miércoles, abril 17, 2024

En las letras, desde Puerto Rico: El legado de Gabriel García Márquez continúa…

por Carlos Esteban Cana


El día que Gabriel García Márquez hubiera cumplido 97 años Penguin Random House presentó la novela En agosto nos vemos que había permanecido como manuscrito inédito hasta la fecha. En un comunicado emitido por la editorial se citan a los hijos del escritor colombiano, Rodrigo y Gonzalo García Barcha, expresándose de manera conjunta acerca de esta libro: “En agosto nos vemos fue el fruto de un último esfuerzo por seguir creando contra viento y marea. Leyéndolo una vez más a casi diez años de su muerte descubrimos que el texto tenía muchísimos y muy disfrutables méritos y nada que impida gozar de lo más sobresaliente de la obra de Gabo: su capacidad de invención, la poesía del lenguaje, la narrativa cautivadora, su entendimiento del ser humano y su cariño por sus vivencias y sus desventuras, sobre todo en el amor, posiblemente el tema principal de toda su obra”.

Para unirnos a la celebración de este acontecimiento literario, editorial y cultural, presentamos a nuestros lectores, aquí en Confesiones, un reportaje especial que escribí acerca del Gabo. El mismo fue publicado por la red de periodismo Global Voices. Hoy, cuando ya se cumplen diez años de la partida del creador de Macondo, lo volvemos a reproducir.

Diez años sin Gabriel García Márquez, a modo de homenaje


Una mañana de diciembre de 1992 conocí a Gabriel García Márquez. Para ser totalmente correcto ya el Gabo era mi amigo desde mucho antes, gracias a una novia que tuve. De aquel primer amor adolescente solo quedó en mis manos un ejemplar de la primera edición de
Cien años de soledad que la chica me había obsequiado. Y por supuesto mi mundo no volvió a ser igual. Pero aquel encuentro al que aludo en la primera oración ocurrió en la Escuela Internacional de Cine en San Antonio de los Baños y durante el XIV Festival de Cine Latinoamericano en la Habana, Cuba. Se trataba del acontecimiento cinematográfico más importante de la región caribeña al cual pudimos asistir gracias a una clase ofrecida en la Universidad de Puerto Rico por el profesor Carlos Malavé, quien enseñaba los cursos de cine y televisión de la Escuela de Comunicación Pública. Así fue que García Márquez se tropezó con la delegación boricua y que logramos compartir con él. Tal encuentro fue el punto culminante de un viaje que me permitió además ver películas como “El lado oscuro del corazón”, “Fresa y Chocolate”, “Cinema Paradiso” y el “Siglo de las luces”, entre otras. Como si lo anterior no fuera suficiente, presencié un recital del poeta Mario Benedetti.

con el Gabo en San Antonio de los Baños
En esta crónica comparto una de las fotos que logramos en aquel tropezón de oro con el Gabo. En la misma se observa a los compañeros en plena faena de registrar con sus cámaras aquel momento mientras yo, con aire triunfante, les daba su espacio después de haber logrado mi “selfie” y obtenido algunas breves impresiones suyas que capturé en mi pequeña grabadora. Precisamente en aquel momento García Márquez ofrecía uno de sus famosos talleres de escritura de guiones, algunos de los cuales han quedado para la posteridad en libros como Me alquilo para soñar y La bendita manía de contar.

Mi relación con el Gabo continuó después como estudioso de su narrativa. Exploré algunos filmes que tenían como base su obra, entre ellos: Eréndira realizada por el director brasileño Ruy Guerra; y aquel guión suyo titulado Tiempo de morir en el que también colaboró el escritor mexicano Carlos Fuentes, que fue llevado al cine por el mexicano Arturo Ripstein en 1965 y por el colombiano Jorge Ali Triana en 1985.  También varios cuentos de Gabriel García Márquez han quedado grabados en mi memoria: El ahogado más hermoso del mundo, escrito en 1968 e incluido en su colección La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972); y El rastro de tu sangre en la nieve, narración de 1976 que terminó siendo la narración que cierra su libro Doce cuentos peregrinos. Y esa identificación especial que tengo con la obra del Gabo tiene uno de sus puntos culminantes en su manera de hacer periodismo (ejemplificado en libros como Relato de un náufrago [1970] o La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile [1986]) y en lo que desarrolló después en la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano que fundó en 1995.

Por lo anterior, y a diez años del fallecimiento de Gabriel García Márquez (ocurrido el 17 de abril de 2014) comparto con los lectores de “En las letras, desde Puerto Rico”, una selección de las impresiones que compartieron el escritor nicaragüense Sergio Ramírez y el periodista francés Jean François Fogel durante el conversatorio “Recuerdos del idioma: tres amigos de Gabo a dos años de su muerte” que se efectuó en el Teatro Tapia de San Juan, Puerto Rico el 19 de marzo de 2016 en el marco del Congreso Internacional de la Lengua Española. El evento tuvo como moderador al colombiano Jaime Abello, director general y cofundador de la hoy Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. En tal conversatorio se recordó al Gabo de diferentes maneras, pasando revista sobre diversos aspectos de su vida y personalidad. También se tocaron temas como su gusto por los boleros, la visión que tenía con respecto al poder y su relación con los Estados Unidos, entre otros.

