa. Necesitaba largarme de aquel lugar donde veía entrar rostros preocupados y salir caras llorosas o llenas de dolor. Encendí la televisión. Al escuchar las noticias me burlé de mí mismo ante la necesidad de no verlas como de costumbre. En cambio me dediqué a ver caricaturas hasta que el sueño me venció.

Desperté azorado. Varias pesadillas no me dejaron dormir. Se me hizo algo tarde. Llamé a la comandancia a excusarme. Mientras construía el nudo de mi corbata trataba de compaginar los acontecimientos que rodearon el asesinato que cometió la tecata. Pensé tanto en ello que ni desayuné. Al parar frente al semáforo la extrañé. Acostumbrado a verla últimamente y a dejarle algunos pesos no pude más que suspirar con algo de dolor. Deseé ya ser un insensible como los demás fiscales o como cualquier abogado, juez, enfermera, doctor y reportero a los que los años de experiencias han dejado de sorprenderles. Recordé a mi hermano el paramédico y sus historias de embalsamadores capaces de almorzar en medio de su labor y se me revolcó el estómago carente de desayuno. Se acercó un deambúlate a limpiar el parabrisas. No le importó todas las señas de negativa que le di, logro ensuciarlo en vez de lo que pretendía. No le di un centavo y dijo gracias no sin antes decir despectivamente: “Dios me lo pagara”. Al llegar a la autopista me quedé observando el edificio del cuartel general, testigo mudo de tantas desgracias, en sus entrañas se encerraban los archivos de los crímenes sangrientos que algún día llamaron mi atención y mi vocación detectivesca. Tanto como para decidir estudiar esta profesión que ahora no me parecía tan excitante. Sabía que el día de cobro se me pasaría el dolor, que los beneficios eran muchos y me dolía más aún.



Decidí entrar. Buscar respuestas a los acontecimientos del día anterior antes de que otra desgracia ocupara las primeras planas. Ante este pensamiento me percaté de que actué tan sonámbula y mecánicamente que no compré el periódico. Pasé el dichoso tapón concentrado en vanas filosofías de vida y muerte que no me hizo falta entretenerme en otra cosa. Lo compré entonces y en la primera plana aparecía la foto del cadáver en el suelo y a los pies de la estatua de Barbosa. La noticia no reseñaba casi nada de la prisionera. Excepto que era una usuaria crónica de drogas a la que no habían logrado sacarle información. Tampoco hablaba mucho del infortunado muchacho al que ella le había arrebatado la vida. A lo que le dieron mucho reportaje fue a la indignación que tuvieron algunos senadores cuando vieron la estatua de Barbosa en tan precaria situación y la forma en que asignarían presupuesto para renovar la plaza dedicada a tan querido prócer. Lamenté todo aquello y estrujé el periódico antes de echarlo a la basura.

En la vista para juicio el abogado mencionó su convicción de alegar locura momentánea. Le añadiria violación de derechos al no llevarla a desintoxicar y en cambio que la dejaran en la cárcel del cuartelillo rompiendo en frío. Ella estaba perdida en alguna otra dimensión. Llevaba una mueca de sonrisa y dolor a la vez. Imaginé que le hacia falta la droga más que nunca y me compadecí. Miré sin querer el reloj Rolex que llevaba el abogado de asistencia legal. Me burlé del mundo en que vivimos donde es importante llevar un reloj de cinco mil dólares a defender a una tecata en un casi juicio por asesinato. Contemplé a la muchacha y traté de hacerle preguntas que nos llevaran al esclarecimiento del caso. Por cada pregunta el abogado alegaba que su clienta estaba amparada ante la quinta enmienda. Llegamos al acuerdo de que habría juicio y seria en varios meses. Aunque entendía que ella no tendría el dinero, solicité negación de fianza con la esperanza de que no saliera otra vez a puyarse. Al explicar que la familia del muchacho podría correr peligro si ella salía a la libre comunidad ella comenzó a hablar fuertemente y ni su abogado la logró detener en su intento por lo que parecía ser el desahogo de toda la rabia que le consumía.

—Espera, espera, espera — comenzó —¿qué estas diciendo?— prosiguió — yo seria incapaz de hacerle daño a alguien que no se lo merezca. Él merecía su muerte. Me engañó. Sé que por mi culpa soy una drogadicta, pero la ayudita que me dio ese hijo de la gran puta tuvo mucho peso.Y me quitaron a mi hija, ella estaría conmigo ahora. Nada de esto hubiese pasado. Él es doblemente culpable. Diciendo esto dejó escapar varias lágrimas. El abogado llamó la atención del juez cuando advirtió que traté de preguntarle más acerca de sus motivos. El juez me ordenó silencio. Ella estuvo mirándome por largo rato. Cuando se fue me brindó una sonrisa que no entendí.

V
Dos horas más tarde sonó mi teléfono móvil. Un guardia penal me explicó el pedido de ella para que fuera a visitarla sin la presencia del abogado. Hice los ajustes necesarios para que el abogado jamás se enterara y utilizara mi visita como excusa para liberar, por un tecnisismo, a la asesina confesa. Al entrar me brindó otra vez su rostro sonriente. Comenzó por explicar su pasado con Javier. Dándome todos los detalles del idilio con el hombre casado que la engañó. La promesa rota cuando le arrebataron a su chiquilla. El crimen al hampón y cómo se robó la droga. Su intención de suicidarse. Lo que sintió cuando se encontró a Javier en su camino al más allá y de cómo la rabia le ordenó matarlo. Yo estaba absorto en toda su historia. No comprendía por qué después de tanto silencio había decidido contarme aquello a mí y pareció leerme el pensamiento porque me dijo:

—Me acuerdo de ti. En las mañanas te esperaba porque sabía que me ayudarías. Siempre notaba que tu mirada no era de asco y sí de pena. No es que me guste que sientan pena por mí, pero comparado a toda la repulsión que veía en tantos rostros era más reconfortante pensar que alguien se apiadaba de uno. Máxime con esta enfermedad. ¿Sabes por qué soy usuaria? — Yo negué con la cabeza — Cuando lo de Javier — prosiguió — me dio una terrible depresión. Mi madre me llevó a cuanto doctor le recomendaron. Lo que me recetaban era cada vez más fuerte. Fue así como cada vez necesitaba una dosis superior. Mi pobre madre murió de sufrimiento en el intento por salvarme. Cuando le dio aquel fulminante ataque que le arrebató la vida también me culpé. Lo celebré con el primer viaje al mundo sin paredes- mis ojos estaban inundados y mi boca abierta, ella no se detenía— A Javier no lo veía desde entonces. Ese cabrón me jugó sucio. Me prometió muchas cosas, pero lo más importante es que me juró amor eterno. Y ahora su amor será eterno. Lo dejé en la eternidad con esa dosis. Liberé a este mundo del daño que le restaba por hacer a ese desgraciado. Si pudiera; mataría a todos los, que como él, engañan a las niñas con promesas vacías. ¿Sabes por qué? Tengo una niña. Ella no se merece pasar por lo que yo pasé. Lo peor de todo es que no me sentí mejor con su muerte. Estaba tan rabiosa que lo hice con la dosis que me pertenecía a mí. La que me haría lograr salir de esta inmundicia. Desde que no estoy drogada me siento desquiciada. He podido pensar en lo que he hecho buscando algún puto gramo de remordimiento. Sólo llego a la conclusión de que debí vaciarle la jeringuilla llena de aire. Javier hubiese muerto de todos modos y yo estuviera ahora al otro lado de la raya burlándome de él por siempre. Sonrió y levantó la mirada hacia el techo. Yo estaba inmóvil. Había tanto odio en sus palabras y, sin embargo, logré comprender un poco su rencor. Me pregunté que podía decir para consolarla. Quería explicarle que el nombre del occiso no era Javier. Cuando balbuceé, algunas palabras sin sentido, ella se puso de pie diciéndome:

—Agradezco que hayas venido. En verdad lo agradezco, pero nada de lo que puedas decir me hará cambiar de opinión. Lo maté. Ante la ley de los hombres soy culpable. El abogado dice que puedo alegar locura. Reconozco que he estado loca desde hace tiempo, pero puedo asegurarte que en el momento en que lo hice estaba más cuerda que nunca. Lo volvería hacer mil veces con la misma rabia, con el mismo disfrute. Por eso en cuanto tenga la oportunidad me iré al infierno donde me burlaré de la cara que puso ese cabrón antes de morir.

El destello que vi en sus ojos me hizo notar que decía la verdad. Me dio escalofríos. Su amenaza de muerte seguía viva. Buscaría suicidarse y yo nada podía hacer. Se levantó de la silla y dijo adiós. Yo sólo atiné a decir hasta luego. El guardia penal le puso las esposas de nuevo y desaparecieron ambos por la puerta. Levanté mi maletín del suelo. Abandoné aquel salón con la tristeza de una historia cuyo final me parecía tétrico y sobretodo el comienzo más sincero de insensibilizar mi alma para futuras ocasiones en que tomar los acontecimientos de manera tan personal podría costarme el trabajo y mi tranquilidad. Di un golpe seco en el volante de mi auto y sequé algunas lágrimas que sin saber había dejado brotar. Me arreglé la corbata ante el espejo retrovisor como si con eso pudiese sentirme mejor. Me fui para la oficina. Tenia varias tragedias que cubrir. La verdad es que no estaba para ver más crímenes. Pero tuve que salir tantas veces que me pregunté si todo era un truco del gobierno para evitar la sobrepoblación. La mueca en mi rostro me hizo entender que había hecho un chiste nada gracioso. Me desesperé por descubrir la forma de salvarme de todos los sentimientos encontrados que se debatían en mi interior. Mi esposa estaba esperando nuestro primer bebé y el sólo saber que vendría a vivir a Sodoma y Gomorra me partía el alma.



VI



Entrevisté a los familiares del muchacho al que la tecata había matado. A cada respuesta que me daban le añadían un pedido de pena de muerte para la mujer que les había arrebatado su tranquila vida. A pesar de que les expliqué en cada ocasión que en este país no es legal dicho castigo, ellos seguían insistiendo. Al parecer el sentimiento de venganza brota en todos nosotros en el momento justo en que se meten con lo más querido. Es ese instinto animal que te lleva a defender con uñas y dientes lo que, mientras no te afectó directamente, te importaba un comino. En mi libro de anotaciones escribí todos los detalles buscando relacionar al recién ingresado al cielo, o como me dijo Yessenia: al infierno, con la asesina que ya vivía en las tinieblas desde hacia tiempo. Ver llorar a los padres y a los hermanos del infortunado me dislocó el alma. Mientras más los escuchaba hablar de los atributos de su hijo más me preguntaba si la historia de la tecata era verdad o solo había sido pura labia de drogadicta. Además, él había hecho lo que muchos a los que conocía. Buscar placer en las costillas de una muchacha a la que el tiempo le enseñaría que las palabras hermosas no siempre vienen acompañadas de amor. Los cuentos de hadas fueron escritos por seres humanos que tal vez igualmente sufrieron y que deseando dejar plasmados en papel sueños que tuvieron de felicidad absoluta inexistente pudieron escribirlos a pesar de tener nublados los ojos por las lágrimas. Pero no a todos nos ataca una decepción de igual manera. Por lo regular somos marionetas de nuestros propios actos. Yo no estaba allí para juzgar a nadie y cuando lo recordaba me mortificaba. Salí de las entrevistas sin explicarles la versión de la tecata y lo suficientemente estropeado como para saber que estaba necesitado de un buen abrazo. Decidí irme a casa.

Descubrir a mi mujer con la figura representativa de los ocho meses y medio me recordó el día entero en una fracción de segundo. Necesité más de un buen abrazo para olvidar mis reflexiones pesimistas y pensar que el bebé por nacer tendría un futuro prometedor. Lo educaríamos con todo lo necesario para que fuera un ser de bien. Al cenar me percaté de que no había almorzado ese día y luego de darle lectura obligada a las leyes nuevas que habían sido aprobadas por el senado en las últimas semanas trate de dormir. Obligándome no lo logré. Tuve que rezar repetidamente. A pesar de varios sueños hermosos en los que compartía con una hermosa mujer en un jardín lleno de fresas me desperté varias veces sobresaltado. Cuando abría los ojos a la realidad mi pensamiento se detenía en una escena: La tecata enterrándome una jeringa llena de droga y su mirada de felicidad. La claridad de la mañana entrando por la ventana me exigió levantarme de la cama. Luego de una afeitada de mala gana y un desayuno a toda prisa me encontré nuevamente con el tapón y tuve que jugar nuevamente a ser el mejor “surfeador” en el mar de acero y hojalata, entre olas de bocinazos e improperios. "Pocas cosas pasan en este país”— dije para mis adentros.

Fui a mi oficina donde vacié el maletín. Comencé por guardar de nuevo todo lo que no tuviese que ver con el caso de la muerte por sobredosis. Combinando circunstancias y eliminando todo lo que no guardaba relación entre ambos, asesina y victima, reafirmé el hecho de que nada tenían que ver el uno con el otro. La historia que me contó Yessenia definitivamente había salido de una mente criminal enferma.



VII


Decidí visitar a los familiares. Buscar por fin algunas respuestas que me llevaran a esclarecer el caso o a darme por vencido. Olvidar el tormento de no entender completamente los acontecimientos. Cuando llegué la madre sufría un mareo y el padre un ataque de risa. Los hermanos se acercaron a escuchar lo que yo tenía que decir y entonces fue que lo conocí. Él vivía en Alemania en una de las bases que Estados Unidos mantiene allá. Militar de oficio después de haberse graduado de Biología, era el hermano preferido y el ejemplo que siempre siguió quién ahora estaba muerto sólo por haber estado en el momento equivocado a la hora equivocada en la furia viajera de una loca drogadicta. ¡Cierto!— pensé yo al escucharlo decir esto y es que recordé que antes de morir el infortunado se encontraba en el registro demográfico buscando el certificado de nacimiento para enrolarse en el ejercito. Lo miré detenidamente. Estaba de pie frente a mí hablándome como a uno de sus soldados. El rango de teniente acompañaba a la perfección el rostro duro y al parecer sin pizca de sentimientos. Sólo en sus ojos podía notarse que había perdido a su hermano. Su inquebrantable voz seguía cuestionándome si sabía ya cual fue el motivo para que muriera un inocente. Ante mi negativa me miró con desprecio. Dio media vuelta sin decir una palabra. Estoy seguro que si yo fuese soldado me hubiese obligado a hacer lagartijas hasta morir. Lo vi caminar hasta quienes debían ser sus hijos y sentarse entre ellos. La mueca en mi rostro no la disimulé. “¿Qué se cree el pendejo este?”–pensé— “¿Soy Sherlock Holmes?”

Una pared llena de fotos familiares captó mi atención. Me olvidé por un momento de que debía regresar a la oficina. En las fotos pude ver escenas de la vida de cada uno de los componentes de aquella familia que ahora estaba sumida en el dolor de perder a un ser querido. Observé al soldado cuando al parecer no estaba adiestrado para ser una especie de maquina y aún conocía la forma de demostrar humanidad. Me asaltó la desdicha de que alguien pudiese estar afanándose en ser como él. De pronto noté en su rostro facciones conocidas y en su camisa verde, de soldado raso, su nombre. Al volver la mirada hacia él muchos acontecimientos inundaron mi mente hasta que sentí vértigo. Tuve que poner mi mano contra la pared de manera que pudiese sostenerme de pie. Todo estaba tan claro ahora. Los segundos que siguieron después me parecieron eternos y es que caminé como en una especie de cuerda floja con el temor de tener una teoría incorrecta de algo de lo que estaba bien seguro. Me paré frente al teniente. Le mencioné mi necesidad de hablar a solas con él. Ante sus palabras que sonaron a orden en vez de a pedido sus hijos se alejaron y me miró esperando lo que tuviese que mencionar.

Comencé por narrarle lo que la tecata me contase con lujo de detalles y según le hablaba el rostro hasta ahora inmutable pareció resquebrajarse. Aunque trató el llanto fue algo que no pudo evitar y asustados los presentes empezaron a acercarse. Ante las preguntas insistentes de los familiares de que era lo que ocurría él comenzó a gritar y darse golpes en el pecho. La forma interrogativa en que me miraban la mayoría de los presentes me obligó a irme de allí. Tomé la foto enmarcada de la pared y prometí devolverla tan pronto le sacara una copia. En lo menos que pensaban en ese momento era en la posible ausencia de una foto así que al no recibir negativa me la llevé presuroso antes de que a alguien se le ocurriera detenerme para preguntar que le dije al ser de piedra que se estaba desbaratando en medio de su sala. Llegué a la determinación de que debía hablar con Jessenia.



VIII



Antes de sentarme frente al volante llamé a uno de mis contactos en el presidio con la idea de verla nuevamente sin el entremetimiento de su abogado. Se negó con la explicación de que Jessenia había logrado su cometido de no estar más en el mundo de los vivos y con el mismo colchón se había privado del aire hasta mudarse a nuevos barrotes de fuego en el infierno. Ante tal descripción no pude más que acongojarme. Elevé una oración por el alma rota de una tecata a la que posiblemente nadie lloraría y que seria cremada o enterrada en alguna fosa común sin nombre ni pasado. Sólo viviría en el odioso recuerdo de los familiares de quien ella asesinó. Contemplé la foto nuevamente y regresé con ella a devolverla a su lugar. Divisé al teniente Javier. Bañado en sudor y alcoholado seguía desmoronándose mientras repetía a viva voz a sus familiares interrogantes y acongojados ante su estado:

—¡Fue mi culpa, fue por mi culpa, perdónenme, perdóname hermano!

Jessenia se había marchado sin saber que mató a la persona equivocada. Mató a un ser muy parecido físicamente al ser que la enamoró. Era el hermano menor de Javier. Muy parecido, según pude notar en la foto, a “sus ojos universo”. El que ahora, en la sala de su casa, sufría lo que puede llamarse las consecuencias de haber jugado con los sentimientos de un sincero amor. Para un usuario de drogas también el tiempo es relativo. Mató al Javier que ella recordaba a pesar de que ya habían pasado años. Ruleta rusa es la vida, tan sólo no sabemos si el revólver explotará en nuestras manos, se disparará apuntándonos o apuntando a algún inocente...

martes, julio 10, 2007

Asombran los denuedos

 Por Angelo Negrón
La vio por enésima vez en la parada de guaguas frente a la panadería. Arrojó media libra de pan mordisqueado al zafacón y se prometió rebajar las sesenta libras de más que le aquejan con el fin de conquistarla. Su sombra admiró la belleza de la mujer y maldijo por primera vez la determinación de su dueño. Salio huyendo. No se detuvo hasta percatarse de que no la encontrarían.
Se recostó cansada de un árbol. Fatigada tardó en percatarse de que la sombra realenga de un perro le orinaba el pie derecho. La suerte seguía abandonándola y tuvo la sensación de que el sol no debió salir esa mañana. Volvió a maldecir a su amo, pero estimó lo que la soledad le haría a su vida.
Amaba a su dueño. Decidida regresó a la panadería. Buscó en el bote de basura la media libra de pan. Le añadió queso, jamón y mayonesa. Sonriendo salió parsimoniosa a encontrar y convencer a su otra parte de no cambiar planes sedentarios por las provocativas curvas de una desconocida.