De izquierda a derecha el escritor Sergio Ramírez, el periodista Jean François Fogel y Jaime Abello, director de la Fundación Gabriel García Márquez.

Jaime Abello: García Márquez hizo que el Congreso de la Lengua se hiciera famosísimo cuando en Zacatecas propuso una nueva manera de abordar la ortografía de la lengua, pero además fue una persona que realmente fue un paladín de nuestra lengua y lo hizo abordando su oficio de escritor desde distintas perspectivas. Por supuesto, la que más le conocemos, por la que es más amado y leído es la literatura: sus novelas y sus cuentos. Pero también como lo recordamos aquí hay un oficio de escritor periodístico de más de 51 años, un oficio de guionista de cine y además de eso de educador de contadores de historias y de periodistas.

Sergio Ramírez: Recuerdo al Gabo como un gran conversador. Alguien que se podía sentar contigo después del almuerzo hasta las 7 de la noche y hablando por supuesto de literatura y también de cine, de política, de asuntos privados también y por supuesto de música, de boleros. El Gabo sabía muchísimos  boleros así como sabía de memoria muchas poesías de Rubén Darío por ejemplo y cantaba además.

Jean François Fogel: Yo era periodista y Gabo era amigo de periodistas… Tuve la suerte de coincidir con él en 1977. Yo era un joven periodista y fue generoso, me trató como un viejo profesional y desde ese momento volví a ver el Gabo pero en misiones periodísticas. Recuerdo una vez que estábamos en Nueva York, cuando volvió allí después de tantos años y fuimos a dar un recorrido en Manhattan; nos detuvieron para pedir autógrafos.

Jaime Abello: De García Márquez podría abarcar muchas facetas: de literatura, periodismo y cine. Podríamos hablar de su interés en la educación y en su decisión de formar escuelas de cine por un lado y de periodismo por el otro. Podríamos mirar muchos temas pero hay uno que es el más polémico y que sigue dividiendo la percepción y opinión sobre el Gabo: su relación con el poder y los poderosos.

Sergio Ramírez: A mí me parece que la relación de García Márquez con el poder es esencial en su literatura y su vida. Siempre decía que había tres temas inmortales en la literatura: el amor, la locura y la muerte. Y yo le decía que el poder. El poder es un cuarto elemento esencial en la literatura y él se veía como un personaje metido en esta máquina del poder. Un hombre de la ciénaga colombiana, del pueblo más pobre que de repente y gracias a su literatura y a su creatividad se ve encumbrado y reclamado por los poderosos… Entonces él comienza a estar en esta relación erótica con el poder.

Jean François Fogel: Es obvio que la figura del caudillo era una cosa muy importante en la literatura de García Márquez; es la figura del patriarca en El otoño del Patriarca; es El General en su Laberinto; una figura que lo apasiona. […] Le gustaba la figura del poder; era una formidable materia prima para él. No hay que olvidar que para Gabo, dentro de su obra la que le parece más completa, en la que él ve culminado su talento es El otoño del patriarca. Y si uno la relee se da cuenta de que es una obra de una efectividad y control en la narración absolutamente fenomenal. Y Gabo analizaba la reacción de la gente a través de la manera en que valoraban los distintos libros de su obra. En su biografía lo dice claramente… Gabo tenía la conciencia que El otoño del patriarca, con razón o sin razón, era lo mejor de su obra y técnicamente era formidable…

Jaime Abello: La pregunta es, si Gabo en un momento dado dice o se le cita valorando de manera especial El amor en los tiempos del cólera por encima de Cien años de soledad. A qué obedece, siendo unas obras tan distintas.

Sergio Ramírez: Él creía que su obra maestra era El amor en los tiempos del cólera. Una vez
hablando sobre esto él decía: “No, es que
Cien años de soledad es la fábula pero la novela verdadera mía es El amor en los tiempos del cólera”. Le gustaba los personajes, le gustaba la historia… Me parece que es una opinión muy subjetiva. Yo creo que un escritor por sí mismo no puede valorar cuál es su obra maestra. Yo sé que las dos son obras maestras pero hasta donde van las cosas, en este momento después de su muerte, Cien años de soledad sigue estando por encima…

Jean François Fogel: Una vez me dijo que había releído Cien años de soledad. Entonces yo le dije: ¿Qué tal? Y me responde: “Faltan dos generaciones más”.



El Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, firmando ejemplares de una edición especial de su obra 'Cien años de soledad', en Cartagena.

Gabriel García Márquez en Zacatecas

Gabriel García Márquez, en el 1er Congreso Internacional de la Lengua Española de Zacatecas (México), en 1997.




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