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Hace un año y unos días que Ana María Fuster (a quien admiro, respeto y agradezco) publicó esta historia que escribí para su iniciativa "Desde la ciudad de las sombras 2" . La publico acá junto con los comentarios dejados allá para… ustedes ya lo saben; alimentar mi ego.
9 comentarios
Madam dijo...

¡Genial Angelo! Eres un excelente narrador, tanto los relatos cortos como los largos. Me identifiqué con esta sombra. Malditas dietas grrrr. Hay que vivir y gozar. Gracias Anita por los [a]sombrados que publicas.
6:08 PM

El Navegante dijo...
Angelo , una enorme creatividad e imaginación, tiñen tu relato. Felicitaciones, ya iré a navegar por tu puerto, será un placer. Un gusto compartir este hermoso evento contigo.
6:31 PM

Yiara Sofía dijo...
Interesante juego de personajes...vida de perro y aún así con dietas! Un placer leer a Angelo...dan deseos de leer más!
7:52 PM

Xavier Valcárcel dijo...
Genial!!!!!!!!!! me ha gustao mucho esto. Saludos desde acá.
8:44 PM

Miguel A. Ayala dijo...
Angelo me gusto mucho el relato. Me gustó mucho más la idea de una sombra revelde. Que tengas buen día, gracias por compartir, Miguel.
11:23 PM

Ana María Fuster dijo...
Madam, ay siempre me haces reír hasta en los días que me siento nublada... un abrazote. Angelo, gracias por tu colaboración. Les aviso que si entran al blog de Angelo pueden leer su apasionante narrativa. Un abrazo a todos, el debate es importante, Salud!!!!!!
Es cierto Navengante, estoy muy ilusionada con este mundo de las sombras que ustedes me están brindando... Ni un exorcismo nos libera.... ¿para qué liberarnos? Yiara, ahora te toca... tu sensibilidad es inmensa. Xavier gracias por tu visita!!! Miguel, gracias por tus palabras para Angelo... Sí su narrativa es muy original.
10:25 AM

Anónimo dijo...
Angelo Negrón es uno de los narradores más emblemáticosque se ha desarrollado fuera de la academia en Puerto Rico y que con el paso de los años ha ido desarrollando un corpus narrativo de calidad y gran valía parael País. En la primera serie de Taller literario, cuentos como Vendo una rosa, La niña en el columpio, e Interpretacióndistraída fueron de los más comentados. Para muestra, esta pieza que Ana María Fuster nos obsequia en Bocetos de una ciudad silente. Esperamos que cuando Negrón lo crea convenientepodamos disponer en elmercado de algunas de sus colecciones de cuentos, o en su lugar de una antología. Carlos Esteban Cana
7:11 PM

Angelo Negrón dijo...
Madam: La sombra sigue persiguiéndome para convencerme de una rigurosa dieta. Como sabes no ha logrado ni mucho ni poco. Creo que debe rendirse, pero no se lo digo directamente para no crearle más complejos. Gracias por tus palabras.

Navegante: Gracias por la visita. Y gracias por los boletos de abordaje a ese barco suyo lleno de sentimientos y buenas letras. Prometo ser un buen grumete.

Yiara Sofía: Créeme: Toda dieta, si no se desea, es una vida de perros. En estos casos en donde se odia las dietas (Al punto en que como Madam digo Grrr ) media libra de pan con mayonesa, queso y jamón son el mejor amigo del hombre. Para mi también a sido un placer leerte, llevo tiempo visitando Sinapsis y alimentando mis neuronas.

Xavier: Gracias por tu comentario. Saludos.

Miguel: Si,esta sombra rebelde, hace caso cuando le conviene. Me alegra que te haya gustado y gracias a ti por compartir tu opinión.

Carlos Esteban; ¡Un abrazo! Como siempre logras que este ego mío, para nada pequeño, se sienta en los cielos. ¡Muchas gracias!

Ana Maria: ¡Muchas gracias a ti por permitir exponer mis letras en tu casa! Es un verdadero honor visitarte y sobre todo en este junte de letras.
11:39 AM

Yolanda Arroyo Pizarro dijo...
Buenísimo, don Angelo. Gusto en leerle de nuevo.
1:20 PM



domingo, junio 10, 2007

Asesina

Por Angelo Negrón

— ¿Porqué me miras de esa forma? — gritó malhumorada mientras la miraba con igual repudio.

La sonrisa burlona no se hizo esperar. El sarcasmo las inundó a ambas. Empeñadas en ofenderse la sarta de palabras soeces inundó el cuarto. Primero prometió vengarse de las ofensas recibidas, luego la acusó de egoísta y desconsiderada.

— ¡Te traje una sorpresa! — contestó a los insultos con más ímpetu y mientras empuñaba una cuchilla.

—Ni a ti, ni a la madre que te parió le tengo miedo — señaló con voz retadora.

Con el puñal en mano y harta de tantas palabras sin sentido lo hundió en la barriga de su rival. Al ver que aún permanecía viva; decidió hundírselo en el corazón. Una enfermera la encontró en plena discusión, pero no llegó a tiempo para quitarle el cuchillo y salvarla. La fuerza y rapidez con que enterró la navaja lograron lo que perseguía. La sangre salió a borbotones y trató de aferrarse a la pared. Únicamente consiguió manchar de rojo un espejo empotrado en la pared. Escuchó en las ultimas palabras de su enemiga la promesa de volver del infierno para odiarla más aún. La enfermera se acercó con cuidado de no mancharse los zapatos blancos con sangre y le tomó el pulso a la perjudicada.

— ¡Esta muerta! — pensó mientras salía de la habitación. Buscó al medico de turno para darle aviso de lo ocurrido.

— Doctor; la paciente del uno-siete-uno esta muerta. Acaba de enterrarse un puñal en el pecho.

— ¿ Cómo? ¿Quién la soltó de la cama? Ordené que estuviese amarrada todo el tiempo ¿No le dieron la dosis que le prescribí esta mañana? — preguntó mientras buscaba entre los “records”. Encontró la minuta y caminó hacia la habitación seguido de varias enfermeras y del jefe de seguridad. Al abrir la puerta encontró el cadáver ensangrentado. La escena era impresionante. El cabo y parte de la navaja del cuchillo sobresalían a la altura del pecho.

— ¡ Ahora si que nos jodimos! ¿Cómo le explican a los familiares y a la corte que una paciente esquizofrénica que padecía de personalidades múltiples y desdoblamiento consiguió un puñal? — gritó mientras meditaba lo que representaba una demanda por impericia medica — ¿Cómo llegó esa navaja hasta aquí? ¡Alguien conteste!
— ¡Puñeta! Está vez la jodí — pensó el guardia de seguridad cuando se llevó la mano a la baqueta en su cinto y no encontró su cuchilla — No me di cuenta que me robó la navaja. Esa cuchilla debe tener mis huellas dactilares. Además; Cuando le hagan la autopsia y le encuentren rastros de semen me cagué en mi madre...

lunes, mayo 21, 2007

Tentación

Por Angelo Negrón

Lo ajustado del pantalón femenino lo hacía sentirse subyugado. Se reconocía perdido en la excitación que le provocaba el sólo pensamiento de ser poseído. Media hora antes ella lo había observado de forma seductora y le dijo por lo bajo que se preparara para darle placer, así que, trataba por todos los medios de desenvolverse y tener el poder de arrimarse a la boca femenina. No hizo otra cosa que pensar en la promesa recibida y casi piensa en voz alta cuando comenzó a calentarse y fundirse en lujuria.

— Te desvestiré. Luego de probarte, calmaré mi hambre de ti haciendo que desates todo tu interior en mí — la escuchó decir vibrando de emoción.

Si me lo permitieras, yo mismo me desvestiría para ti — le dijo a ella que parecía ignorarlo al percibir que lo tenía en un bolsillo y que haría de él lo que quisiera — ¡Anda, pruébame ya! — prosiguió — Me muero porque tu lengua juegue conmigo y me lleve al éxtasis de derramarme en tus carnosos labios tal como te gusta.

Subieron juntos las escaleras de la casa y entraron apresuradamente a la habitación donde ambos cumplieron sus deseos. Ella lo desnudó lentamente y lo miró con pasión. Él se dejó desnudar y la contempló con amor. Luego de varias miradas, interrumpidas por tomar la precaución de colocar el cerrojo a la puerta del dormitorio, observó como ella se recostó en la cama dispuesta a probarlo. Jamás había gozado de tanto placer y aquella boca, la primera que se atrevía a complacerlo, era genial. Emitió gemidos casi audibles y hasta contuvo las ganas de vaciarse antes de que se le pidiera. El incesante movimiento de la salivosa lengua lo había reducido a ser esclavo del frenesí y no pudo más. Explotó dentro de la boca desembocando cada gota del elixir mágico con la dicha sin igual de sentirse amado. Fue probado hasta el fin por aquella niña de once años que gustaba saborear, a escondidas de sus padres, un bombón relleno de licor antes de irse a la cama.

viernes, abril 06, 2007

Truco

Por Angelo Negrón

Mi abuelo fue el mejor mago de la comarca. Famoso por su habilidad de lograr la mayor de las sorpresas con su ilusionismo. El recuerdo de la primera vez que me llevó a una actividad de la sociedad de magos sigue muy vivo en mí. Contaba yo con siete años y esa fue la puerta que abrió mi curiosidad, además de las ganas, de seguir sus pasos.

Todos esos magos exhibían con orgullo sus asombrosas habilidades. Mi abuelo, estoy seguro, los dejaba a todos sorprendidos. Cada año, según me dijo mi padre, que ese día estaba a mi lado, lograba dejar a todos boquiabiertos. Era como si ellos se transformaran en simples espectadores a quienes mi abuelo hipnotizaba con su prestidigitación. Mis trucos preferidos, aunque no eran los más sorprendentes, eran uno en el que hacia desaparecer una paloma y la traía de vuelta convertida en una gallina con polluelos y otro en el que parecía desvanecer a mi madre para, casi al instante, hacerla reaparecer dentro de un baúl.

Luego de la función me llevó consigo tras bastidores. Después de un abrazo que casi me rompe las costillas y hacer esperar a los reporteros, pues según le dijo a su representante estaba en una reunión más importante en ese instante, me preguntó si había disfrutado del espectáculo. Esa fue la primera de miles de veces en que me acomodaba a su lado para escuchar sus sabios consejos sobre la vida, el ilusionismo y la magia. Yo sería, me dijo en más de una ocasión, lo que mi padre nunca quiso ser: un mago.

A lo largo de muchos años me explicó todos sus secretos. Hice mis primeros intentos en la marquesina de mi casa, cuando apenas tenía mis ocho, los vecinos no cesaban de aplaudir asombrados. Yo estaba tan orgulloso de lograr imitar al abuelo. Con el tiempo agudicé mis sentidos y mis logros en la magia me hicieron ingresar de lleno al mundo del espectáculo. Invité a mi abuelo a la actividad en donde, por vez primera, yo sería la atracción principal. Llevé todos los trucos que él me enseñó y en adición varios nuevos que había desarrollado yo mismo para impresionar a mi abuelo.

Esa noche estaba todo listo. Lograría por fin agradecerle sus enseñanzas en público. El local estaba repleto. Me asomé por una pequeña abertura del telón para buscar la mirada de mi abuelo. Su butaca estaba vacía. Atrasé lo más que pude el comienzo. Logré que el grupo de apertura del espectáculo, unos payasos muy cómicos, accediera a estar más tiempo deleitando al público. Pero, no pude esperar más; ofrecí mi espectáculo. Obvie los trucos destinados a mi abuelo para presentárselos en otra ocasión.

Esa fecha nunca llegó. Mi abuelo murió esa noche. Desapareció y aún espero que haga el otro truco que tantas veces me enseñó; el truco de reaparecer.

sábado, marzo 31, 2007

¿Qué nos pasa Puerto Rico?

Por: Ángel Parrilla
En la campaña publicitaria, que lleva por lema la interrogante: ¿Qué nos pasa Puerto Rico?, se intentó colocar al pueblo en la silla de los acusados, sin abogados y listos para ser condenado y ejecutado. Demás está decir que la campaña logró al menos uno de sus objetivos, estar en la mente de toda la gente. Por donde quiera se escucha decir, sarcásticamente por supuesto, ¿Qué nos pasa Puerto Rico? Se convirtió en un sello para identificar los errores, idioteces, descuidos o actos ignorantes de toda persona. Hace unos días se me quedaron las llaves dentro de mi auto, obviamente no podía ni siquiera abrirlo, y la respuesta de muchas personas al comentarle yo lo sucedido era: ¿Qué nos pasa Puerto Rico?

Esta campaña de publicidad se enfocó en acusar, juzgar y sentenciar al pueblo como el único responsable de las realidades sociales que vivimos hoy día, y como el único llamado a “recuperar los valores perdidos”. Todo esto sin considerar que nuestro país esta en la catástasis de su historia.

Todos los procesos históricos, políticos y económicos han actuado, aunque parezca lo contrario, porque hay quien dice que estamos a la vanguardia de todos y de todas las republicas existentes en el área geográfica más cercana, en detrimento de nuestra sociedad.

Dos invasiones, dos colonias, (española y americana), convertidos en bastión militar, laboratorio de pruebas con radiación, persecución y asesinatos políticos, mantenidos con transferencias por conveniencias, generaciones reprimidas con baja autoestima nacional, corrupción, desgobierno, explotación de la clase trabajadora, educación para la mediocridad, gobierno paternalista, creador de expertos en nada, capitalismo desenfrenado, endiosando el dinero, porque vale más el verde del billete que el verdor de la naturaleza, políticos profesionalmente ineptos, religiosos ciegos, sordos y mudos, grandes intereses, interesados en su propio bienestar, representantes de sí mismos. Recibimos influencias transatlánticas, copiamos comportamientos ultramarinos. Y aún así nos preguntan: ¿Qué nos pasa Puerto Rico?

Esta campaña debió decir: ¿Por qué nos pasa Puerto Rico?, y así encaminar al pueblo que acusaron a crear conciencia de sus situación, porque los problemas se resuelven buscando la raíz de estos, y tomando acción, no se resuelven filosofando con una retórica sentimental.

¿Por qué nos pasa Puerto Rico? Por todo lo antes mencionado y por todos los eventos, acciones, violaciones y atropellos que se quedaron, pero que han ido socavando nuestra idiosincrasia, nuestra identidad y nuestra cultura. No debemos sentirnos culpables. Solo la culpa será nuestra si no hacemos que algo en realidad pase.

***
Ángel Parrilla López: Especialista en Recursos Humanos. Graduado de la American University of Puerto Rico. Actualmente cursa estudios graduados en Administración de Empresas en la Universidad Central de Bayamón. Su filosofía de vida se traduce en un amor continuo al conocimiento. En sus propias palabras: "Entiendo que debo conocer la historia para entender el presente y construir para el futuro. Como dice el antiguo axioma: el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla".

jueves, marzo 15, 2007

El Cáliz de la nueva literatura Puertorriqueña (Parte II)



Yolanda Arroyo tuvo la gentileza de regalarme este ratito en su espacio. Mismo que reproduzco junto a los comentarios que algunos de sus asiduos me obsequiaron en esa ocasión. A Yolanda, a ellos y a ustedes; ¡Muchas gracias!

Serie de opiniones sobre el Arte de escribir
Por Yolanda Arroyo Pizarro
Publicado en Boreales el sábado 25 de noviembre de 2006 a las 6:08 PM


Al Nóbel de Literatura, Orhan Pamuk, le han preguntado “¿Por qué escribes?”
Contesta él, que más bien, la pregunta debe ir por aquello de “para quién se escribe”, y añade:

“Los lectores de literatura de hoy esperan el nuevo libro de García Márquez, de J. M. Coetzee o de Paul Auster del mismo modo que sus predecesores esperaban la nueva novela de Dickens -como si fuesen las noticias de última hora. La lectoría mundial de novelistas literarios como éstos es mucho mayor que la lectoría que sus libros pueden alcanzar en sus países de origen. Los escritores escriben para su lector ideal, para sus seres queridos, para ellos mismos o para nadie. Todo esto es cierto. Pero es igualmente cierto que los escritores de literatura de hoy, también escriben para aquellos que los leen.”

A mis colegas escribientes les he hecho preguntas similares. En el caso de hoy, el gran Angelo Negrón, escritor publicado en la revista y colectivo Taller Literario, y poseedor de varios libros ineditos, ha contestado para mi insistente curiosidad esas tres preguntas que llevo haciéndole a mi grupo de literatos favoritos.

Las tres preguntas son:
1. ¿Por qué escribes?
2. ¿Qué papel juega la imaginación en la tarea y en la vida de un escritor?
3. ¿Se le pueden agotar los temas a un escritor?

Estas son las respuestas que muy amablemente don Angelo nos ha ofrecido:

1. ¿Por qué escribes?

Escribo porque si, porque me da la gana. Porque desde niño esa fue la manera que encontré de fugarme a un mundo mío donde no estaba el verdadero yo. Cuando voy juntando palabras con la única manía de llevarlas a un final, casi siempre predeterminado, los orgasmos de esta psicosis son tales que tengo que detenerme a disfrutar lo placentero que es leerme a mi mismo en la simbiótica forma de un desconocido. Que conste; no hablo desde mi forma ego centrista, (que si existe de forma sobresaliente y desarrollada en mí), esta vez platico desde la realidad que me acomete cada vez que al pasar los días leo algo que escribí y me pregunto quien era yo cuando junté tales palabras. Y es que escribir me aliviana el ser, me trastoca el alma enviándola a pasear con seres que desean ser tan protagonistas como yo de alguna hoja en blanco.

Algunos dicen que escribo bien, otros que me falta academia; a todos les digo que en el momento en que estoy frente a frente con una idea me abalanzo sobre ella. A veces la tomo por el cuello y la estrujo hasta matarla, otras, las más, las acaricio y les hago el amor con dulzura. En ambas ocasiones simplemente nace lo que tengo que decir y decirme. Tal como he descrito más de una vez:“De seguro en el zafacón de los grandes escritores está la mitad de su obra más prodigiosa pues, aunque les salió del corazón, no era lo que dictaba el editor o lo que exigía, según ellos, su público lector. En mis líneas no existe nada estilizado. En realidad las palabras que tengo que decir salen del alma y las plasmo tal como son: sueños, pesadillas y desgracias. Que me perdonen pues los eruditos en las letras, los sabios en literatura; es que tal como me nombró alguna vez mi gran amigo y escritor Antonio Aguado Charneco; yo sólo soy un adicto de la palabra escrita...

”Si. Eso lo resume. Soy un tecato de la palabra escrita y ese es un vicio del que no quiero salir.

2. ¿Qué papel juega la imaginación en la tarea y en la vida de un escritor?

Algunos le llamamos musa, otros le decimos lado creativo, pero todos titulamos imaginación a la parte trascendental que en un sinnúmero de explosiones dieron vuelta al tornillo, o a la tuerca, para lograr de forma frenética crear el microcosmos que representa juntar palabras para contar o expresar algo. Siempre he dicho que todos tenemos la capacidad de escribir la diferencia esta en querer hacerlo. Un ejemplo de esto es el siguiente: dos personas ven caerse un vaso de cristal al suelo. Uno lo vera hacerse añicos y seguirá su camino sin inmutarse. Otro en cambio, tratara de describir las vueltas que dio el vaso antes de caer. El sonido al hacerse añicos y la historia detrás de la persona que lo dejó caer, de la persona que recogió los pedazos o de algún presente que contempló la escena. Algo así como cortarse un dedo y que la sangre le traiga recuerdos al protagonista de la historia de aquella puñalada que recibió, que dio en el pasado o (en términos más idílicos) la vez que lloró lágrimas de sangre por un desamor. En fin, miles de historias podría salir de un suceso fortuito; todo dependerá de nuestras ganas de escribir y de utilizar nuestra imaginación como nos plazca. La imaginación es infinita; no sólo para quien escribe sino también para quien lee.

3. ¿Se le pueden agotar los temas a un escritor? ¿Por qué?

Definitivamente NO se agotan los temas. Muchas veces podemos apasionarnos por alguno, es algo que me ha pasado y me seguirá pasando. Mi primer pensamiento cuando me sucede tal cosa es: No escribiré eso, ya he garabateado sobre el tema. Pero pasan minutos, horas o días y ese final que da vueltas en mi cerebro se siente incompleto. Quiere tener cuerpo, alma y lector.

Si; algún leyente que descifre la maraña de ideas, que las sienta inconclusas para que les de su propio sabor al asunto. Y dejo de pensar en ellos, en los lectores, y pienso en mí porque pueden ser tantos leyentes, o tan pocos, que ese tema redundante en mí será para ellos, tal vez, uno singular. Con la fotografía me pasa exactamente igual; me lleva a lugares similares a los que me llevan las letras. Cuando pulso el botón de la cámara, tal como cuando escribo o leo, se paraliza un instante de mi vida, pero se nacen escenas interminables.

Angelo Negrón ha sido lo suficientemente amable como para cederme parte de su trabajo. Aquí reproduzco el escrito Amanecer en ti, publicado originalmente en su blog Confesiones. Que lo disfruten.


Ver la primera parte de esta serie aquí.


3 comments

Pienso que el que tiene vocacion para hacer algo...escribir...no le pesa hacerlo. Algunos tienen talento, pero no vocacion. Esto ocurre en todos las profesiones o actividades que como humanos hacemos. Escribir es una accion prominente de la imaginacion, de ideas. Algunos tenemos muchas ideas,pero no sabemos como ejecutar. Escribir le da ejecucion a las ideas, a la imaginacion. Admiro los seres que tienen talento y voluntad para compatir con los demas sentimientos, imaginacion, ideas, creatividad y suenos. Bendigo las manos que son duenas de la accion de escribir y la mente prodigiosa con la que se entrelazan y se juntan las pocas palabras que conocemos.Felicito a Yolanda por ser tan asertiva con el ejercicio de las tres preguntas.Felicito a Angelo por dejarnos conocer su corazon a traves de sus escritos. Por permitirnos saborear su imaginacion infinita y la dulzura que tienen sus palabras cuando las acomoda todas juntas. Un hombre que da desde lo mas profundo de su corazon/imaginacion, sin esperar nada a cambio...como en las santas escrituras. Seamos pilares, dejemos simientos fuertemente levantados para que nuestras futuras generaciones no se pierdan en el juego electronico de una vida sin literatura.Hasta pronto amigos.
Posted by Anonymous noviembre 26, 2006 10:26 PM

Yo tambien me uno a las felicitaciones. Es importante el fomento de estos asuntos.
Posted by De Mexico noviembre 27, 2006 9:03 AM

A veces me creo en un mundo paralelo donde sólo se lee publicidad, el precio en el súper. Pero oh tecatería de la palabra, cuántos destellos en tu nombre!Me encantaron las respuestas. Escriban, escriban, vivan y entreguen sus mundos! Cada cual en lo que ama y es reflejo genuino de sí. Es su petróleo, su oro y su agua, pero ante todo nuestra esperanza.Alegrías del alma!
Posted by Ana noviembre 28, 2006 10:17 PM

domingo, marzo 11, 2007

El Libro De Las Sombras

Por Angelo Negrón


Un espacio repleto de Sombras, Personas, Poesía y Buena Vibra. La presentación de El Libro De Las Sombras de Ana María Fuster Lavín fue plenitud deseada ante las letras. Esta velada fue exquisita. Máximos exponentes del quehacer puertorriqueño regalando de si lo que saben hacer con palabras. A todos ellos; Gracias.











viernes, marzo 02, 2007

Comunicado de Prensa

Isla Negra editoresles invita a la presentación del poemario

El libro de las sombrasde la escritora puertorriqueña

Ana María Fuster Lavín

Presentación y brindis por las poetas
Leticia Ruiz Rosado y
Mairym Cruz-Bernall


Recital Entre versos y sombras por los poetas

Mayda I. Colón, Abdiel Echevarría, Angel Matos,
Amarilis Tavárez , Vicente Rodríguez Nietzsche
Iva Yates y Ana María Fuster

Moderador Carlos Esteban Cana

Sábado, 10 de marzo de 2007
en el Chateau Rouge (la cava de Tito Colorado)
Ave. Muñoz Rivera #994 Río Piedras, Puerto Rico
6:00 pm

Habrá venta de libros, un vino de brindis, magia y sombras…

* “El libro de las sombras (Isla Negra editores, 2006) de Ana María Fuster Lavín nos inserta tras su auténtico nocturno, dentro de la vía mítica precisamente por su profunda humanidad y mirada. …descubre el misterio de la eternidad en la palabra. Ella se conoce y conoce. Lúdica y provocativamente recorre un thriller fantástico y alucinante del andamiaje sensual a través del tiempo.” Leticia Ruiz Rosado, poeta y editora puertorriqueña

* "Holly Morris, la editora estadounidense afirmaba que sentía “una perversa atracción por el hecho de no saber qué pasará a continuación”, tal es la sensación que deja flotando la lectura de estos poemas, como una nota sostenida en el aire, un clima extraño que precede a toda revelación. Habla el cuerpo y el corazón se reconoce, pero en ningún momento se da la evidencia de la sombra, el miedo al olvido es sólo tributo al Dios de un tiempo perverso al que invita y hace suyo." Uberto Stabile, poeta y editor español
* Ana María Fuster, editora y correctora puertorriqueña, es autora de los libros de cuentos Verdades caprichosas y Réquiem.
Presentación sábado 10 de marzo de 2007, a las 6:00pm en el Chateau Rouge
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Información-
amfuster@prtc.net, 787-307-4066 http://bocetosdeselene.blogspot.com
Chateau Rouge- 787- 649-9427
El libro de las sombras disponible en librerías y http://www.islanegra.com/
teléfono Isla Negra 787-763-0178

miércoles, febrero 14, 2007

Renuncia

Por Angelo Negrón
A quien pueda interesar:

Sirva la presente para informarle que efectivo hoy, 14 de febrero de 1995, someto mi renuncia al cargo que se me impuso y en el cual me he desempeñado por los últimos años. Mi renuncia se debe a que ya estoy cansado de mi labor. Siempre he tenido que actuar en pro de nuestros devotos creyentes y compañeros. Nunca he logrado beneficio alguno para mi persona, además del dinero, tengo otras necesidades pues lo que ustedes llaman espiritualidad es algo que estoy muy lejos de comprender.

Adelantándome al hecho de que se opondrán a mi irrevocable renuncia me he permitido enumerarles algunas otras razones:

1. Debe estar claro que no se trata de mis honorarios. La verdad es que no necesito dinero. Como ustedes saben mi padre me dejó una cuantiosa herencia; gracias a ello puedo retirarme aún joven y pasar el resto de mi vida tranquilo.

2. No he de negar que he titubeado antes de renunciar porque siempre he mantenido buena relación con todos, y aunque no es la razón principal, el agotamiento físico y también el espiritual me tienen obsesionado con un largo descanso.

3. Debo mencionar que la prohibición de ustedes de enamorarme me tiene hasta el copete. Yo también tengo derecho a sentir amor. Lo he pensado y sufrido tantas veces.

4. Nuestros fervorosos creyentes desaparecen de mi vista cada vez que les bendigo su relación. Tienden a amarse y yo permanezco aquí teniendo sueños mojados y eyaculaciones incompletas al no tener la carnalidad de una mujer en mi lecho. Me quedo a imaginarme la forma en que se divierten amándose y practicando todo lo que nosotros no podemos por culpa de un estúpido voto de castidad y obediencia.

5. Nunca creí en la castidad. Sólo soporté ante una filosofía platónica que lo que logró fue drenarme y derrumbó mis propias barreras inútiles.

6. No entiendo que les pasa, si el sexo se complementa con el amor y viceversa ¿por qué yo no puedo disfrutar de ambos?

7. Me enamoré, ya le declaré mi amor y a pesar de que mi físico y mi estatura no son las más convenientes, dijo que si, que estaba dispuesta a compartir su vida conmigo.

8. No existe vuelta atrás. Ya la hice mía y saboreé cada centímetro de su piel. Fui suyo y me enseñó el camino a la lujuria. Deposité en su cuerpo toda mi esperanza de días felices y noches ardientes. La abracé contra mi pecho y los latidos de mi corazón fueron sincronizándose con los de ella. El ritmo en que nos amamos sólo es comparable al terremoto y a la calma, al huracán y al viento sutil o al golpe de las olas contra la costa y a la tranquilidad del mar cuando descansa.

9. ¡No entiendo la razón por la que ustedes pretenden que no tengamos experiencias así! ¡Es delicioso! Máxime cuando uno deja que la locura del amor guíe las caricias y no existan prohibiciones que impidan a dos cuerpos entremezclarse y saborearse de forma candente e ilimitada.

10. Ella sufría de soledad como yo, así que es valida nuestra relación. La encontré con las mismas necesidades; físicas y espirituales. ¡Si la vieran desnuda, es despampanante! Pero no la verán, pues ella es sólo mía y me encargaré de hacerla muy feliz.

11. Este día ha sido sensacional y aunque me condenen o muera hoy, no cambiaria mi vida entera por esta mañana en que la conocí en cuerpo y alma. Calmando mi sed, disfrutándomela hasta el rendimiento y renaciendo del cansancio para poseerla como ave fénix con el calor de mil infiernos y con la ternura de mil paraísos.

Por lo tanto si deciden continuar con la plaza no cuenten conmigo para adiestrar a alguien más. ¡Que haga lo que hice yo! Que aprenda solo. Y no se les ocurra pedirme más tiempo pues no lo tengo. Me iré para las Bahamas y luego a donde ella ordene. No mentiré diciendo que los extrañaré así que sin más que agregar, me despido.

Atentamente:

Cupido

PS: Dejé las pequeñas alas, el arco, las flechas y la estúpida cinta roja con la secretaria de recepción. Deberían entregárselos a San Valentín, después de todo, siempre envidió mi puesto.

¡Ah! Y no se les ocurra insinuar que tuve amoríos en horas laborables o que esta no es la primera vez. Me enamoré apenas esta mañana. Ella fue la enfermera que atendió y curó la profunda herida que yo mismo me provoqué con una de las flechas.

jueves, enero 25, 2007

Interpretación distraída

Por Angelo Negrón

El museo abrió sus puertas. Presentaba las obras de un famoso pintor cuyo país de origen había sido cuna de grandes artistas del pincel y el óleo. Por su genialidad pictórica y la forma de trazar o combinar colores había merecido por sobrenombre "El mago”. Las personas que asistieron fueron conducidas por el guía del museo a lo largo de un pasillo que terminó en un salón espacioso. En las paredes estaban expuestos más de veinte cuadros enmarcados. El guía, alzando la voz, dijo:

—La sala Salvador Dalí del Museo Nacional se complace en presentar las obras del pintor Frederick Halston que pronto estará con nosotros. Este gran acontecimiento será transmitido a todo el país a través del canal cincuenta y ocho.

Palabras de elogio, brotaban del público, referentes a las pinturas, mientras el guía se esmeraba en ofrecer datos de la obra y vida del autor. Contempladas todas las obras expuestas los presentes pasaron al salón de conferencias. Cuatro críticos de arte esperaban para develar, según explicó el guía, la más reciente creación “Halstoniana” y dictar juicio sobre la misma. En una pequeña tarima el guía presentó a los cuatro críticos. Recibieron el aplauso del público. Sobrevino el silencio, y dijo muy ansioso el guía:

—El Señor Halston ha tenido un percance. LLegará en un rato. Me ha pedido que, de todos modos, prosigamos con la actividad. Damas y Caballeros; el momento de oro llegó. Veamos la nueva obra de este célebre pintor surrealista— dijo el guia mientras hacia señas a otro empleado del museo. El telón rojo que cubría la pared a sus espaldas subió, dejando ver una pintura a la que le habían puesto debajo del cuadro, en letras doradas, el titulo que le diera el pintor: “Belleza distraída”.

Hubo varios segundos de expectación hasta que los cuatro críticos comenzaron a aplaudir desmesuradamente. El público copió su acción, pero aún trataban de entender lo que contemplaban. Con pedantesca voz, el primero de los críticos se preocupó por ensalzar los colores.

—He aquí la mejor combinación de colores que ilustra lo que es la belleza-y señaló, de arriba hacia abajo, con su mano derecha el cuadro- el arco iris se hace presente en esta parte, sobre una alta montaña. Esto es la belleza, y aquí los valores personales que imprime Halston, llegan, comparándola con otros, a su máxima culminación. En medio de aplausos, concluyó.

El siguiente critico, despertó algunas risas en el Auditorio -tal vez- por su vestimenta o por su larga y extraña barba. Este aceptó la importancia de la montaña y el arco iris, pero apuntó que la verdadera concepción de la belleza estaba en las manos que se extendían por encima de esos dos elementos:

—Vemos como el autor desea resaltar al Supremo Creador. En esta obra, el equilibrio de la naturaleza es muestra clave del espectáculo maravilloso que Federick nos brinda.

Volvieron a suceder los aplausos. El tercero de los críticos, huraño a ser captado por las cámaras del canal de televisión, ofreció una breve ponencia. Enumeró todos los elementos que sus colegas habían mencionado, pero -casi gritando- manifestó en lo que difería:

— Lo que a plasmado el señor Halston, más que equilibrio es concordancia. Eso explica la presencia de estos ojos observando los elementos naturales y sobrenaturales que mis colegas han mencionado. Con los que, definitivamente, estoy de acuerdo. La humanidad se hace evidente como algo más que un simple espectador. Gracias, ¿alguna pregunta?

Nadie hizo preguntas. Sonriendo regresó a su lugar correspondiente. Nacieron los aplausos. Esta vez fueron más fuertes. El último de los especialistas, un anciano, tomó la palabra. Como si impartiera cátedra comenzó a hablar sobre el surrealismo. Los antecedentes, su desarrollo y sus máximos exponentes: Miró, Dalí, Ernst, Chirico y Tanguy. Dijo que a esa impresionante lista había que añadirle el nombre del mejor de sus estudiantes: Frederick Halston y mencionó las virtudes del pintor. Sobre la obra, apuntó:

—Sí. Como dijeron mis colegas. Frederick ha querido resaltar esa serie de elementos. ¡Sorprendente! Aquí hay un detalle que no se puede distinguir a simple vista. Es un caballo, al parecer muerto. Conociendo desde la niñez al pintor recuerdo que tuvo un potro al que quiso mucho. Murió en un rió crecido por las lluvias torrenciales de una tormenta. Por eso, estoy seguro, deseó dejar grabado ese suceso de su vida en la pintura que hoy admiramos. Sentimentalismo y diversidad de elementos hacen y conforman el pensamiento de un genio.

Llegó a toda prisa el señor Halston. El guía advirtiendo su llegada, invitó al público a ponerse de pie para rendirle una calurosa ovación al artista surrealista más original del mundo, según dijo.

— Excúsenme. Vengo de Europa. Mi vuelo se atrasó y el tráfico es de locos. Ya estoy aquí, donde deseo estar; con ustedes. ¿Qué les ha parecido mi creación?

El público respondió con aplausos. El guía se acercó al pintor Halston y le susurró que los críticos, incluyendo a su maestro, ya habían emitido su juicio de aprobación y elogios sobre la obra de arte, por lo que Halston siguió conversando con el público, y luego se dirigió a los críticos:

— Estoy sinceramente complacido de ustedes, apreciados colegas. Gracias por compartir conmigo este logro. En cuanto a la pintura, me inspiré en mi madre. Para ser exacto, este es su retrato.

El público lo miraba extrañado. Se escucharon murmullos de todas partes. El pintor miró el cuadro; boquiabierto y azorado se dirigió al guía:

— ¡Que desfachatez, han puesto el cuadro mal!

El murmullo se convirtió en alboroto. El artista colocó con la ayuda del guía el cuadro de la forma correcta. Esta vez se podía ver una mujer al estilo surrealista. El supuesto arco iris era un collar. La montaña era la quijada. Manos, si había manos. No eran las de Dios, sino de la madre del pintor al igual que los ojos. El caballo muerto era un prendedor que lucía el traje de la dama.
Los críticos, que habían dado lo mejor de sus intelectos, estaban seriamente avergonzados. El guía por querer remediar la incómoda situación dijo:

— Este artista es grandioso. ¡Pintó dos obras en una sin darse cuenta!

— No se apuren mis amigos- dijo calmado Halston- me comprometo a realizar una copia exacta. Podrán exhibirla como ustedes la han analizado. Eso sí, no se llamará Belleza distraída. La bautizaremos como Interpretación distraída.

Al decirlo no pudo evitar tocarse la frente y lanzar una estridente carcajada. Casi al mismo tiempo y con una expresión de enojo en los rostros, los cuatro críticos de arte miraron a Halston, se pusieron de pie, no dijeron siquiera adiós y se marcharon.

sábado, enero 13, 2007

Poseídos

Por Angelo Negrón



     El frío de aquella oficina, aunque artificial, le trajo recuerdos de la razón por la que había llegado hasta allí y no pudo suprimir una mueca de tristeza. Desesperado, se llevó las manos al cabello y con ademanes de negación prometió que sería la última vez que explicaba los hechos. Los interlocutores lo miraban y se miraban. Aquel cuarto, cuyas paredes tenían más oídos que ninguna otra, era adornado por el clásico espejo que servía para que ojos ocultos también fueran espectadores. El declarante lo reconocía así y no entendía por qué, siendo el testigo clave de la secuela de eventos que aún no culminaba, lo trataban como sospechoso. Le ofrecieron café e incomodo mencionó que no bebería nada que no fuese preparado por él mismo por el resto de su vida. Preguntó el porqué seguían obligándolo a declarar. Ya iban tres veces y tenía conocimiento de que había sido grabado en audio y en video; incluso su firma era protagonista al final de las tres transcripciones que le presentaron. Repitió su promesa de negarse a seguir hablando. Según dijo, no deseaba por nada del mundo tener que repetir lo que ya asumía estaba totalmente claro. Uno de los entrevistadores pulsó sobre las letras rojas que leían “Record” y colocó la grabadora encima de la mesa. El otro, mientras mordisqueaba una dona, preguntó por los sucesos con la insistencia de quien quiere corroborar los hechos o simplemente divertirse con el dolor de alguien más. El deponente se miró en el espejo y notó como iba cambiando su semblante según traía a su memoria las palabras que describían lo que aconteció apenas una semana antes.
     — Esos días con sus noches fueron demasiado extraños. No puedo recordarlo todo pues el terror que me invadió fue descomunal. Temí incluso por mi vida. Aquello fue ese tipo de aventura que deseas olvidar y que, por más que tratas, está en las neuronas más activas de tu lucidez…
     …Tony, Vanessa y Nachi, nuestros anfitriones, nos recibieron en Jayuya, junto a los demás invitados, a un fin de semana cuyos planes eran pasarla entre cuentos, ensayos y poesía. Ninguno de los presentes suponía siquiera que esos tres días marcarían nuestras vidas y sabe Dios si nuestras muertes. Luego de la burocracia, que nos exigió conocer los nombres de los rostros nuevos y presentarnos unos a otros, nos acomodamos en sillas, hamacas o en un piso de madera. Aquellos tablones que pisábamos eran bendecidos por un árbol de pomarrosas, la neblina, poesías, cuentos y las estrellas más fulgurantes que he visto en mi vida. Hacía mucho frío, (como el de este maldito cuarto) ¿Podrían bajarle al aire acondicionado? Si ustedes no pueden hacerlo, pídanlo a quienes estén detrás del espejo yo puedo esperar a que lo bajen y sigo hablando...
     ¿Dónde me quedé? Ah, Nos acomodamos en sillas, hamacas…no, eso ya lo dije, ¿verdad? Me quedé en que estábamos reunidos tertuliando. Bien. Luego de varios chistes con sus respectivas carcajadas, de buen vino y chorizo de cantimpalos a todos nos entró el cansancio por el largo viaje para llegar y nos retiramos a descansar. Tremendas habitaciones o casas de campaña que albergarían a ocho invitados, definitivamente nuestros anfitriones no escatimaron en complacencia.
     Esa primera noche; todos pudieron descansar excepto yo y… perdón; el burro alante ¿no es verdad? Carlos Esteban y yo no pudimos conciliar el sueño. Él; porque de manera extraña espiaba a todos y yo; porque me pareció extraño lo que hacía y comencé a espiarlo a él. Fue muy extraño escucharlo hablar solo y hasta maldecir en susurros. Además de verlo accionar su grabadora una y otra vez, su caminar hacía mucho ruido. A ratos me acostumbraba a sus pasos disimulados y acercamientos a cada casa de campaña con la grabadora y la preocupación de no ser descubierto, pero cada vez que cerraba mis ojos el extraño ruido proveniente de la suela de sus zapatos o del clic de la grabadora llamaban mi atención. Me digno de conocerlo hace tantos años que lo menos que había considerado es que Carlitos es uno de ustedes, una especie de agente encubierto. Bueno, eso lo supuse después, cuando acontecieron otros detalles…
     ¡Que noche aquella! De hecho; la más tranquila. Pude conciliar el sueño unos once minutos antes de que Vanessa encendiera una radio que le servía de despertador. Luego del desayuno Tony nos mostró el paraíso donde “recargaba baterías”. Nos señaló la montaña Puntita, Los Tres Picachos y nos regaló sus vastos conocimientos en lo que al “pueblo del tomate” o “al valle de ensueño”, se refiere. Visitamos un río donde una piedra fue escrita por nuestros ancestros los taínos, fuimos al museo del Cemí y a la casa Canales. Regresamos a la vivienda de nuestros anfitriones. Aquel contacto con la naturaleza, y el compartir con mis colegas, fue excepcional. Y digo fue, porque así era; todo estuvo muy bien hasta el momento en que a Tony le dio con preparar una extraña bebida. Su verdadero sabor, según nos dijo, sería disimulado con el sabor de unas pocas chinas mandarinas que yo alcancé a recoger justo al lado del museo casa Canales. El efecto de aquel brebaje no se hizo esperar. A cada uno le afectó de diferente forma. En este instante me arrepiento de no haberlo consumido, pues estaría igual de demente que todos ellos y no hubiese sufrido de verlos caer en tales consecuencias…
     Los síntomas, como ya dije: variados; comenzaron por afectar al mismo Tony, creo que por ser el primero y el que más la consumió. Apenas una hora después de haberla degustado comenzó a gritar desesperadamente que miráramos hacia los tres picachos en donde aseguraba ver una ola gigante. En cuestión de segundos; su esposa y su hija corrían jalda arriba persiguiendo al ser que aterrorizado gritaba “Mega-Tsunami” “Mega Tsunami”. Todos quedamos sorprendidos y petrificados; no sabíamos que hacer. Nuestros anfitriones gozaban de una velocidad increíble y por más, que algunos trataron de alcanzarlos fue imposible. Ahora que lo pienso debe haber sido el brebaje. Tony debe haber experimentado con la semilla del árbol Cojobaná y lo que les dio a beber fue el polvo sagrado ceremonial de los taínos. Atónito yo miraba a mi esposa. Turbado por Tony y su familia me disponía a decirle que no se preocupara cuando los presentes, incluyéndola, comenzaron a convulsionar. Parecían estar poseídos.
      Lo haré diferente a las primeras tres veces que declaré. Les explicaré los síntomas que alcancé a ver, pero no lo haré en el orden cronológico pues no quiero estar de atrás pa’lante otra vez. De hecho lo resumiré. Si. Lo haré de tal manera que transcribirlo sea fácil. En verdad deseo que esclarezcan este caso y me dejen de mirar como si yo fuese el culpable de todo. Quiero encontrarlos a todos y ayudarles. Deseo irme a casa; con mi familia…
     Disculpen las lágrimas, pero fue atroz. Amilcar fue poseído por algún espíritu extraño. Comenzó a arrancar papeles de una libreta y a gritar que construiría “un barco de tinta china”. Luego de varios origami, de hecho bien confeccionados, lo vi saltar de alegría mientras exclamaba alabanzas a Mahoma…
     Edgardo se encaramó en el lomo de un caballo y mientras lo agarraba, de manera extraña, por la crin con su pie derecho hacia ademanes de querer encenderlo. Mientras repetía que esa era su Harley Davidson preferida…
     Wanda decía que todo estaba oscuro. Se aferró a una mata de plátano y le llamaba por el nombre de la hija de Tony. Extrañamente cayó en la maleza y comenzó por convocar desesperadamente a un cirujano plástico mientras entonaba una canción en inglés…
Raquel cavaba en el suelo y buscaba, según dijo, la materia necesaria para construir un castillo al que habitasen hadas o mariposas. Después cambió de idea y comenzó a buscar en los alrededores ranas a quienes besar bajo la certeza de que podrían ser Príncipes Azules…
     Isabel, mi esposa, salió corriendo. Buscaba la manera de agarrar los gansos que ya estaban atrapados en un corral cercano con la idea de celebrar el día de acción de gracias en pleno mes de enero…
     Stephanie, mi hija, con tanta agilidad que no pude detenerla se montó en una cabra que gozaba de ubres recrecidas y la vi pasear de un lado a otro del patio…
     Carlos, ¡Ay Carlos! Ese fue el verdadero causante de la desgracia. Estas lágrimas que ven en mi rostro son por su culpa. El brebaje le afectó tanto o más que a Tony. Comenzó por acercarse a la fogata que habíamos encendido gracias a su idea de combatir el frío. Colocando una sabana encima del fuego hizo señales de humo que pedían la intervención de sus colegas agentes. Fue increíble ver su transformación. Se colocó una banda de tela camuflajeada y se pintó su rostro con el hollín de los leños que había encendido para la hoguera. Tres líneas en cada mejilla; líneas distintivas del ejército cuando va a misiones nocturnas o a los indios en pos de guerra. En verdad fue terrible; no sólo sus ojos delirantes y su vestido a la usanza de Rambo, sino también el largo cuchillo que se colocó en el cinto. Las tácticas de combate, aprendidas no sé donde, le sirvieron para, de forma prodigiosa, capturar a cada uno de nosotros, excepto a Tony y a su familia a quien prometió dar captura eventualmente. Nos obligó a amarrarnos unos a otros a los postes que hacían de verja y buscó la cámara de vídeo. Esa cámara es la que tienen que estar buscando; ese video aclara todo lo que sucedió. Pero no, insisten en entrevistarme una y otra vez...
     …¡Claro que pudo con nosotros! Si él hubiese colocado el cuchillo en la garganta de una de sus hijas; ¿Qué hubiesen hecho ustedes? Los demás estaban drogados; en una especie de trance, como quien dice: yo estaba solo. Cada uno de ellos decían palabras sin sentido y Carlos insistía en que nosotros éramos “Litera Diez” una especie de grupo comunista que estaba en contra de su bandera americana. Por más que le expliqué que estábamos “guillaos” de literatos insistía en que aquella reunión sería el segundo Cerro Maravilla… Preguntaba por las armas y los explosivos tercamente y temí por nuestras vidas más que nunca. Pensé en nuestros nombres escritos en grandes letras rojas de algún titular y saqué las fuerzas para soltarme las amarras. 
     Todo ocurrió muy rápido. Inmovilice a Carlos antes de que sacara el cuchillo y lo amarré con fuertes nudos y hasta lo rodeé con las hamacas dejándo espacio sólo para respirar. Él repetía gritando: “Conspiración” mientras yo desamarraba a todos. Ese fue mi error. Al soltarlos se revelaron en mi contra. Fue desesperante. Los salvé y ellos me lo agradecieron vapuleándome. Pensé que fue ese síntoma que sufren los secuestrados que terminan idealizando al secuestrador, pero sé que la droga que les dio Tony era fuerte. 
¡Un verdadero motín! Hasta mi hija trató de atraparme. Tuve que salir corriendo y aprovechar la noche para salvaguardarme. Estuve perdido en la espesura del campo. Comencé a guiarme por la salida del sol para orientarme y caminar hacia el norte. Ese día me alimenté de frutas silvestres. Por la noche, rendido por el cansancio y ante la certeza de que no era seguido me dispuse a dormir. Tony y su familia me encontraron. Estuve a punto de salir huyendo, pero me di cuenta que no tenía escapatoria. Fue una escena extraña adicional. Él me habló en otra lengua con tono amistoso. Cuando percibió que no le entendía me dijo en perfecto español, que lo disculpara, había olvidado que yo no hablaba arawak. Me explicó que estaba en camino a La Cueva del Indio en Arecibo para seguir defendiéndose de los ataques de españoles. Miré a su esposa intranquilo y ella mencionó que no debía preocuparme; su esposo, según explicó, era nada menos que Bajarí Baracutey en persona y se conocía el área a la perfección. ¡Locos! Medité. Tuve temor y mucho recelo en aceptar su invitación a acompañarlos pero, aunque supuse que andar juntos me atrasaría, también deduje que; no sólo tendría posibilidades de llegar a mi destino sino también de sobrevivir. 
     Ellos conocían de alimentos. Toda clase de tubérculos, guanábanas, calabazas, pájaros, loros, iguanas y serpientes fueron parte del menú en esos dos días de viaje. Evitaban la civilización y nos adentrábamos, cada vez más, por linderos difíciles y nada habitados. Cuando noté que los síntomas del brebaje habían causado un daño permanente en ellos lloré como un niño; aquella maldición arropó a mi familia cercana y a mis amigos. Me preguntaba en qué estado se encontraban cuando decidí que debía acelerar el paso y cumplir con mi plan primero; llegar a un cuartel de policía para regresar a buscarlos. 
     Me despedí de mis acompañantes. “No seas buticaco” me dijo seriamente Tony. Aún sin entenderlo le dije adiós agradeciéndole y prometiéndome, en silencio, ayudarlos de igual forma. Debe existir un antídoto para curarlos y ustedes siguen haciéndome repetir confesiones una y otra vez con sus preguntas irrelevantes en lugar de estar buscándolos. ¿Ya buscaron en la loma de Mahoma? Puedo llevarlos. Estuve allí. Insisto; partamos ahora. Podemos encontrar la cámara de video. Puede tenerla Edison, el supuesto profesor. Escuché a Carlos hablando vía teléfono celular con él. Pa’mí que es agente también. ¡Hagan algo! ¡El tiempo corre! ¡Con razón todo el mundo piensa que el sistema es una mierda! Soy ciudadano, tengo derechos… ¡me acusan de algo, me ayudan a encontrarlos o me dejan salir para ver que puedo hacer!
     El interlocutor más alto tomó la grabadora con la parsimonia de quien no ha terminado un largo turno de trabajo y desapareció por la puerta sin decir palabra. El otro, antes de salir, sólo dijo espera aquí. El entrevistado se burló. ¿Donde más podría esperar? El cerrojo de la puerta se encontraba por fuera. Los entrevistadores entraron a la habitación que gozaba de la otra parte del espejo. En ella un grupo de personas hacía turno para abrazar a una mujer de ojos verdes y a su hija que lloraban desesperadamente. Uno de ellos dijo:

     — Doctores, en verdad no nos dimos cuenta cuando preparó y se bebió entera una botella de jugo de china mandarina; mezclada con pitorro y té de hojas de campana…






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Los nombres en esta historia no se han cambiado, obviamente los hechos si.


"Poseídos" nació de un reto que hiciera Carlos Esteban Cana hace un año. En el pueblo de Jayuya, en la casa de campo del también escritor Antonio Aguado Charneco, nos reunimos un fin de semana. Más de diez personas nos apartamos de la selva de cemento adentrándonos al paraíso que supone estar cerca del punto más alto de Puerto Rico, la montaña Puntita. Allí entre amigos tuvo lugar la bohemia/tertulia más extendida y profunda en la que he participado. Por tres días disfrutamos de leer y escuchar historias, además de críticas constructivas y paseos por este formidable pueblo y la finca de 25 cuerdas de Tony.

El reto de Carlos Esteban fue que cada uno de los allí presentes escribiríamos sobre la estadía. En este escrito utilicé elementos de los relatos que algunos de ellos escribieron gracias al reto de Carlos o algún detalle que conozco de sus personas referente a sus gustos o sus manías. Desde ese fin de semana el grupo de amantes de las letras que asistió a este magno evento, del cual guardo recuerdos hermosos, nos conocemos como Litera 10. Esto debido a un chiste interno que tiene que ver con una de las portadas de Taller Literario que comanda Carlos Esteban. A un año de ese inolvidable “Weekend” vuelvo a agradecer a Tony, a Vane su esposa y a su hija por su hospitalidad y amistad.

martes, enero 02, 2007

El Cuarto Rey Mago

Por Angelo Negrón


La luz brillaba intermitente y el cuarto rey mago lucia desorientado del todo. Maldijo no haber comido nada en todo el día y sus palabras, dichas de manera entrecortada, fueron acompañadas de saliva demás. El mareo, tercero de esa noche, había sido decorado con el vómito que sobre su traje simulaba yemas de huevo. Se acordó de sus compañeros, la fiesta y las bebidas. Melchor y Baltasar bebían vino. Gaspar; ¿Qué había tomado Gaspar?

Los recuerdos se agolpaban. Casi se va a los puños con Gaspar. La discusión había tenido que ver con un pesebre, algo de incienso y un niño o... ¿era niña? Metió las manos y hurgó en los bolsillos. Del izquierdo sacó varias joyas que al mirarlas, lo más fijo que pudo, hacían rebotar la luminosidad intermitente convirtiéndola en hilillos de luz. Cayó al suelo arrodillado. Le resultó raro que sus piernas adormecidas no sintieran dolor a la altura de las rodillas, aunque si lo apreció en las palmas de las manos. Lloró por un rato extenso. Los otros dos reyes magos lo habían rechazado porque, según ellos, él estaba muy borracho.

— ¡Malditos! — dijo — no vieron lo que yo.

La rabia le dio nuevos bríos. Se incorporó como pudo. La promesa de vengar la afrenta se mezcló con el alto volumen de alcohol en la sangre y que le bullía en el cerebro. Gaspar se las pagaría.

— No merece llevar la vestidura de Rey Mago — se dijo convencido y casi se muerde la lengua.

Todos — caviló — debían estar al tanto. Les pediría que averiguaran lo que hacia la mano del insigne Rey en el interior del pantalón de aquel niño que sostenía un obsequio. Rememoró la mirada asustada del niño. Subió a su vehículo y aceleró al máximo. El semáforo intermitente fue testigo del dilema del rey y el volante cuya curva no serpenteó. EL cuarto Rey Mago fue a estrellarse contra una pared de cemento. Se mató en el acto. Murió con las ganas de que Gaspar desistiera de concederle regalos a aquel niño y a sabe Dios cuantos más.